Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
Share this

Inicio de Usuario

Suscribir

Portada Mensual

Distribuir contenido

Crónica

 



SUBIENDO UNA ESCALERA DE CARACOL


Raúl Hernández

Conozco las escaleras de caracoles y su personalidad bauhaus. Vivo y comienzo un ascenso zigzagueante que logra iniciar una nueva aventura carcomida por la enseñanza sublime de la perdida y la escinsión. Esta nueva escena que recorro desde el despegue siniestro de cada mañana con los tibios alfileres de la lluvia. La montaña rusa del corazón.
Y toda esta proyección fragmentada no prescinde de sucesos de locura y caos, pesimismo sonámbulo y miradas a lo lejos. Tú sabes que he estado mirando los barcos llegar a tierra desde mi primer naufragio. Todas las noches soy parte de un cuadro de Escher en donde mi escalera tropieza con el designio del sobreviviente inconcluso, esa imagen disociada del espejo, ese verse ladeado, como en los espejos de los parques de diversiones. Obeso, malformado, curvo. Mi cabeza es entonces un panal de abejas y todo forma parte de un eterno ir y venir de bares imaginarios en donde los fantasmas son parte de la celebración y el desborde. Las bacanales se inician como si aparecieran subrayadas en los calendarios. Yo prefiero estar tendido en mi ataúd de sabanas rojas y flotar como flotan los volantines cortados.
De pronto, toda manilla de esta escalera viene a cuidar de mi catarsis y comienzo la mirada a los escalones, ese encuentro con la astilla del sueño perdido, ese polvo de amor barrido por el tiempo. ¿Dónde estas ahora, que el viento borró tus manos? ¿En las noches de luna imaginaria? ¿En una foto en donde los enmarcados van desapareciendo? Encuentro closets desvencijados, cajas musicales con bailarinas blanquecinas, tornillos y cassettes de tiempos de adelantar y retroceder: Francisco Bochaton, Holden, Luis Alberto Spinetta, Morrissey, John Coltrane, Buena Vista Social Club. Todo el soundtrack de una vida que tropieza en esta escalera hasta llegar al comienzo y quedar malherido y comenzar de nuevo limpiando el barro de los huesos. Miro hacia arriba y solo veo nubes, nubes con figuras extrañas y siniestras como la guarida de un animal que no existe, como el fatal sueño de Leopoldo María Panero. Subo nuevamente esta escalera y traslado cajas, cajas con libros que son como los amigos. Cuando están, todo entorno es más templado, más cerca del rayo verde. Tomo fotografías de este momento, encuadro con mis dedos y disparo. Nadie me mira, nadie esta atento a estas atenciones. Intento correr, subir esta escalera a gran velocidad, pero me canso y desisto y me siento en los escalones. Subo y subo gateando y dudando.

 

Correjir es escribir


Carlos Yusti

Alonso Quijano es un lector compulsivo. Como a todo buen y gran lector (como es lógico) le asalta la tentación de escribir, pero no todos los grandes lectores cruzan la línea y se enfrentan a la hoja en blanco. Don Quijote expone, o más bien Cervantes, las razones por la cuales no escribe: “…,y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma, y darle fin al pie de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran.”

Tanto escritores grandes o pequeños se han visto zarandeados por la burla y el ninguneo de sus contemporáneos. El escritor Antón Chéjov le escribe (Moscú, 28 de marzo de 1886) a Dmitri V. Grigoróvich: “Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria.”

No es por casualidad ni por prurito que el buen lector aplaza el momento de la escritura, ese momento de un encuentro de amor-odio con las palabras. No hay formulas para escribir, quizá existan algunos trucos, la consabida carpintería del oficio, pero a fin de cuentas todo escritor está un poco solo tratando de sacarle un brillo especial a esa hojalata de todos los días del lenguaje.

Los grandes escritores también han sido grandes correctores de sus libros. James Joyce realizó más veinte mil correcciones nuevas a las galeradas finales del Ulises. Stendhal sometió a implacables y profusas correcciones a la Cartuja de Parma. El más desquiciado corrector de sus libros fue sin duda Balzac y en una ocasión escribió: “Algunas veces una sola frase ocupaba toda la velada: la retorcía, la amasaba, la forma necesaria, absoluta, no se presentaba sino después de agotarse todas las formas aproximadas”. El torturado por excelencia con eso de la escritura fue Flaubert.


BÁJENLO CON CUIDADO, NO SE NOS VAYA A OFENDER.


Carlos Osorio
clom99@gmail.com

El héroe enmudece, se acuerda cuando alzaba la voz carrasposa, de verdad, más allá de los cerros y el recóndito territorio. Recuerda, de paso, el dolor de pecho, de su busto, de su integridad, que a mal traer lo tienen (pareciera no basta con verlo desterrado del domo), con terribles afonías otorgadas por el implacable clima, bronquitis y anexos donados como charreteras, como medallas a su mé-rito de prócer hoy cuesta abajo en la rodada, y se estremece de calofríos (su coraje es termómetro que aviva su esmirriado destino) y añora e implora toda fiebre de haber sido, toda terciana de ya no ser. Cefaleas que nunca se olvidan, memoria ardiente que urgente le reclama.

Tiempo o temperatura para un mortal héroe inmortalizado, un muerto en vida, prócer pasado de modas, pasado al baúl de recuerdos, pasado para la punta de la picota, del no-va-más ciudadano, que ya lo astilló por completo, por el colador de los grandes chascos -era bonito pero ya chole con su rara hermosura- por el cedazo de púas que ahorcaron su escotado y sublime caparazón, por el canto general que es elegía y capitanea a estas horas su degollamiento, por la canción carioca de Guillén, del llanto sin pañuelo, del pecho sin escudo, de la trampa y el vuelo, de la soga y el nudo, en donde cada palabra, cada gesto, cada insignificante mueca, enmudecía el ambiente, casi palabra de dios que entibiaba, cálida palabra de ley que desmoronaba auditorios, palabras de macho (las estatuas no son muchas pero son recias), que abrigaban la desesperanza y resarcían las derrotas, palabra de héroe que protegía la buenaventura y segregaba las calamidades, resumidero de palabras al viento y un tiempo pétreo como mudo testigo. Allí el héroe corrige, el héroe se ufana aún de ser héroe, no se avergüenza de su historia e historiales, allí nadie lo vuelve a escuchar y toda palabra que vocifere será usada en su contra.

El héroe se equilibra, fue un caudillo de renombre y se considera merecedor de insistir con sus bondades y desequilibrado legado. Que se lo habla todo, eso sí, que no hay forma de acallarlo, que hasta dicharachero se le ve a veces, que su lenguaje de señas es santo en el pecho, busto de humanidad con nudo en la garganta, en el cuello, en... Pese a todo insiste, el héroe siente que la penuria lo universaliza, el héroe está sobre nosotros y ya eso, eso cree, lo transforma en guía planetario y estrella que orienta, línea y pauta a seguir, sin dar cuenta siquiera que terminará atomizado, estrellado, desecho, completamente liquidado, licuado con otros metales ya corroídos.

E insiste una vez más, porque el héroe es un retrógrado hincha pelotas, un animal del discurso bonito que tararea con pasión su arrebato y siente que, el suyo, es nuestro propio discurso, un mudo reflejo de anhelos, un disco rayado de boleros o voladores coleópteros de amor propio, hedonista, ególatra, narcisista. El héroe se distrae y no atina, no es su tonada hacerlo, su espejo ya no lo observa, ni de reojo. El héroe es un músico sin partituras, sin orquesta, sin compás ni tiempo exacto, su bravata y cantaleta no trascienden. El héroe se resigna, ya llevan a enterrar su escuálido alter ego, junto a su estirpe, altares y convicciones, junto y, apenas, con un disonante réquiem de voces muy bajas.

 

 

LORENA OROZCO: PROCESOS DE VIDA (FENÓMENO EN CONTÍNUO CAMBIO Y MOVIMIENTO)

 

“El sol aún no se había alzado. Sólo los leves pliegues, como los de un paño algo arrugado permitían distinguir el mar del cielo. Poco a poco, a medida que el cielo clareaba, se iba formando una raya oscura en el horizonte que dividía el cielo del mar, y en el paño gris aparecieron gruesas líneas que lo rayaban avanzando una tras otra, bajo la superficie, cada cual siguiendo al la anterior, persiguiéndose una a otra, perpetuamente Virginia Woolf: Las Olas.

 

Araceli Zúñiga

 

Las Olas; procesos de vida y fenómeno en continuo cambio y movimiento.

Nos acercamos a Lorena Orozco. Parte fundamental de las Mujeres en Acción de Josefina Alcázar. Serie documental del performance en México, investigación apoyada por CONACULTA, FONCA, CITRU  y ex Teresa arte actual.

Para mi, esta artista visual es una figura perenne y entrañable del performance mexicano. Ella incursiona en múltiples entrecruzamientos artísticos. Es multi, inter y transdisciplinaria. No puede ser de otra manera. Trabaja con y desde el performance y las escrituras emergentes artísticas que necesite. Aun las no descubiertas todavía. Para eso es la experimentación y el inquirimiento de esta artista, híbrida de sí misma.

 

Lorena Orozco es una artista mexicana nacida en 1967 en la Ciudad de México.  Egresada de la escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado  “La esmeralda”. Realizó estudios de Arquitectura en la UNAM y desde hace varios años incursiona en las áreas de pintura, instalación y performance, tanto en México como en el extranjero.

 

Entre otros reconocimientos, ha sido dos veces becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en las disciplinas de pintura y medios alternativos, ha obtenido dos premios de adquisición en el Encuentro Nacional de Arte Joven en las emisiones de 1996 y 97, así como el segundo premio de Performance en 1996 dentro del 5to Festival de Performance en Ex’ Teresa Arte Alternativo. En la Bienal de dibujo Diego Rivera 2002 le otorgaron el premio de adquisición. Su obra de pintura fue seleccionada en la Bienal Tamayo en las emisiones de 1998 y 2002. En la Bienal de Yucatán 2006 el jurado le otorga la Mención Honorífica por la instalación “Territorios Encontrados”. En 2008 la Mención Honorífica en la 1ra Bienal de Pintura Pedro Coronel.

 

   Ha participado en más de 60 exposiciones colectivas de pintura e Instalación en México, Los Ángeles y Beijín; también con más de 30 piezas de Performance en diferentes festivales en México, Estados Unidos y Canadá. En 2007 fue invitada al 3er Festival de Arte Corporal, Caracas, Venezuela

 

   Sus exposiciones individuales las ha realizado en la Galería Open Space en Victoria Canadá, el Museo de Contemporáneo José Luis Cuevas, en el Centro Culturas San Ángel, en el año 2004 en la Galería Artieri y en el año 2007, exposición de pintura y dibujo “Horizonte” en Galera 51, ambas en la ciudad de México.

 

En 2004. Realiza la selección de obra y museografía de la exposición “Humanit´ Art”, casa Frissac para la Cruz Roja Internacional. / 2008. Realiza la curaduría junto con el artista Fernando de Alba para la exposición “SANTUARIO Mariposa Monarca” en el Instituto de México en París.


IRSE ES MORIR UN POCO

Raúl Hernández

Desaparecer, marcharse, irse. “Decir adiós es crecer”, dice Gustavo Cerati en su canción Adiós. Pero crecer es imperecedero y fatal, bien lo saben la araucaria y las casas antiguas. Estirar ramas o maderos podrá ser una concreción hacia un absoluto inocuo, pero demacrante. ¿Por qué no despedirse hacia adentro? ¿Un infra adiós? ¿Una salida por la puerta trasera?

J.D. Salinger luego de escribir sus libros El guardián entre el centeno y Nueve cuentos decidió hacerse a un lado y desaparecer, ocultar sus formas, pero no sus letras. El precio no importa, lo que importa es la lejanía impuesta de forma aplicada, asumiendo la exacerbación llevada al límite, espantando a los visitantes con tiros de escopeta. ¿Y por qué despedirse? La obra, por sí sola, no responde a esta pregunta, y queda tendida en la hamaca de la historia, zigzagueando frente al viento de las bibliotecas. Juan Luis Martínez habla de la imagen velada del autor. La desaparición del poeta en pos del limpio aullido de la obra. Incluso escribe ese genial poema La desaparición de una familia como un instante de continua perpetuidad, en el cual el lector se somete a la fragmentación dubitativa, como un puzzle al cual se le pierden de a poco sus piezas, día tras día, haciendo que el paisaje cada vez sea una región en el mapa al cual le han quitado territorio. La desaparición será esta vez la despedida del autor que tacha su nombre con alevosía.

La Mujer Maravilla

EL AMANTE DE LA MUJER MARAVILLA

Carlos Yusti

En otras oportunidades he escrito sobre ese síndrome de Sancho Panza que me asalta al momento de leer cuentos o novelas, es decir que soy un aguafiestas y no trato do confundir gigantes con molinos. Vladimir Nabokov lo postuló sin miramientos: “La verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas...”. Situado del lado de Sancho Panza se pueden distinguir los molinos de viento a lo lejos; no obstante, y aunque siento envidia de la afiebrada imaginación de Don Quijote, tengo siempre presente que la realidad es dura y desolada como un cuadro de Giorgio de Chirico.

También he contado que me inicié en la lectura por los suplementos de comiquitas y luego por las novelitas vaqueras escritas por un español con el sonoro seudónimo de Marcial Lafuente Estefanía.

Nabokov recomendaba a sus estudiantes que las grandes novelas, a las que consideraba obras de arte, eran, invariablemente, la creación de un mundo nuevo y al cual se debía estudiar haciendo énfasis en los detalles, un mundo sin conexión con los mundos ya conocidos. El mundo de las comiquitas (o el cómic) es por antonomasia un mundo desconocido, un universo iconográfico que enriquece nuestra realidad. Scott McCloud ha escrito: “El cómic no es un género literario ni un estilo artístico. Ni un mero híbrido del arte del dibujo y de la literatura. Es un arte basado en lo visual (el mundo entero de la iconografía visual) y en el mundo invisible de los símbolos y del idioma”.

IDENTARIO DE UN HEROE PATRIO

Pásele un pañito, ¡Mire que venir a cagarlo una paloma!

El héroe no se divierte, la seriedad es su fiesta patria. Su serio discurso es voz que calma y da bríos al festejo, es canto que insiste desafinado y empeñoso en aras de acordarnos de su vida, de su muerte. Nada de andar bromeando. El héroe advierte, allí nadie lo entiende, nadie lo escucha, le rehuyen. Más cuando revolotean asuntos que atañen o involucran su enmarmolada representatividad, su broncínea estirpe de guerrero sin guerras, sin ejemplo heroico, su sin trayectoria que desencanta, y son los tórtolos, aquellos que cagan en vuelo justo y raso su musgosa coloralidad, los encargados de confirmar que, por él, no doblarán ni las campanas y ni siquiera un paño blanco afranelado se hará presente para limpiarle toda su corrosiva humanidad. ¡Te vamos a cagar héroe! se escucha, se murmura, a lo lejos, al viento.

Y si bien el héroe está en su sitio, él duda, lo desconcierta tanta tarima impuesta, tanta obsecuencia, tan desmedido afecto lisonjero. El héroe es tristeza del alma, llanto profundo, acidez estomacal de pichones, lluvia ácida que lubrica sus faltas, que funciona como solvente, como detector de tanta penuria que aletea en su oculta alegría, en su gesto apenas cálido, demasiado inerte, nota la ausencia de carisma, se da cuenta de su carencia de dones, de ser un héroe demasiado impuesto, cree no merecer tanto beneplácito mirón, todos sus penares de estar pétreo le asfixian, y no es gratuita la performance bravía y gástrica de palomas, gorriones, loros, canes e incontinentes paseantes, llevan como mensaje, quizás, la odiosidad de algunos... de muchos, a su impoluta obra, allí el héroe se desencanta, no es para menos, tanto mierdal y orines, que circundan su ser, lo apestan, no es capaz de vivir en paz con tanto desprecio, con tanta acuosa y pestilente mezquindad que lo aborda.

El héroe se detiene, y no para de decirse (la autocrítica le nace, lo curte, lo nutre), el tiempo le sobra, y lo sabe, para cuestionar su estoica... su épica figura de prócer, su gallarda valentía de estar expuesto por tantos años y terminar siendo un indeseado, todas las melancolías de ya no ser nada son su opresión, su escarnio. El héroe es inmarcesible (la palabra lo obsesiona) nadie riega elogios en su ya descuidada estatua independentista, en su falso talante y tallo defensor patrio de ideas foráneas, de complotes políticos, de la inmensa necesidad de proyectar autodeterminación. –No somos nada- se atreve, se dice, pluraliza su mediocridad, generaliza su indefensión, masifica su mísero sitial otorgado.

El héroe está en su sitio, insiste, finalmente localiza su meta, su estado de sitio, grita al viento y a quién ose escucharlo lo malagradecida que es la vida con los héroes, y vuelan plumas en su sollozo, se revuelve el gallinero, más cuando las fecales penetran su coraza y le vienen a cagar la fiestoca, y se agita, se estremece, agudiza todas sus contradicciones, altera su pose, irrita su menoscabo, radicaliza y hace urgente su viril, aunque paupérrimo y ridículo, porte. Y sépanlo ¡Sí! sépanlo señores, el héroe levanta vuelo, nunca cae en errores, éstos lo hacen rebotar. El héroe nunca está solo, la soledad es su fiel compañera. El héroe es nuestra realidad y realmente se equivoca. El héroe es un bulto, se acomoda en cualquier parte.

 

REENCONTRANDO A MAHFUD MASSÍS

 

Por Raúl Hernández

raul.hernandez.o@gmail.com

Hace algunos años leí por primera vez algunos poemas del poeta chileno Mahfud Massis en su Antología (Editorial Dialit, 1990) que compré en un cajón de saldos. Este libro publicado en Venezuela (lugar de exilio del autor) fue mi acercamiento inicial del cual no guardaba fanáticas nostalgias. Si bien consideraba de gran calidad el corpus poético recopilado en su antología, no veía con grandes ojos enamoradizos los entretelones de la imaginación de Massis. Ahora, años después, me reencuentro con su obra luego de una visita que realicé a San José de Maipo, lugar en el que un amigo, el escritor Juan Pablo Yáñez Barrios (de abuelos gloriosos: Eduardo Barrios y Juan Emar), me obsequió el libro "Elegía bajo la tierra" (Ediciones Polémica, 1955), el que leí con premura después de bajar de la cordillera. Pero antes de comenzar los 27 poemas de "Elegía bajo la tierra", el poeta Massis escribe un prólogo (Palabras en el muro) en donde plantea su visión obsesa sobre el tema de la muerte, situándose este como leit motiv escritural: yo opto por el hecho poético cruento, que persiste en la memoria con la violencia de su impacto emotivo.

 

 

 

 LA CERTEZA DE THICH QUANG DUC

 

 

Por Alvaro Oliva

alvaro_oliva@hotmail.com

 

Para nadie es un misterio que el budismo ha sido prohibido en muchos lugares del mundo  y ni siquiera es necesario desempolvar la historia de las atrocidades que se han cometido en China, ya que hoy más que nunca han salido a la superficie. Sin embargo, uno de los tantos "mártires" que han surgido quedó inmortalizado para siempre por el fotógrafo Malcolm Browne.

Thich Quang Duc fue un monje budista que se manifestó en contra de la persecución religiosa en el año 1963.Su imagen dio la vuelta al mundo después que su sencilla vida se cruzó con Browne y su curiosa cámara ávida de éxito

Durante la mañana del 11 de junio, de 1963, Malcolm se acercó al cruce del boulevard Phan Dinh Phung y la calle Le Van Duyet, en el centro de la ciudad vietnamita de Saigón. Este lugar se había convertido en el epicentro de una protesta de monjes budistas en contra del gobierno católico de Ngo Dinh Diem que continuamente reprimía el pacífico credo de los manifestantes.

 

 

CHARLTON HESTON, La épica acartonada.

 

Columna de Carlos Yusti

“Los actores son muy felices, porque tienen una gloria sin responsabilidad.”

Alfred De Vigny

 

La película que llega a las playas de mi memoria de Charlton Heston es aquella deciencia ficción futurista titulada “Cuando el destino nos alcance”. Es el año2022. La población ha superado cualquier número estadístico de crecimiento y como es lógico la comida no alcanza. La gente desesperada protesta y esbrutalmente reprimida. Grandes palas mecánicas empujan a los manifestantes comosi fuesen desperdicios. A todas estas un millonario ha sido asesinado. Un detective privado investiga y una corporación que produce alimentos sintéticosestá a punto de lanzar su nuevo producto: el Soylent Green. Lo que descubre eldetective, interpretado por Heston, es un hallazgo macabro. Michael Moore lo desempolvó un poco en el documental Bowlin for Columbine. Allí lo descubrimoscomo un Republicano conservador y achacoso.

Como actor nunca calzó de lleno en sus personajes y quizá su mejor desempeño fuecomo Miguel Ángel, del resto se repetía de un personaje a otro: forzado, tiesoy sin fluidez.

Daba la estampa de un físico-culturista de segunda. En Ben-Hur, quizá su películamás publicitada, combina cuerpo menos talento menos actuación y todo eso sumadodaba una superproducción a lo Hollywood: muchos extras, el CinemaScope y losbuenos triunfando siempre, llegando ala meta a pesar de todo.

 

 

 

IDENTARIO DE UN HEROE PATRIO

¡Oiga! el prócer es como cortito ¿se fija?

 

Por Carlos Osorio

clom99@gmail.com

El héroe no encaja en el molde común de los mortales. -¡Es corto y qué! Allí el héroe no tiene nada que hacer, no le alcanzó nomás, así nació, así murió. -Nunca fue grande pues, ni a la altura de las circunstancias. -Fíjese usted, ni el plinto le ayuda a empinarse sobre la media y, más encima, el artista (no faltan al llamado de la patria) sobredimensionó, pero como al revés, su estatura de líder, sus circunstancias incluso. -Quedó como rebajado lo noto, como que pareciera se redujo su humanidad entera de estadista, hasta el ego se percibe minimizado, más enano, inclusive su autoestima se ve acomplejada. ¡Pobre! -Se le achicó hasta el coraje.

El héroe es un pequeño patrimonio, nos casa con su potestad y apresa nuestras conciencias, el respeto al derecho ajeno no es su lema, él se apropia y hace suya nuestra urgencia y, no hay caso, no sólo contempla lo que fuimos, pese a la dificultad de su porte estadístico, la intensidad de su obra (gruesa) se permite vislumbrar más allá del devenir y, más allá de su escaso horizonte, traduce y prepara lo que la vida nos depara. Su altura de miras pitoniza el momento, porque sépase, su monolito, no sólo lo convierte en mito-mitómano; la falsa clarividencia se le viene de una vez, la perspectiva de ésta lo sobrepasa, no en vano la horda lo acompaña, lo sigue, lo adora y, por sobre todo, le cree.

Y es allí en donde el héroe convoca y el besamanos se multiplica, hasta el besa pies se hace urgente, más aún, no faltan aquellos fanáticos que trepan sobre su humanidad y allí, ni hablar, el solo de trompeta, de corneta, son su miel, porque así es el héroe, proclama lealtades y no traiciona ante el mamón arrebato que sus huestes saborean.

 

JIMMY McSHANE: UN ESPECTRO DE LA GALAXIA POP DEL SIGLO XX

Por Alvaro Oliva
alvaro_oliva@hotmail.com

La primera vez que escuché una canción de Baltimora fue en el año 1986, si mi castigada memoria no se equivoca. Recuerdo muy bien a mi adolescente prima discutiendo con su hermana sobre el significado de la letra correspondiente a la canción "Tarzan Boy", una verdadera goma de mascar, muy pegajosa. 

Mi prima creció y hoy en día es una respetada madre de familia muy ocupada en sus asuntos y quizás ni recuerda al grupo Baltimora, ni el triste final del vocalista que alguna vez ocupó un segundo de su acelerado cerebro.Sin embargo, aunque nunca llegue a saberlo, su vocecilla  inculcó un buen sonido en mi esponjosa memoria que hoy puedo compartir y recordar. 

 

 

 

 IDENTARIO DE UN HEROE PATRIO

¡Uy, que lindo que se ve desde aquí abajo!

Por Carlos Osorio

clom99@gmail.com

El héroe se impone, se legitima, la legalidad lo absorbe, es su decreto supremo que lo llama y estruja. Su busto es su coraza y de allí nadie lo saca. A su estirpe, a su clase de prohombre, nadie la mueve ni zamarrea de su condición oficial. El héroe saca pecho, lo infla, detenta el raro orgullo de pertenecer a la enciclopedia, aquella de los héroes por encargo, esa que lustra y pule su señorial imagen con letras inacabadas, de color áureo. Así, su fachada, su frontal pose, esculpida en el nicho o cama, en el taller de urgencias que la nación detenta, ya luego de ser cubierta con la mortaja que aprueba su asunción o debacle, su vida o muerte al foro cívico de altares, es su caballo de Troya que, sin rumbo cierto, lo trasladará con todo y petacas, a galope y a pasodoble si se puede (esa tonada rememora su brioso corcel que, seguramente, nunca será estatua) a emanciparse, a contrapelo, a su sitial del honor, al justo espacio que otorga la serena y antojadiza reflexión de hombres sabios, que saben de antemano (las blancas canas o crin suplen la inteligencia) de cómo pasarse de listos y hacerse los vivos con el insigne muertito.

El héroe es pétreo, por la patria no se arruga, menos ante las lapidarias turbas que, en algún momento, puedan denostarlo e incluso ac-echarlo. Al héroe los peñascasos lo legitiman, porque una piedra en su humanidad es una piedra en su sinuoso camino por ser prócer y eso es sinónimo de aceptación y, también, de envidia de quienes ven en él, lo que nunca serán. El héroe no tiene quejas, porque quejarse es aflojar, soltar las riendas de la historia. Ablandar es simplemente mostrar la hilacha de su elección de ser erigido, dudar siquiera es soltar la prenda obsequiada, que recuerda sus años de vida, su aplomo de desconocido pre-héroe, de eterno mancebo hermoso por más feo que lo han de ver. Su legado, grabado con cincel, es su tarima abonada sobre suelo patrio, que no se inquieta ante el escupitajo, ante la irreverencia de subversivos salivales, ante el arrojo urinario de canes y de incontinentes borrachines.

 

BRACEA

Por Raúl Hernández
raul.hernandez.o@gmail.com

El exceso de carencia es de buena forma sobrellevado, sólidamente trabajado en el último libro de la poeta chilena Malú Urriola. Las fracciones ligadas al traslado fatal hacia un mundo de monstruosas situaciones son el gesto deforme de una obra transmutada. Los instantes se quedan como escenas de película rara, abriendo un zig zageo que adecuadamente se traslada hacia efímeras escenas de felicidad. La hermandad obligada y la inevitable privación de normalidad, cuaja de gran forma y se posa en imágenes inclinadas hacia oscuras fotografías.
La muerte sólo es un secreto y ya no es menester de algún sufrimiento. Conocer un amor de tres piernas, llevar una vida siamesa, tener dos madres y vivir una niñez de perros atropellados por trenes y tibios rasguños de alambre de púas sólo es parte de una vida sin inercia, asimétrica, casual.

La escritura de un diario de niñas limitadas y vivir de una vez por todas estos fríos momentos de desesperanza con la ternura de quien ve animales en las extrañas formas de las nubes. Las miradas se acercan poco a poco, y la escritura se transforma en un nuevo gesto, nuevas moralejas, disímiles mensajes que nos indican la dirección del viento, de la tarde, de la ciudad. Una vida fragmentada.

 

 

 

DOS LIBROS

Por Carlos Yusti 

 

Historia y novela en Denzil Romero

Celso Medina

FondoEditorial del Caribe

167 páginas

 

Denzil Romero abrió nuevos derroteros en eso que los especialistas y académicos denominan novela histórica, sus aportes irreverentes son indiscutibles. Leído a medias (o con cierto desdén) en su momento legó una obra literaria importante,que sin duda tendrá sus lectores, tesistas y críticos de rigor los cualescolocarán en una balanza sus aportes estéticos a las letras nacionales.

El de Celso Medina “Historia y novela en Denzil Romero”, editado por el Fondo Editorial del Caribe, se inscribe en esa tónica. El libro es un estudio, blindado de una rigurosa investigación, que acerca al lector a los pormenores de la novela histórica cultivada con desabrochada intemperancia por Denzil Romero. A pesar de lo minucioso del estudio este no es monótono ni bostezante. De manera ágil Celso Medina aborda el tema sin dejar nada al azar e intentando colocar todo en equilibrada perspectiva.

Las primeras páginas del libro intentan aproximar al lector a ese concepto, algo escurridizo, de “Novela Histórica”. El autor se pasea por distintas hipótesis y conjeturas sobre dicho concepto y cita a los teóricos más solventes para llegar al hueso de un concepto sencillo y transparente. En otra parte del libro se sumerge en la novela y la historia en Venezuela. A este respectoel autor acota: “La Novela Histórica venezolana continúa la misma tradición de escamoteos que han venido caracterizando a la historiografía nacional, pero es explícita en sus intenciones; no se ofrece como proveedora de la totalidad histórica. Alienta más bien la conciencia de que no hay una historia única,sino historias fragmentadas a la que es posible acceder desde variasperspectivas y lo que es más importante: la historiografía no es el límite de lo ficcional. Ella no sólo aporta sus certezas, sino también sus silencios. Allí, el novelista encontrará espacios que le servirán de pivote parafantasear”.