Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Invitado


NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XXXVIII

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau

 

Por Jesús I. Callejas

FRIVOLIDAD Y DRAMA
 

Rosario me ha llamado preocupada; nunca pierde el control, y me alegro. Es la única de esta familia que no me intranquiliza, pero últimamente sus llamadas como que anuncian pronósticos macabros: Debemos hablar personalmente. Sabes que no deseo interrumpir tus actividades, pero… ¿puedo verte ahora? Ninguna actividad interrumpes; sigo en la cama; lente apuntado a la mejilla interior de la techumbre. No tienes que hacerte la irónica. La imagino sonriendo en la distancia. ¿Qué sucede? Luego te digo; pero trata de no entrar en pánico. Trataré. Te veo, entonces; y dale vacaciones a tu paranoia.

En tanto Rosario atraviesa la avenida central -no lejos- inicio los preparativos de un breve manifiesto, con boceto incluido, acerca de mi Nueva Liga Monárquica, que pudiera ser un reciclaje, o jodedora variante, de la república platónica conmigo como único miembro… El plan es imprimir mil tarjetas de presentación con este nombre, número de teléfono y correo electrónico para mostrarle mi desdén a los palurdos de Bajagracia.

Rosario se acomoda, aferra la taza de café que ya la espera, trenza piernas y expulsa: A Julia le han detectado un tumor en un seno. Sudoroso en torso, labios ácidamente expugnables, me exalto: ¡No me digas en cuál! Pero, ¿es que nunca vamos a tener tranquilidad en esta puta vida? Rosario bebe impertérrita; sus ojos no mienten. Al fin expele: Sería estúpido que te recomendara tomarlo con calma; además, mejor que lo sepas por mí, ¿cierto? Sí; ¿está confirmado? Porque, Julia es también propensa a la hipocondría.

Su cabellera, matutinamente áspera, permite que el hombre en la distancia, anuncie simiente de vereda. Ahí sigue ese rufián… ¿Quién?, y agita piel haciendo contraluz en los desprevenidos párpados. Nadie. Es seguro, prosigue ella; consultó a dos especialistas y va en busca de un tercero. Julia es razonablemente nerviosa, afirma vaciando la taza, relamiendo labios. ¿Sabe que estás aquí? Oh, sí, me pidió que te lo comunicara. ¿Y los demás? Nadie sabe; menos mamá. Pero, Rosario, te noto tan imperturbable como siempre; igual estabas cuando lo de papá. ¿Qué puedo hacer? Hoy es Julia, mañana quizás yo… o nuestra madre. ¡No, no digas eso, por favor! Bueno, es la vida. ¿Crees que no he pensado que pudieran darme un machetazo clínico en una teta y quedar plana…si es que sobrevivo?

Salto aterrorizado de la butaca: ¡Basta, suenas sádica! Sugiere otro café. Te alerto: ni lo menciones, a menos que ella misma aborde el tema. De acuerdo. Me abraza y besa y se despide y la veo atravesar el enmarcado del lienzo y a los diez minutos emerge hacia el auto y el humo se deshace sobre los pasos de brea que Amelia gasta exitosamente. Esto me ha jodido más el día. Pienso en papá; no obstante, me alivió la rapidez de su partida. Pienso en mí y en el caudal de enfermedades acechantes. Hay seres humanos que luchan contra el mundo y otros que luchan contra sí. ¿No soy acaso el mundo? Me mantengo venal emocionalmente.

Adelante con mi prospecto de la Nueva Liga Monárquica, pero, no, mejor dejar semejante tontería; los patanes bajogracienses no merecen siquiera una cucharada de jarabe despectivo. A veces me vienen impulsos de hacerme anarquista y mandar lo establecido a la mismísima mierda. Tabla rasa. Pero, ¿y lo clásico, el balance, lo dialéctico? Ciertos días me importa un carajo; no por odio, sino por frivolidad. Los mediocres todo lo hacen bien: son el mejor prontuario en los dominios de la eficacia. Alberto es el inmediato ejemplo.

El entusiasmo cede ante el empuje de la desidia; siempre que comienzo algo, aunque sea mínimo, al rato me desinflo. Carencia de propósito: la desesperanza no permite armisticios. Esperable: cancelo lo de la Liga y me dedico a revisar el buzón electrónico, específicamente a chequear si hay respuestas a mi perfil en el Club de la Amistad, en el que metí una foto de hace años, diciendo que hablo varios idiomas y que soy un joven de veinte, sociable y divertido, ansioso por cultivar nuevas amigas, sin descartar "propósitos serios". Entre mis pasatiempos incluí mis anti-pasatiempos: los más odiados, o sea, baile y los deportes. El baile, cuando no es ceremonial chamánico -fanáticos dando brincos simiescos-es diversión -los muñecos descoyuntados-, o cortejo -en un ladrillo para consumar el ligue sexual-; el deporte, un absurdo drenaje de energía.

Me han respondido una atractiva (según la foto; supongo que sea ella) rusa con la que me comunico en inglés, la cual, ante mis persistentes afanes seudo-poéticos -"Amiga: te escribo en este mudo instante de amanecer transfigurando en oro las sirenas de la cercana playa y en el que los mangos explotan sobre mi techo suplantando meteoritos de tristeza"- sólo me habla de sus avances como técnica de computadora; y una rubia, fellinesca gorda sueca (similar a la apabullante Anita Ekberg actual), que al no saber inglés me ha escrito en polaco, uno de los idiomas que aseveré domino. La foto la muestra recostada en rojo sobre un diván rojo tan ancho como ella que le hace aparentar instalada en la zona roja de cualquier ciudad civilizada. Puesto que nada entiendo consideré rentar un diccionario de la biblioteca y responderle algunas líneas, pero lo dejé. Una diversión mezquina. Cómo he podido descender a esa tontería, a esa frivolidad. Cancelé mi perfil en el Club de la Amistad.

Estoy convencido: Amelia es un súcubo. Demanda y demanda intimidad diaria a expensas de mis pobres defensas, de mi constitución endeble. Sí, dementes y tísicos son en exceso concupiscentes. Me he tenido que negar inflexiblemente a ejecutar las cabriolas sexuales que se aposentan en su acalorada cabecita mezcladas con lo que extrae del Kama Sutra mostrando total ignorancia sobre la complejidad del tema. Sería injusto negar que a veces me solaza mucho su compañía; es un paliativo, ecualizador a mis crisis. En sus mejores momentos Amelia es una píldora efectiva, pero mayormente un depresivo. Hoy consumí una Amelia.

Además de la música, el pasatiempo de la muchacha es coleccionar todo género de programas y boletos: de cines, de teatros, de museos y galerías. Pero, lo notable de esa afición es que los porteros, en gentil actitud hacia ella -algunos la conocen desde la infancia- se limitan a chequear el tique ocasional y devolvérselo íntegro para no alterar la embarullada colección. Precisamente hoy Amelia aprovechó la llovizna atardecida, cuando se supone que la mayoría de los almacenados viejos duermen siesta, para sacar de un macizo mueble álbumes inflados de programas y recortes de óperas, operetas, zarzuelas, dramas, comedias, películas, exhibiciones; escoltados por sus respectivos boletos en una esquina de cada página. Se parece a mi psiquiatra, apunto hacia una foto de La viuda alegre. Entonces, es guapo, dice ella para sí. Se requiere de más que presencia para ser atractivo. ¿Qué quieres decir? Luego te explico.

Amelia nunca ha trabajado; en eso me supera por desorbitado margen. Suspira: Me vino un derrumbe en el sistema nervioso y tuve que dejar el primer año de Derecho…De ahí al retiro por incapacidad un paso… Pero, ¿nunca antes tuviste síntomas, avisos? Sí, pero no de esa manera. O sea, que te calcinó como un rayo. Así fue. Sí, como un rayo… La comparación es acertada. Mi pobre Amelia, y la abrazo con afecto. Uno de esos pocos momentos en que muestro afecto… Dice que sus padres la hicieron estudiar música y piano, pero la falta de perseverancia definió la cuestión: Lo siento, hija, pero nunca te convertirás en una gran pianista, dictaminó el hombre en estado de controlada acritud. Yo me atrevería a asegurar que este viejo era iracundo en alto grado, y que le soltaba su sopapo a la vieja de cuando en cuando. Más cuando que cuando… No hay limpiaparabrisas que pueda con sus turbios túneles.


Continúa en el próximo número de la revista.


Capítulos anteriores:

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7153

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7174

Capítulo III en: http://revista.escaner.cl/node/7231

Capítulo IV en: http://revista.escaner.cl/node/7294

Capítulo V en: http://revista.escaner.cl/node/7314

Capítulo VI en: http://revista.escaner.cl/node/7356

Capítulo VII en: http://revista.escaner.cl/node/7393

Capítulo VIII en: http://revista.escaner.cl/node/7432

Capítulo XIX en: http://revista.escaner.cl/node/7472

Capítulo X en: http://revista.escaner.cl/node/7490

Capítulo XI en: http://revista.escaner.cl/node/7526

Capítulo XII en: http://revista.escaner.cl/node/7557

Capítulo XIII en: http://revista.escaner.cl/node/7581

Capítulo XIV en: http://revista.escaner.cl/node/7615

Capítulo XV en: http://revista.escaner.cl/node/7632

Capítulo XVI en: http://revista.escaner.cl/node/7667

Capítulo XVII en: http://revista.escaner.cl/node/7690

Capítulo XVIII en: http://revista.escaner.cl/node/7712

Capítulo XIX en: http://revista.escaner.cl/node/7739

Capítulo XX en: http://revista.escaner.cl/node/7760

Capítulo XXI en: http://revista.escaner.cl/node/7785

Capítulo XXII en: http://revista.escaner.cl/node/7813

Capítulo XXIII en: http://revista.escaner.cl/node/7842

Capítulo XXIV en: http://revista.escaner.cl/node/7859

Capítulo XXV en: http://revista.escaner.cl/node/7875

Capítulo XXVI en: http://revista.escaner.cl/node/7900

Capítulo XXVII en: http://revista.escaner.cl/node/7922

Capítulo XXVIII en: http://revista.escaner.cl/node/7939

Capítulo XXIX en: http://revista.escaner.cl/node/7953

Capítulo XXX en: http://revista.escaner.cl/node/7972

Capítulo XXXI en: http://revista.escaner.cl/node/7988

Capítulo XXXII en: http://revista.escaner.cl/node/8031

Capítulo XXXIII en: http://revista.escaner.cl/node/8047

Capítulo XXXIV en: http://revista.escaner.cl/node/8064

Capítulo XXXV en: http://revista.escaner.cl/node/8083

Capítulo XXXVI en: http://revista.escaner.cl/node/8108

Capítulo XXXVII en: http://revista.escaner.cl/node/8137


Fuente de la imagen: Imagen de dominio público.


 

Novela Yo bipolar, de Jesús I. Callejas, publicada en formato digital en http://www.bookrix.com/_ebook-jesus-i-yo-bipolar/
Fecha de Publicación: 01-21-2013


@copyright Prohibida su copia sin la autorización del autor.

http://www.bookrix.com/-jesusicallejas

Email sibaritamito@gmail.com


Jesús I. Callejas (La Habana,Cuba, 1956) Estudiante de múltiples disciplinas -entre ellas historia universal, historia del arte, literatura, teatro, cine, música-, afortunadamente graduándose en ninguna al comprobar las deleznables manipulaciones del sistema educativo que le tocó sortear. Por ende: No bagaje académico. Autodidacta enfebrecido, y enfurecido; lector de neurótica disciplina; agnóstico aunque caiga dicho término en cómodo desuso; más joven a medida que envejece (y envejece rápido), no alineado con ideologías que no se basen en el humanismo. Fervoroso creyente en la aristocracia del espíritu, jamás en las que se compran con bolsillos sedientos de botín. Ha publicado, por su cuenta, ya que desconfía paranoico de los consorcios editoriales, los siguientes libros de relatos: Diario de un sibarita (1999), Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias (2000), Cuentos de Callejas (2002), Cuentos bastardos (2005), Cuentos lluviosos (2009). Además, Proyecto Arcadia (Poesía, 2003) y Mituario (Prosemas, 2007). La novela Memorias amorosas de un afligido (2004) y las noveletas Crónicas del Olimpo (2008) y Fabulación de Beatriz (2011). Reseñó cine para revistas impresas, entre ellas Lea y La casa del hada, y publicaciones digitales. Recientemente ha publicado los trabajos virtuales Yo bipolar (2012) (novela); Desapuntes de un cinéfilo (2012-2013), que incluye, en cinco volúmenes, historia y reseñas sobre cine; Arenas residuales y demás partículas adversas (2014) y Los mosaicos del arbusto (2015), ambos de relatos, así como el primer volumen de la novela Los míos y los suyos (2015).

Escáner Cultural nº: 
201

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