Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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SURREAL

 

Por Enrique de Santiago

 

Me contemplo morir esta tarde la última /  Bajo el sol las ortigas represan el cauce de esa luz.

(Extracto del poema: Siempre en Llamas)

 

Su nombre verdadero fue: Luis Sergio Cáceres Toro (Santiago 18 de abril de 1923 - 21 de septiembre de 1949) Poeta, artista visual y bailarín chileno, integrante del grupo surrealista Mandrágora.

Fue el tercer hijo, de un total de cinco hermanos, de Ernesto Cáceres Ramírez y de Sofía Toro Pérez. Hizo sus estudios primarios en el Instituto Luis Campino para luego continuar la secundaria o humanidades en el Internado Nacional Barros Arana en Santiago de Chile. Era hijo de una familia acomodada, de padre sastre y de madre dueña de casa, pero muy cercana a la música- tocaba el piano- siendo ella quien habría transmitido e influido en su hijo este gusto y sensibilidad por las artes (ella moriría tempranamente de una afección cardiaca)

 

Dentro de lo que concierne a su acercamiento con el plano literario, uno de los hechos que marcó su inclinación por la literatura, fue el haber estudiado en el Internado Nacional Barros Arana, lugar en que por esas cosas del azar,  cumplían diversas funciones, quienes serían en un futuro destacados actores de las letras chilenas, así nombres como Nicanor Parra o Gonzalo Rojas ejercían labores como inspectores del establecimiento educacional. Estos estimulaban y orientaban las lecturas de estos estudiantes ávidos de conocimiento literario, acercándoles a las obras de García Lorca, Apollinaire o Kafka.

 

 

Después de dar sus primeros pasos en lo que es el ejercicio de la poesía, se contactó con literatos mayores, y hay antecedentes de que fue amigo de Pablo Neruda, él junto a otros jóvenes secundarios entablaron amistad alrededor de 1937, la que duraría hasta 1938, año en que se acercó a los mandrágoricos, produciendo un distanciamiento con el poeta mayor. Esto habla de la personalidad de Cáceres quien a todas luces confiaba plenamente en sus capacidades literarias considerando a sus pares mayores en un mismo nivel frente a él.

 

El 12 de julio de 1938, se integró a la colectividad del grupo surrealista chileno Mandrágora, cuando tenía 15 años, al finalizar un acto realizado en la Universidad de Chile, Jorge Cáceres, quería unirse a ellos y espero el final de  esta presentación, momento en que se acerca al grupo y les manifiesta su intención de unirse a ellos, como carta de presentación del muestra su poema titulado collage con lo cual los mandrágoricos quedan impresionados con la actitud y talento del joven poeta, y aceptan esa solicitud. A partir de ese momento, su entusiasmo, talento y versatilidad serían la nota de frescura dentro del colectivo surrealista . En esa ocasión, en el acto de presentación en la casa universitaria, Enrique Gómez CorreaBraulio Arenas y Teófilo Cid esgrimieron como frases de lucha a la rebeldía perpetua del espíritu, pretendiendo forjar la vida como la más inesperada y asombrosa alegoría.

 

He aquí un extracto del poema Collage que el llamado delfín les presentó en esa oportunidad:

 

A la llegada de los pájaros ellas son víctimas del sol

Ese sol que tú respetas sol de la costa

Que yo he sabido gobernar vedme aquí junto a la llama

La llama de fuego de tempestad

Donde se miran las arcillas lamparistas

 

 

Cáceres, conforme era su carácter y siendo aún un estudiante secundario, se matriculó en la Escuela de Danza del Ballet Nacional de Chile, que por esos años conducía el experimentado coreógrafo alemán, Ernst Uthoff -quien por cierto dejó una profunda huella en el ballet chileno- y sería bajo la tutoría de este germano, que lograría importantes y rápidos avances en su carrera artística, en este caso, dentro de la disciplina de la danza. Tanto así, que después de un breve tiempo llegó a ser una de las principales figuras de ese cuerpo de baile que cultivaba el ballet clásico. Esta práctica sería la que lo empujaría años más tarde a tomar el movimiento tan propio en esta disciplina y  transformarlo en  performance, punto donde fundiría el gesto helicoidal (como lo definiera tan bien Samuel Ibarra *) de la danza, con la poesía, dando forma a una nueva expresión poética que se convertiría en una manifestación  que nutriría a los futuros epígonos de la región.

 

Conoció a Vicente Huidobro cuando tenía 16 años, quien los estimularía a proseguir con su trabajo poético. Huidobro en esos años influyó transversalmente en varios jóvenes poetas chilenos, y fue junto a Juan Emar uno de los responsables de difundir el Surrealismo y la vanguardia europea en Chile, más que por su propia poesía, lo fue por los documentos, revistas y otras publicaciones que había traído de Europa y que hablaba del surgimiento de estas nuevas vanguardias literarias y plásticas, en especial los textos y manifiestos surrealistas de este movimiento. De hecho, Juan Emar  publica parte del Manifiesto Surrealista su texto el lunes 23 de marzo de 1925 apareciendo como: Manifiesto del Suprarrealismo (sic), página 09 Nota de Arte número 39, en elDiario La Nación de la capital chilena. Aquel día saldría publicada la primera parte de la traducción del Manifiesto de André Breton, traducción realizada por la esposa de Emar: Sara Malvar (no se haría otra publicación, dejando el texto inconcluso). Esta documentación fue rápidamente distribuida  entre los jóvenes literatos de la época y que con el tiempo llegaría a manos de los que serían los adherentes de "Mandrágora”, Todas estas publicaciones y noticias llegadas Europa, influyeron de manera especial en la mente de Jorge Cáceres, y que lo estimularon a escribir sus primeros poemas o a hacer collages, fotomontajes y caligramas, tal como se estaban realizando en el viejo continente. Así fue como Cáceres se acercó y participó activamente en la revista surrealista de este colectivo chileno y su presencia le dio una vitalidad distinta a este impreso.

 

 

Vicente Huidobro

 

Cáceres también intervino, en 1941 en la primera exposición surrealista de carácter visual en este país. Junto a Braulio Arenas, hicieron un montaje con obras plásticas que tuvo lugar en una de las salas de la Biblioteca Nacional, ocasión en que muestra sus dibujos, fotomontajes y objetos poéticos, por su parte Arenas expone sus collages. En aquella oportunidad se editó un catálogo con textos de Enrique Gómez Correa y Braulio Arenas sobre “la vida del Surrealismo” y “La poesía negra”.

 

En 1943, participa en una exhibición surrealista en la Galería Rosenblatt  titulada Soirée Surrealiste, con Braulio Arenas, en Santiago de Chile. Posteriormente, expuso sus trabajos fuera de Chile, y de manera individual, en la Galerie Bard de París, en el año de 1948, oportunidad en que conoce personalmente a Breton. En ese viaje decide también contactar a una maestra de danza, una rusa de apellido Preobalenska, con el fin  de perfeccionar su técnica de baile. Ese mismo año de vuelta en Chile organiza junto a Braulio Arenas  la Exposición Internacional del Surrealismo en la Galería Dédalo, la cual sería junto a la de Praga la octava exposición de este género desde la primera realizada el año de 1935 en Tenerife. En ella participan el mismo Cáceres junto a Breton, Péret, Hérold, Brauner, Matta, Arp, Arenas, Cid,  entre otros insignes surrealistas.

 

 

 

 

La poesía de Jorge Cáceres  posee una belleza particular y una metáfora encendida, muy análoga con lo que fue su vida, presentando una convicción rebelde que era impulsora de sus actos, el verso entonces era una especie de prolongación de la danza o viceversa, existiendo un patrón único que animaba ambas expresiones. Hay versos iluminados como en el poema de 1941, titulado “Banco” (extracto) editado en “mandrágora Nº 5.

 

Para la mesa que cae al torrente

Y eso

Pero vano sobre esta calle de pan

Y esta gran plaza que se mueve alrededor de mí

No precisamente en medio de tu exacto rencor.

 

Pero también hay un registro encontrado que contiene parte de sus primeros poemas – antes de integrarse a Mandrágora- que data de 1937, un archivo conocido con el título de El poblador derrotado (no publicado) que está más cercano a la prosa poética y que estaría influida por ciertos autores españoles como García Lorca o Alberti de los cuales Cáceres habría leído mientras estudiaba en el Internado Barros Arana. También se sabe de algunas colaboraciones en la revista Ercilla en ese mismo año. Podemos ver en estos escritos la ausencia de la forma de escribir a la usanza de los surrealistas, aunque se vislumbra cierta retórica metafórica la cual sería desarrollada en mayor manera en sus siguientes poemas. De este documento inédito es el poema Santiago de Noche que inicia así:

 

Mi sangre es pálida congregación de anillos y mariposas. Cuando cruzo las avenidas (a la izquierda hay una hilera de vitrinas amargas con rosas ahogadas).

Ahora no soy más que un ala de invierno. El corazón es un lento encierro de abeja….

(Extracto)

 

En el año siguiente su poesía ya tomaría el derrotero con una forma más sinestésica que se mantendría constante hasta su muerte, así como en el poema El azar negro publicado en Mandrágora Nº 3 de 1940, donde se ve claramente un giro en su sintaxis en relación a la forma constituyente del verso.

 

Los cabellos de sus senos se hacían invisibles

Para que la boca vele el sabor de los labios

(Extracto)

 

También se devela la presencia de elementos metonímicos en versos tan iluminados como en el poema de 1941, titulado Banco editado en “mandrágora Nº 5.

 

Para la mesa que cae al torrente

Y eso

Pero vano sobre esta calle de pan

Y esta gran plaza que se mueve alrededor de mí

No precisamente en medio de tu exacto rencor.

(Extracto)

 

En cuanto a su estructura semántica, esta va desenvolviéndose desde una que nos relata la exploratoria de los sentidos como el verso: Me asombro de la colina que se cambia y repentinamente lee (Extracto)escrito en el poema La prueba de fuego, a otra que incluye una participación expresiva del sentir, en este caso con un sentido más sombrío, como el poema editado en Mandrágora” Nº 6 de septiembre de ese mismo año que se titula La cabeza de franela, donde el poeta marca su mayor ubicuidad dentro de la poesía negra, desplegando un sinfín de oscuros versos, que marcan una suerte de desaliento ambiental que también le es propio. Entonces la esencia de Cáceres se muestra traslúcida en cada palabra, y en cada frase, como un elemento despechado del alma y merecedor del espasmo que precipita la poesía a un salto al vacío. Así su tarjeta de presentación está lanzada, es la tragedia de quien vive intensamente la secreta abominación de haber surgido como poeta en la tierra. Su propia verdad recóndita, el amor impregnado de un halo de sombra que lo arrastra por la ciudad, buscando el fulgor de la inmolación poética.

 

Y en el aceite del plato hay una mosca muerta

Por el último calor

Que sopla en vano

Cuando yo me vuelvo entre los despojos de la cima.

 

Jorge Cáceres además de la revista “Mandrágora” colaboró con la revistas Ercilla (1º de abril de 1937 y 1º de abril de 1938), Multitud (Nº 6), Ximena, Clío, Leitmotiv animada por Braulio Arenas, en VVV (Nueva York Vol. 3-4, 1944), La Poesía Sorprendida en República Dominicana,  Pro Arte y en Neón. Cáceres también se acercó a otras formas de escritura como los relatos y la crítica, esta última fundamentalmente sobre música (Jazz) labor que ejerció en medios como Leitmotiv y Hot Jazz.

 

 

 

 

Otra expresión dentro de lo manifestado por Cáceres fueron sus dibujos, donde se presentan imágenes abstractas, fruto de su exploración del automatismo, donde éstos tienen cierta concordancia con los movimientos lineales de Miró, aunque su cromatismo es más austero, se ve en ellas su devoción por el movimiento y la libertad del gesto tan familiar en la danza moderna de la cual él también era cultor. Estos trabajos representan un anhelo que solo se guía por los designios del inconsciente, más que de una aspiración estética, acción que es tan propia del Surrealismo, la expresión plástica no desea constituirse como un paradigma plástico ni mucho menos, es la libre realización del “ojo en estado salvaje” y su aspiración es solo esa, la de representar la laberíntica existencia humana sin ataduras de ningún orden. 

 

Falleció el 21 de septiembre de 1949, en su apartamento de calle Lira 314, en Santiago de Chile, donde vivía sin compañía. Según lo que consignan los diarios de la época, el trágico hecho se había debido un accidente doméstico en el baño, que no quedó suficientemente aclarado y que podría tratarse de un ataque cardíaco o de un suicidio ya que el informe de la autopsia señaló: Toxemia aguda, intoxicación por inhalación de gas. Según Ludwig Zeller su muerte sería una falla cardiaca producto del exceso de entrenamiento para la danza. Desde mi punto de vista, en aquellos años, era muy común que el calefont, estuviese dentro del baño, lo que por cierto constituía un serio peligro de intoxicación por CO2, en caso de falta de mantenimiento del aparato calefactor del agua.  Lo cierto que su temprana muerte despertó el mito y lo elevó al status de poeta maldito de las letras chilenas y surrealistas. Su gran amigo Enrique Gómez Correa, se encontraba en París y fue el mismo André Breton quien tuvo que comunicarle la triste noticia.

Su obra breve pero intensa es la siguiente:

 

René o la mecánica celeste (1941)

Pasada Libre (1941)

Monumento a los pájaros (1942)

Por el camino de la gran pirámide polar ( 1942).

El frac incubadora (1946)

Textos Inéditos (1979). Recopilación póstuma de Ludwig Zeller (editorial Oasis, Toronto)

Jorge Cáceres, poesía encontrada (2002). Recopilación de Guillermo García, Pedro Montes, Mario Artigas y Mauricio Barrientos (Pentagrama Editores).

 

 

(*) Samuel Ibarra (performancista chileno) “La maquina Cáceres”, texto en el catálogo de El Umbral Secreto” Catálogo: Más que teoría, Valparaíso 2010

Escáner Cultural nº: 
187

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