Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo IV

Por Jesús I. Callejas

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

 

RUTINA

Bueno, levantarme es lo más complicado y arduo del día, aunque hacerlo temprano es costumbre heredada de mi época como mensajero de papelería para bancos y compañías de seguros. Exacto: como deleznable lacayo de los poderosos. Cuando no se es esclavo de los comunistas se es siervo de los capitalistas. Tal afirmación suena simplista, lo sé; pero, descartando cualquier premisa ideológica sólo veo dos clases de hombres: los que someten y los sometidos. Leones y borregos. Ah, pero no todo está perdido. Existe una ínfima alternativa: el hombre marginal, más o menos nihilista, quien no se alinea ni con unos ni con otros… O por lo menos así él lo cree.

La caravana mañanera se inicia: sacro aseo, rociar el pesimismo con hisopo dorado, lavar y relavar articulaciones compulsivas, lanzarme agua rencorosa, cepillar férreamente los dientes, dejarme ir entre orbes, cuestionar más y más ventana insomne. Desayunar lo que no exija complicaciones: huevos hervidos, jamón de pavo, tostada con queso crema variado (salmón, cebollinos, vegetales).

Arrecia un CD de lluvia y tormentas; yo, artísticamente reclinado en el sofá bajo pose de existencialismo baratón. Amanecí en la habitación acolchonada. Estuve o estoy en ella. La luna viaja sin miel por la ventana izquierda, regresa en búmeran por la derecha. La identifico. ¿Nunca se ha ido o lo aparenta? Adherida a mis pupilas... Las apariencias… Verdad que ese punto nunca queda elucidado. Después la tanda documental de animales, geográficos, turísticos y películas antiguas (las ancladas en cuatro o cinco décadas, sobre todo las facturadas en estudio con su sentido mágico, acogedor; soy adicto a las silentes de las que poseo varias y repito cuando me harto de hablar conmigo mismo en voz alta) en un canal de cable, aunque rento de la biblioteca pública. Tal actividad me toma hasta el mediodía en que, con peor desgano, acometo el almuerzo.

La hora del baño se hace tortuosa, pero ya que me repugna la suciedad me lanzo heroico bajo la ducha. La risible heroicidad sólo nos adelanta varios pasos hacia el sepulcro. Gusto del agua; me atormenta no creerme parte de su efluvio. La capacidad de concentración en la lectura se extingue sin piedad; releo cada página varias veces antes de condensar en una frase lo recorrido por los ojos recelosos. Me exijo: Debo retener esta frase, tal vez nunca la vuelva a leer en la ¿presente? vida. Igual con las imágenes. ¡Se escapa el símil! No importa; es irreal. Los símiles sólo sirven para el arte y la literatura… ¡No, coño, que no! Todo existe: depende de nuestra relación con diversos planos o niveles de realidad... ¿Todo intercomunicado? No te metas en pretensiones hegelianas que no te va. Llevo días preparando la lista de empleos que he soportado en mis tortuosos años laborales. Rebasa fácilmente la cifra de cuarenta… ¿Periódicos? Información manipulada.

Evito a todo trance los noticieros televisivos. Imbécil la pandereta gestual de algunos presentadores con guiños a la cámara y optimismo de manual de superación personal, dándose las gracias unos a otros en rondó desvergonzado, o llamándose por sus nombres como si transmitieran las noticias entre ellos y no al ingenuo público. Repulsivo verlos expresar “mejores deseos”, “enhorabuenas” cada vez que a un infante inválido le es donada una silla de ruedas o se recaudan varios millones en uno de esos maratones que sirven de pedestal megalómano a los que almacenan el billete o cuando los pobres –eufemísticamente, “los más necesitados”- comen caliente una vez al año gracias a “filantrópicas” organizaciones, o cuando en el asqueroso día de los reyes magos un corro de niños recibe regalitos de los “caritativos” miembros de la sociedad, que no pierden la oportunidad de ser convenientemente fotografiados en no fingida pose de rameras enjoyadas para otro álbum de burdel municipal. Así, muy bien: a limpiarse la conciencia con papel sanitario. Pero, ¡cómo cojones se puede ser tan impúdico! Entre tanto se mantienen el desempleo, hambre, delincuencia con la anuencia tácita del gobierno (cualquiera), impuestos, alto desprecio por las artes (menos las vendibles). No concibo el arte en manos privadas -a menos que el propio artista decida lo opuesto-; debería ser patrimonio de museos públicos.

Deslealtad, cinismo y codicia nos asolan. Son los peores síntomas de nuestra civilización. Ay, cuánta, cuánta ingenuidad… ¿Por qué no aprendo? Este mundo está de cabeza. Algunos lo enderezan con botellas de licor, otros con píldoras… muchas. Necesitamos ¿retribuirle? su legítima perspectiva… Difícil mantenerse alerta ante la marejada de escoria que nos ha ido tragando poco a poco, paciente, impávida, a la deportiva usanza de la boa que termina enroscándose en sí misma. Mortalmente circular, que nunca rectilínea, como el tiempo, o lo que se admite como tiempo siendo o no una invención de la mente. Todo esto es un relajo… Imposible no ceder; soy un enfermo cuyos reflejos han claudicado bajo la inevitable cuota de cotidiana infamia. Bueno, si eres capaz de comprender que eres un enfermo estás lúcido, afirmó un jovial psicólogo bajo aspecto de lechuza beisbolera hace dos décadas. Pero si no soy capaz de remediarlo estoy loco, aduje con desconcierto.

Durante mis juveniles etapas de ansiedad, cuando nadie lo hacía, me dio por fumar puros, dejarme crecer la perilla y recortarme el cabello en radical contraposición a los melenudos contestatarios, aquéllos que no si no explotaron de sobredosis alucinógena descansan cómodamente en las costillas de su claudicación. Al aparecer el demográfico ganado con tales atributos cambié radicalmente de apariencia. A cada rato olvido cerrar las puertas de gabinetes y nevera. ¡Cuidado con la nave corsaria beatificada manicomio! El manicomio navega sigiloso en busca de botín humano, prepara los afilados dientes de su moledora, forcejea espacio en la lentitud de mazmorras mercenarias. A veces creo, no fervorosamente aterrado, que mi familia... o, no, la ciudad completa es refugio de una peligrosa especie con fachada humanoide. Creo que estoy rodeado por androides… ¿No llevan tiempo hablando de marcianos reptilianos? No jodas con esa paranoia de ciencia-ficción folletinesca y teorías conspirativas. Alerta, hasta que la patológica capacidad de desconfianza se apague.

En la actualidad de ¿mi? vida no me interesa el licor y puedo considerarme asexual, lo cual no ha sido difícil pues, según lo manifestado, sobrevivo sin ardores excesivos. Para semejante "prodigio" no necesité iluminarme en alguna secta mística; me dieron buena ayuda el hastío... y las píldoras. Nos arrebatan una dependencia, nos oficializan otra. Irremediable decreto: el órgano sexual está destinado a la gloriosa reproducción, pero ya que no tengo hijos, desempeño con loable seriedad una actividad no por modesta menos importante: la micción. Cuando alguien pregunta sobre mis ocupaciones y respondo que nada hago insisten alarmados: ¿Nada? Como que nada… Orgulloso enfatizo: De eso se trata, de no hacer nada. Para un ciudadano cabal estar inactivo es un pecado; si no hay algo qué hacer, lo buscan. Los retirados se sienten culpables de enlodarse en la pereza, por lo que se levantan al amanecer, se colocan las dentaduras postizas a la usanza del caballero con su armadura y se dirigen a beber café servido en las esquinas por camareras con aroma a espumosa leche argamasada en perfume vulgar y residuos de servidumbre en la vagina, sin jamás parar de hablar mierdas. Buenos días, Juanita… Buenos días; ya se le extrañaba por acá. ¿Qué se cuenta, Bertica? Bien, y ¿usted? Aquí, ¿no me ves? Entero como un roble. ¿Café? Sí, ponle más azúcar, que a ti te sobra dulzura. Usted es algo serio, Pancracio. Se lo voy a decir a su esposa… Son una plaga sin visible cura. Dudé en escribir: hacer nada, pero "no hacer nada" resuena mejor. Por suerte la depresión se acrecienta en estos días, reduciendo los ataques de pánico que me incitan a salir corriendo. Con ropa o sin ella, desesperado. Vaya consuelo. Correr sin detenerse, en frac o en pelotas, es lo único que de veras cuenta. Vivo escapando. ¿De qué? De la transformación extraña del mundo, de la gente, de mis trastornos. De poco valen las inmovilizadoras correas del sueño o los efluvios de la droga si esta errática mente siente que debe huir saltándose barreras. Porque yo nací con miedo, ¿sabe usted? No puedo parar de moverme huyendo de la persecución. Hay gente que se paraliza; yo corro. No sé en qué dirección, pero corro…

Según los chismorreos en la sala de espera el tipo guapo y moreno que organiza discretamente los archivos y siempre sale del consultorio al comienzo de cada sesión es amante del psiquiatra. Arrastra cierta blanda rudeza; creció en una granja y necesitó viajar a la ciudad para pulimentarse y tomar algún cursito inherente a las terapias. Hizo lo correcto, ya que es laborioso y se muestra reservado con los pacientes. Ambos deben disfrutar mucho sus viajes internacionales… Los imagino untándose bronceador en Hawai este verano de miradas apetentes. La secretaria del psiquiatra parece bastante calentona. La veo restregando sus tetas contra el huesudo hombro izquierdo del marido, nervudo obrero de la construcción pronto aburrido de baratas seducciones. Ya no la soporto…, no puede él evitar su celeridad de pensamientos. La otra, la vieja confidente, cizaña de antesala, pellejuda que, hipócrita, la difama aliada con otros erráticos pacientes -no olvidar al ruidoso de pelambrera rojiza que insiste siempre en meter la bicicleta en el consultorio-, vive con dos hermanas, vírgenes apergaminadas por toda rotonda fraccionable, es masturbadora solitaria; lo proclaman sus cabellos grises tozudamente enmarañados en el pubis-eslogan de la moralidad.

 

Continuará en el próximo número de esta revista

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7153

Capítulo II en: http://revista.escaner.cl/node/7174

Capítulo III en: http://revista.escaner.cl/node/7231


 

Novela Yo bipolar, de Jesús I. Callejas, publicada en formato digital en http://www.bookrix.com/_ebook-jesus-i-yo-bipolar/Fecha de Publicación: 01-21-2013


@copyright Prohibida su copia sin la autorización del autor.

http://www.bookrix.com/-jesusicallejas

Email sibaritamito@gmail.com


Jesús I. Callejas (La Habana,Cuba, 1956) ha publicado los siguientes libros de relatos: Diario de un sibarita (1999), Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias (2000), Cuentos de Callejas (2002), Cuentos bastardos (2005), Cuentos lluviosos (2009). Además, Proyecto Arcadia (Poesía, 2003) y Mituario (Prosemas, 2007). La novela Memorias amorosas de un afligido (2004) y las noveletas Crónicas del Olimpo (2008) y Fabulación de Beatriz (2011). También ha reseñado cine para varias revistas locales como Lea y La casa del hada, así como para otras publicaciones. Recientemente ha publicado los trabajos virtuales Yo bipolar (novela) y Desapuntes de un cinéfilo (2012), que consta de reseñas y elementos de la historia del cine. Callejas es descendiente de Manuel Curros Enríquez, junto a Rosalía de Castro, el mejor poeta de lengua gallega.

 

Escáner Cultural nº: 
167

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