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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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NOVELA: YO BIPOLAR.

Capítulo XXVII

 

Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,

sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.

Nicolás Boileau


 

Por Jesús I. Callejas

MEDICAMENTO BARRIO

Coincidí con Amelia justo en la puerta del edificio: Buenos días. ¿Cómo está? No me quejo, respondí falso, mientras sin detenernos ella pasaba, oh, pulsación de céfiro, cerca de las butacas en el recibidor donde los viejos estruendosos discutían las noticias del día. Me asomé a la ventana. Amelia emergió del edificio en negro siendo una silueta de Las mil y una noches. Disfruto verla rodear canteros hacia la amplia acera del edificio plano en pos de nimios sortilegios; deseando que la siga. ¿Es su propósito? ¿Volteará mirando cómplice hacia mi ventana, tal vez para disolverla como Orfeo a su Eurídice?, ¿Cómo procesar la píldora en el engranaje? Avanza en horizonte lineal sobre la cabeza de Amelia.

Doctor, diría que la Trenvega no me está haciendo efecto últimamente, y lo peor es que me provoca demasiado sueño. Te recetaré una igualmente efectiva que espero te caerá mejor: Vivaril. Asistí a la farmacia ahíto de ilusión como cuando los Reyes Magos me dejaban los juguetes junto al árbol navideño. ¿Qué aspecto tendrá mi píldora nueva? Parece que desenvuelvo un paquete de regalo. Es una cápsula, no una pastilla, pero muy bonita: mitad verde esmeralda, mitad verde marino. Supongo que así puede sentirse uno el día de su graduación, cuando está listo para bien servir a la sociedad y sus perínclitos valores. Los eones políticos se unen para decretar un himno y yo, en la tarima, acompañado por retumbes y banderas, fanfarria, ceremoniosamente trago mi primera Vivaril. Ha sido un día histórico, señores. Suena un pedo con aroma a cornetazo. Me arrojé, vocación de balón, sobre el sofá. Documental. El Egipto faraónico. Incestuosos faraónicos, y me dormí recordando las preñadas tetas de Julia. Soy organizado por una razón simple: ya que mi cabeza se desempeña en desorden trato de evitar la confusión externa; de lo contrario viviría sería el caos.

Terror taladrando desde el estómago hasta el esófago con pasión fulgurante. El aviso a un ataque de pánico. ¡La informática está liquidando la privacidad! Qué descaro: ¿A qué privacidad apelo si estoy aquí vomitando fragmentos de mi vida? Impúdico, Lo siento, no puedo evitarlo. Además de torpes máquinas con la dudosa certidumbre de pensar somos víctimas de satélites que registran nuestros actos. Traicionero aparato; me sigue borrando páginas… Durante el rosáceo amanecer conversé con uno de los pocos especímenes que aún me entretienen, que me hacen creer que la vida merece nuestro esfuerzo: Jaruco. El hombre posee un doctorado en alcoholismo; es un paradigma, avatar más que ordinario iluminado. Es ridiculizado, cuando no despreciado, pero lo admiro en detrimento de los “normales” que se consideran intachables.

La vibrante ciudad asegura transformarse a su alrededor pero él, inmutable, se mantiene: décadas ebrio (nadie ha podido saber cuándo llegó intoxicado al barrio; para mí siempre ha estado ahí, pero ésa sería otro historial) y sanamente olvidadizo. Se la pasa leyendo novelitas del oeste en la acera mimetizada, sala departamental; casi visualizo puertas, lámparas, muebles. Y de pronto me asusta creer que caerá en el vacío… pero no: el vacío se materializa, como si una energía se le desprendiera dosificando entornos. Y entonces, el viento que aligera densidad o ¿densidades? aparenta sostener cientos de edificaciones que amenazan lacerar la epidermis de mi fraseología engreída. La más antigua aldea se incendia y desmorona alternativamente alrededor de su mágica persona... Creo que este tipo es un prodigioso caso de generación espontánea. Alguna gente envejece mientras habla, otra, la menos, rejuvenece. Supuse que hombre, o Un hombre, significa núcleo.

La sucesión discipular se hace impostergable: ¿quién podrá ocupar su puesto si partiera en pos de otro barrio? Me gustaría intentarlo, pero no me siento capaz. Soy cobarde. ¿Acaso posible que este esclarecido ejemplar pueda desaparecer siendo, tal cual es, consustancial con el entorno? Compartiendo mis paranoicas opiniones, ratifica excitado que sí, que somos víctimas de un plan extraterrestre: Esos marcianos no me gustan; están en algo… Se acrecienta mi ¿desvarío? y lanzo más leña al fuego: Jaruco, yo creo que sí, que planean enviarnos a planetas desconocidos como mano de obra o tropas de choque; carne de cañón más allá de la estratosfera. ¡Qué hijos de puta son!, asiente sin dejar escapar un buche cervecero a punto del derrame.

Me pregunto si habrá leído las visionarias novelas de ciencia-ficción de Philip K. Dick. Dicen que los meteoritos son fatales residuos de planetas; ¡es terrible! El asegura: Coño, si un seboruco de esos nos cae encima nos descojona, pero yo no voy a enterarme porque me va a agarrar "en nota". Nos van a hacer mierda; vamos a terminar como la Atlántida, espeta ufano mientras se da un latazo de cerveza. Percibe mi incredulidad: Sí, yo de joven leí lo de la Atlántida; y también leía a Vargas Vila y los cuentos de Francisco Gautama, el Buda. Yo era joven cuando eso. Pero, mira flaco; esta vida es lo único que importa. ¡Francisco Gautama!; impecable fonética, me repito convencido. ¡Claro, coño, si se es un buda da lo mismo llamarse Gautama que Jaruco! ¿Qué opinarían los que buscan sesudamente la iluminación? Más cierto imposible: Ahora es lo que importa. Esta vida es quizás la única que tengamos. Jaruco no necesita del "dasein" de Heidegger.

Ojalá que a mí también me agarre "en nota" con mis píldoras. El gran Jaruco, no ajeno a los vaivenes de mi condición, intenta detenerme: Esas pastillas te van a joder. Mejor date un latazo y deja la tragedia, dice categórico extrayendo una cerveza de su mochila. No, gracias, eso no me ayuda; además, la última vez me cayó mal. El, colorado, pequeño, enjuto, simplifica hombros y sigue su camino, un camino sin reminiscencias que se rebela en cuanto intento apostillar las huellas. Cada pieza que es y no: el borracho universal y el nido que funge de altar a una lata de cerveza y a su gemelo, un pomo de pastillas. Se impone ese matrimonio. El matrimonio es y será la mejor corporación económica; es como la píldora genérica: sabe igual pero cuesta menos. Me causan gracia esos idiotas proclamando: Es un papel firmado que no garantiza el amor… Pendejos: El matrimonio es el núcleo ideal para defenderse de la jauría pecuniaria, siempre lista a saltar sobre nuestros bolsillos. Me puedo permitir no acceder a ese voto porque no tengo hijos.

Conque lo de las imágenes es un sofisma. Pero, si no hay imágenes tampoco puede haber sofismas, lo que es siempre necesario. Después discutimos ese punto; ahora déjame seguir: Avanza la botella ¿o lata? de cerveza (permitimos otros géneros de licor) bajo casto velo de espuma, del brazo del horror, que la deposita en brazos del frasco cuya lucidez se afianza con más respetabilidad en esta jurisdicción. El coro ruge, enronquece; la conmoción presagia ditirambo olímpico. Vivir entre la pastilla y la botella. El hermoso espectáculo hace explotar la alegría en mi pecho... Recién me duché y espero ver documentales por cable, aunque primero me espera la confección del emparedado. Las croquetas parecen los dedos de un proctólogo. Mejor las sustituyo por lascas de jamón. CD de lluvia tras oír La Stravaganza, de Vivaldi.

Casi emocionado trago las píldoras y me siento ante el TV. Láminas de calendario griego dejando vertiginoso sitio a los castillos alemanes. El de Neuschwanstein, erigido por el loco Ludwig II de Baviera, protector de Wagner, junto a la tapa de la computadora. Comercial acá. Usted no espere por mí; haga algo productivo, después seguimos. Ahí llega otro comercial de pañales seguido por un documental sobre perros; el gran danés más alto del mundo: directo al Record Guinness, lo que me retrotrajo a la ex suegra de Rosario y su inusual relación con uno de estos formidables ejemplares. Recuerdo en borrajas aquel cumpleaños de su sinfónico hijo: señora de frágil anatomía, aunque enérgica tesitura vocal, que demostró dominio absoluto sobre las fornicarias ansias del perrazo al tratar de calmarlo: Mi bebé, y llevarlo a la habitación contigua, mientras su boquita de culo gallináceo soportaba lengüetazos y el tolete del perro se erguía; oh, polifémico creyón de labios. Viejita, es usted tremendita.

Quién lo diría, padeciendo de esas caderas hidráulicamente comprimidas y con una pierna enyesada por los saltos de su “animalito” que le provocaron la casi mortal caída. Si usted cree que exagero le invito a que recorra algunas atestadas calles de Bajagracia; disfrutará de variopinta fauna: charlatanes, orates, falsas putas, cabrones, ladronzuelos, negociantes sin escrúpulos o rateros con corbata, retrasados mentales, politiqueros provincianos, suicidas, canallas por el placer de serlo. Tome en cuenta mi recomendación, apreciado turista; no se limite a recorrer centímetros de idiosincrasia barata: los multiculturales retablos gastronómicos abrumados por la vulgaridad de sus espejos e ingeniosidad vernácula digna de las peores carpas provincianas.


 

Continúa en el próximo número de la revista.


 

Capítulos anteriores:

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7153

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7174

Capítulo III en: http://revista.escaner.cl/node/7231

Capítulo IV en: http://revista.escaner.cl/node/7294

Capítulo V en: http://revista.escaner.cl/node/7314

Capítulo VI en: http://revista.escaner.cl/node/7356

Capítulo VII en: http://revista.escaner.cl/node/7393

Capítulo VIII en: http://revista.escaner.cl/node/7432

Capítulo XIX en: http://revista.escaner.cl/node/7472

Capítulo X en: http://revista.escaner.cl/node/7490

Capítulo XI en: http://revista.escaner.cl/node/7526

Capítulo XII en: http://revista.escaner.cl/node/7557

Capítulo XIII en: http://revista.escaner.cl/node/7581

Capítulo XIV en: http://revista.escaner.cl/node/7615

Capítulo XV en: http://revista.escaner.cl/node/7632

Capítulo XVI en: http://revista.escaner.cl/node/7667

Capítulo XVII en: http://revista.escaner.cl/node/7690

Capítulo XVIII en: http://revista.escaner.cl/node/7712

Capítulo XIX en: http://revista.escaner.cl/node/7739

Capítulo XX en: http://revista.escaner.cl/node/7760

Capítulo XXI en: http://revista.escaner.cl/node/7785

Capítulo XXII en: http://revista.escaner.cl/node/7813

Capítulo XXIII en: http://revista.escaner.cl/node/7842

Capítulo XXIV en: http://www.revista.escaner.cl/node/7859

Capítulo XXV en: http://revista.escaner.cl/node/7875

Capítulo XXVI en: http://revista.escaner.cl/node/7900


 

Fuente de la imagen: Flikr, imagen de dominio público.


 

Novela Yo bipolar, de Jesús I. Callejas, publicada en formato digital en http://www.bookrix.com/_ebook-jesus-i-yo-bipolar/
Fecha de Publicación: 01-21-2013


@copyright Prohibida su copia sin la autorización del autor.

http://www.bookrix.com/-jesusicallejas

Email sibaritamito@gmail.com


Jesús I. Callejas (La Habana,Cuba, 1956) Estudiante de múltiples disciplinas -entre ellas historia universal, historia del arte, literatura, teatro, cine, música-, afortunadamente graduándose en ninguna al comprobar las deleznables manipulaciones del sistema educativo que le tocó sortear. Por ende: No bagaje académico. Autodidacta enfebrecido, y enfurecido; lector de neurótica disciplina; agnóstico aunque caiga dicho término en cómodo desuso; más joven a medida que envejece (y envejece rápido), no alineado con ideologías que no se basen en el humanismo. Fervoroso creyente en la aristocracia del espíritu, jamás en las que se compran con bolsillos sedientos de botín. Ha publicado, por su cuenta, ya que desconfía paranoico de los consorcios editoriales, los siguientes libros de relatos: Diario de un sibarita (1999), Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias (2000), Cuentos de Callejas (2002), Cuentos bastardos (2005), Cuentos lluviosos (2009). Además, Proyecto Arcadia (Poesía, 2003) y Mituario (Prosemas, 2007). La novela Memorias amorosas de un afligido (2004) y las noveletas Crónicas del Olimpo (2008) y Fabulación de Beatriz (2011). Reseñó cine para revistas impresas, entre ellas Lea y La casa del hada, y publicaciones digitales. Recientemente ha publicado los trabajos virtuales Yo bipolar (2012) (novela); Desapuntes de un cinéfilo (2012-2013), que incluye, en cinco volúmenes, historia y reseñas sobre cine; Arenas residuales y demás partículas adversas (2014) y Los mosaicos del arbusto (2015), ambos de relatos, así como el primer volumen de la novela Los míos y los suyos (2015).

Escáner Cultural nº: 
190

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