Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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NOVELA: YO BIPOLAR. Capítulo V



Por Jesús I. Callejas



Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau


LA BESTIA

A propósito de píldoras, Marta ¡me acusó de intento de asesinato!, dañando de una vez por todas nuestras raquíticas relaciones, tras consumir los ansiolíticos que le obsequié (sana intención de mi parte, lo sostengo), con afán de disiparle la agitación causada por un accidente automovilístico cuya total responsabilidad le correspondió a un viejo cegato que le hundió el vehículo por la mitad después de arremeter contra un banco de la parada de autobús y casi aplastar a una pobre embarazada. El despistado anciano, en silla de ruedas por la descojonación que provocó, seguramente sigue desayunando rosquillas tan tranquilo. ¡Creí que no me despertaba; casi me matas, criminal!, clamó frenética la arpía ante el clan familiar con trasfondo de insano carnaval parlamentario. Es peligroso ayudar así a la gente, pero uno utiliza los modestos recursos a su alcance. ¡Eres un irresponsable, un peligro público! Qué jodida está Marta; me importa tan poco la mentecata que ni deseos de insultarla provoca.

Prefiero no mencionar las crisis hipocondríacas, pues ya bastante tengo cargando la bipolaridad. Vacío altar para ser llenado por otro ídolo. Vivir o no separados de la Entidad, o entidades. Estando ansioso busco el antropomorfismo; cuando depresivo, lo impersonal, o la Nada. El sueño me abstiene de lo restante. Tiendo a preguntar: ¿Destino o libre albedrío? Nada de eso: ¡Azar! Sí, estoy peor de lo que imagino: asexual y a la vez exhibicionista. Oh, ansiedad, predominas esta mañana sobre la depresión. El cambio de una a otra requiere de semanas, pero en ocasiones, de segundos. Cada objeto me acecha temporadas; el animismo contribuye a tambalear la "capacidad" de lucidez. El aparato televisivo es un receptor espía más, implementado para mi perdición. Cuidado, si te tachan de loco estarás perdido. No es lo mismo ser declarado demente que perturbado funcional. ¿O sí? Recuerda que, correctamente medicado, un bipolar puede insertarse en sociedad, trabajar… ¡No, trabajo no, por favor! Torneo de elucubraciones.

Entretanto, el vapuleado chaleco fisiológico trata de ajustarle tornillos a la personalidad destartalada. Llovizna la tarde; el día soleado desmorona filamentos; lienzo de brillo acontece su despaciosa cercanía. ¿Cuántos pares de ojos plegados sobre las brumosas máculas de mi computadora, bajel cofre de palabras? La gente es escurridiza; sombras que se diluyen para recomponerse en otra área de la galería óntica. Uso la Internet, no obstante el terror que representa sentirse vigilado desde el espejo opuesto. Al sentarme, el almohadón emite su quejido flatulento. Documental sobre Africa. Un tropel de cebras atraviesa el río repleto de cocodrilos luchando con denuedo por llegar a la orilla opuesta, lo que consiguen a salvo, excepto una infeliz que emerge con el vientre convertido en desfondada bolsa de supermercado. Las vísceras caen sobre las insaciables cabezas de atacantes que se muerden ¿coléricos?, mientras la cebra infeliz se derriba a sí misma, vacía, en la orilla. Apena ver cómo se acomoda con delicadeza, casi con elegancia, para la muerte; sus líneas desteñidas conforman diseño de empanada, un dantesco crucigrama. Infestada cáscara frutal. No olvidar que la salvaje destrucción de ésa le permitió a otra cebra conservar su vida cuando los cocodrilos, distraídos por la ruidosa irrupción de aquélla, la dejaron escapar confusos. Pechugas de pollo adobadas con limón para el almuerzo. Asqueado, decidí hacerme vegetariano, pero no estoy preparado; quizás nunca lo esté.

Presiento que de ser posible alguna mejoría en el humano debería generarse a partir del vegetarianismo, cuya premisa no sólo corresponde al Oriente. Cómo es posible que se pueda viajar la vida alimentándose de animales muertos, y lo peor: provocando sufrimiento en esas desvalidas criaturas. Solamente el barniz tecnológico nos separa de los trogloditas. Y después se quejan de tener el sistema digestivo hecho un desastre. Pertenezco a una cultura carnívora; demasiado tarde. Suenas sentencioso. Sí, y ¿qué? Soy cándido… Mejor cambio el canal y veo un tour. Hay animales que matan sin necesidad alimenticia. Realmente pavoroso. Por ejemplo, tiburones que comienzan engullendo a sus hermanos en la matriz (¿me equivoco si digo que lo vi en un documental sobre el tiburón Arena?). No pocos atacan por gusto cualquier cosa que se mueva, incluso, previamente ingerido el sustento para la jornada, aunque muchos "expertos" -los insufribles idiotas optimistas que nunca faltan- afirman que los estilizados escualos no atacan al humano sino cuando se sienten amenazados; cuando ¡sienten estrés!

Otro documental mostró algo inaudito: un macho en su paroxismo sexual mordió a la hembra y la dejó sangrante a merced de los circundantes tiburones que la despedazaron con veloces dentelladas. Ah, el pez tubería macho -especie graciosamente emparentada con el caballito de mar-, que, por cierto, asume el embarazo, engulle los hijos que carga mientras mamá se dedica a otras funciones: rastrear comida con sus cupones de descuento, ir a la peluquería, chismear por el barrio coralino. Cuando regresa le quedan pocos, o ninguno, hijos. ¿Qué del incesto y la homosexualidad entre animales? Para que vean que las reglas pueden doblegarse. Leí que un lobo se suicidó por ser excluido de la manada: se dejó morir de hambre. No jodas; eres un mitómano de atar. No, no, te lo aseguro. Y todavía el prepotente hombre cree poder tener control sobre la maquinaria genética. Si ha logrado clones es porque dispone de la materia para ello, no porque la haya creado. ¿Quién o qué instauró la violencia; ya en serie, ya casual? Violencia más en serio que en serie. Sí, muy en serio. ¿Acaso alguna deidad antropomórfica deleitada con sus abominables creaciones? Me atrae y a la vez me asusta el deísmo; divertido un dios jodedor que nos crea y se desentiende del mundo. Monstruoso divertimento. ¿Un qué accidental? ¿Víctimas de un sistema de causas y efectos? Todo es todo pero a la vez no lo es. Garabato ¿mental? Conque el orden del universo...

Desde la azotea de mis padres fui testigo: en la de enfrente, la del edificio de Madame Ramona, una gata recién parida devoró hasta la mitad una de sus crías dejándola hecha títere con sólo cabeza y patas delanteras. En casa de un ex compañero laboral de papá -que terminó explotándose los sesos con una escopeta de caza por razones nunca esclarecidas- vi a una perra convertir en albóndiga a un cachorro de su propia cría que ni siquiera pudo abrir párpados ante los horrores de este mundo. Alcancé a oír huesos triturados por las mandíbulas maternas. El dueño la atacó a patadas, reventándola ante nuestra espantada presencia; la enterró en el jardín y conservó los restantes cachorros, que crecieron sanos e inofensivos. Papá se distanció del tipo poco a poco: Es una bestia; un hombre peligroso… Hay pájaros que se comen sus propios huevos. En eso cuenta el espécimen sobre la especie; la individualidad de lo supuestamente irrepetible.

Otro evento no abandona mi psiquis bajo estado de sitio: Cierto millonario amante de los animales, adoptó -sí, legalmente-, en su finca un dormilón bebé de tigre al que alimentó con gigantescos biberones de leche y arrobas de carne cocida. Garras y dientes desafilados con requerida regularidad. La más cara manicure del bulevar selvático. El peligro existiría si probara carne cruda, pero como eso nunca ha sucedido es una animalito inofensivo, en estado puro; afirmaba el idiota. La "inofensiva" fiera dormía en su jaula-habitación con aire acondicionado, junto a la mansión, descansando entre almohadones y música de Copperini, Chopin y Mahler. El majestuoso tigre (rey de la selva en el opuesto vecindario de la frontera ecuatorial), blanco con ojos azules, en contraposición al típico amarillo de iris verdes, alcanzó casi quinientas libras, creciendo afín su irascible temperamento. Una tarde, la más apacible del primaveral afiche, el tigre paseaba con su amo por un jardín rococó, similar a los amados por Watteau, y se detuvo a mirarlo fijamente (al hombre, no al jardín; ¿o miraría a través del llamado tiempo?). Relataron los empleados, parapetados detrás de ventanales con enmohecidos barrotes, que el tigre parecía una estatua de granito frente a su “dueño” cuando, inesperadamente, un coreográfico ataque de furia lo lanzó en espantoso ralentí -cámara lenta, dijeron- sobre la figura humana destrozándola en segundos. ¡Imagínese un gato haciendo trizas un muñeco de papel!, narró a la prensa la escuálida ama de llaves en pleno ataque nervioso. No lo devoró, tuvo razón el hombre, pero dejó un catálogo de miembros sobre los que giraba y giraba rugiente hasta al fin apoyarse aterrado contra sangrantes andamiajes. Quizás sufría bajo la nieve de piel aprisionada en trazos escapados de la noche; los ojos mordían giros que tal vez le evitaban detenerse, o morir. Dormido por varios disparos y sacrificado.

La herencia del hombre recayó en las “mascotas”, y por ende, en su madrina, la fiel ama de llaves, responsable de monos, perros, gatos, cotorras, zorros, iguanas, serpientes. La señora veló celosamente por los animales en un castillo elevado sobre un risco en el Atlántico europeo sin dejar de viajar con su recién adquirido entusiasmo siempre en la valija. Murió de un infarto en emplumada cama, no en asilo bañado por jarabe de amargura. Se diría que ofrezco información parcializada por mi paranoia (que tampoco es mía, qué arrogancia. Ah, pero pensándolo con cuidado, la arrogancia tampoco sería mía… mejor no caer en lo de nunca acabar), descrita en casos especiales; que hay animales diferentes, que muchos no son agresivos, que el asunto depende de las circunstancias… o del factor de singularidad. Acudo a muestras contrarias. Por ejemplo, el tiburón ballena se alimenta de plancton, por tanto, es inofensivo, aunque no para el plancton… Ya, ya, no exageres. No me la pongas tan difícil. Clarifiquemos las cosas: de algo hay que alimentarse. Mi preocupación se basa en que, aunque la diversidad de especies animales asegure lo contrario, nos hermana la sangre. Hasta un pez sangra, lo cual me angustia cuando lo consumo. ¿Qué tal una langosta y mariscos? Con vino blanco del bueno, por favor. Sí, porque ya estoy hasta el gorro de esos vinos ácidos y aguados como los que obsequian a porciones medicinales en las galerías de “arte” de Bajagracia.

En un libro titulado El matador de leones, el soldado francés Jules Gérard, certero tirador estacionado en Argelia durante el siglo XIX, narra sus hazañas: depurar una comarca de esos felinos. Incluso relata, valiéndose de ameno lenguaje, cómo consiguió la suprema presea de su sangrienta colección: un león negro. En cierta ocasión Gérard rescata a un cachorro tras liquidar a sus padres (o madre, no recuerdo bien), lo cría, pero al fin se desprende de éste que es enviado al zoológico de París. Desmovilizado años después, el curtido cazador visita a su león adulto que lo reconoce; a través de las los barrotes pega a la de él su testa imponente, rugiendo de tristeza al no poder correr libre junto a su conmovido compañero, quien se aleja lloroso para no regresar jamás. Elsa, la leona de Nacida libre, nunca atacó a humano alguno, e inadaptada entre los de su especie, regresó mortalmente herida a yacer junto a sus amos. Interrogante usual, y debo repetirlo; la persistente bestia que me aqueja desde la maldita infancia: ¿especie o espécimen? ¿Grupo o individuo? Rústica versión de nominalismo versus realismo.

Como sea, prefiero la inducción a la deducción: voy de lo particular a lo general al evaluar mis relaciones con el mundo. Por ejemplo: No todas las mujeres son iguales; hay que darle un chance a la vecina. ¿Tú crees? Por supuesto. ¿Te agrada? Oh, sí, muchísimo. Es guapa y parece inteligente… Quizás la especie no está diseñada ni para la felicidad ni para el sufrimiento, sino que padecemos las secuelas de un experimento aún lejano de su conclusión. ¿Soy menos misántropo de lo aparente? Porque hay gente que detesta a la humanidad entera; yo, sólo a unos pocos. Bovinos, equinos y otros, pese a su docilidad, han atacado al humano. Los delfines, simpáticos cetáceos, no le dan tregua a los pobres pececillos, y hace poco leí que uno, llegado a un lago por accidente, mordió a varias personas. La supervivencia nos hace a todos una recua de depredadores. Y la mayoría viene con un bono o atributo extra: el de hijo de puta.

En este exacto momento el engranaje gástrico reclama alimento. Consumo ensalada. Se fríe a mínimo ardor un filete de pollo -perdí el asco- casi gelatinoso. El cocinar lo más simple me requiere más de una hora. Vueltas sin saber a dónde ir, me siento, me levanto, más vueltas o la misma en repeticiones aberrantes. Postrado por un rato en el sofá; se levantó a comer. Restos del combate, los platos tirados en el fregadero a merced del agua. Ciudadela sumergida; los lavaré en la noche, antes de la invasión de cucarachas y hormigas. El capitán Nemo huye del fregadero Nautilus camuflado en un cepillo. Estoy mal: me vuelvo hediondo. Sí, el tipo apesta; desde acá se siente. Apesta, pero insípidamente… como un cachorro. Apesta igual; ¿no lo huelen? Sí, qué desagradable. ¿Qué hacer con él? Ve a ducharte, cerdo. ¡Váyanse a la mierda! Otro latón de basura con los tres chiflados dentro. Y el maldito libro que revoletea sin dejarse escribir. A esta altura ignoro desarmado qué propósito conlleva su martirio. Lógico, gente metida ahí para sabotearme… Y los de afuera…

No acabo de saber si es una novela o un diario… ¿Cuánto llevo en esto? No sé; demasiado. Sería mejor mandarlo todo a volar. Hay millones y millones de fulanos como yo, lo cual revela que hasta en los trastornos mentales es detestable la competencia. Enigmático: la vida tritura a hombres invaluables en su plenitud creativa y permite a otros sin mérito llegar a la pre-vejez, o decrepitud pretenciosa, borbotando estupideces. ¡Atención, atención! Una nítida cabeza calva atraviesa la pantalla de derecha a izquierda con quién sabe qué turbias intenciones… Por suerte no ha mirado ni siquiera una vez en esta dirección… aún.

 

Continuará en el próximo número de esta revista

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7153

Capítulo II en: http://revista.escaner.cl/node/7174

Capítulo III en: http://revista.escaner.cl/node/7231

Capítulo IV en: http://revista.escaner.cl/node/7294


Fuente de la imagen: http://wildweasel339.deviantart.com/

 


 

Novela Yo bipolar, de Jesús I. Callejas, publicada en formato digital en http://www.bookrix.com/_ebook-jesus-i-yo-bipolar/Fecha de Publicación: 01-21-2013


@copyright Prohibida su copia sin la autorización del autor.

http://www.bookrix.com/-jesusicallejas

Email sibaritamito@gmail.com


Jesús I. Callejas (La Habana,Cuba, 1956) ha publicado los siguientes libros de relatos: Diario de un sibarita (1999), Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias (2000), Cuentos de Callejas (2002), Cuentos bastardos (2005), Cuentos lluviosos (2009). Además, Proyecto Arcadia (Poesía, 2003) y Mituario (Prosemas, 2007). La novela Memorias amorosas de un afligido (2004) y las noveletas Crónicas del Olimpo (2008) y Fabulación de Beatriz (2011). También ha reseñado cine para varias revistas locales como Lea y La casa del hada, así como para otras publicaciones. Recientemente ha publicado los trabajos virtuales Yo bipolar (novela) y Desapuntes de un cinéfilo (2012), que consta de reseñas y elementos de la historia del cine. Callejas es descendiente de Manuel Curros Enríquez, junto a Rosalía de Castro, el mejor poeta de lengua gallega.

Escáner Cultural nº: 
168

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