Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Evolución de la Belleza

  

Momia del periodo Negro. Cultura Chinchorro. Foto: Rodrigo Orchard.

Mejor momificado que muerto

Tradiciones funerarias de la cultura Chinchorro

 

 

No me da miedo morirme, solo prefiero no estar ahí cuando esto ocurra.

Woody Allen

 

La muerte: un misterio vigente

A propósito del acercamiento de Día de Muertos – mi fiesta mexicana favorita, la cual gozo del comienzo hasta el final – les comparto la siguiente reflexión, que va enlazada con un toque de historia cultural.

¿Qué ocurre después de nuestra muerte? Esto es algo acerca de lo cual probablemente todos hemos indagado más de una vez. Quienes no son religiosos o incluso aquellos valientes que se dicen ser terminantemente ateos, no están libres de este cuestionamiento. Es interesante darnos cuenta que pasamos horas, días, semanas y años meditando acerca de los posibles destinos posteriores a nuestro último respiro. Ciertamente, cavilaremos acerca de esto en el momento mismo de nuestra partida.

Recuerdo cuando mi abuelo – de quien fui muy cercana – me confesó, con frustración, que él sabía que moriría en los meses venideros. Siendo yo bastante joven, no supe realmente qué responder. Pasado un momento de silencio y considerando nuestro grado de confianza, arrojé el primer pensamiento que se me vino a la mente y respondí “Abuelito, no te pongas triste, todos nos moriremos algún día ¡nos tenemos que morir!”. Agradeciendo internamente mi esfuerzo en prestarle mi apoyo, me respondió dulcemente “Sí lo sé…pero es difícil”.

Probablemente existen y han existido miles de creencias respecto a la vida después de la muerte. Entre ellas, la reencarnación y la vida eterna son, al parecer, las más aceptadas. La mayoría de quienes poseemos raíz cultural parcial o totalmente occidental, creemos “más o menos” en una de estas dos alternativas; o en  alguna de sus diversas variantes. Incluso hay quienes creen en parte de una y parte de otra, o por periodos en una y después en la otra. Indudablemente, estamos pasando por un momento histórico en el cual es difícil generalizar en términos de creencias; esta época posmoderna es aquella en la cual el individuo – al menos el occidental – oscila contantemente entre sus diversas opciones de fe.

Sin perjuicio de lo anterior ¿existe un credo que unifique las distintas teorías humanas acerca de la vida después de la vida? Personalmente, pienso que sí.

Como seres humanos, vivimos con nuestros seres queridos ya fallecidos, preservándolos en nuestros corazones y mentes. Aceptamos que ya no están físicamente con nosotros, sin embargo, y de manera simultánea, no los reconocemos como completamente ausentes. Preservamos la vida de nuestros seres queridos pensando en ellos,  poniendo en práctica lo que nos enseñaron, hablando a otros acerca de ellos e incluso viéndolos, cuando tenemos la suerte de soñarlos mientras dormimos.

 

La muerte para los Chinchorro

La sociedad Chinchorro manifestaba el afecto a sus muertos de una manera mucho más explícita: la momificación. Dos mil años más antiguas que las momias egipcias, las momias Chinchorro son probablemente la evidencia más ancestral de veneración a los muertos que conocemos actualmente.

 Momia del periodo Negro. Cultura Chinchorro. Foto: Ridrigo Orchard. 

 

Momia del periodo Negro. Cultura Chinchorro. Foto: Rodrigo Orchard.

 

     

Los Chinchorro fueron principalmente pescadores y recolectores de recursos marinos, quienes habitaron las costas del extremo norte de Chile entre el 5000 y el 1500 antes de Cristo. Conformaban bandas con patrones de asentamiento semi-sedentario; residían en campamentos temporales en la zona actualmente conocida como la franja litoral entre Antofagasta y Arica. Esta cultura se desarrolló en tiempos ancestrales por lo cual  no podemos conocer muchos detalles acerca de su estilo de vida. No obstante, sí sabemos que ellos no olvidaban a sus seres queridos cuando pasaban a la siguiente dimensión.

El proceso de momificación de los Chinchorro consistía básicamente en abrir el cuerpo por la piel, remover músculos, órganos y partes blandas del mismo, para colocar en reemplazo fibra vegetal y restos de animales (tales como cuero, plumas y pelo)  con la intención de conservar la forma del cuerpo original. Todo esto se cubría posteriormente  con una pasta de manganeso negra durante el periodo de momias negras (5000 a 3000 a.C.) y con arcilla roja durante el periodo de momias rojas (3000 a 2000 a.C.). Fragmentos de la piel del fallecido eran colocados sobre la momia; en la zona del pelo se ajustaba una peluca de pelo humano o un turbante de fibra vegetal o animal, a veces adornado con cuentas de concha y malaquita. La momia era en la mayoría de los casos, vestida con prendas tales como fajas, cordones e incluso faldas de totora. Estas prendas probablemente eran de la misma manufactura que las empleadas por los Chinchorro durante su vida y eran finamente elaboradas. La momia se dejaba descansar sobre una piel de animal o una estera de fibra vegetal; algunas de ellas se encontraron también acompañadas de instrumentos tales como arpones, cuchillos y estólicas.

El resultado de este minucioso proceso es una peculiar figura antropomorfa la cual ha preservado total o parcialmente su estructura ósea original durante miles de años…en una forma manera tan efectiva que nos permite, aún en la actualidad, apreciarlas directamente en los siguientes lugares de Chile: Museo Chinchorro de San Miguel de Azapa, en Arica, Museo Nacional de Historia de Valparaíso y en versión de momias de infantes en el Museo Chileno de Arte Precolombino, en Santiago.

 

Los Chinchorro y sus momias

     

Aún más sorprendente que la técnica de la momificación Chinchorro resultan las costumbres que se asociaban a esta tradición mortuoria. Por ejemplo, sabemos que las familias Chinchorro interrumpían su migración durante el proceso completo de la momificación, retomando su recorrido solo cuando la momia estaba concluida, al igual que su correspondiente ceremonia funeraria. De igual forma como lo hacemos en la actualidad, el grupo de parentesco posponía sus deberes cotidianos para estar disponibles y participar en el rito de duelo. En aquellos tiempos esto comprendía una pausa crucial en la vida de los Chinchorro, porque el suspender la migración podría haber puesto en peligro la vida misma al perjudicar la obtención de alimento.

Otro antecedente probablemente inesperado nos relata que, una vez veneradas, las momias no eran “abandonadas a su suerte”. En concordancia con datos aceptados hasta la fecha, las bandas Chinchorro no enterraban a sus momias. Al ser migrantes estacionales, los Chinchorro viajaban organizada y metódicamente, previendo adónde iban y cómo regresarían al mismo lugar cuando los tiempos fuesen nuevamente adecuados. Entonces, cuando los Chinchorro retornaban pasaban nuevamente por los sitios donde habían dejado a sus momias para descanso, las ubicaban, reparaban y volvían a depositar en el lugar asignado. Según expertos, esta costumbre se manifiesta en el estado de conservación que presentan las momias, el cual denota reparaciones posteriores a su elaboración inicial. De esta manera, los Chinchorro sometían sus momias a un sistema de conservación preventiva, del mismo modo como hacemos nosotros actualmente con los objetos que más atesoramos, nuestras obras de arte y con cualquier cosa cuya descomposición nos interese prevenir. Algunos autores argumentan que también los Chinchorro hacían a sus momias partícipes de sus campamentos, incluyéndolas en significativas ceremonias, expresando así que simbólicamente se encontraban con vida.

  Momia con atuendo en la cabeza. Cultura Chinchorro. Foto: Rodrigo Orchard.  

 

Momia con atuendo en la cabeza. Cultura Chinchorro. Foto: Rodrigo Orchard. 

 

La momificación Chinchorro fue un derecho igualitario para todos los miembros de este grupo cultural. Durante los primeros milenios de su práctica, esta costumbre era privilegio de niños y guaguas que fallecían en el momento de nacer, no obstante ya para el 3000 a.C. los Chinchorro momificaban a todos en su sociedad, sin discriminar por edad, sexo ni condición social (mujeres, hombres, niños, ancianos, etc.). Esto representa una radical diferencia con la tradición egipcia, de acuerdo a la cual solo quienes gozaban de un muy alto rango social podían ser momificados. De hecho, la mayoría de las culturas que practicaron técnicas mortuorias complejas las reservaron solo para sus grupos de nobleza, siendo una excepción el caso de los Chinchorro.

Teniendo la certeza que la momificación Chinchorro no era una obligación impuesta por veneración jerárquica hacia el grupo socialmente más alto, nos preguntamos ¿realmente por qué los Chinchorro momificaban a sus fallecidos? Quizás lo hacían con la intención y la fe en que les facilitaría a sus queridos la transición a la otra vida, como nosotros lo hacemos en la actualidad mediante oraciones y organizados servicios funerarios. Asimismo, es creíble que la momificación para los Chinchorro haya sido una práctica intrínsecamente conectada con su fe religiosa; algo así como un mandato que provenía de sus divinidades.

Mil setecientos años antes del inicio de la era cristiana, estos pescadores nortinos - en esta etapa llamados post-Chinchorro - abandonaron la práctica de la momificación artificial, reemplazándola por enterramientos en posición flectada. Desafortunadamente, no podemos saber cuáles fueron las motivaciones precisas que los primeros Chinchorro tuvieron para conservar el cuerpo de sus cercanos ni por qué estas razones evolucionaron milenos más tarde. Sin embargo, podemos estar seguros de que trataban a sus difuntos con gran consideración, pues los muertos cumplieron claramente una función en la vida migrante de los Chinchorro, la cual era mantenida a través de las tradiciones relacionadas con las momias. De esta manera, el pueblo Chinchorro expresó la misma preocupación por el más allá que nosotros continuamos manifestando en la actualidad.

 

Ximena Jordan - Curadora de Arte y Gestora Cultural

ximena@iod.com.mx

 

Firma para que las Momias Chinchorro sean Patrimonio de la Humanidad, acá: http://chinchorros.bienes.cl/

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Imagen de portada: Momia del periodo Negro. Cultura Chinchorro. Foto: Rodrigo Orchard.

Créditos de imágenes: gentileza del fotógrafo Rodrigo Orchard.

Fuentes de información:

- sitio web del Museo Nacional de Historia de Valparaíso: www.mnhv.cl, en su artículo: Momias Chinchorro, las más antiguas del mundo.

- sitio web de la Universidad de Tarapacá: www.uta.cl, en su sección Patrimonio y Educación.

- sitio web del Museo Chileno de Arte Precolombino: www.precolombino.cl, en su sección Cultura Chinchorro.

 

 

 

 

 

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