Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Crónica

 

ANTE EL DOLOR DE LOS DEMÁS

Raúl Hernández

 

A partir de este libro de Susan Sontag (Alfaguara, 2003) que analiza la fotografía de guerra en sus distintas etapas en la historia, como una sucesión de hechos que vinculan el acontecer funesto en la mantención de imágenes a la posteridad, como el desquite contra el enceguecido contar y los entreveros de una sociedad molida por el disparo enceguecedor de la ruptura, podemos observar, de pronto, en nuestro suceder cotidiano y en las personas que habitan esta ciudad, un dolor que no queríamos ver y que se esparce, como si fueran amebas lunáticas. Plantas en el patio trasero de la vida. Sucede que nos vamos poniendo desprolijos, habitantes dolientes y las ventanas apoyan este traslucido deseo.

¿Por qué vamos cayendo al pozo ciego? Qué pasa que este acaecer diario, toda esta “productividad”, es la destreza del que cae por la escalera, el fatal descenso de las piedras en el cerro. Qué pasa cuando me dices que esto es una techumbre que resbala, y que el amor no existe, quizás. La esperanza va siendo una fogata a lo lejos en el corazón. El por qué de esta guerra interna con el porvenir, es una pregunta lanzada al despeñadero.

Esta sociedad capital, siempre lejana de los pueblos del país, sabe muy bien maltratar a sus ciudadanos con fatales observaciones de marketing televisivo y de prensa. Cada una de las fotografías que bien podrían ser las que habla Virginia Woolf en su “Tres guineas “ y de la cual se adentra Susan Sontag para comenzar su libro, son sacadas de una impensada mentira avalada por ese “no darse cuenta” que siempre permite que podamos empujar al otro que espera nuestro mismo bus. El “nosotros” al cual apela Woolf, ahora toma un matiz paradigmático al no saber muy bien que es ese “nosotros”. Pues bien, ese dolor de la guerra lo traslado a ese dolor de vivir con extorsiones mentales en la vorágine de esta ciudad, en este siglo XXI, con los estados malignos y egoístas del solipsismo, del ombligismo, de la presunción de un bienestar de iglú, cuando estamos rodeados de “nosotros”.

QUE NO HAY CASO, ES UN HIJO DE TIGRE

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

 

Y su vida sigue y los altibajos son su carisma. Insisten en planificarle cada uno de sus modales y ya se estudia, como si se tratase de un negocio a futuro, cuál será su modo de desenvolverse para cuando cruce el umbral de criatura indefensa, cuando comience a valer-se por si solo.

Su familia es previsora y no se anda con el cuento de improvisar, menos cuando ya tienen claro que miguelangelito requiere y debe ser depositario de mayor atención, de los cuidados más intensivos. Ni pensar en dejarlo por su cuenta, sería como entregarle una chequera en blanco, darle navaja a un mono o simplemente poner al gato cuidando la carnicería, porque, pareciera, dejar al azar todo su gesto, podría ser desastroso para tanto interés planificado y, desde luego para lo más importante, las finanzas familiares.

Si ya no le falta nada, su desarrollo primario pareciera le sobrevino y hasta se ve como un niño mayorcito. -Si creció de sopetón. Comentan sus cercanos, convencidos que la madurez del crío, su escarmiento por el orden, es a base de puro entrenamiento fuerte y, desde luego, férrea disciplina. No en vano se jactan que la familia, desde sus ancestros, ha pertenecido a los institutos armados, no hay generación que se pierda el primer llamado patrio, su segunda cuna por lo demás en este su paso por la vida, corralito que tierno los acoge para centrarles tanta desviación, su montón de debilidades. Es ahí en donde se han moldeado y envanecido sus taras, y sienten agradecimiento infinito porque así haya sido.

Es allí donde floreció la raíz de su mueca dura, su risa férrea, su cariño entumecido, su entusiasmo seco, su firme estirpe, su sospechosa honestidad, su académica capacidad mental, su confianza camuflada. En fin, el sinónimo antónimo que calza perfecto, cual bototo, para relativizar la frialdad que hará del mocoso un tremendo súper héroe, un ciudadano como corresponde y, sobretodo, hará de ellos unos perfectos y meritorios baluartes de cómo se debe criar, de cómo debe ser, de verdad, el individuo que la patria reclama. Insisten y están convencidos que así será.  

Si hasta el tío militar, ese casi general, ni pensar en un cualquiera, fue quién sugirió, suelto de cuerpo, en posición de descanso, un operativo… una estrategia y planes en pos del futuro alférez y paradigma patrio, su degradada capacidad -arguye- que a los niños debiluchos y algo impávidos, más que nunca es necesario ingresarlos, a la mala si fuese necesario, por la razón y a la fuerza incluso, en alguna academia de guerra. Y se siente atendido en su demanda porque es de aquellos que han entregado hasta la decencia en aras de la república. Es más, se siente secreto de la seguridad nacional. Degenerado en sus ideas, supone tener clarito que hasta los palos más doblados se enderezan, porque allí los resultados mejoran, y en corto tiempo, en un rape instantáneo, en un casquete de días, es posible darle sentido al paso de pavo y mustios reflejos que adornan a éste proyecto de cadete, de entregarle poderosas herramientas de sobrevivencia al, a esta hora, ya casi reclutado sobrino, para que de una buena vez y por todas, enderece el torpe tranco físico e intelectual que lo aqueja.




FOTO MOVIDA DE JULIO CORTÁZAR

Carlos Yusti

La novela Rayuela en mis días de estudiantes me resultó otra pedantería más a la que son bastante afectos los argentinos. A duras penas logré leer algunas páginas, luego tuve que dejarla, no estaba preparado, ni intelectual ni emocionalmente, para traspapelarme en sus páginas. No obstante me obligué a indagar en su cuentística en la cual Cortázar fue un maestro certero y eficaz. Poco a poco descubrí a un escritor preocupado por la forma y el fondo, a un arquitecto creativo del lenguaje. Un escritor interesado de lo fantástico a ras de lo cotidiano, de retratar lo real con todas sus aristas insólitas tan cerca de la mano. En sus cuentos la ternura, el dolor, la nostalgia y el humor se complementan para ofrecer al lector relatos, no siempre fáciles, de una belleza textual y estilística de gran eficacia poética.

En libros como Último Round, Historias de Cronopios y de Famas, Un Tal Lucas y La vuelta al día en ochenta mundos está el Cortázar más emblemático, de ese escritor que no teme a la experimentación y que a la postre resulta menos enfático y desenfadado. Bastante contrario a su personalidad algo tímida, reservada y poco amante del desarreglo existencial al punto tal que gran parte de su vida fue una especie de funcionario. Su timidez le impedía lidiar de mala gana con su fama de escritor, más que fastidio le abochornaba que la gente en la calle le reconociera y se le acercara para pedirle un autógrafo o para que firmara un ejemplar de Rayuela todo maltratado por el uso. En una entrevista del año 1983 le comenta lo siguiente a Jason Weiss: “…estaba en Barcelona, caminando una noche por el barrio gótico, y había una chica norteamericana, muy bonita, que tocaba la guitarra y cantaba. Cantaba un poco como Joan Báez, con una voz muy pura, clara. Había un grupo de jóvenes de Barcelona escuchándola. Yo me detuve a escucharla, pero permanecí en la sombra. En un momento, uno de los jóvenes, que tendría mas o menos veinte años, y era muy joven y apuesto, se acercó a mí.  dijo: “Julio, toma un pedazo”. Así que yo tomé un pedazo y me lo comí, y le dije: “Muchas gracias por acercarte y convidarme”. El me dijo: “Pero escucha, te di muy poco comparado con lo que tú me diste a mí”. Yo le dije: “No digas eso, no digas eso”, y nos abrazamos y él se alejó. Bien, cosas como esa son las mejores recompensas de mi trabajo como escritor.”

 

 A SU JAULA PAJARITO

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

El ciudadano ejemplar conquista el mundo. Los suyos ya lo han hecho y él es su reflejo, su proyección toda. Su primera experiencia fuera del nido casero lo inflama de dicha y napoleónico vislumbra el horizonte que lo ha de acurrucar y amanerará su pose. Tanta locura casera ya lo sobrepasa, y si bien dan ganas de internarlo en algún centro de alto rendimiento, de enjaularlo con mochilas, petacas, almohada y pañales incluidos, su primer ciclo educativo será en el jardín infantil de una de sus tías, la más pechoña, especialista en acoger pichones de ralea con la monserga del rezo duro, parejo y de ese modo espantar, eso cree y se siente invocada para ello, las malas vibras y sacrilegios que la criatura pudiera portar.

Lo de la tía, es la mejor obra para dios y el mundo que se haya visto. Un verdadero paraíso del saber. El suyo, es el hueco apropiado para ir rellenando de divina sabiduría al nuevo y pujante ciudadano. De hecho, hasta la autoridad agnóstica, aquella que desde su beatica oficina ministerial no escatima en burlar los trámites, por miedo a dios entre otras cosas, aprobó sin reservas el proyecto educacional propuesto con la esperanza de tapar el tremendo hoyo y déficit atencional al que podría estar expuesto el clan y su criatura, su bodoquito y querubín que, pareciera, anda con sus alitas a flor de piel y prestas para empinarse sobre la vida.

Allí el ciudadano se resigna al mandamiento. Su corta existencia ya sabe de represiones, manipulaciones y sobre todo de imposiciones. Será este santificado sitial del saber, este reino en la tierra misma, su correccional por largas jornadas, su rehabilitador segundo hogar, su primera oficina pública para orientar su vocación y servicio, su posta terapéutica para enderezar tanta desviación, tantas fragilidades, tanta complejidad idiomática inclusive. Al paso de los días serán los números y las letras su santa escritura, su inicio de la vocalidad perfecta para el correcto devenir que deberá atragantarse.

-  Si ya se nota su rumbo.

-  Mírenlo, sin tan sólo falta que –escriva balaguer- correctamente.

En esta casa pedagógica de las castas se han formado con dignidad, gracias al dios legionario que los vigila, los angelitos del clan, de la grey vecina, los mejores y más exitosos ciudadanos de elite, los prohombres de apellido de manzanas y peras, vinos, bancos, calles, avenidas, monumentos, edificios, aeropuertos, provincias señaladas. 


“Después no veo un lugar, todo se vuelve de color”

LA DISTANCIA

Raúl Hernández

La distancia, Suarez

En el momento que te fuiste, mis mascotas comenzaron a morir. La distancia rota, como un florero en desgracia. Las cosas lentas, como en desuso, como en extraño suceso. El abridor de latas oxidado (donde está el árbol, hay oscuridad). El espacio que queda entre un último encuentro y el vacío. A lo lejos, taciturno de callejones, en silencio, mejor en silencio, como en un mar en continua observación. En el mismo momento en que te ibas, comencé a sentir una soledad miserable. Podría ser una despedida paso a paso. Podría ser el secreto encanto de una sombra. Tus pasos, la delicia de esta sombra.

SE MOLDEA UNA ESPERANZA

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

 

El ciudadano se equilibra ya en la andadera, en el riel prematuro que sabrá guiarlo durante el largo trayecto que le toca, pese a los varios aterrizajes forzados, de hocico el pobre, en la loza de la realidad chiquita que lo sostiene. La temprana edad es generosa y auspiciosa. Si bien es el último de los ciudadanos nacidos con la buena estrella, lo ilumina y patrocina el cielo, por cierto de los primeros, junto a su santa familia, que se esmera en su cuidado (que no se note pobreza terrena) y que no deja de prenderle velas, agradecida por la sensibilidad del altísimo y su buena idea de regalarles a este ciudadano de adeveras.

Su cuna desde ya se remece, un arrumaco suave pareciera, con el auspicioso motor poderoso del patrimonio. Sus padres se jactan y entonan rondas de felicidad.

-¡Somos la riqueza en vida y más encima inmortales!

-¡Que no hay nadie que nos alcance, ni siquiera nos iguale!

-¡No hay dudas, nacimos para esto!

Se les metió en la cabeza, pareciera capricho, convencidos por lo demás, que miguelangelito merece no sólo lo mejor de ellos mismos, harto que suponen tener, él fue tocado con la varita mágica, especie de termómetro que regulará su calculado crecimiento. -Con eso estamos servidos, salvados y solventados, listos para explicarle al mundo de lo que somos capaces.

Su arrullo será la historia misma, su gatear será la sociedad rendida a sus pies, su agú primario, una guturalidad y flatulencia reservada tan sólo para la patria, porque es ésta la que sigue sus pasos y urgente lo reclama, llamándolo fuerte, voceándolo desde los más altos valores, gritoneándole la necesidad plenipotenciaria de hacerlo suyo, entonándole su dicha.

-¡Despiértate niño, deja de flojear con tus pelotas, que la felicidad te anda buscando, te quiere saludar!

-¡Levántate extraordinario ejemplo de ciudadano único, jamas existido, que de verdad la patria te requiere!

Es la mejor apuesta imaginada

-¡Chúpense ésa los que no fueron los elegidos!


HERMAN HESSE EN EL ESCAPARATE

Carlos Yusti

Leer el Lobo Estepario con apenas 16 años dejó los huesos de mi alma un tanto adoloridos. La novela de Herman Hesse resultaba extraña luego de un periplo rosa con los Tres Mosqueteros o el capitán Nemo. Esa entrada “Solo para locos…no para cualquiera…” era más que cautivante. Ya sumergido en la novela el protagonista especie de hombre dual ( mitad individuo ahogado en la normalidad/mediocridad cotidiana y mitad ser asocial una tanto instintivo, cínico y solitario) no tan joven, pero aguijoneado por inquietudes lozanas, emprenderá un viaje hacia su ser interior viviendo una aventura existencial como pocas. El recorrido que hacemos con este lobo-hombre nos conduce hasta Mozart y su irreverente risa, a un mundo saturado de automóviles, a personajes que intercambian roles sexuales, etc. La novela está armada sobre un caparazón de reflexiones, un diario desencuadernado y la vida de Harry Haller. Resumir su argumento sería una perdida de tiempo.

La novela se desarrolla de manera inconexa como si se tratara de un sueño. Hay extensos párrafos reflexivos con manchas de café nitscheanos. Este primer libro de Hess que leí me condujo a sus otros libros donde la exploración de la juventud seguía siempre derroteros intrincados y en algunos casos trágicos como “Bajo las ruedas”, “Peter Camanzind”, “Demian”. Los libros de Hesse me resultaban deslumbrantes e hipnóticos. Hace poco he tratado de releerlos. Todas sus novelas siguen tan frescas y jóvenes, pero el único inconveniente es que yo he envejecido lo cual provoca que no me sitúen en ese lado del asombro, de esa ingenuidad hambrienta de creerlo y descubrirlo todo.

Para leer a Hesse se tienen que tener 15 o 17 años a lo sumo y estar enfadado con la vida, los padres, el sistema, Dios y todo aquello que implique orden, buenas costumbres y tedio con horario. No leerlo en esa etapa en la cual las hormonas reinan es pasar en coma la adolescencia, es perderse esa cruda señal de la juventud acosada de ambigüedad y de muchas expectativas propias y ajenas. El escritor Christopher Domínguez Michael escribió que muchos jóvenes se convirtieron en lectores gracias a Hesse y como saldando cuentas también escribió: “Añoro y detesto lo que acaso Hesse simboliza: la adolescencia”.

HENRY MILLER, ritmo profundo y oculto de la vida...

Carlos Yusti

La primera novela que leí de Henry Miller fue Trópico de Cáncer. La impresión fue mayúscula. La fuerza amoral de su estilo y lo desencuadernado de su prosa me enganchó de inmediato. Leer sus otros libros fue casi automático. Con Trópico de Capricornio pude percatarme del oficio y la madurez que iba adquiriendo su prosa. Primavera negra, que narra parte de la infancia y juventud de Miller, es mi predilecta y fija de alguna manera su innegable importancia como escritor.

NACE UNA ESTRELLA

Carlos Osorio
clom99@gmail.com

Y nace eyaculado apenas, rapidito a ocupar el sitial más universal que se pueda, la cuna de los ideales de la patria para ser más exactos; sobre el oropel y sábanas blancas que la tradición exige, que la buena crianza amerita. En el linde justo con lo correcto, en la higiene y pulcritud de un hogar bien nacido y constituido, y que no se conforma con dejar pasar la historia, porque la arma, calza o viste según sus necesidades.

Y su cordón se corta justo allí sobre el colchón de poderoso resorte social, herencia del mismíto cara de catre y patriarca del clan. Vestirá la ropita elegante que zurcirá sus probables errores, tejida por la tía rica, siempre existe una que insiste en su sello personalísimo. Su reposo será sobre la almohada que cuidó los sueños de grandeza y que la abuela babeaba y abrazaba cada tanto, hoy será su más-cara pública, su babero plácido, su cabecera perpetua, su despertar sin sobresaltos para así amanecer como corresponde, presto, con lo mejor de si mismo en aras de la bostezada patria.

Bordadas y bondadosas características, que le pertenecen desde ya, y que son las requeridas para ser realmente un ciudadano de a deveras. No como las del montón plebeyo y andrajoso, que casi siempre nace como repujado, como reforjado, en la resignación de nacerse, neonato de verse como nuevo pobre que poblará la tierra, proyectado con el forcep que sujeta la miseria, que no la suelta nunca, con tremendo esfuerzo por lo demás... o-varios más bien, con una necesidad insospechada de no parirse siquiera, y más que engendrarse, expulsarse al mundo como si se tratase de un aborto en término, como si se tratase de un hijo promiscuamente no deseado. -Oye mamá ¿por qué he nacido? -¡Por la puta, nadie te pidió que nacieras! -¡Si naciste solo! -¡Mal nacido! -¡Mal parido!

Desde ya, este ciudadano ejemplar, es engendrado para preservarse inmaculado, para ser congelado ad eternum junto a todas las buenas costumbres y taras de algún manual carroñero, herencia y tradición de los de su clase, auto inculcados en la pomposa idea de familia proba, de esas que acuñan y oran su propio rito de clan en la cúspide, bajo el manto protector de alguna iglesia o algo que se asemeje. De esas tribus que graban en cada uno de sus integrantes el sello o escudo de armas, el apellido conforme a sus interesados ideales y que, gracias al cielo que emana tanta dicha, se instalan en la tierra, en el pedazo de terreno incautado -vaya uno a saber- como un obsequio para la humanidad entera. Designio todopoderoso, que hace de albaceas para esta familia con linaje y que con cruz en su mano diestra y guadaña en la otra, agradece la elegía de ser los Yo Meritos y de poder mutar como los mejores y más aptos, y no como esos parias de la patria que, justamente, hoy no nacen, se les prohibe, un feriado que la patria demanda, tan sólo para ver nacer al perla, al bruto ciudadano éste.


EL PARADIGMA DEL FUNAMBULISMO COTIDIANO

Raúl Hernández

Voy pasando por la esquina compleja, donde todos pelean el paso, donde automóvil y peatón se enfrentan en un decidor pleito de sobrevivencia humana. Así, en este lugar, veo el pasar de una señora con algo parecido a un coche, pareciera que lleva a alguien, pero en realidad se lleva a sí misma, necesita tener algo adelante de donde afirmarse. Necesita algún tipo de equilibrio, el mismo que yo ejecuto al caminar por la cuerda floja de esta esquina.

Todo pasa muy velozmente, sin dejar respirar. ¿Cómo deshacerse de este continuo tránsito sinuoso y a la vez equilibrado, que palpita, que es voyeurismo simultáneo, que es precipicio y amor al viento desde estos edificios que no son nada? Claramente fue Philippe Petit el primero en establecer esta pregunta desde una forma paradigmática, con el tiempo detrás, con el ansia detrás, con el cálculo y la espera, la concentración y la claridad de quien debe someterse al delicado baile de los balcones. Porque, claro, existieron desde siempre en los circos estos personajes que subían a la cuerda floja y desplegaban su equilibrio para los espectadores. Pero existía también, oculta de algún modo, esa pequeña instancia de querer alcanzar las nubes.


EL ENSAYO DESDE OTRA ORILLA

"La conciencia de la no identidad de exposición y cosa impone a la exposición un esfuerzo limitado. Esto y sólo esto es lo que en el ensayo resulta parecido al arte"

W. T Adorno

Carlos Yusti

En literatura eso de los géneros en mi despierta más suspicacia que entusiasmo. Cada cual en su parcela de género literario y todos felices. Con el ensayo ocurre que es tomado como algo subalterno, especie de actividad sucedádenea ejercitada sin lujuria alguna por el poeta y el novelista (o en el peor de los casos por el crítico literario sin el talento suficiente para escribir poemas ni novelas).

Mi experiencia personal es más bien trivial, pero bien vale algunas líneas para ver si entramos en materia.

En esos días de juventud (y Lolitas con sabor a caramelo de menta) ingresé en un grupo literario, que era algo así como ingresar a la vagancia con ínfulas. Mis amigos entraban en la Universidad, en el Ince o en el cuartel. Yo me fui a un grupo literario a darle carne metafórica a mi bohemia y mis malas maneras. Éramos alrededor de 18 sujetos con malos hábitos y bastante desplanchados en cuanto a la apariencia y al estilo. 15 poetas, 2 narradores, un autor teatral y ningún ensayista era la suma reglamentaria de aquellos días. Por supuesto yo también escribía mis gusanos poéticos y sólo aspiraba a ser un poeta maldito, un navajero del verso libre. Mi amigo el poeta Pedro Osty postula que todo el mundo se mete a poeta, pero nadie se sale. En mi caso tuve que salirme de poeta para asumir el ensayo ya que democráticamente, como se elije todo en este país, el grupo decidió que era yo el más indicado para escribir los ensayos, además por esos días se cocinaba el primer número de nuestra revista.

LOS DIBUJOS DE BRUNO KULZCEWSKI

Raúl Hernández

¿Qué es lo real? Quizás eso que percibimos ahora ¡ya! Y se acabó. Adentrarse en aventuras extrañas, como un circo de un país desaparecido.

Un documental puede contarnos un acontecer y a la vez trastornar ciertos sentidos inmediatos. Los dibujos de Bruno Kulzcewski, de la productora Aplaplac (Peirano y Díaz, creadores de 31 minutos), llegan con esta noticia. El padre Bruno, de Queilén (Chiloé) y su historia monstruosa, de mitos, de creencias soterradas y miradas al cielo.

No cabe duda en la atracción singular que producen los seres deformes que dibuja Kulzcewski. Es este escenario de intrigas en donde nace la trama de esta historia, en la cual se ven envueltos una partera del pueblo, la sospechosa aparición de osamentas de cabezas de niños en las lagunas, y la búsqueda incesante del padre Bruno por estos seres malignos, demonios que llegaban al pueblo y que había que contrarrestar. El padre tenía sus descripciones claras y certeras.

De pronto aparece el juez corrupto a cargo del caso, con pinta de mafioso chicano de los 70, a verificar lo sucedido en las lagunas, llegando a conclusiones falsas de esas muertes.


EINAR MOGENS Y LILI ELBE

Alvaro Oliva

Lili Elbe nació en 1882 y fue un gran artista del viejo continente donde luchó por ser fiel así misma y desarrollar su talento. Nació en Dinamarca, con el nombre de Einar Mogens Wegener y se identificó como hombre gran parte de su vida.

Sus inquietudes relacionadas con la pintura lo llevaron a la Escuela de Arte de Copenhague donde conoció a Gerda Wegener. Posteriormente, cuando ambos eran aún muy jóvenes, se casaron en el año 1904.

De esta forma, crearon una relación personal y profesional para trabajar como ilustradores. Fue así como Einar creó pinturas de paisajes, mientras que Gerda se especializó en libros ilustrados y revistas de moda.

Así, Einar comenzó a tener contacto con el mundo de la moda y descubrió en su interior una gran atracción hacia los elegantes  vestidos femeninos de la época.


 A HÉROE MUERTO, CIUDADANO IMPUESTO

Carlos Osorio

clom99@gmail.com

 

Un ciudadano de verdad es el que a la patria importa. Esa es su demanda cada vez que los ilustres se acaban o están a punto de extinguirse. Y exige, por lo demás, encuentra que es su deber, al símil de verdad, que proyecte lo que ésta se merece. Nada de andar inventando super héroes de poca monta, lidercitos de pacotilla, harto que ha sufrido con la imposición de caudillos extraídos de cualquier parte y bastante complicada que se ha visto cuando la han pillado ensalzando bodrios y avivando esmirriados paquetes sin carisma alguno, sin nobleza o gallardía siquiera, sobrados de malas mañas, excedidos en sinvergüenzuras, ni de cierto arraigo, por lo menos en apariencia, que los identifique con lo popular o algo que se le parezca.

Agobiados y a la rastra, con pose estatuaria, como agotada, la proba familia seleccionada por mandato patrio (que no falta el porfiado clan que cree ser el único beneficiario) se esmera por dar en el clavo, con tal que nada falle en este martirio y trance de procrear un hijo ilustre para su curioso bien común, sería capaz de solicitar, a martillazo limpio si es posible, los espermas de cuanto idealizado hombre de prosapia y estirpe encuentre más a la mano o, si ya el asunto adquiere mayor prolijidad, que se torne complejo el esmirreado perfil elegido, no queda otro remedio que buscar en alguna enciclopedia de lideres mundiales que adornan sin pena ni gloria el librero familiar, al modelito a conseguir, al exacto príncipe heráldico, al refinado y carismático gobernante, al noble y circuncidado benemérito de algún país amigo, y hasta del más enemigo, total, qué importa, si el asunto es de interés nacional, y cuando está en juego tamaña responsabilidad, pos nada cuesta bajarse los alcúrnicos pantalones, para el caso las pantaletas, en aras del semental adecuado, que dé la medida exacta, que calce apretadito y en rigor, que por lo menos no desentone.

Y se esmera en que este verdadero hijo de las circunstancias, se ajuste a los cánones y a las reglas, como el que más noble del buen comportamiento, con altura de miras, de insigne y caballeroso talante, con dinástico y ungido gesto, de que sea un servidor, en toda la extensión del término, apto para la nación que ya ansiosa espera y clama en publicar y hacer de su nacimiento todo un jolgorio, sin importar que el cordero a degollar no de el ancho, por más que no encuadre en la solicitud, por más que los espermas no consigan su objetivo, que si nace con cierta normalidad, que si por cualquier motivo no llegase a repetir el estándar de generaciones anteriores -todo pasado fue mejor se apresuran en aclarar- por lo menos esperan que sepa comportarse a la altura y exigencias requeridas por su dinástico abolengo y así mantener a trote la ascendencia.



De ustedes se dirá que amaron la trizadura.
Nadie va a hablar de belleza.
G. Rojas

PÉTALOS de Guadalupe Nettel

Raúl Hernández

Leo Pétalos, de Guadalupe Nettel. Obsesiones de la fractura cotidiana, ese no ser siendo. Ese paseo en el balcón que marea, en el perro -por ejemplo- que camina con dos rueditas atrás, que son sus patas, son su nueva extremidad.

O quizás, claro, la fotografía de los parpados como una pasión. Esa imperfección que se retrata como si se recogieran semillas en el bosque. Extraña costumbre que se traslada a la búsqueda microscópica del acontecer feroz.

Yo recojo estos pétalos, los voy palpando y oliendo. Van siendo espejos quebrados que permanecen cerca del chiffonier. Un paseo en un enfoque ladeado, como Ciudad Gótica o un encuadre obseso y simple de Raúl Ruiz. Buen encuadre. Las calles se parecen a esto, la normalidad aparente rasguñando el ventanal de las historias incómodas. ¿En qué consiste la belleza del monstruo? En su no darse cuenta. (Mario Bellatin, del epígrafe).

Entonces me sitúo, de pronto, probando la forma cactácea de la vida. Como ese paseo en el invernadero del abandono, como ese esconderse en la botánica del amor.

En ciertos momentos, podemos estar subiendo al podio que pesa y mide la estatura. Se estira el cuello, se afirman y extienden las extremidades. De pronto, no somos el que escribe o mira, sólo una obsesión continua, de olores y accidentes previsibles, como el olfato pensado para tocarte. Ese continuo ascensor. Subiendo, bajando. Un ofrecimiento de un pétalo al pasar.