Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Crónica

 

 

MI AMIGO CARLITOS

Por totoyzamudio

 

Tenía menos de 5 años cuando llegue a mi primer día de clases.

  

El instante de la escritura

Carlos Yusti

“Si el deseo de escribir es la constelación de unas cuantas figuras obstinadas, al escritor sólo le resta una actividad de variación y de combinación: nunca hay creadores, sólo combinadores, y la literatura es semejante a la nave de Argos: la nave de Argos no comportaba en su larga historia ninguna creación, sino sólo combinaciones; a pesar de estar obligada a una función inmóvil, cada pieza se renovaba infinitamente, sin que el conjunto dejara de ser la nave Argos”.

 

Anorexia ideológica

Carlos Yusti

La juventud es el hambre por los sueños y la utopía. En esa etapa la vida ofrece dos vías: la militancia por un mundo distinto o ese camino insulso de la frivolidad servil.

Lector imperfecto

Carlos Yusti

Ilustración: Milagro Haack

La gente que lee (novelas, cuentos y poemas) me produce más sentimientos encontrados que aquellos desentendidos de los libros y que ni se molestan en leer las paredes de los baños públicos.

Un lector está atento a las novedades editoriales, busca información sobre algún autor que le guste, lee en el baño, en el  microbús, de pie, acostado y algunos llevan toda una biblioteca en su adminículo electrónico.

La gente que lee tiene hábitos extraños y en algunos casos un buen número de ellos incurre en el error de escribir y no tanto para convertirse en autor que por un amor a las palabras organizadas desde el corazón y la inteligencia.

Los padecimientos de los lectores son muchos en comparación de quienes descasan en la idílicas playas de la no-lectura. Uno como lector tiene muchos defectos: los libros se van acumulando y ya no hay sitios donde ubicarlos, donde hay libros proliferan los bichos e insectos de toda índole, con libros desperdigados aquí y allá se habla de orden vital para enmascarar un desorden que todo lo desaliña, los naufragios amorosos a veces son proporcionales de los libros que se van abandonando en el camino y un largo etcétera.

 

CHELA BON: LA ACTRIZ DE LOS AÑOS 40

Alvaro Oliva

Chela Bon fue una actriz chilena que vivió en Estados Unidos donde se hizo conocida por su belleza y talento. En los años cuarenta, alcanzó la fama y reconocimiento por su participación en producciones como “Amarga Verdad”, “La casa está vacía” y “Si mis campos hablaran”.

Nació, en 1930 en el capitalino barrio de Franklin, tras participar en el ballet "Coppelia" en el teatro Esmeralda, a los 14 años, fue seleccionada en un casting de Chilefilms para protagonizar "Romance de medio siglo".

En nuestro país destacó en las artes sin problemas, sin embargo, en el año 1948 y con apenas 18 años, decidió marcharse al país del norte.

Graciela comenzó interpretando pequeños papeles y se integró a la compañía teatral “Columbia Work Shop Theatre”.Su estilo y forma de hablar llamó la atención del público del que no dejó de alabar su carrera.

En este lugar conoció y trabajo con la actriz Stephanie Powers.

 

VOLTAIRE SIN FANATISMO

Carlos Yusti

Cuando era un descuidado lector barriobajero me convertí en un encarnizado fanático de Voltaire, un ilustrado hombre de letras de la ilustración francesa que desdeñó cualquier tipo de fanatismo. Paradoja aparte no aprendí nada de Voltaire, no obstante su estilo desprejuiciado y al vuelo de su Diccionario Filosófico se adhirió a los huesos de mi escritura.

 

LA VOZ CHILENA QUE LLEGÓ A EUROPA

 

Para muchos el nombre de Rosita Serrano puede resultar desconocido, sin embargo, para los que tuvimos la suerte de escuchar cualquier conversación de mujeres de otras generaciones podemos saber que se trató de una cantante chilena que triunfó, en el viejo continente.

 

Fue famosa en la Alemania de los años  ’30 y `40, en una época convulsionada para Europa. Entres sus éxitos más destacados están  las canciones tradicionales como “La paloma”, “Cielito lindo” y “Corazones partidos”.

 

Su nombre real fue María Esther Aldunate Del Campo y en muchas de sus reediciones internacionales fue llamada “The Nightingale of Chile”.Nació  en Viña del Mar, el 10 de junio de 1914, hija del aristócrata español, Héctor Aldunate, y de la cantante lírica chilena Sofía del Campo.

 

Con su elegante voz desafiante debutó el año 1930, en uno de sus viajes, en la radio Nacional de Lisboa. Rosita vivió en  París, Lisboa y Berlín.

Dibujo CY

Carlos Yusti

Hay libros (y sobre todo algunos autores) que de alguna manera marcan tu vida y no en el sentido estrictamente metafórico. En mi caso los libros de  Edgar Allan Poe delinearon en mi juventud mi alma con pinceladas oscuras necesarias para apreciar los prodigios de la luz.

Cuando comencé a garrapatear mis primeros cuentos eran plagios deliberados de Horacio Quiroga y Poe. Autores que idolatraba y cuyas vidas eran por si mismas narraciones de terror e infortunio que no creo que la imaginación más retorcida era capaz de crear.

Cuando se es joven ese aspecto lúgubre de la existencia posee un especial atractivo. La lado oscuro posee un extraño toque seductor y las narraciones de Poe tenían las sombras, el misterio y los claroscuros necesarios para despertar mi irredento interés juvenil.

LA ESCENOGRAFÍA DE LAS PALABRAS

Carlos Yusti

El Tractatus de Wittgestein finaliza con: “De lo que no se puede hablar es mejor callarse”. Lenguaje y silencio los dos extremos de un mismo hilo. Esto lleva a George Steiner, quien escribió que el lenguaje se ocupa de manera parcial de la realidad y que el resto, la mayor parte, es silencio.

QUE SUELTA EL REMO RETAZO DE HOMBRE

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

Chapoteando, cual pato a punto de ser cazado, se vio a miguelangelito, aún vestía de marino, con su clorhídrica facha blanca inmaculada capaz de cegar la vida misma, de paralizarla, de matarla inclusive. Cerca de la costa. en-callado y a la deriva, intacto e inerte, como estatua, pálido y aún con náuseas, con su mirada puesta por sobre el horizonte, en busca de la boya en donde su barco recaló tantas veces, desfalleciendo y con el recuerdo vivo de haber pertenecido a esa gran institución que acoge a lo más granado y que hoy se aleja como agua entre los dedos.

A dos meses del incidente que permitió en definitiva bajarlo, su rostro de franco no oculta la nostalgia de ya no ser y magullones producto de la refriega previa; costó una enormidad solicitarle que abandonara el nao. Que si no era por el recuerdo a sus memorables y húmedos días, la obligación que sentía hacia los mandos lo tenían inquieto y amurrado, su ascendencia ante todo lo agobiaba, era cosa de verlo, transpiraba en lealtades, ni del cocinero había caso desprenderlo; a cuchillazo limpio, más dos o tres palabras en coa, permitieron se despegara del horno en donde se había encadenado.

Que no era posible siquiera soltarlo del mástil comentaba aquel marino que, finalmente, depositó todos sus huesos, con camas y petacas fuera de borda, luego de haberse encadenado y engrillado al ancla en pose casi guerrera, con un dejo consciente de héroe, en postura de rechazo a la decisión generalizada de desalojo, se oponía tenazmente a darse de baja a pesar de su decisión premeditada por jubilarse, si no hay caso con sus contradicciones, aún se nota tartamudeando cuando las interminables dudas lo acechan, cuando entre que quiere y no puede, que si pero no, que a ver, que mejor que no, que déjenme pensarlo y si me equivoco déjenme pensarlo de nuevo, para el caso, nomás le faltó alcanzar el grado de contralmirante.

Allí fue observado por la delirante escuadra que, junto con no entender nada, no cesaba en la risa sarcástica hacia el curioso superior ya disminuido por los acontecimientos y que ya parapetaba su esmirriada humanidad gritando consignas alusivas a las glorias marinas, arengando, inclusive, con el mismo cuentito de siempre; que no era posible que su altura heráldica, que su sangre y tradiciones no tuvieran un ejemplar adiós. Desesperanzado no daba crédito a que, su paso atrás y gesto épico, no quedara registrado en algún libro de la patria, en los anales de la retina ciudadana. Se la pasó tres días en la misma urgencia, a espera de hasta dar entrevistas, en vivo, incluso.

ADIÓS A UNA VERDADERA ANCHOA DE ANCHO MAR

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

Por la escuálida prensa, aquella que, en general, siempre hace gala de no informar mucho y de mantener pauteado a destajo, de atorar pues, tal como si se tratase de espinas de pescado atravesadas en el gaznate, la escasa objetividad que va quedando, miguelangelito se ha ido enterando del tremendo cementerio náutico que tiene bajo sus pies, de la tremenda cagadita que debe administrar de ahora en adelante. Y si bien no está muy convencido de lo que se dice al respecto, que seguramente se trata de inventos para dañar la imagen de la dignísima institución, que no es más que la tergiversación de los hechos, que la verdad es otra, que no faltan los que quieren sacar provecho político ante el árbol caído, ante el barco hundido más bien, la duda ya comienza a corroer a la más soberbia de sus neuronas, aquella encargada de mentirle respecto a la realidad, de trampearle su paso por la vida, de ahogarle el sentido común inclusive.

Hay otro elemento que enfría sus pies, sus callos y juanetes, es el malhumor que no disimulan sus superiores, y ahí los ve desfilando cada tanto por los tribunales; que vámonos haciendo a la mar en intensas declaraciones previas, reuniones con abogados adictos, para salvar el pellejo, con un arsenal de argumentos y justificaciones truchas, que fíjese que yo no fui, que fueron otros, que yo sólo pasaba por ahí, acaso miré como rapidito pero nada más, que solamente cumplí ordenes, que mire la vergüenza que me da, si soy un santo, casi igualito a san Erasmo, nuestro  patrono, que tengo mis santos en la corte, que cuando entro a la iglesia el curita me sonríe, que esto me tiene mal, que gasto mucho en medicinas, que ya ni duermo en las noches, que a veces ni los vecinos me saludan, que cuando cobro mi salario hasta me ruborizo, ni siquiera en la piscina me tranquilizo. Se lo juro que allí penan, ni hablar de la ducha, cada día está más fría, que ya no quiero más. ¡Olvídense!

Un montón de pesares que tienen encolerizado al alto mando, afiebrado sería lo correcto, con la moral tan baja que a puros tropezones, según el dramaturgo. El pasado les pasa lista y sin desgano los tira de las patas. El montón de latas oxidadas con forma de crucero a punto de zozobrar, que pasó de insigne a indigno el mismo día de su lanzamiento, terminó aguando la soberbia fiesta náutica, al transformarse en un engendro mal viviente por más defensa corporativa le sobreviva y se insista. En definitiva, una plancha fría que merece transformarse en museo de la ignominia a modo de ir, de a poquito, a ver si es posible tanto milagro, hundiendo la cobardía moral y todo lo que se le parezca.

Pareciera que no todo lo que brilla es oro -medita miguelangelito- mientras camina sobre la sensible y aún herida cubierta, que por más cera deja entrever heridas siluetas, fracturadas grietas trazadas. Sobre todo en luna llena; allí hasta el nombre de las víctimas se graba. Sensibles formas que se estremecen cada puesta de sol y que no hay forma de aquietarlas. Serán sus últimas caminatas sobre la perla ésta, el fin del trayecto sobre la opacada esmeralda en donde, orgulloso, lucía su estirpe. A partir de su última expedición al mundo fue posible que tomara conocimiento más cabal de lo allí acontecido. Sin embargo, es un frío a las sensaciones térmicas, particularmente las ligadas a la especie; ni un poquito de calentura por el prójimo. ¡Nada! Su sensibilidad se congeló el mismo día de su nacimiento por más esfuerzos hicieron las matronas de cubrirlo con una serie de mantas, con el montón de fricciones por minuto que le realizaban, con las inagotables bolsas de agua caliente que lo rodeaban, incubadora incluida, fue imposible recuperar para su fisonomía, especialmente para sus pies, que son como su parte más preciada, y esos sí que venían entumidos, el aroma o siquiera un estertor de sensibilidad humana.


 

ACERCAMIENTO AL ACTO POÉTICO-FOTOGRÁFICO

Raúl Hernández

Existe una cercanía de acción en el acto de escribir un poema y sacar una fotografía, entre el proceso creativo de despojar de la realidad misma, el momento genuino del instante, ese lugar reservado para lo que no se vuelve a repetir. Estoy poseso, escribo, siento un impulso de hacer el click final que desencadenará el posterior proceso de revelado, de artesanía personal, logrando visualizar lentamente el resultado de mi captura. Ese punctum del que habla Roland Barthes en su libro “La cámara lucida”, ese momento culmine del pinchazo, es el que se comparte entre un poema y una foto. El acto fotográfico en una obra poética que se podrá visualizar a partir de la fractura, de la herida y del impacto que generará el poema, a partir de su propia realidad, del traspaso de una realidad.

El poema como realismo y como forma de mirar: me posiciono casualmente en una captura fulminante, un estado de éxtasis breve, en donde el diafragma personal dialoga con el preciso instante del evento, y es trazo continuo de creación a partir de una perspectiva, conmoción y desapego de todo barómetro que interceda en lo natural de este “capturar una imagen”, que es suceso y memoria, historia y casualidad, estilo y fatalidad de sentir, de accidentar lo cotidiano con el espíritu del que deviene en la creación. Detalles que van siendo parte del corpus esencial, sin análisis ni sombras.

El poeta William Carlos Williams demostró en su obra una increíble capacidad de fotografiar cotidianeidades, que muchas veces parecen obviedades de cada día, pero ¿que es lo obvio? ¿El vagabundo inerte en la calzada o el letrero gigante arriba de los edificios? Pasan cosas, que van acompañadas de un trabajo posterior, que es el revelado natural del poema. Y fotografiar no es describir: “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma” dice Susan Sontag en “La fotografía (breve suma)”.

 

 

          UN SALÓN LLAMADO HIJAR

Araceli Zúñiga

Salón 102, de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM (ENAP)

 

Comparto este valioso documento porque (coincido con Cristina Híjar) además de ser una lección de historia, es una lección de “la otra historia”. La que no está en los libros oficiales, ni en las polvosas declaraciones de los funcionarios culturales y políticos que padecemos.

Además de ser un repaso y reflexión acerca de los momentos históricos más importantes, tanto para México como para, consecuentemente, el maestro Alberto Híjar Serrano,  dentro de la plástica latino americana, así como de los movimientos sociales radicales –revolucionarios- que han tenido lugar en nuestro país en el último siglo. En este manifiesto/ensayo/autobiografía política y cultural/ el maestro Híjar da cuenta de los personajes y acontecimientos que realmente han resultado trascendentes en su vida.                

Hay un momento en el cual todos deberíamos hacerlo.

Felicidades, querido Maestro.  

                                                       

 Alberto Híjar

    Hace unos dos años, el Consejo Técnico de la Escuela Nacional de Artes Plásticas aprobó por unanimidad nombrar Alberto Híjar un salón de materias históricas y teóricas. Por lo visto, la decisión forma parte de un proyecto de designación acorde con la necesidad de dar a entender las líneas de docencia e investigación constructoras de la ENAP.

 

    Es probable que nadie entre las autoridades, los trabajadores administrativos, los profesores y los estudiantes, puedan mencionar alguna obra, una tesis, un autor difundido por mí. Algunas, algunos, me saben contestatario, afín a grupos activistas pero pocos, muy pocos, conocen los textos y las instituciones transformadas o fundadas por ellos. Por ejemplo, el Curso Vivo de Arte contra la crítica libresca, subjetivista y formalista sustituida por el estar frente a las obras. La experiencia pedagógica duró sus buenos veinte años y alcanzó nivel nacional e internacional para formar conocedores del arte moderno incluyente de la arquitectura y el urbanismo con la adecuada formación de profesores e investigadores que influimos en la Escuela de Diseño y Artesanías, en la de Conservación y Restauración del INAH, en la carrera de historia del arte de la Universidad Iberoamericana, en el Autogobierno de Arquitectura donde fui fundador y coordinador del posgrado por dos periodos, en el cogobierno de Antropología y hasta en la Facultad de Filosofía de la UNAM donde entré como profesor a solicitud del Comité de Lucha de 1968. Antes serví a la Escuela Nacional Preparatoria cuando intentamos un sindicato de profesores. A los 18 años me inicié como profesor en escuelas privadas.

A VER SI LE VAN RESPETANDO SUS ARISTOCRÁTICOS TATUAJES

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

Pese a todo y después de tantos años fue posible lograra pescar, con ganzúas, señuelos y redes, la autoconfianza necesaria y así ascender, gracias a sus dotes que por suerte fueron bien considerados. Y reitera los agradecimientos y a cada instante reza con devoción al cielo, a dios, a toda su armada que ve encallada por allá en el paraíso. Si no es tan difícil pertenecer a esta rama, es cosa de no hacer mucho ruido de follajes y obedecer la línea de mando, aunque el tronco y la parentela sean requisito. El apellido es importante tanto como la piel que se porta. Ahora, si el medallero incluye una cruz grandota mucho mejor, si es cosa de ver al almirante con apellido de catedral, hasta joroba se gasta por tanto peso en el pecho y peso de la creencia. En definitiva, dios es el mejor copiloto que un marino puede tener.

Tanta meditación de sí mismo lo deprime a veces, le viene la añoranza, es su desdicha por el raro mundo que aún no le ha puesto mucha atención que digamos, también por el rechazo de su familia pese a ser considerado, en algún momento, lo mejor de ellos mismos. Fueron unos cría cuervos astutos; arrancaron antes de que éste les sacara los ojos. Por lo demás –analiza- él también se escabulló de sus fauces. Sin embargo, le aflige que nadie entienda su travesía por la vida, que no comprendan su modo de ver el mundo, su llamado a ser el transformador de la especie humana, el deseo de transformarse en un transbordador cualquiera que ofrezca todo lo mejor de sí mismo, en aras de cargar con el bulto y ocupar el sitial que, insiste, le corresponde. Desvarío inconsciente que lo inquieta de verdad. Y ya luego de varias copas encima, finalmente tararea -quizás, quizás, la nave pasará - y está seguro que, así también, pasarán las penas y los tragos amargos.

De a poco nota que parte del prestigio se acrecienta, el mentado medallero ya ni deja ver sus hombros, que por lo demás son chiquitos. Su hinchado pecho se balancea según la marea que lo fluctúa. Aprovecha su estatus para posarse cada vez que puede en la punta del mástil, porque es allí en donde más las condecoraciones titilan y el sonido de dorados metales se desparrama a babor, es un coro que anuncia su destino, es la tonada que hará bailar a su ritmo a todita la embarcación, a cuanto bicho contenga el mar y, por supuesto, a la humanidad entera. Si hasta el arcoíris que a lo lejos observa la ridícula escena, se intimida, como que se opaca y diluye. 


LA HUIDA DEL ESCRITOR

Carlos Yusti

Hay un personaje de Woody Allen que sufre una extraña afección: está desenfocado. Este personaje es actor y un día que están filmando una escena descubren que está borroso. Tratan de ajustar el lente de la cámara, pero no es un problema técnico es el actor el que se encuentra fuera de foco. Para un actor de cine ese malestar puede ser fatal así como es aciago para un escritor tratar de ocultarse de la prensa, los editores y los lectores.

En el ejercicio de la escritura tiene dos lados de una misma moneda. En una tenemos a ese escritor que ansia la fama y en el otro lado está el escritor que desea esconderse.

Cuenta el escritor Jorge Gómez Jiménez que recibió un correo electrónico donde un señor le preguntaba cómo hacia para convertir a su hijo adolescente en un escritor famoso. Esta pregunta llevó a Jiménez a reflexionar sobre la literatura como actividad social y la necesidad que tiene el escritor de hacerse con un nombre, ya que es remoto el interés que pueda despertar en una editorial un  autor desconocido y esto implicaba dedicación o como él mismo Jiménez lo escribe: “Construir el “nombre” implica participar en concursos literarios, asistir a bautizos de libros y tertulias, hacerse asiduo de ciertos círculos, publicar textos en suplementos y revistas; sin contar con que previamente el afanoso constructor debería haber pasado toda su vida leyendo y puliendo su estilo. Además, dado que su materia prima será el lenguaje, no estaría mal que se ocupara un poco de hacer alguna reverencia a las normas ortográficas y gramaticales que más adelante, con la debida experiencia, se encargará de subvertir”.