Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Novela

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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXVI

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

ASEDIO

Sorprenden algunos insectos; asombra que esos pequeños montoncitos sean capaces de tanto. Las cucarachas son holgazanas; se trasladan con despreocupación. Se detienen de pronto, sus antenas satelitales husmean, reconocen, y quedan ordenadas, listas para que mi primo Carlos las incendie. Pero otro enemigo acecha. La tribu hormiguera despliega su sistema de señas tras la pared del holocausto que le sirve de madriguera y, sin aviso, se lanzan en masa las atacantes. Cadáveres volteados de cucarachas, bandejas cargadas por las ordenadas hormigas que tejen redes de esperma, deseosas de tragarse todo lo que encuentran.

Una de las cucarachas percibe a una compañera agonizando entre el tropel apachurrado en medio del salón de banquetes, en ruta hacia el horno matorral y acontece la desbandada; todas las hormigas se precipitan en cuanta dirección exige el libro de rescates-o de recetas-, apuran retrocedidas patitas, tosen conjurando mil fórmulas. Al fin, una de ellas se envalentona contra la cucaracha que la detesta desde el primer folleto atardecido, pero la persistente cucaracha ruge: ¡Hora del desquite, abusiva cabroncita, ventajista!, y la mordisquea salvajemente. Tobillos al aire, masticación paciente. Es como una corista dando pataditas mientras un sucio vaquero carga con ella hacia el granero próximo con la bragueta abierta.

Escáner Cultural nº: 
189
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXV

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas
 

CRISIS

En la consulta del psiquiatra vi y escuché discutir violentamente a un barbudo asirio y a un enano cartaginés que habían sido sometidos a electrochoques. Interesante: aseguraron haber notado una creciente mejoría al manejar complicadas zonas de recuerdos. Raro: Cuando el barbudo sentó al enano sobre sus rodillas, asemejando un ventrílocuo con su muñeco, y comenzaron a discutirse derechos sobre un juego de tarot criollo, cuatro enfermeros tomaron rápida acción colocándolos en habitaciones diferentes. ¡Alarmante! Tres semanas sin bañarme: uñas ennegrecidas -catastrófico: me asquean mis propias manos-, el sudor agrio como yogurt, el cabello tan grasiento que los dedos se colocaron peluquitas de brillo.

Aparece, sin ser convocada, una jefa de embarque con quien trabajé en un almacén de libros. Al recibir una orden de despacho de manos de una oficinista de zonza cabellera comentó cuando se alejaba: Tiene tanta grasa en la pelambrera que la puede exprimir sobre una sartén y freír los tostones en ella. La lúbrica vieja -bembona, cabello corto teñido de melocotón, con menos afición por los tostones que por el plátano macho, exageradísima protuberancia a estribor y escaso frontispicio-, fue descubierta ejecutándole felación a un camionero tras la carga bajada de su rastra y ambos fueron despedidos. A esta altura deben estar más que retirados, invernados; las mamadoras bocas a nivel de torcida parcela. Los labios de esa mujer, dignos de una talla polinesia, no se aleja... ¡Cuidado con la bragueta perseguida por aerodinámica dentadura! Baño: torrentes de agua tibia con jabón, estropajo, recorte y cepillo en las uñas; duchazo frío al final. La vida no es tan mala; hoy tienes aspecto reposado.

Escáner Cultural nº: 
188
Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXIV

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

CONSUELO DEL ARTE

Una instalación. Mi inicial contacto con esa clase de demostración “artística” ocurrió cuando en una rectilínea galería situada en el centro de la ciudad, a la que asistí acompañado por Ramiro, gran amigo pintor de acusado perfil renacentista, al que veo de tanto en tanto, tropecé -casi me caigo-, con la esquina de una gigantesca alfombra y le propiné par de patadas intentando sacarla del camino. Cáustico, me alertó Ramiro: ¡Que no te crean un saboteador! ¿Por qué? Hombre, estás pisando la "obra de arte", y conteniendo la carcajada destacó una etiqueta rectangular con los datos de la pieza bajo mi zapato. El comentaba y comentaba, mientras yo vagaba y vagaba alrededor: Nada nuevo; un concepto canonizado apología por los dadaístas, el arte conceptual y el pop art. Se impone una hermenéutica visual fulminante, para que yo pueda gustar del arte contemporáneo.

Lo paradójico del asunto es que la mayoría de los "artistas" del momento son más descuidados que los espectadores. Superior escrupulosidad y respeto muestro apreciando una pieza de arte que muchos de ellos para elaborar las propias. Consideran inútil el oficio, pero lo cierto es que incluso un maestro que termine enviando la preparación a paseo sabe reciclar la técnica en su beneficio. Para mí un pintor que no sepa dibujar es una soberana mierda. Es requisito mínimo. Me detuve en el surrealismo, pero estos imbéciles intentan comenzar en el aire. ¿Qué opinas? La pereza me enmudeció hasta alcanzar un recodo del segundo cubículo: Bueno, mi visión del arte tiende a emparejarse con la tuya: me placen mucho más los tradicionales; sin embargo, tengo dudas acerca de la vehemencia con que opinamos y es precisamente ahí donde irrumpen en manada los cuestionamientos.

Escáner Cultural nº: 
187
Invitado

 

 

NOVELA: YO BIPOLAR.

 

Capítulo XXIII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

EL LIBRO

Permanezco aterrado ante el destino de las bibliotecas. Recién he arribado con datos escalofriantes. Sabido que los tradicionales tarjeteros han desaparecido bajo avasalladoras computadoras -Rosario me ha enseñado a usar la Internet para que no me tome desprevenido-, pero es ¡peor!: planean borrar el libro de la estantería. ¡La desaparición del libro cual artefacto físico! Horror, las bibliotecas digitales son su némesis. ¿Una variante de Ray Bradbury en su Fahrenheit 451? Habrá libros, sí, pero reducidos a piezas de museos. La Internet se apodera de todo.

Parece que accederemos a los libros con achacosos propósitos investigativos, no por placer intelectual o estético. ¿Y qué de lo sensorial? ¿Olvidar el manto de polillas agujereando túneles en murallas de acechantes letras, el seco desplazar de codiciosos dedos por superficies de áspero océano, el hedor de páginas manchadas inseparable de su yugular de tinta cortada por seco golpe eléctrico? Pronto olvidaste las varias infecciones adquiridas por libros contaminados con bacterias. Hasta me ha gustado lamer libros... ¿No te digo? Estás jodido. ¿Se extinguirá la fibra vegetal para regocijo de los que propugnan la inmediatez del "planeta verde", la manida conservación natural? Aterra balbucear la espantosa frase: EL LIBRO HA MUERTO. Urdimbre muda. Desconcierto ante la tecnología informática. ¿No se dice que todo pasa? Sí, pero asusta su rapidez.

Como le diría el lirón a la maravillada Alicia durante el juicio de las tartas, “no hay derecho a crecer a tal velocidad”. No puedo desapegarme... Lo individual... Con mis libros estoy solo, y mejor. No te apegues... ¿No existe apego cuando se busca el desapego? Lo que vendrá es contigo y sin ti... Joseph K. ante escritorios similares a ataúdes del espíritu… si existe el espíritu. Latón universal donde desembocar miserias. Alineadas formaciones de computadoras sustituyendo anaqueles, barridas toneladas y toneladas de volúmenes de espacio destinado a millones de frases que han erigido en crónica la historia humana recordándonos peregrinaje resistente contra la catástrofe de la especie. Información reducida, empaquetada, tapiada en circuitos en los que filosas teclas, armadas con la furia resentida del milenio, descargan su señorial poderío electromagnético para deslumbre de nuestra portentosa ceguera. Lo que ahora digo lleva el estigma de computadora sostenida en lo invisible. Bien, de sucumbir el libro debería comprometerme a escribir a mano; sería mi solitario acto de protesta. Pero no depende de mí; además, estoy medio reumático.

Siguen cayendo bombas mientras el petróleo genera plástico para las tarjetas de crédito, refinado estrato de la usura moderna. Una espada de petróleo abarcando puntos cardinales; hexágono diamantino apuntando a las galaxias. El libro tecnológico: el artilugio denominado Kindle, similar a un cuaderno o pizarrita. Especial ventaja de las bibliotecas digitales supondría traer de vuelta a autores en desuso, e incluso favorecer a aquéllos no publicados, compelidos a amontonar su labor en armarios decorados con retorcidos hongos. Grotesco andar cargando del cuello esos diminutos termómetros conteniendo millones de libros y películas. Los DVD, que prometían nitidez incomparable, desplazaron a los videos, que a su vez hicieron desaparecer a los Betas hace décadas, pero ya comienzan a ser arrinconados por la superior definición que ofrece el Blu-Ray.

Escáner Cultural nº: 
186
Invitado
 
NOVELA: YO BIPOLAR. 
Capítulo XXII
 
Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados, 
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros. 
Nicolás Boileau 
 
Por Jesús I. Callejas 
 
SESIONES
 
Mi nuevo terapista -la golfista mudó consultorio y el lugar actual me sometería al uso de autobuses-, es el anciano de profusa barba, que más parece profesor de ciencias. Recontar mi vida. Sigue y sigue la carretilla de temores, fobias, obsesiones, angustias. Tantas veces lo he hecho que a esta altura es difícil aislar los recuerdos de la pura imaginación... que nunca es pura. Me aconseja persuasivo: Primero hay que embestir la depresión con actividad. El ansiolítico te ayuda, ¿no? Sí, doctor, me ayuda… Me ayuda a deambular como un puto zombi, pensé. Por suerte, me detuve a tiempo, ya que por poco también le digo: Y, por ende, me ayuda la rica “nota” que provoca. 
 
Debes salir más de tu casa, moverte. Eres o has sido aficionado a la lectura y la escritura… Sí, ¿cómo sabe? Fácil presumirlo por tus conversaciones sobre historia y literatura; te gustan las citas de clásicos, etc. Cierto, contesto con breve entusiasmo, pues no atino a saber si me elogia o me tilda de presuntuoso. Prosigo: Soy un escritor frustrado, doctor. Con respecto a mi afición por las citas; pues, me sacan de la vulgaridad sistemática; me ayudan a evadirla. Malo que el consumo me reclutase para las filas de este manicomio colectivo. Si uno lo repiensa honestamente todo es consumo; todo el mundo consume algo. Siento que debo escapar, escapar; me la paso huyendo de algo… No sé de qué o de quién… Calma, sonríe el anciano. Su historial ha visto bastante para dejarse impresionar por mis sentenciosas divagaciones. 
Escáner Cultural nº: 
185
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XXI


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

LA ENCUESTA

Sigo revisando, en maniática, compulsiva agenda, la larga documentación de mi caso hasta atracar en el cuestionario que precedió a esa entrevista con la citada psicóloga, material complementado pesadamente por varias planillas de un historial laboral que se definió escaso pues sólo pude reportar diez de los casi cuarenta empleos (los de tiempo completo y los de medio tiempo) remolcados en mi periplo por ambos dominios de cautiverio: estatales y privados.

Escáner Cultural nº: 
184
Invitado

 

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XX


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

EVALUACION

Hoy dormí tres siestas. ¿Por qué no morir de placidez? ¿Mejor matarse con lentitud desmemoriada? La muerte o el olvido de ser... o del Ser. Sigue comiendo mierda encaramado en la nube con el arpa desflecada. Al ir a una burocrática gestión del seguro social, la empleada se mostró grosera porque no entendí sus indicaciones. En ocasiones puedo ser bocón, impertinente, por lo que he tenido que aprender a controlar mi virulencia, más por conveniencia que por humildad, así que, en vez de responder a su desplante la miré compasivo discurriendo: Esconde la amargura, oh, carne infeliz, bajo tu culo gordo, defenestrado en la silla donde se mantendrá por treinta años en espera del retiro que tampoco le dará contento: No tendrás energía para disfrutarlo. Continentes apócrifos. Toda sociedad dual genera orates: Mastúrbate sin cohabitar; bebe licor sin emborracharte; haz vida social desconfiando del prójimo.

Escáner Cultural nº: 
183

EL HIJO DE LA VIRTUD de JP LONGOBARDO

Reseña

Título: El hijo de la virtud
Autor: Juan Pablo Longobardo Pérez

Datos de la publicación:
J.P. Longobardo
Thriller
Editorial Vivelibro

ISBN – 978-84-16317-19-6
Año de esta edición: 2014
N° de páginas: 300

 

Reseña escrita por Las Cuchus

J.P Longobardo se puso en contacto con nosotras y nos ofreció leer su libro. Una historia diferente a lo que nosotras estamos acostumbradas a leer, una historia que nos prometía rebeldía social y amor incondicional. Y la verdad que ha cumplido nuestras expectativas.

El autor nos ofrece a través de su libro una historia muy real a lo que estamos viviendo actualmente. Un mundo de violaciones, pederastas, corruptos…que suelen salirse muy a menudo con la suya. Pero, ¿qué pasaría si alguien decide poner fin a todo esto? ¿qué pasaría si la forma elegida fuera el terrorismo? ¿es el miedo capaz de frenar las injusticias? ¿o castigar a los malos de la misma forma que ellos castigan es injusticia?

Nuestro protagonista, harto de tanto abuso, de tanta corrupción, y de tanta gente que mira hacia atrás por solo un fajo de billetes, decide actuar y hacer algo. Algo que ponga fin a toda esta situación. Aunque para ello tenga que recurrir al terrorismo. Él y su grupo irán detrás de aquellas personas que por sus malas acciones merezcan ser castigadas violentamente, o simplemente, morir.

Invitado

NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XIX


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas


LA MADRE

Mamá me visitó -lo hace a veces, cuando me siento peor y no deseo tener contacto humano, espera que le avise; aunque nos llamamos a diario- y almorzamos juntos. Preparó sopa de mariscos. Mejor intento retroceder… Cuando rebana cebollas, tomates y lechuga atiendo a un elemental acto laborioso. Manchas, puntos obscuros, arrugas, acometen abruptamente esos gestos precisos que descansarán prontamente en la ensalada. El trazo, de no ser visto en este momento, ¿se perderá o regresará convertido en nuevo trazo? Sin percibir el risco acechante de la escurridiza crónica, tengo certeza de que los ademanes de mi madre han encanecido; aunque aún no alcanzo a saber si en medio siglo de memoria poética o cuando justo leo esta línea. Ante la atención detenida por el cansancio de generaciones la tristeza retoma estragos; queda astutamente embozada al aceptar ella que le es muy difícil entender los motivos de mi distanciamiento familiar.

Escáner Cultural nº: 
182

NOVELA: YO BIPOLAR

Capítulo XVIII

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

LA MUERTE

Escáner Cultural nº: 
181
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NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XVII


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau


Por Jesús I. Callejas

MIEDO

El café descafeinado me conviene pero es pobre sustituto. Estimulantes para después aplastarlos. Disparatado, pero funciona. Hoy dormí, raro, hasta las diez de la mañana. Viene por mí… Calma, disimula echando mano de lo primero que se te ocurra… Nos recomiendan nutritiva dieta intelectual con el mejor sistema de publicidad desde las Cruzadas, “best seller” de Occidente... Qué pegajoso matadero de billetes: sangre descastada.

Actualmente debemos soportar burgueses con aires aristocráticos, patrocinadores de las artes; sí, supremos burgueses -preferibles a los burros de la clases media y baja-, a los que apenas se les ve por estar en sus mansiones o merodeando en limusinas sin asomarse.

Bueno, son los acaudalados sucesores de la monarquía y en sus manos ha quedado, ah, el patrocinio de la cultura clásica como atesorado en monasterios quedaron los residuos de la antigüedad.

Ni modo; a falta de monjes eruditos... Nos dicen: Venga esa jarra de cerveza; demagógico pulpito (no púlpito). Sevicia: ¿suficiente la cuota semanal? Soy petimetre de almacén sufriendo demoledora patanería de recursos, aunque me resista a las injurias. ¡Pasen al torneo sexual de las monedas!, vociferan, pero no los oigo. No sé qué opinará usted, pero es chocante saber que la gente gusta de contar billetes con indecencia casi sexual… ¿Le parece? Absolutamente. ¿Y qué? Como que y qué… Es terrorífico. No es nuevo; desde que existe el dinero en monedas siempre las han contado… ¡Ya lo sé, pero me sigue alarmando! La Reserva Federal es un mito; una cortina de humo para apropiarse del estado. Todo se mueve con dinero entumecido, o mejor dicho, inexistente. O sea, especulativo. Crean inflaciones y depresiones; planifican guerras y crisis…Tenga cuidado con lo que dice, señor. Se está metiendo en camisa de once varas…Lo sé, camisa que puede terminar siendo de fuerza… Me disculpo. Por eso; calibre sus palabras en lo adelante.

Escáner Cultural nº: 
180

PRIMICIA LITERARIA

Novela Neofeudal
LA BROMA DE LA BARONESA

Atención Amigos de Escáner Cultural. Con alegría les contamos que nuestro columnista Diego Cerda ha publicado su Novela Neofeudal. Se encuentra disponible en tienda online de Amazon:

http://www.amazon.com/dp/1506084346/ref=cm_sw_r_fa_awdo_jDXgvb0NE70F9

Aquí les dejamos una reseña de la obra y del autor.

Un valle exquisito de los Andes en Sudamérica es devastado por la instalación de una gigantesca planta de faena de cerdos. La situación de catástrofe ambiental desencadenará la indignación pública hacia un conflicto social frenético y accidentado, definido por la rebelión hacia todo el sistema económico político de una orgullosa república. El neofeudalismo corporativo de los “dueños del país” y sus mayordomos, es confrontado por la voluntad de una líder prestigiosa, enérgica y globalmente influyente; decidida a recurrir a todos los recursos y efectos para desarrollar su propio experimento político.

Estamos frente a una rara contienda anti-kafkiana, en la cual los lobistas y altos funcionarios públicos y privados, serán abrumados por la emergencia de un enclave territorial autónomo al Estado, del cual no sabrán cómo entrar ni cómo salir; un nuevo territorio desenganchado de su lenguaje y disparado de su realidad. La protagonista dará vuelta los principios político - administrativos y moldeará los fundamentos de una alternativa hasta entonces no concebida.

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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XVI

 

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas

LA FAMILIA

Seis vástagos a los lejos trepan; tres mujeres entre ellos. De adolescente, mi huérfano padre, adoptado por una tía materna -murió virginal y decrépita-, laboró en lo que pudo: vendió periódicos, fue mensajero, lavaplatos, botones. Sin dejar de estudiar con ahínco llegó a técnico farmacéutico, ascendiendo al fin a jefe de su departamento hasta el momento del retiro.

Conoció a mi madre, asidua clienta que llegó a diligente costurera según la tradición familiar. Nuestro padre experimentó prematuramente la caída de casi todo su tejado, ostenta nariz respingona y delgada estatura mediana; se comporta racional y paciente ante las reglas puntillosas de mi madre, cierta vez beldad criolla de densa cabellera acuervada. El recinto familiar: intachable matriarcado -la reverencia mariana, aunque sin perversidades-, que fusionaba el respetuoso ateísmo de él con el moderado catolicismo de ella. No broncas matrimoniales, acusaciones vitriólicas, ni palizas a los hijos.

Escáner Cultural nº: 
179
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NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XV

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Calleajas

PANORAMA Y DIAGNOSTICO

Neurótico-paranoide. Etiqueta recibida durante la infancia, como si me otorgaran ceremoniosas cartas de nobleza. Resistiendo fuerzas invasoras -tal vez no fueran invasoras por residir aquí con todo y pasaporte- pero la crisis de misantropía al fin triunfó. Posteriormente se me denominó maníaco-depresivo; ahora soy bipolar, según el Seguro Social y los del Centro de Rehabilitación Vocacional, que expidieron un informe de tres horas de extensión y veinte páginas de minutero: mismo decreto asumido por el barítono psiquiatra en diez minutos y una cuartilla. Altisonante cambio terminológico. Bipolaridad o trastorno maníaco-depresivo (psicosis maníaco-depresiva). Trastorno causado por un desorden o desequilibrio bioquímico o electroquímico en los neurotransmisores del cerebro.

Escáner Cultural nº: 
178
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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XIV

 

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

 

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

 

ENTRE ELLOS Y YO

La corte de Enrique VIII. Un malsano avispero tras la muerte de Jean Seymour, aparentemente la única mujer por la que sintió ternura; la de temperamento dócil (creo que de ahí le venía al hombre la ternura), la que le propició el deseado hijo varón. Alberto, no tienes que preocuparte por actuar; sé tú mismo. ¿Insinúas que me parezco a este rey gordo y despótico? No, pero, por favor, escucha mi sugerencia. Si insistes en actuar el público se percatará de cuán deliberado te proyectas. Y tú, Amelia, trata de controlar el énfasis corporal; recuerda que Jane es lánguida. Sí, pero ¿doy o no bastante bien el personaje? Perfectamente. Sigamos.

Ah, la muerte la montaremos al final; es decir que estarás en escena bastante tiempo. A Catalina de Aragón, tía de Carlos V por ser la hermana de Juana la Loca, lo unió más el intelecto; a Ana Bolena la pasión. Marta… Te escucho. Catalina se expresaría con mayores pausas; mira, la gente en esa época hablaba de otro modo. Recuerda: intelecto entre tú y Alberto. Tú sabrás; eres el director. Gracias. Rosario… ¿Sí? Tu Ana Bolena… Quiero decir, el juego erótico con Enrique encubre un complejo torneo político. Es combinación imprescindible para comprender el trasfondo de la obra. ¿Percibes la intención? Sí, sí. ¿Seguro? Sí, sí.

Escáner Cultural nº: 
177