Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Novela

 
NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo X
 
Por Jesús I. Callejas
 
Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau
 
CONFUSION
 
 
Encuentro las mismas contradicciones entre lo del karma y el pecado original: Si hay que "mejorar" para liberarse del "samsara" estamos colocando el libre albedrío sobre el tapete; implicatorio de que los hinduistas de diversas escuelas y budistas, al igual que los occidentales, creen en la dudosa capacidad de arbitrio para tan magna realización. Sólo difieren en las herramientas colocadas en el potro del tormento espiritual. Sin embargo, un inteligente, aunque taciturno y desdeñoso, budista aspirante a renunciante (samnyasin) con el que he compartido algunos cafés en el barrio dictaminó que mi opinión era errónea; comentó doctoral acerca de mi ego, etc., aunque su explicación, lejos de aclararme dudas las enredó más. ¿Cambios anímicos? Inesperado, el interruptor se dispara y el termómetro sufre ascenso de mercurio.
Escáner Cultural nº: 
173
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo IX

Por Jesús I. Callejas
 
Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau
 
 
AUTORREALIZACION
 

Algunos días, dependiendo de la ansiedad, no duermo siestas; de noche sólo un par de horas. Insisto en pos de desbrujulado viaje, montaña rusa que va soltando tuercas y tornillos mientras el fuelle dimensional avisa fragilidad de órganos, músculos, distritos óseos. Carezco de vocación, y, saludable o no, considero total desperdicio aniquilar las fuerzas rivalizando con los que nos sustraen de nuestras fétidas bagatelas. Si los demás desempeñan su oficio, ejercito el mío: vegetar. Ah, los placeres de la carne. Suena ramplón… Los placeres de los sentidos. No. Mejor… No sé… Bellas láminas griegas sobre las paredes. El pasado sería suprema fuente de conocimiento para evitar repetir errores. Olvídalo; inútil archivo. Me atrajo el psicoanálisis freudiano, con tácita base en la confesión católica, aunque, realmente, mucho más la revolución de la mente lograda por el Buda, psicólogo original. Si el budismo propone aquietar la mente y el psicoanálisis descifrarla... Qué enredo. Señores, habría que subvertir el aparato completo: los componentes serían innecesarios. ¿Es útil la psicología? Disparatado. Intelectualizar los conflictos emocionales no resuelve un carajo.

Achacoso y depravado un sistema que crea -o los estimula- locos en serie para intentar curarlos. Peor que el más enloquecido de los sainetes o el teatro del absurdo de Ionesco y Beckett. Restañar conflictos que se reciclan ya que no se extirpan de raíz. Aquietar la mente es la auténtica, la única meditación, sí, pero entender que la mente misma nos conduce a tales reflexiones se hace imprescindible. Observar la mente mientras se dice que no hay mente. Vaya, qué luminoso se antoja. De nuevo: Según los que saben -me gustaría saber qué saben- el conflicto radica en la mente, no en las religiones, pero esta mente está enferma y hoy las píldoras son su templo. La mente me trastorna pero a la vez me hunde en los ardides estimulados por la confusión. Si pierdo conciencia de mí estoy perdido. Jodido no saberme yo... o lo que creo yo. La mente es una cortesana en exceso voluble; la mía regenta un desordenado prostíbulo. Colijo que para los antiguos la memoria era histórica, como debe ser. Actualmente nos está prohibido olvidar las "culpas" y además se nos condena por intentar olvidar los traumas. Un místico vive sin memoria. Gran consuelo.

Escáner Cultural nº: 
172
 
 
 
NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo VIII
Por Jesús I. Callejas
Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau
 
MAS DUDAS 
 
Sólo escapo del apartamento dos veces por semana. Biblioteca y mercado. Sujeto activo y objeto pasivo = Ansiedad y depresión, dice uno de los carteles junto a las láminas. En la tarde disfruté mis hermosos libros sobre pintura y arquitectura. Cuando me sienta capaz de apreciar el arte cristiano, lactario de estas uñas núbiles, con la disposición mítica con que gozo el grecolatino podré digerir la agobiante teología. Bucear en pos del misterioso eslabón cultural extraviado durante siglos de repostería perversa. El cristianismo habla de individuos: separación de este cuerpo corruptible y del tuyo… No perder el yo, lo cual me agrada… pero tendremos que mezclarnos con otra gente en el Paraíso (en caso de ir hacia allá).
Escáner Cultural nº: 
171
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo VII

Por Jesús I. Callejas

Escáner Cultural nº: 
170
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo VI

Por Jesús I. Callejas

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

LOS LIBROS

Yo aspiraba a la polimatía sintética. Consumí literatura, historia y arte durante años, pero me arruinaron la saturación, el desorden de tópicos. La anti-cronología triunfó al intentar el mundo mejor que cómo aprendido. Abrevadero estético de la nostalgia siempre a mano: megalomanía al acecho. De los autores juveniles -Dumas, Verne, Salgari (una trágica vida folletinesca), Scott-, ascendí ansioso a los “serios” y, buscando alivio emocional, acaecido el infernal misticismo de Dostoievski marché hacia el espiritualismo pacifista de Tolstoi. Me aficioné más a Stendhal que a Balzac, gracias a la traza romántica irónicamente enclavada en el realismo que utilizó, admirable, astuto y visionario, que convirtió en perfectos imbéciles a sus héroes.

El arsenal satírico de Voltaire, simplemente irresistible. Lamentable: ha sido y es tergiversado por los masones antimonárquicos. Degusté autores franceses del XIX; más los parnasianos que los románticos, en especial los decadentistas. Aunque bastante temeroso de los inevitables divertimentos intelectuales, intenté leer filosofía, agravándose el potaje conceptual bullente en mi desprevenida psiquis. Intentar acceder a Hegel fue una de las peores torturas del “aprendizaje”; prefiero la dialéctica primitiva de Heráclito, además, al aburrimiento habría que agregar el inevitable rechazo de sus postulados políticos. Agravado por el terrible hecho de que nunca caminé un aula universitaria (Pasó pero nunca entró, diría el gran Tin Tan). Recurrentes inconsistencias; ya sé, ya sé…

La aplanadora Nietzsche impresionó mi furibunda juventud; no obstante, el demoledor impacto en lo moral provino de Schopenhauer (profundamente admirado por el ascético Tolstoi, a propósito). Su lectura nunca deja de apasionarme, provocándome chispazos energéticos. He dicho esto en otras ocasiones, pero no recuerdo en cuáles… Leer a Albert Camus -primero El extranjero, La peste, La caída- me demolió las emociones en su degollación lentísima cual anuncio a la muerte del hombre absurdo que no se refugia ni en la religión ni en la razón, sino que asume la rebeldía de Sísifo, aun anticipando su derrota. ¡Bingo! Lo que yo buscaba: literatura filosófica. Admirable acoplamiento de contenido y forma en cualquier género. Un estilista en el camino intermedio. Un cojonudo.

Escáner Cultural nº: 
169
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo V



Por Jesús I. Callejas



Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau


LA BESTIA

A propósito de píldoras, Marta ¡me acusó de intento de asesinato!, dañando de una vez por todas nuestras raquíticas relaciones, tras consumir los ansiolíticos que le obsequié (sana intención de mi parte, lo sostengo), con afán de disiparle la agitación causada por un accidente automovilístico cuya total responsabilidad le correspondió a un viejo cegato que le hundió el vehículo por la mitad después de arremeter contra un banco de la parada de autobús y casi aplastar a una pobre embarazada. El despistado anciano, en silla de ruedas por la descojonación que provocó, seguramente sigue desayunando rosquillas tan tranquilo. ¡Creí que no me despertaba; casi me matas, criminal!, clamó frenética la arpía ante el clan familiar con trasfondo de insano carnaval parlamentario. Es peligroso ayudar así a la gente, pero uno utiliza los modestos recursos a su alcance. ¡Eres un irresponsable, un peligro público! Qué jodida está Marta; me importa tan poco la mentecata que ni deseos de insultarla provoca.

Prefiero no mencionar las crisis hipocondríacas, pues ya bastante tengo cargando la bipolaridad. Vacío altar para ser llenado por otro ídolo. Vivir o no separados de la Entidad, o entidades. Estando ansioso busco el antropomorfismo; cuando depresivo, lo impersonal, o la Nada. El sueño me abstiene de lo restante. Tiendo a preguntar: ¿Destino o libre albedrío? Nada de eso: ¡Azar! Sí, estoy peor de lo que imagino: asexual y a la vez exhibicionista. Oh, ansiedad, predominas esta mañana sobre la depresión. El cambio de una a otra requiere de semanas, pero en ocasiones, de segundos. Cada objeto me acecha temporadas; el animismo contribuye a tambalear la "capacidad" de lucidez. El aparato televisivo es un receptor espía más, implementado para mi perdición. Cuidado, si te tachan de loco estarás perdido. No es lo mismo ser declarado demente que perturbado funcional. ¿O sí? Recuerda que, correctamente medicado, un bipolar puede insertarse en sociedad, trabajar… ¡No, trabajo no, por favor! Torneo de elucubraciones.

Escáner Cultural nº: 
168
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo IV

Por Jesús I. Callejas

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

 

RUTINA

Bueno, levantarme es lo más complicado y arduo del día, aunque hacerlo temprano es costumbre heredada de mi época como mensajero de papelería para bancos y compañías de seguros. Exacto: como deleznable lacayo de los poderosos. Cuando no se es esclavo de los comunistas se es siervo de los capitalistas. Tal afirmación suena simplista, lo sé; pero, descartando cualquier premisa ideológica sólo veo dos clases de hombres: los que someten y los sometidos. Leones y borregos. Ah, pero no todo está perdido. Existe una ínfima alternativa: el hombre marginal, más o menos nihilista, quien no se alinea ni con unos ni con otros… O por lo menos así él lo cree.

La caravana mañanera se inicia: sacro aseo, rociar el pesimismo con hisopo dorado, lavar y relavar articulaciones compulsivas, lanzarme agua rencorosa, cepillar férreamente los dientes, dejarme ir entre orbes, cuestionar más y más ventana insomne. Desayunar lo que no exija complicaciones: huevos hervidos, jamón de pavo, tostada con queso crema variado (salmón, cebollinos, vegetales).

Escáner Cultural nº: 
167
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo III

Por Jesús I. Callejas

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

LA CONSULTA

El psiquiatra es idéntico a algún maduro barítono de zarzuelas: Alto, ancho, lustrosos cabellos; discreto, voz resonante. Un caballo dice: Parece impostado…De pronto -o no tan pronto-, el cabello se desploma sin aventurar relinchos. El psiquiatra -o el caballo- no interrumpe anotaciones. Hojea mi vida resumida en expedientes, pasajes, caminos, toses, guiños, pasadizos. Cubil con pinturas de histéricos colores y las peceras que me recuerdan el viejo calendario habitación. Doctor, estas paredes, y en especial los peces, me recuerdan los cuadros de Klee. ¿De quién? De Paul Klee. Ah, sí. Gracias; ¿bonitos, no? Y muy terapéuticos; agrega, anotando, revisando, revolviendo de norte a sur el expediente. Ya pasó el instante… ¿Estoy ahí? Intuyo que ese dossier es mi habitación, pero con nuevo intruso inoculado a la garganta; me acerco curioso para cerciorarme de ser yo, no un impostor. La ya aplanada habitación es doblada meticulosamente por las enguantadas garras. Imposible despegar los brazos del cuerpo. ¡Cuidado! Nunca asumir que puedo desdoblarme en otro… u otros. ¿Ka egipcio o doble etéreo? ¿"Gemelo malvado"? Temido alter ego, el doppelgänger… Tranquilify me provoca dolor de cabeza, taquicardias, sueño. ¿Continúas teniendo las visiones terroríficas antes de dormir? Las tengo, pero sin secuencias específicas. Bueno, te prescribiré el resto de las habituales y cambiaremos esa píldora por otra de la misma familia, pero mejorada: Trenvega; notarás un descenso en los efectos secundarios. Puesto que no está cubierta por tu seguro y por el momento carece de genérica, te daré algunas muestras al igual que hice con la otra.

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166
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo II

 

por Jesús I. Callejas

 

¿EL COMIENZO?

Hora de las píldoras nocturnas. Locozepam (genérico de Locopin), Locural (genérico de Locotrigine) y Tranquilify (esperamos con alborozo su genérico; el seguro médico sólo cubre éstos). Veamos: Locopin en Estados Unidos, Locotril en Europa, Canadá, Suramérica. He pasado sin detenerme del todo por muchos sitios intuyendo que pertenezco a ninguno. ¿Dónde resido hoy? En Bajagracia… ¿Dónde se encuentra situada? ¿Permanezco en Bajagracia? Los he recorrido sin dejar que jamás me impregnen de confianza… Locozepam suena bien; sólida fonética en oídos provinciales. Por la mañana tuve cita con mi psicólogo, anciano afable en una colección de ancianos afables… Rellenar momias con nombres inéditos… justificaciones. ¡Ah!, los demás; o mejor, ellos. He soñado con el Yeti, pero no lo busqué en el Himalaya, sino en catacumbas talladas a mordidas bajo los zapatos. Duermo con bagaje de pesadillas, coitus interruptus oníricos; sueño aterrado, despierto inquieto, regreso al sueño… Dormir, con o sin píldoras, es refugio perfecto, pero fatiga despertar ante el ¿mismo? día.

Hoy me levanté maldiciendo frases: Alguien me ama (¿acaso seres anónimos sepultados en millones de recuerdos que pueden no serlo?); Hay esperanza para el mundo; El amor nos reivindica. Abundan más los buenos que los malos… Seamos serios, por favor. A esta hora el sol cede paso a sombras despintadas y fachadas de remolachas gemelas, dejando atrás docena de torcidos muros y discrepancia de canteros. Tras el café de sabor a llanta me dediqué a clasificar las píldoras semanales y distribuir las restantes fotografías de calendario a lo largo de mi habitación. No describirla; suficiente con decir, por el momento, que permanece prolija. Le facilito el trabajo a la seria empleada semanal enviada por el Seguro Social para la limpieza. Clasificar píldoras es el mejor bosquejo de la masturbación. De nuevo la confusión entre sujeto y objeto. Por el momento, el entero cuerpo es volumen apergaminado, docenas de escleróticas frases; cada llamado año acredita grácil movimiento articulado página; la entintada letra, mediante sus estilos sobre Yo, recompone órganos y músculos, desatasca arterías.

Escáner Cultural nº: 
165
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR

Capítulo I

Por Jesús I. Callejas

SOLO

Recupero el fragilizado párrafo: “Veinticinco años residiendo en el punto medio de una ciudad nauseabunda llamada Bajagracia.”, e intento relajarme mientras secuestro más café. La ventana en posición: lista. Querida Catábasis: ¿Nos autorizas a extraviar vidas ancestrales? Al final del piso, mujer joven a la que intento observar sin que se percate. Me place verla fluir hacia el elevador, dictaminando que no es ella, sino nuestro arrugado edificio el que retrocede; mucho place verla perderse en la brumosa gente rodeando jardines. Quizás, quien retrocede… pues el edificio siempre se transforma en humanoide. Malograda fábula... ¿Son o no lo mismo? Negro parteluz sobre rostro alargado con trazos de Modigliani no condenados a la guillotina, y ojos magistralmente dispersos. Cohesiva dosis nostálgica saviando de oliváceo ánimo facciones, pecho, brazos, cobijada en tejado inmejorable, piel, o sea, de suave persistencia. No hay ocasión en que no salude apocada, a lo que correspondo lacónico, anticipando la peligrosa llovizna emocional. Prudente no desinflar la burbuja. Las mujeres se han transformado para mí en fuente de sensación contemplativa, estética estática; las observo evitando recordarles rostros; mejor diluyéndolas en memoria abominable.

Escáner Cultural nº: 
164

RÉPOKER DE ASES

 

De Teresa Prado:

Cuando te pasas más de cinco años esquivando afiladas negativas editoriales y entre tanta carnicería escuchas un sí, te sientes como una hormiguita con teclado capaz de escribir cincuenta veces su tamaño. La ilusión y la esperanza se reinician y las horas batallando contra los molinos de la quijotera cobran sentido. Yo no estoy loca por escribir, escribo para mantener a ralla a la locura.

Con Repóker de Ases, mi última novela, vuelvo al género negro, zambullendo violentamente al lector en un caldo de sangre, con el sexo y el humor como manguitos de seguridad. Como columna vertebral muy equilibrada tenemos a Fabiola, una psicóloga que regenta una clínica con numerosos pacientes, aquejados de raros trastornos mentales. Un auténtico desfile de intelectos desfigurados, donde ella lucha por marcarles el camino correcto. Pero lo que ella desconoce y aprenderá por las malas es que realmente el azar es un verdugo que vaga con una pistola en la sien.

La presentación será el próximo 25 de enerode 2013, en el Rever, Coruña, a las 20:30, bajo el mecenazgo en general de Ediciones Hades y en particular del editor y también escritor José Luís Victoria.

POLVAREDA
(Novela por entrega)
Capítulo VI

Por Rocío Casas Bulnes

 

Piedra. Pensar en el pasado es posible, nombrarlo no. Pese a los esfuerzos no se puede producir ni siquiera frases sueltas. Se dice cómo se escuchaban aun los ruidos de lo que fue en un tremendo bullicio, mas la mirada no localiza el verdadero lugar de donde provienen los sonidos. Las pisadas en el barro siguen ahí, calientes. Persiguiéndolas se llega al propio desvanecimiento. Lo único que se tiene son los restos desperdigados. Tan terriblemente inmutables. Laten con fuerza bajo la suave capa vegetal. Reposan, pero en vigilia. Piedra. Por algún motivo de peso se eligió ese material. Siguen estando ahí para recordarnos de nosotros mismos. Algunas demasiado enterradas. Otras bajo luces artificiales, mostradores de vidrio antirreflejante y en el mejor de los casos climatizadores. La piedra es lo que nos define, decían. Pero no la conocemos. Lo único que sabemos son historias contadas por otros.

Y qué tenemos mas que tratar de explicarnos mejor. Habían dibujos que penetraban las piedras haciéndolas parecer blandas. Habían pinturas en las paredes. Algunas enormes, con celestes fondos que brillaban, pinturas de hombres adornándose las cabezas y conversando entre ellos siempre de perfil, pinturas de plácidas rutinas cotidianas, de torsos desnudos, luchas hasta la muerte y animales entremezclados con lo humano. Las mujeres se veían anchas y en reposo. Los hombres, sensuales y llenos de vida. Habían extensos tejidos de diálogos abstractos, utensilios de cerámica con seres reales e imaginarios, también pintados. Había, por último, muchos huesos. Algunos desintegrándose a solas. Otros bajo la piedra. Los más  en acumulaciones equivalentes a cientos de cuerpos. Masas de costillas, dientes, caderas y pedazos amarillos indefinibles. Algunos perfectamente alineados, como un durmiente que se fue para ir a soñar y jamás volvió, mezclados con metales brillantes y joyas color de río. Pero ya nadie era capaz de leer la piedra ni la pintura ni el textil ni la tierra moldeada. Estaban modificados y no había marcha atrás. Lo único que quedaba era entrar a formar parte de aquellas historias que otros contaron, ser capaces de vivir y dejarse encarnar por el relato hasta que sus transformaciones fueran sutiles pero fieles al pensamiento de cada uno.

 

Polvareda
(Novela por entrega)
V

 

Por Rocío Casas Bulnes

 

Esos señores que se perdieron en el mar para nunca volver tenían su propia historia. Resulta que ya habían alcanzado el poderío de toda la zona tiempo atrás, y las tribus les tenían un rencor espantoso. Se les veía en sus gestos, cuando iban a besarles los pies y no podían evitar mirarlos a la cara, cosa que era absolutamente prohibida. Clavaban un instante sus ojos en los de aquellos amos y luego volvían a deshacerse en servilismos, borrando lo recién hecho. Y pudo haber pasado inadvertido ese odio pero era tan intenso y se prolongó tanto en el tiempo que los señores empezaron a sospechar. Cómo es posible que no nos teman, que no nos levanten por encima del cielo, que no nos agradezcan día a día la salida del sol. Esto se preguntaban y por dentro el gusano del orgullo les corroía el estómago. Ellos llegaron hasta ahí por voluntad, luego de ganarse el territorio a punta de guerras. Quedó muy claro quién era el vencedor y quién el vencido así que no podían tolerar esa innombrable molestia que les llegaba hasta los corazones. Esperaron que el momento fuera oportuno, que alguien de las tribus dejara escapar una palabra de más o una evidencia donde la falta de respeto saltara a la vista. Pero los otros eran precavidos. Y así continuó pasando el tiempo.

            Estaban los dueños y señores de las tierras con sus mujeres. Gozaban haciendo que ellas les adornaran el pecho, los peinaran en moños altísimos y les dibujaran el vientre gordo haciéndoles cosquillas. Cuando uno nuevo nacía mandaban a las madres a buscar maderas a la selva para luego tallarlas en tablas muy rectas, las cuales eran amarradas al cráneo del recién nacido haciendo presión por adelante y por atrás. Al principio el niño lloraba desconsolado pero luego la fuerza de la costumbre era más fuerte y aprendían a caminar lento para no caerse con el excesivo peso que llevaban arriba. Valía la pena porque con el tiempo les crecía la cabeza en punta, se les deformaba el cráneo haciéndolos parecer más inteligentes. Era un signo de distinción máxima que todos comentaban admirados. Mira su frente tan amplia, decían. Seguro debe ser descendiente de esos que alguna vez bajaron del cielo para hacernos los que somos. Estuvieron aquí y eran más altos, más bellos y luminosos que cualquiera, con la cabeza más puntiaguda que todos los hijos de nobles. Tenían una inteligencia suprema. Lo podían ver todo, tanto lo que ocurre a sus espaldas como bajo el mar y a la vuelta de la galaxia. Ellos viajaban en el espacio y llegaron hasta nuestro lugar para enseñarnos cosas que hemos olvidado.

        

 

Polvareda
(Novela por entrega)
IV

 

Por Rocío Casas Bulnes

“Se recomienda usar el pasado como trampolín, no como sofá.”

 

Antes que comenzaran las guerras donde los hombres se hicieron asiduos a lanzarse cráneos de sus sacrificados, habían creído ser felices por un tiempo. Descubrieron que podían intercambiar a sus hijas por frijoles, techos, bebidas y animales. Tenían en su poder un gran cúmulo de riquezas cada vez que una de ellas nacía. Esperaban a que les salieran los senos y la curva de la cintura se pronunciara pero algunas veces su paciencia no llegaba a tanto así que las casaban igual. Dicen que una vez algún gobernante empobrecido tuvo por quinta vez un hijo varón y, en vez de enorgullecerse por engendrar otro guerrero, se desesperó porque vio frustrada su ansia de riquezas. Lo vistió no muy emperifollado, le puso vestidos y collares simples, arregló su pelo en un moño. Una vez se hubo convencido de que el pequeño podía parecer una niñita le ordenó a la madre que le enseñara a cocinar, a coser, a hacer masajes y a arreglar a sus hermanos con todo el lujo del que los hombres gozaban. Al niño parecía gustarle, incluso su voz era más femenina que la de sus primas. Entonces se apuró a casarlo, antes que fuera demasiado tarde, bajo la promesa que el marido no intentaría tocarla hasta que ella creciera. El padre huyó a una ciudad lejana siendo un hombre lo suficientemente rico para satisfacer sus ambiciones, y con el tiempo se enteró de lo que le había sucedido al hijo.


El esposo del niño, muy bien engañado, lo miraba con impaciencia. Había pasado casi un año y su cuerpo no cambiaba, aunque sí había aumentado de estatura. Una noche no pudo más, le arrancó los vestidos y se encontró con un puñado de carne colgando en la entrepierna. Pensó que debía sentir furia pero en vez de eso lo inundó una tranquilidad inusitada, llenándose de amor hacia ese ser. Lo abrazó y tomó dichoso por esposa, y así ese niño fue siempre mujer. Una de las pocas mujeres felizmente casadas. Tuvo privilegios que los vecinos nunca entendieron, mas respetaron como un signo de excentricidad del marido. Su esposa tenía educación y a cada pregunta recibía una respuesta y no un puñetazo. Así fue como se enteró de la historia de sus más recientes antepasados, así comprendió porqué los hombres en su tribu sufrían decepción y agotamiento.

 


 

Polvareda
(Novela por entrega)
III

Por Rocío Casas Bulnes

Trato de recordar pero fue hace tanto tiempo que ya no me ayudan ni los números ni lo que otros me han contado. Hago un gran esfuerzo por dejar que las imágenes pasen cual nubes, sin que yo trate de retenerlas, como lo hace quien espera la muerte con valentía. Creo haber estado caminando sobre un suelo húmedo. Sí, es lodo y estoy metida en medio de la selva. Tengo nueve años. Camino sola. Mi respiración está demasiado agitada, aunque mis pasos de felino van lentos y cautelosos. No estoy segura de qué tengo miedo, pero escapo de algo sin saber en qué dirección viene. Muevo mis brazos para encontrar una salida. No veo nada, sólo a veces un hilo de luz se cuela entre las crestas densas. Baja para desaparecer dentro del fango transformándose en renacuajos.

Había estado en medio de una pelea. Es una casa desconocida y todo se viene abajo entre risas de hombres. Vuelan cabezas de aquí para allá, embistiendo violentamente lo que hasta hace un momento era una cena agradable. Algunos huesos humanos de estos que tengo frente a mí tienen carne que se niega a desaparecer, y los gusanos roen felices restos de lo que antes fue piel. Otros han pasado por el blanco impoluto para mutar al polvo duro, como la tierra que se pega dentro de sí misma formando en apariencia una roca. Se deshacen con cada viaje por el aire, van desprendiéndose pedacitos que se disuelven y desaparecen. Otras se parten en trozos grandes, por aquí una mandíbula sin los dientes delanteros, por allá un pómulo y la concavidad del ojo vacío.