Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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-Quien Conoce a Dalmiro Sáenz?
Escritor de cuentos argentino

Por Felipe Vilches Rubio

Nosotros, los chilenos, nos formamos en nuestra educación, muy fuerte en la literatura nuestra y ajena, y es un evento subjetivo y poético, de valor “de escribiente”, que un escritor distinga en algún momento sus influencias, porque pertenezco a los chilenos contados con la mano, que cuando apenas tenían 20 años conoció sus cuentos, y me considero afortunado de degustar la literatura de Dalmiro Sáenz, este escritor y dramaturgo argentino, nacido en Buenos Aires, 13 de junio de 1926,y del cual disfruto de su acelerado destellar de lo humano, por ejemplo ese ajetreo de un ritmo narrativo de bloqueo y desbloque “de latidos” de un papa y su hijo,:

“-Un ladrón.
-¿Un ladrón? ¿Y en dónde?
-En el jardín.
-Yo ahora voy al garaje a buscar una lata de tabaco a la gaveta del coche. ¿Me acompañas?
-Sí, papa.
¿No te da miedo yendo conmigo?
-No papa.
-¿Y solo?
-Un poco.
-¿Te animas? “

Las mejores influencias para nuestra fortuna es la literatura “es de aquí al lado”. Los artistas argentinos nos retumban con su maestría de subjetividad libre en la literatura en cine en muchas disciplinas. Siempre la literatura y el rock, la moda, la política, el arte argentina está en nuestras vidas, allí conocemos en un silencio de afirmado, quizás en un encuadre imaginario a Dalmiro, apacible, con acidez y a veces cruel en el artificio:

“Lo leyó ella, fuerte, el contenido del papel y las palabras recortadas de diarios, pegadas en orden, que decían: Si no dejan quinientos pesos en el lugar que les indicaremos por teléfono su hijo morirá. Resonaron entrecortadas y temblorosas y quedaron dibujadas en esa boca a medida que salían de ella, y la última quedo ahí en forma de mueca, durante varios segundos, endureciendo ese llanto que no llego a salir hasta horas más tarde, cuando el policía, terminante, afirmó: - Si señora; podría ser una broma, pero también podría no serlo.”

Cuando leo a DALMIRO lo visualizo con su aliento de realismo, que determina un estrato social y el sueño de barrio que esta sobre las cabezas de todos, y cuando quiero descansar de la voz reiterativa y segura de Cortázar, me rehabilito con Dalmiro de la fantasía de otros escritores. Casi nadie lo conoce en Chile y tengo este escondido secreto de considerar a Dalmiro lo más grande del Cono Sur. Quien escribe en una cascada de palabras cuando comienza el cuento NO: “Y sus piernas desnudas, y el saco de mi pijama, y su sonrisa sobre la misma almohada, y tras la misma noche, y en ese día que ahora ya no estaba como estaba ella y como estaba yo."

Se llega a esa conclusión, Dalmiro, como escritor del cono sur es una voz fuerte, social urbana, de sobrevivientes en un humor y horror que lanza un horizonte donde hay realidad-Dios y Humanos.

Siempre, digamos en Argentina – ¡alliende la cordillera como decimos siempre- pregunto Ud. ha leído a Dalmiro ?. Muchos no lo conocen. Duro juicio en cada esquina de sus escritos me digo. Te inclina a mirar de un ángulo. Presente inmediato. Dalmiro nunca es pasado. Sus cuentos en mi juventud se recreaban solos en mi mente, porque había una trama segura que se diluía tras palabra a señalar la vida más sencilla, del cariño y cierta correspondencia a un gesto /línea literaria que resplandecía como música. Solo geniales escritores me producían esa maravilla, veía esos lugares, esas personas. Empecé a averiguar quién era. Logre ver videos y entrevistas en YouTube, también una obra de teatro, unos silencios en entrevistas, y unas duras y cortas apreciaciones DALMIRO estaba reconocido en varios lugares del mundo en la mitad de los sesenta. Y aparecen en ese mismo final de la  década las reproducciones de sus cuentos en la revista Humboldt en español, traducido al inglés, francés, italiano, polaco y ruso etc. y leía solitariamente la crítica en Chile que sabía que construían de un vaso comunicante entre este escritor argentino y la difusión que hacia Alemania de su cultura integracionista.

Cortázar reinaba en Cuba, Francia, México, Europa entera y era la genialidad misma hecha un género propio. Era francés argentino que fue argentino. Se paseaba en una metafísica fantástica dentro de lo cotidiano, y vomitaban conejos sus personajes.

- Que huevada más fantástica - diría a lo chilensis - Mondragon, el sátiro de la carcajada, de la novela de Dalmiro.

El primer cuento me transformo como cuando escuche una zamba del folklorista Chango Nieto cuando joven en Bariloche. Me dejo literalmente sin memoria de ello. Era una impresión que se esfumaba como esos wiski qu no llegan a la garganta y se evaporan en la lengua. Los idealistas le llamaban el Relámpago en la noche. Lo viste un segundo, luego todo fue oscuro. Pero hubo luz. Sentí la intriga de una invasión, que llega al supermercado y quien va a comprar regresa asustado. Veía Et tomándose el supermercado... Y regresa como a un departamento, y allí que se recoge en una mudez el protagonista que no tiene la descripción de personaje fuerte, ni deslumbrante de cualidades, es un reflejo y con su mujer queda mirando el supermercado. Allí, le toma la mano a su mujer, y ella se queja del apretón de mano, y el enloquecido del asombro de la invasión sigue apretando, repite –creo- que se tomaron el supermercado y, el con amor se disculpa y ella dice que aún le queda otra mano para él. No lo pude creer. No concluía, imponía un principio: el amor y la solidaridad.

Cuando ante amigos que leen, poetas y escritores chilenos bromeo, les digo “solo Julio tiene la altura de Dalmiro.”, se quedan con la boca abierta. Como no lo conocen recreo una escena de un cuento, les digo que allí en ese, o tal o cual gesto, que llego a eso, a ser una ola interior de sucesos, que se desvanecen y toma ritmo. Nuevo. O se detiene. Ese cuento reventó los finales conocidos, era pompa de jabón, como la voz de Chango Nieto. Ese cuento cuya invasión de nubes realistas espejeaban lo humano, que se suponen y se resuelven en el Amor, en el gesto, en el miedo que ama. De simpleza y crueldad de nuestra fantasía, me sorprendía e incluso, me empezó a producir alegría cuando un amigo empresario metalúrgico me conto que Dalmiro caminaba siempre atravesando horizontal en una plaza de Buenos Aires y se toma un café en la tarde por ahí y regresa a casa. Así en mi imaginación, cuando alguien viajaba a Buenos Aires, les decía siéntense en una banca de la plaza, cerca de la Casa Rosada y verán al mejor escritor argentino. Y tráiganme una obra de él, pregunta en las librerías, insistía.

Su primer libro de cuento aparece para una difusión más amplia de público lector, y se gatilla el fenómeno de su literatura, creando asombro editorial. Es historia: 

“Hace 2 años–Setenta veces Siete,1958, Premio Emece- agoto su primera edición a los pocos (dos) meses de haber aparecido. Esto produjo una gran sorpresa: se trataba de cuentos, genero considerado normalmente dé poca venta. Su autor era joven y absolutamente desconocido. Las polémicas que se suscitaron, las cartas que se escribieron, la crítica periodística mostraron el interés con que defensores y atacantes  encaraban este tipo de temas.”

Las sorpresivas palabras introductorias de los cuentos de Dalmiro como pruebas de la existencia de Dios, es bastante original, una soberbia briosa en fabulas realistas muy decisivas. Así fue que la primera lectura de un cuento que sería la prueba mediante un especial horror visionario del mundo humano.

Más adelante, me impresiono la introducción a Setenta veces siete, planteo que Dios existe en situaciones de experiencia sencillas, de horror y promesa, de invocación y pecados. Allí, Dalmiro era un nuevo laberinto de cuentos y emociones que se escondían, se señalaban y se vivían entre personas de caminar sencillos, generalmente en barrios y casas de gente dolida. Y sumergidos en vidas- dramas de prostitutas blanco y negro.- Isabel Sarli hace el papel de la prostituta (¿?) Hace la promesa de regresar a casa si el ojo de Dios la observara en el viejo oficio de la prostitución.

-Quien puede olvidar la promesa de la puta que dice en su corazón algo así: Si el ojo de Dios me viera el oficio de abrir las piernas, me avergonzaría tanto que hago mis maletas y me voy a mi pueblito.

Así el ojo de dios se hace presente en el techo en una huidiza mirada de  una simple rata, que ve a la mujer en su oficio, y esta queda temerosa  en su pánico de haber sido visto por Dios. La mujer hizo su maleta silenciosamente y dejo el burdel.
A veces me la imagino sentada toda la noche con la maleta echa esperando el otro día, mientras las putas  del lugar no saben qué le pasa y no se atreven a despertar su silencio.

Quiero trasmitir la contraportada de su libro de cuentos NO, 1960. Se enlaza que Dalmiro insiste  en la temática de su agrado: el Amor. Este amor en cuentos recorre siempre presente   ”gravitando en hombres y mujeres con la tremenda fuerza del que adora a Dios, a través del único camino común a casi todos: el amor al ser humano.”.

Era posible esto? Se habrá leído en su país –alguien se supone- “Qwert (su teatro)”, “Dos Guiones”, Treinta Treinta, 1963, Premio Argentores. No lo creo, aún se desconoce. Son novedades que una novela El Pecado Necesario, no sea una simple novela, escrita el 1964, dio origen a la película NADIE OYO GRITAR A CECILIO FUENTES, fue primer premio Concha de Plata en Festival San Sebastián. Los cuentos de Hip HIp Ufa, (teatro Premio Casa de las Américas, 1966), tenían la mayor cobertura crítica y encontrar un ejemplar de este libro era una fortuna similar a encontrar un libro de Juan Emar, otro espermatozoide. Y seria contundente Dalmiro con “Yo también fui un espermatozoide (nouvelle 1968), “Quien Yo? (teatro 1969) Carta abierta a mi exmujer(1970) Cristo de pie (novela 1988), La Patria equivocada( 1991), se fortaleciera una producción que puede considerarse inacabada de humanismo.

No sabemos si provoco "NO"  una polémica mayor que su primer libro, Por tanto, imaginen lo afortunado que fue el encuentro el día, julio 2011, Chile, en la Plaza Mulato Gil de Castro, un día frio, de encontrar cuatro cuentos más integrados en el libro “NO” (1960, Premio Life), que reúne “No”, “Si”, “María la Rubia” y”Cafishio”. En este último cuento hace gala de la intempestiva (antimozart?), en la entrada al cuento con la pelea de un cafiche y su prostituta:

“-¡Piojoso! ¡Hijo de Puta! El sonido ancho de la cachetada fuerte, al principio fue sonido y después ardor sobre la cara de ella, y la azucarera vacía rodo por el suelo, junto con el brusco deslizarse del hule, con los fideos fríos pegados sobre le floreado desteñido, y ella desde el suelo le volvió a gritar: -¡Piojoso! ¡Hijo de Puta!”

Porque es severo y arquitectónico del ritmo in crescendo en "El Sátiro de la Carcajada”, se goza la lectura de una memoria de crímenes, y es relato y genialidad e historia de un criminal que la prensa bautizó en 1969, con ese nombre a Omar Mondragón Rivero buscado en Buenos Aires, y este firmaba sus excursiones de psicópata sexual con una enorme risotada. Esta estruendosa carcajada espantaba a cualquiera que quisiera quitarle protagonismo. Omar robaba y violaba ordenadamente, sin violencias innecesarias. Dalmiro proporciona esa memoria emocional de los tira y afloja de Omar Mondragón quien "entraba a las casas solo y con una tranquilidad pasmosa explicaba a los moradores que lo mejor que podían hacer era  colaborar con el"

Entonces Dalmiro es escritor que re-mira y narra, que se detiene en los conflictos que va dejando a su paso el crimen de esos que aman en su odio. Esas mujeres perturbadas porque el cuerpo no les responde como esperaban y los hombres enloquecidos  en la realidad de la violación,  donde  se enfrentan distintos sexos en medio de  ese abismo de no comprenderse. Me dedico una parte de mi vida a reconocer ese instante de amor. Y hubo allí, un gesto de amor de una pareja asustada desde una ventana mirando un centro comercial, según el protagonista, ellos, los desconocidos para su mujer y el lector, le torturaban la vida mental, y su esposa acompañaba de mucha comprensión, se sentía tierna y amorosa, ante su locura.

Esa la otra lectura que quedaba flotando, el personaje estaba loco- me dije. Concluí que los que vivimos, para desorientarnos somos mirados por Dalmiro. No es un juez que administra justicia, solo un hombre que mira “solitariamente” lo que horroriza que suceda: esas formas de amor humano, que da el gesto en socorro de locura, incluso su propia persona, (el sacrificio), el basado exclusivamente en uno mismo. El escritor Dalmiro es el lugar de memoria privilegiado de una olvidada Latinoamérica bullente de letras, de donde la palabra es el amor que reza y el amor que odia, y que el odio “puede ser la primaria consecuencia del amor”, y revelaría también que el odio se creó a imagen y desemejanza: quién no tiene “ese algo humano”.

Sept 2015 _CHILE
 

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