Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX
XVII

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


Por Jesús I. Callejas


EL OTRO

¡Frente a frente! El tipo que avanzaba hacia el edificio y parecía nunca llegar está sentado en la butaca observándome de tal rojiza forma que se me erizan los hilos de los brazos y un ramalazo me sacude el Partenón de vértebras. Me ha provocado un susto del carajo verlo ahí, con su esmoquin negro y manos pálidas sobre los antebrazos del mueble regordete. Emergía del baño en mis viejos pantalones cuando percibí la silueta erguida formando L perfecta y enseguida su mirada antigua, agotada de un amarillo más solar que tísico, su monstruosamente amuecada sonrisa, los aplastados cabellos de sulfuro. Sin mover un músculo, estúpidamente dudoso, intento apelar en impecable sigilo al desenlace de la ventana… Nada, el camino se presenta limpio, aunque con una diferencia: aparenta avanzar en avenidas hacia el edificio con ademanes de breoso oleaje, originando en el sucio diamante de mi pecho las más grotescas taquicardias.

Pestañeo sigiloso tras percibir la mirada clavada sobre ambos ojos a la vez, o sobre mi frente; no lo sé. No puedo descifrar hacia dónde se enfoca. Tras la ventana se percibe ahora la silueta usual caminando en dirección al edificio y la respiración acompasada del hombre apunta a mis párpados. De pronto suelto un grito ronco y espero en guardia. Nada. ¿Un extraño caso de bilocación?, me pregunto tratando de disimular el temor ridículo. Su desconcertante sonrisa se suma a la mirada y al hálito infernal en lo que pierdo el equilibrio y me voy en tropezones yendo a parar contra un estante y aporreándome la pierna derecha. El tipo es como una estatua y al caminar yo de un lado a otro las canicas siguiéndome son lo único que se mueven en su pulcra pero, no obstante, repugnante carrocería ósea que se antoja de metal pulido. Me amparo en el sofá lejano: ¿Quién eres? ¿Demonio…vampiro… robot asesino… bugarrón sideral, extraterrestre? La sonrisa permanece cruelmente tallada en el blanquecino rostro, la mirada pretende anuncio de oasis no festivo.

 

Escáner Cultural nº: 
200
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXXVI

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas


AMOR

 

Sucedió. Desperté junto a Amelia. Sí, porque de veras intenté "poner de mi parte". Primera mujer con la que amanezco en más de una década. Amelia, valquiria sobre mí; frágil Pegaso de espuma y harina que soy. ¡Así, así, Amelia! Me cansa menos y el disfrute es superior. Murmura: Me has convocado y aquí estoy para ti. El terror se me enreda en las arterias: ¿Cuándo te convoqué? Jamás te había visto antes. Intenta recordar; esfuerza en algo tu desidiosa memoria, grita la mirada inflexible.

Amelia carga poco más de treinta años, pero durante el coito su rostro cambia de velos con premura cegadora. Milagrosa píldora eréctil; pude desempeñar con éxito mi cometido en estos tiempos en que no se me paran ni las cejas, aunque cohabitar se convierte una vez más en penumbroso prospecto de lotería. Desperté junto a Amelia. Ahí yace, mansamente dormida; yo a su lado mirando los jeroglíficos en la capilla que anuncian el derrumbe, sin saber cuándo y cómo levantarme en pos de mi acogedora habitación a escasos pasos de esa puerta. Qué enredo si esta mujer quedara embarazada. Un engendro producto de un bipolar y una esquizofrénica. No le valió ocultarlo misteriosamente. Lo adiviné enseguida: Amelia es esquizofrénica. No se requiere estar diplomado en el rebuscado estudio de los trastornos mentales para saberlo.

Antes de yacer me dijo: Permíteme asearme primero, y, bajo pretextos de sofocación -quién sabe cuál ya que la frialdad del aire acondicionado estaba a punto de soltar los pulmones-, se dio una ducha completamente vestida, se sentó por diez minutos chorreando en trance sobre una esquina de la cama, y sin aviso, se desnudó, extendiendo su cuerpo salpicado de gotas, cosmonautas en superficie coralina, sobre la estrechez mullida musitando no sé qué de "cuidado con los ruidos; hay micrófonos en la habitación." Yo con los radares espaciales, Amelia con los micrófonos. Pero sé que estoy jodido y que mi paranoia puede ser un truco de la mente; su personalidad está más fraccionada que la mía. Logró engancharme sin licor o baratas seducciones. Atmósfera, empatía, afecto.

Escáner Cultural nº: 
199
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX
XV

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


Por Jesús I. Callejas

EL MUNDO

Canal público. La Segunda Guerra Mundial, los Derechos Civiles en todas partes, un chef canturreando desafinadas arias. Celtas contra romanos, romanos contra sajones, sajones contra vikingos, sajones contra normandos, los del Medio Oriente masacrándose entre ellos. Me cambio la ropa... ¡Un tirón en el brazo derecho! Tras cada invisible puerta hay un álbum podrido. Sí, me gustan y tranquilizan las bondades del consumo: cafetera, licuadora, tostadora, arrocera, abrelatas. No culpabilidad por gustar del confort; los que furibundamente critican el consumo son sus mejores usuarios. No es mi prioridad (¿tengo alguna?), pero no hay motivo valedero para rechazar ciertas ventajas. A veces me soy menos cobarde que prudente... menos oportunista. Bajo perfil y alta funcionalidad debe ser el lema. No hay que hacerse notar mucho, no destacar demasiado… por el momento... Cuidado con el estornudo sideral.

Escáner Cultural nº: 
198
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX
XIV


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

HASTIO

Las mujeres son fuertes en carácter, débiles en la razón. El corazón, antiguo héroe amurallado. Sty hst ls cjns d tnt mrd. L cltr ctl s n frs prtc plnd cn sgls d ntcpcn. Los relojes marcan las doce de la noche. Otro documental. ¿Qué se supone debo decir acá? Miles de mensajes arriban al tope del entendimiento -no mucho- para más abrumarlo entre frijoles tísicos. Vivir sin prisa antes los abusos que el furor consuma a costa de los sufridos. Ciudades de ancianos que se pudren soltando piezas, niños que tienen por juguete su cuerpo desgajado, hombres y mujeres que se ayuntan para no sucumbir al odio. Moralista otra vez. Ja, ja, y considerando que no creo en el libre albedrío… Cansada góndola, pantalla en blanco. Llevo meses sin sentarme en la bicicleta; ¿qué sentido tuvo comprar un artefacto que no uso? Sin embargo, me gusta verla llenar otro espacio de este lugar que se comprime en sí mismo dando porción de implosivo regocijo sin requerirme la compañía de los otros. Me tranquiliza saber que permanece ahí, aunque esta mañana la percibí desplazada ligeramente de su sitio, que puedo disponer de ella sin rigor, a pesar del denso óbolo decretado necesario. Alguien la movió… He hecho lo contrario a lo recomendado por el psicólogo: reducir las acciones físicas. Reducir las acciones físicas en un mundo físico es altamente peligroso, sin embargo, necesito constante justificación dimensional. ¿Participamos de mundo físico? Deseos de un mazapán. ¿Dónde conseguirlo?

 

Ingredientes para un sanalotodo: Urticaria dórica, calentura oficinista, apio sortilegio, expedientes inertes. Bátase bien en chorro de orine propio y, con hielo, bébase sin respiro. Consigo el mazapán en una cafetería, entre montaña de mazapanes, pero... la gran interrogante: ¿Cómo saber cuál de ellos me corresponde? ¡Cómete el mazapán, cualquiera, y no jodas más! La depresión me aleja de la computadora. Por fin se mudó el solterón tío Eduardo, único hermano sobreviviente de mi padre, a la casita en el fondo de la propiedad; la mismo que ocupé durante algunos años. El tío se mantuvo rechazando esa proposición formulada por papá, pero se decidió, supongo, acosado por la soledad tras enviudar de una señora hacendosa, callada, de quien nunca se supo demasiado, excepto que era costurera provinciana. Del tío me altera con burlesco nerviosismo su capacidad para el más impío desorden, perfectamente agravada por arterioesclerosis creciente. Vivía sepultado en un estudio con sus aficiones: pintura, camisas y periódicos. Increíble que sin preparación académica pueda ejecutar buenos retratos y paisajes.

Escáner Cultural nº: 
197
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX
XIII

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


Por Jesús I. Callejas

CENOBITA

Lamentablemente, ¿todavía?, no encuentro una mujer que ande obcecada con el cine silente, con los maravillosos filmes italianos y japoneses (sigo con la obsesión del esteticismo asiático) de los 60, muchos de los cuales tuve la fortuna de ver cuando su estreno… Galletas y caviar rojo, pero el entusiasmo decreció en inversa proporción con el estridente tráfico. Hasta cruzar la calle se me ha hecho un problema. Seguí en la mañana con las usuales tostadas de trigo y el café descafeinado que la mosca degustaba. ¿Encontraría domicilio sin agobiar los tímpanos de los demás? Recuerdo la ilusión con que recibí de mis padres un pequeño pez carpa dorada (Goldfish) poco después de anticipar frente al pastel de cumpleaños las iniquidades que esperan al humano: La vida es una mierda. Pero, ¿qué le pasa a este muchacho? ¿A qué viene esto? Algo anda está mal con él…Sólo está nervioso. No llores, hijito. Es tu cumpleaños. Mira qué hermoso pastel te hemos traído… Y los juguetes.

Escáner Cultural nº: 
196
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXXII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

AMELIA

Deceso en el edificio. Antier partió para siempre el vecino bastoneante. Vaya tumulto formado por la ambulancia a la llamada de un amigo con el que diariamente jugaba dominó en el pequeño jardín, no precisamente zen. Según dijeron lo ayudaron a subir porque estaba agitado por la taquicardia; el hombre se derrumbó en la puerta.

¿Cómo ocurrirá en mi caso?, me pregunto viendo pasar la camilla con el tieso. Quizás me pudra acá -en caso de que no me atropelle un vehículo u ocurra diferente- el hedor provocará derribo de nogales; o viajaré faraónico con videos y libros una vez crujiente el viejo cascarón de carne. Tal vez no viaje a sitio alguno, tal vez me consuma con los poros... o los porros (no estaría mal "expandir la conciencia" mientras se diluye). Pero debo reiterarlo: La droga debe ser privativa de individuos exquisitos, pues si un cretino, un zafio, se enreda con ellas esto se convierte en una diarrea imparable… Ya lo está.

Escáner Cultural nº: 
195
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NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XXXI

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas


EL PADRE

Un hombre sin hijos es como un árbol sin frutos. Altisonante afirmación de mi padre. Papá era cordial, bonachón; aunque nada tonto, pues tenía un sólido bagaje en los trances de la supervivencia. Me gustaba hablar con él y escuchar, cuando estábamos a solas, lo que a nadie le comentaba (o eso decía): Cuando abordes a una mujer tienes que mantenerla entretenida, hablar sin darle tregua. Después se encargan de hablar de sobra por ellas y por uno mismo, pero al comienzo es como te digo. Un tipo vacilante está perdido, lo consideran un idiota.

Escáner Cultural nº: 
194
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX
X

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

LA DESCARGA

Electrochoque... Atención: No rudeza a la sensibilidad auditiva; mejor llamarla terapia electro-convulsiva. Suena armónico, al uso de un curso de las escuelas vocacionales que se multiplican por la ciudad arañándole préstamos al gobierno para robar en nombre de los ingenuos usuarios. Demasiada gente alrededor del coliseo. Usted es paciente ingresado. Sí, pero llegué en plan de ambulatorio… Correcto, aquí lo veo. Su doctor ya viene. Debe estar carbonizándole la cabeza a otro infeliz… ¿Qué dice? Que el doctor no para con tanto trabajo. Es verdad. Bien, ahora el anestésico y un relajante muscular. Así. Ahora los electrodos en cada lado de la cabeza. Morder duro para no destrozar la lengua. No se asuste: la pérdida de memoria y la confusión son transitorias.

Escáner Cultural nº: 
193
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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXIX

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas


PARANOIA

De nuevo nos amenaza la celebración navideña, pero este año me negué rotundamente a asistir; la capacidad de resistencia disminuye. Qué no daría por ver a todos mis hijos unidos, clamaba mamá sin dejar una y otra vez de lamentar mi ausencia. Al tildarme Marta de egoísta, Rosario reiteró que no me interesan las reuniones, ni siquiera familiares, que prefiero estar solo. ¿Cuándo entenderán que es un enfermo?, incluso Julia intervino.

Un psiquiatra cliente mío asegura que detrás de cada loco hay un sinvergüenza, soltó Alberto con su carcajada de hiena mientras encendía un puro. Sólo Marta le hizo eco. Amonestación de mamá: Alberto, me desagrada que hables así; tu hermano es un muchacho que solamente padece de desajustes nerviosos. No voy a tolerar esa palabra en mi presencia; ya lo sabes. Punto final. Al rato bajó la tía Josefa con su hijo, el ex-monstruo Carlos, y la nueva novia de éste, cierta lánguida modelo rubia; guapa pero, para mi churrigueresco gusto, un depósito de huesos.

Lo inusual llegó al final de la celebración: la dulcecita Hilda se excedió con el vino tinto y comenzó a quejarse del tiránico Alberto, mostrándose indiscreta al revelar que mi hermano aún no ha podido superar su conflicto infantil de "mojar las sábanas". Mi hermano le arrebató la copa y la remolcó a la cocina, donde Marta la inundó de café. Los “digitales” –al igual que la nieta de la Robinson y su novio, miran inexpresivos, como si uno fuera invisible, hacia la distancia que no existe-, Esteban y Luis, hijos de ambos, desesperados por terminar la comida y largarse con sus novias a un bar con docenas de neutrones chocando entre humo, música estridente y televisores en cada esquina. La gente es apenas capaz de mirarse de frente, menos a los ojos.

Escáner Cultural nº: 
192
Invitado


 

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXVIII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas

UN POCO AFUERA
 


Me siento especialmente compulsivo en estos días resecos: He llegado a creer que haciendo ciertas tareas con mayor rapidez puedo alterar la velocidad del tiempo… Engañarlo. El asunto empeora. Ah, el orden, el orden. Incluso, un libro fuera de sitio se hace agresivamente desproporcionado. Bien; provechoso que entiendas las reacciones de tu comportamiento, afirma satisfecho el anciano psicólogo. Agobiante no poder resolverlas. Recuerda: sobrellevarlas, no resolverlas. Usted no se imagina lo mucho que pesa ese fardo, doctor.

¿Cómo va el diario?, me evade como si no me percatara. Va hacia ninguna parte… He escrito bastante, pero no me gustaría que usted lo lea. No es tal mi propósito, y se reclina. A veces lo he pillado somnoliento durante la terapia, pero es más cálido que el psiquiatra; éste no es precisamente cálido, sino amable… Tanto uno como otro reciben más de cien billetes por consulta. Cualquiera sería encantador con un trabajo así. Pero es innegable que la gente se rompe las bolas estudiando para conseguirlos. ¿Estarías dispuesto a eso? No creo, pero veo que tergiversas el punto nuevamente. Temprana noche aún. Intentaré leer un poco a ver qué tal anda mi concentración; quizás geografía o alguna novela. Sí, pero son libros pequeños, de un volumen. Hay enciclopedias repetitivas, bosques de inutilidad, que es mucho peor. Ir a la biblioteca durante la semana a entregar videos, pero primero debo pasar por la oficina de correos más cercana para enviar el pago mensual del servicio de cable.

Escáner Cultural nº: 
191
Invitado


 

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXVII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas

MEDICAMENTO BARRIO

Coincidí con Amelia justo en la puerta del edificio: Buenos días. ¿Cómo está? No me quejo, respondí falso, mientras sin detenernos ella pasaba, oh, pulsación de céfiro, cerca de las butacas en el recibidor donde los viejos estruendosos discutían las noticias del día. Me asomé a la ventana. Amelia emergió del edificio en negro siendo una silueta de Las mil y una noches. Disfruto verla rodear canteros hacia la amplia acera del edificio plano en pos de nimios sortilegios; deseando que la siga. ¿Es su propósito? ¿Volteará mirando cómplice hacia mi ventana, tal vez para disolverla como Orfeo a su Eurídice?, ¿Cómo procesar la píldora en el engranaje? Avanza en horizonte lineal sobre la cabeza de Amelia.

Doctor, diría que la Trenvega no me está haciendo efecto últimamente, y lo peor es que me provoca demasiado sueño. Te recetaré una igualmente efectiva que espero te caerá mejor: Vivaril. Asistí a la farmacia ahíto de ilusión como cuando los Reyes Magos me dejaban los juguetes junto al árbol navideño. ¿Qué aspecto tendrá mi píldora nueva? Parece que desenvuelvo un paquete de regalo. Es una cápsula, no una pastilla, pero muy bonita: mitad verde esmeralda, mitad verde marino. Supongo que así puede sentirse uno el día de su graduación, cuando está listo para bien servir a la sociedad y sus perínclitos valores. Los eones políticos se unen para decretar un himno y yo, en la tarima, acompañado por retumbes y banderas, fanfarria, ceremoniosamente trago mi primera Vivaril. Ha sido un día histórico, señores. Suena un pedo con aroma a cornetazo. Me arrojé, vocación de balón, sobre el sofá. Documental. El Egipto faraónico. Incestuosos faraónicos, y me dormí recordando las preñadas tetas de Julia. Soy organizado por una razón simple: ya que mi cabeza se desempeña en desorden trato de evitar la confusión externa; de lo contrario viviría sería el caos.

Escáner Cultural nº: 
190
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXVI

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

ASEDIO

Sorprenden algunos insectos; asombra que esos pequeños montoncitos sean capaces de tanto. Las cucarachas son holgazanas; se trasladan con despreocupación. Se detienen de pronto, sus antenas satelitales husmean, reconocen, y quedan ordenadas, listas para que mi primo Carlos las incendie. Pero otro enemigo acecha. La tribu hormiguera despliega su sistema de señas tras la pared del holocausto que le sirve de madriguera y, sin aviso, se lanzan en masa las atacantes. Cadáveres volteados de cucarachas, bandejas cargadas por las ordenadas hormigas que tejen redes de esperma, deseosas de tragarse todo lo que encuentran.

Una de las cucarachas percibe a una compañera agonizando entre el tropel apachurrado en medio del salón de banquetes, en ruta hacia el horno matorral y acontece la desbandada; todas las hormigas se precipitan en cuanta dirección exige el libro de rescates-o de recetas-, apuran retrocedidas patitas, tosen conjurando mil fórmulas. Al fin, una de ellas se envalentona contra la cucaracha que la detesta desde el primer folleto atardecido, pero la persistente cucaracha ruge: ¡Hora del desquite, abusiva cabroncita, ventajista!, y la mordisquea salvajemente. Tobillos al aire, masticación paciente. Es como una corista dando pataditas mientras un sucio vaquero carga con ella hacia el granero próximo con la bragueta abierta.

Escáner Cultural nº: 
189
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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXV

 

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sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas
 

CRISIS

En la consulta del psiquiatra vi y escuché discutir violentamente a un barbudo asirio y a un enano cartaginés que habían sido sometidos a electrochoques. Interesante: aseguraron haber notado una creciente mejoría al manejar complicadas zonas de recuerdos. Raro: Cuando el barbudo sentó al enano sobre sus rodillas, asemejando un ventrílocuo con su muñeco, y comenzaron a discutirse derechos sobre un juego de tarot criollo, cuatro enfermeros tomaron rápida acción colocándolos en habitaciones diferentes. ¡Alarmante! Tres semanas sin bañarme: uñas ennegrecidas -catastrófico: me asquean mis propias manos-, el sudor agrio como yogurt, el cabello tan grasiento que los dedos se colocaron peluquitas de brillo.

Aparece, sin ser convocada, una jefa de embarque con quien trabajé en un almacén de libros. Al recibir una orden de despacho de manos de una oficinista de zonza cabellera comentó cuando se alejaba: Tiene tanta grasa en la pelambrera que la puede exprimir sobre una sartén y freír los tostones en ella. La lúbrica vieja -bembona, cabello corto teñido de melocotón, con menos afición por los tostones que por el plátano macho, exageradísima protuberancia a estribor y escaso frontispicio-, fue descubierta ejecutándole felación a un camionero tras la carga bajada de su rastra y ambos fueron despedidos. A esta altura deben estar más que retirados, invernados; las mamadoras bocas a nivel de torcida parcela. Los labios de esa mujer, dignos de una talla polinesia, no se aleja... ¡Cuidado con la bragueta perseguida por aerodinámica dentadura! Baño: torrentes de agua tibia con jabón, estropajo, recorte y cepillo en las uñas; duchazo frío al final. La vida no es tan mala; hoy tienes aspecto reposado.

Escáner Cultural nº: 
188
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXIV

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

CONSUELO DEL ARTE

Una instalación. Mi inicial contacto con esa clase de demostración “artística” ocurrió cuando en una rectilínea galería situada en el centro de la ciudad, a la que asistí acompañado por Ramiro, gran amigo pintor de acusado perfil renacentista, al que veo de tanto en tanto, tropecé -casi me caigo-, con la esquina de una gigantesca alfombra y le propiné par de patadas intentando sacarla del camino. Cáustico, me alertó Ramiro: ¡Que no te crean un saboteador! ¿Por qué? Hombre, estás pisando la "obra de arte", y conteniendo la carcajada destacó una etiqueta rectangular con los datos de la pieza bajo mi zapato. El comentaba y comentaba, mientras yo vagaba y vagaba alrededor: Nada nuevo; un concepto canonizado apología por los dadaístas, el arte conceptual y el pop art. Se impone una hermenéutica visual fulminante, para que yo pueda gustar del arte contemporáneo.

Lo paradójico del asunto es que la mayoría de los "artistas" del momento son más descuidados que los espectadores. Superior escrupulosidad y respeto muestro apreciando una pieza de arte que muchos de ellos para elaborar las propias. Consideran inútil el oficio, pero lo cierto es que incluso un maestro que termine enviando la preparación a paseo sabe reciclar la técnica en su beneficio. Para mí un pintor que no sepa dibujar es una soberana mierda. Es requisito mínimo. Me detuve en el surrealismo, pero estos imbéciles intentan comenzar en el aire. ¿Qué opinas? La pereza me enmudeció hasta alcanzar un recodo del segundo cubículo: Bueno, mi visión del arte tiende a emparejarse con la tuya: me placen mucho más los tradicionales; sin embargo, tengo dudas acerca de la vehemencia con que opinamos y es precisamente ahí donde irrumpen en manada los cuestionamientos.

Escáner Cultural nº: 
187
Invitado

 

 

NOVELA: YO BIPOLAR.

 

Capítulo XXIII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

EL LIBRO

Permanezco aterrado ante el destino de las bibliotecas. Recién he arribado con datos escalofriantes. Sabido que los tradicionales tarjeteros han desaparecido bajo avasalladoras computadoras -Rosario me ha enseñado a usar la Internet para que no me tome desprevenido-, pero es ¡peor!: planean borrar el libro de la estantería. ¡La desaparición del libro cual artefacto físico! Horror, las bibliotecas digitales son su némesis. ¿Una variante de Ray Bradbury en su Fahrenheit 451? Habrá libros, sí, pero reducidos a piezas de museos. La Internet se apodera de todo.

Parece que accederemos a los libros con achacosos propósitos investigativos, no por placer intelectual o estético. ¿Y qué de lo sensorial? ¿Olvidar el manto de polillas agujereando túneles en murallas de acechantes letras, el seco desplazar de codiciosos dedos por superficies de áspero océano, el hedor de páginas manchadas inseparable de su yugular de tinta cortada por seco golpe eléctrico? Pronto olvidaste las varias infecciones adquiridas por libros contaminados con bacterias. Hasta me ha gustado lamer libros... ¿No te digo? Estás jodido. ¿Se extinguirá la fibra vegetal para regocijo de los que propugnan la inmediatez del "planeta verde", la manida conservación natural? Aterra balbucear la espantosa frase: EL LIBRO HA MUERTO. Urdimbre muda. Desconcierto ante la tecnología informática. ¿No se dice que todo pasa? Sí, pero asusta su rapidez.

Como le diría el lirón a la maravillada Alicia durante el juicio de las tartas, “no hay derecho a crecer a tal velocidad”. No puedo desapegarme... Lo individual... Con mis libros estoy solo, y mejor. No te apegues... ¿No existe apego cuando se busca el desapego? Lo que vendrá es contigo y sin ti... Joseph K. ante escritorios similares a ataúdes del espíritu… si existe el espíritu. Latón universal donde desembocar miserias. Alineadas formaciones de computadoras sustituyendo anaqueles, barridas toneladas y toneladas de volúmenes de espacio destinado a millones de frases que han erigido en crónica la historia humana recordándonos peregrinaje resistente contra la catástrofe de la especie. Información reducida, empaquetada, tapiada en circuitos en los que filosas teclas, armadas con la furia resentida del milenio, descargan su señorial poderío electromagnético para deslumbre de nuestra portentosa ceguera. Lo que ahora digo lleva el estigma de computadora sostenida en lo invisible. Bien, de sucumbir el libro debería comprometerme a escribir a mano; sería mi solitario acto de protesta. Pero no depende de mí; además, estoy medio reumático.

Siguen cayendo bombas mientras el petróleo genera plástico para las tarjetas de crédito, refinado estrato de la usura moderna. Una espada de petróleo abarcando puntos cardinales; hexágono diamantino apuntando a las galaxias. El libro tecnológico: el artilugio denominado Kindle, similar a un cuaderno o pizarrita. Especial ventaja de las bibliotecas digitales supondría traer de vuelta a autores en desuso, e incluso favorecer a aquéllos no publicados, compelidos a amontonar su labor en armarios decorados con retorcidos hongos. Grotesco andar cargando del cuello esos diminutos termómetros conteniendo millones de libros y películas. Los DVD, que prometían nitidez incomparable, desplazaron a los videos, que a su vez hicieron desaparecer a los Betas hace décadas, pero ya comienzan a ser arrinconados por la superior definición que ofrece el Blu-Ray.

Escáner Cultural nº: 
186