Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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NOVELA: YO BIPOLAR.
Capítulo XIX


Todos los hombres están locos y, pese a sus cuidados,
sólo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Nicolás Boileau

Por Jesús I. Callejas


LA MADRE

Mamá me visitó -lo hace a veces, cuando me siento peor y no deseo tener contacto humano, espera que le avise; aunque nos llamamos a diario- y almorzamos juntos. Preparó sopa de mariscos. Mejor intento retroceder… Cuando rebana cebollas, tomates y lechuga atiendo a un elemental acto laborioso. Manchas, puntos obscuros, arrugas, acometen abruptamente esos gestos precisos que descansarán prontamente en la ensalada. El trazo, de no ser visto en este momento, ¿se perderá o regresará convertido en nuevo trazo? Sin percibir el risco acechante de la escurridiza crónica, tengo certeza de que los ademanes de mi madre han encanecido; aunque aún no alcanzo a saber si en medio siglo de memoria poética o cuando justo leo esta línea. Ante la atención detenida por el cansancio de generaciones la tristeza retoma estragos; queda astutamente embozada al aceptar ella que le es muy difícil entender los motivos de mi distanciamiento familiar.

Es difícil para mí también, mamá. Ay, hijo, hijo, y me toma una mano con la disciplina calibrada en esmalte y expulsa la queja usual: Sufres y no sé qué hacer para ayudarte. ¿Qué hice mal?, suspira. Todo lo has hecho bien, o lo mejor posible, mamá. No depende de ti; es un problema congénito… Sufro, pero eso ¿qué puede importar siendo este mundo el desastre que es?, e intento desviar el tema para evitar tornarme inquieto, o más inquieto. Traga una cucharada de sopa dando la impresión de quebrarse delicadamente; los rasgos se contraen en esfuerzo por no dejarse ir con el piélago de emociones: ¿Puedo abrazarte? Me levanto y la acojo, lejano ondeo de ternura, sintiendo su avidez sin llenar más frases. Disculpa, hijo; sé que te empalagan las demostraciones de cariño. Está bien, vieja, está bien.

Todos mis hijos han sido deseados; no eres la excepción. Nunca lo olvides. No, mamá, nunca lo olvido; la miro con respetuosa tiesura y la abrazo, pero en mi abrazo el desconcierto lleva un puñal de tristeza recóndita. El almuerzo transcurrió sereno; el café nos condujo por aristas de más liviano paladar. Admiró mi orden, vimos un programa sobre Roma (muestra curiosidad por ciertos tópicos históricos; Me hubiera gustado poder estudiar, se queja); y pasamos a nuestro terreno común. ¿A qué edad me llevaron al cine por primera vez? Oh, tenías cinco años y fuimos al que está a varias cuadras de la casa. Increíble que todavía siga en pie; el Metropolitano, ¿no? Sí, ese día tu padre no pudo ir porque a última hora hubo inventario en la farmacia; y a tus hermanos nunca les atrajo el cine. Lo sé; en eso también soy "diferente". No hables así. Olvídalo. ¿Qué película pasaban?

Tonka, con Sal Mineo. Ah, sí, Sal Mineo, un italiano haciendo de indio. Bueno, en esa época nos parecía lo más natural del mundo, casi se defiende ella. No, no te lo reprocho. Claro, maquillaban a cualquiera de chino, árabe, precolombino. Un sioux a quien le roban su caballo, el Tonka del título. Exactamente; ¿ves que tu memoria no es tan mala como dices? Un tablazo adrenérgico dispara mi entusiasmo: Mamá, lístame de nuevo tus actores favoritos. Pues, de Hollywood, Gary Cooper, Joan Crawford, Loretta Young, James Stewart, Henry Fonda, Charles Boyer (que era francés); de los musicales Fred Astaire y Ginger Rogers, y por supuesto, Jeanette Mac Donald y Nelson Eddy. Uf, vieja. Hace días vi por cable una película de Jeanette y Nelson y casi no aguanto hasta el final; puro sirope deslizándose de una canción a otra durante casi dos horas. Un suero melodramático interminable. Bueno, si a ti te parece así qué dirán las burlonas generaciones actuales; tus sobrinos, por ejemplo, pero en mi juventud éramos sanos, optimistas. Y sus voces… Buenas voces pero atroces argumentos.

Mi madre se queda mirando como si estuviera en un limbo: A menudo oigo esos discos; cuánta nostalgia…Y todos queríamos matrimonio entre ellos en la vida real, pero no fue así; parece que Jeanette, despreciada por Nelson, decidió casarse con Gene Raymond, el “rubio platino”… Oh, sí, malísimo actor, sonrío. Aunque pudieron ser habladurías, ella prosigue… Es mejor ver las películas y no saber de la vida privada de los artistas. Románticos y optimistas, me oigo lejano. Si la jodedora providencia hubiera dispuesto esa combinación para mí, pero no: la felicidad es un desvarío histórico, me digo sin dejar de asentir. Provengo de una generación indecisa: llegué tarde a la feria del romanticismo y temprano al coliseo del nihilismo. Una generación de pendejos transicionales que será tapiada por las venideras crónicas. Madre continuaba: Yo no sé de política; pero a pesar de que en mis tiempos había corrupción, como en cualquier época, se respetaba a los demás y, sobre todo, había compromiso con la palabra dada. Me contengo de decirle que todo es un despelote en cualquier época y que "aquellos polvos trajeron estos lodos". Pero puede tener razón: Tiene que haber épocas “peores que otras”.

La verdad es que Hollywood nos embrujó; ¿no, mamá? Cierto, la vida se veía color de rosa, éramos soñadores; ya sabes; y después vino la guerra. Ah, sí, la guerra. Siempre hay una guerra. De Italia me gustaban Anna Magnani, Giulietta Massina, Alberto Sordi. Era más bien sangrón, aunque un estupendo tragicómico, intervengo. Asiente y hace una pausa que parece doble: Tu padre era fanático de Greta Garbo- inexpresiva; siempre me daba la impresión de contemplar una esfinge-, Clark Gable, William Powell y en los 50 enloqueció de entusiasmo con Kim Novak, fría como una nevera. ¿De qué te ríes? Te cuento que, antes de ser “actriz”,la Novak modelaba anunciando refrigeradores con el seudónimo Miss Deepfreeze, o sea: Señorita Congeladora.

No puedo creer que dieras en el clavo, mamá. ¿Ves que tengo razón? ¿Y del cine en español? Dolores del Río, Pedro Armendáriz, Cantinflas, Luis Sandrini, Laura Hidalgo -le decían la Hedy Lamarr del cine argentino-, Carmen Sevilla, Sarita Montiel. De Francia, Jean Gabin y Danielle Darrieux. Una bella esfinge la Hidalgo; era rumana, además, escribía poesía, murió en EU, intervengo. No me digas… Así es. ¿Y de los más recientes? Me gustan mucho Peter O'Toole, Sean Connery -mejor actor que cuando hacía James Bond; antes se apoyaba más en su apariencia-, Michael Caine, Roger Moore -el que con más elegancia lleva el traje-, Kevin Costner. Liza Minnelli y… ¿cómo se llama la rubita de La pícara recluta? Goldie Hawn. Esa misma. ¿No crees, vieja, que Kevin Costner está en el estilo de los actores de tu juventud? Es verdad…Quedamos en silencio cuando noto que la angustia, sin causa aparente, parece trepar desde el suelo, pero aún puedo decir algo más: Fíjate, pudiera ser hijo de Steven McQueen y nieto de Gary Cooper. Coincidió y empató esto con las anécdotas familiares, guiando su monólogo por senderos de inefable prudencia.

A las dos horas, en medio de cuyo itinerario me disparé en fila las tres píldoras, casi anocheciendo, Rosario pasó a recogerla, no sin antes yo preparar el último café de ese día. Mientras recordaban a mi recién difunto padre, anichadas en el sofá mayor, observé una vez más, cuán diferentes eran sus perfiles. Se iban tornando emocionales (Rosario poco; es mucho más dura), yo acechaba comparando los retratos de Francois Clouet con los de Thomas Gainsborough; porque, al atardecer de esa noche mi hermana pareció emigrada de Flandes a Londres y mamá, en tránsito brumoso hacia Fontainebleau, inaugura en este instante una mirada luminosa.

Durante la madrugada me arrepentí de haber omitido, durante la visita, una anécdota que define su temperamento: Yo tenía menos de diez años y ella me había prometido llevarme a ver Les Girls, un musical "rashomoniano" de George Cukor, con Gene Kelly, pero le sobrevino una repentina bajada de presión arterial, su malestar recurrente, lo que me hizo suponer decepcionado, al verla en la cama, que la promesa quedaba sin efecto. Ante mi ataque de insoportable majadería papá reconvino: Hijo, por favor, tienes que entender que tu madre está indispuesta. No seas desconsiderado y egoísta. En medio de mis reclamos ella se levantó dificultosa: Cuando se le hace una promesa a un hijo se le cumple pase lo que pase. El aceleró la cabeza en desacuerdo, pero sin enojo -la verdad es que nunca lo vi enojado- y se encaminó a la sala: Qué dramática eres; el cine te está afectando demasiado. Esas son las actitudes que dañan la crianza de un muchacho.

En fin, razonar contigo es imposible. Si no han vuelto en dos horas, pido autorización en la farmacia y voy a ver cómo sigue tu presión. No problemas, excepto la palidez de mi madre y nula emisión de quejas de su parte. ¿Por qué hoy, durante su visita, no le recordé aquel evento? Mojigato pavor. Le hubiera confesado cuando me abrazó: Mamá, te digo ahora lo que no te dije hace más de treinta años: Te amo más que al cine. No, no debo echarle más sirope a la receta afectiva. Soy en exceso cursilón tratando de evitarlo. Es que piensas demasiado; ¿no se te hace tortuoso?, me ha dicho Julia. Yo me volvería loca de vivir así casi las veinticuatro horas. Es cierto; y mientras más pienso menos comprendo. Estás tan ocupado con esos bloques monotemáticos (por suerte se alternan) que no disfrutas la vida; no te entregas… Aquí vamos de nuevo con el sonsonete. Oh, hay tanto que “disfrutar”.

Continúa en el próximo número de la revista.

Capítulos anteriores:

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7153

Capítulo I en: http://revista.escaner.cl/node/7174

Capítulo III en: http://revista.escaner.cl/node/7231

Capítulo IV en: http://revista.escaner.cl/node/7294

Capítulo V en: http://revista.escaner.cl/node/7314

Capítulo VI en: http://revista.escaner.cl/node/7356

Capítulo VII en: http://revista.escaner.cl/node/7393

Capítulo VIII en: http://revista.escaner.cl/node/7432

Capítulo XIX en: http://revista.escaner.cl/node/7472

Capítulo X en: http://revista.escaner.cl/node/7490

Capítulo XI en: http://revista.escaner.cl/node/7526

Capítulo XII en: http://revista.escaner.cl/node/7557

Capítulo XIII en: http://revista.escaner.cl/node/7581

Capítulo XIV en: http://revista.escaner.cl/node/7615

Capítulo XV en: http://revista.escaner.cl/node/7632

Capítulo XVI en: http://revista.escaner.cl/node/7667

Capítulo XVII en: http://revista.escaner.cl/node/7690

Capítulo XVIII en: http://revista.escaner.cl/node/7712

 

Fuente de la imagen: Flikr, imagen de dominio público.


 

Novela Yo bipolar, de Jesús I. Callejas, publicada en formato digital en http://www.bookrix.com/_ebook-jesus-i-yo-bipolar/ Fecha de Publicación: 01-21-2013


@copyright Prohibida su copia sin la autorización del autor.

http://www.bookrix.com/-jesusicallejas

Email sibaritamito@gmail.com


Jesús I. Callejas (La Habana,Cuba, 1956) ha publicado los siguientes libros de relatos: Diario de un sibarita (1999), Los dos mil ríos de la cerveza y otras historias (2000), Cuentos de Callejas (2002), Cuentos bastardos (2005), Cuentos lluviosos (2009). Además, Proyecto Arcadia (Poesía, 2003) y Mituario (Prosemas, 2007). La novela Memorias amorosas de un afligido (2004) y las noveletas Crónicas del Olimpo (2008) y Fabulación de Beatriz (2011). También ha reseñado cine para varias revistas locales como Lea y La casa del hada, así como para otras publicaciones. Recientemente ha publicado los trabajos virtuales Yo bipolar (novela) y Desapuntes de un cinéfilo (2012), que consta de reseñas y elementos de la historia del cine. Callejas es descendiente de Manuel Curros Enríquez, junto a Rosalía de Castro, el mejor poeta de lengua gallega.

 

Escáner Cultural nº: 
182

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