Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Regina José Galindo, Desierto, 2015. Fotografía de Davixo Berimbá.

Regina José Galindo, Desierto.  Fotografía de Davixo Berimbá, 2015.

 

Cuerpo frontal: reflexiones en torno a la obra de Regina José Galindo

 

 

Por: Marla Freire-Smith

       

     En su obra, Regina José Galindo utiliza su cuerpo como medio y la acción como su lenguaje. Denunciar o acaso evidenciar (a través de la aparente fragilidad del cuerpo) es la forma. A propósito de esto, la posición política a través del uso que hace de su cuerpo resulta evidente y la transforma (de una u otra forma) en un cuerpo colectivo. Un cuerpo que abandona su individualidad, un cuerpo deconstruído, desterritorializado (en términos de Deleuze) que vuelve a territorializarse desde lo colectivo. Siempre frontal. Ella misma lo es. Escucharla,  leerla y sobre todo, leer su obra (o parte de ella) dan cuenta de esto. Y la búsqueda que hay en su obra, por evidenciar las relaciones verticales de poder sobre todo en contextos como el nuestro, resulta más que necesario. Y esto en todo orden de cosas,  específicamente cuando nos referimos a los géneros. Y más cuando nos referimos a la violencia que el cuerpo de las mujeres, en contextos sexistas y machistas, recibe día tras día. Pero su obra también apunta a la verticalidad impuesta sobre los cuerpos en general, cada vez que alguna posición eleva a algunos por sobre otros. En este sentido, el trabajo de Regina siempre ha considerado los traumas y/o duelos del cuerpo social, sobre todo de aquellos que han sido relegados a una supuesta invisibilidad y por ello, al silencio. Ya sea la violencia cometida hacia las mujeres, los pueblos originarios o los/as migrantes. Galindo los subraya. Los vuelve evidentes y acaso molestos a la verticalidad que busca marginarlos constantemente.

      Pensando en ello, asistí a la inauguración de la artista en una muestra titulada Desierto (donde realizó una performance del mismo nombre) en la Galería Gabriela Mistral ubicada en Santiago Centro, curada por Soledad Novoa y producida por Lupa Consultoras. Al llegar a la galería, se sentía un fuerte olor a aserrín de pino. No me detuve a ver la primera sala, sino que seguí hasta donde estaba Regina, donde la vi  completamente enterrada en una montaña de aserrín y solo su cabeza asomaba en la superficie. Sin palabras. Así, al responder al detenimiento que Regina proponía con su acción de permanecer enterrada, se podía ver como su cuerpo entero respiraba, aún bajo el aserrín y cómo, aún estando cubierta, el aserrín se movía junto con ella, siguiendo su respiración. Impactante y a la vez, tremendamente propositivo desde el punto de vista de la exposición: inmovilidad y al mismo tiempo, reflexión. Quizás debido a ello se recalcaba su presencia y al mismo tiempo, su silencio. Su respiración y su mirada fija en el muro blanco de la sala, evidenciaban un espacio de reflexión por su parte, y al recordar algunas de sus obras anteriores, también de resiliencia. Acaso la resiliencia de los pueblos originarios, o bien, desde el punto de vista de los géneros, la resiliencia y la reflexión necesaria para continuar peleando los espacios de poder, que sabemos, aún hay muchos que deben ser conquistados.

     A lo largo de su trayectoria, Galindo se ha caracterizado precisamente por ello. Algunas de las obras donde trabaja son El peso de la sangre (2004) cuando un litro de sangre humana caía gota a gota sobre su cabeza y cuerpo en la Plaza Central de Guatemala, Recorte por línea (2005) una pieza de arte de acción realizada en el I Festival de Arte Corporal de Caracas, en la cual Galindo contó con la participación un destacado cirujano plástico de Venezuela que marcó en su cuerpo todas las zonas que debían ser intervenidas para lograr un cuerpo “ideal”. A obras como éstas se suman Limpieza social (2006) en la cual la artista recibía un baño a presión con una manguera (similar al método utilizado aquí en Chile para calmar las manifestaciones), Carnada (2006), cuando Galindo estaba embarazada de algunos meses y permaneció dentro de una red de pescar, colgada a un árbol frente al mar, suspendida a varios metros de altura en Santo Domingo, República Dominicana. En ese mismo lugar y año, realizó  Plomo, y aprendió a disparar varios tipos de armas. Y realizó también Yeso Terapia, dejándose al cuidado de una enfermera durante cinco días. O bien, cuando realizó Cepo (2007) y permaneció cerca de doce horas detenida en Roma, como cuando realizó Libertad Condicional (2009) y permaneció atada e inmovilizada con siete cadenas y siete candados, con un aro que tenía 35 llaves distintas que podían liberarla, pero ello no ocurriría hasta que el público decidiera hacerlo.

 

     Regina José Galindo, Desierto. Fotografía de Davixo Berimbá.

 

     En la primera sala de la muestra Desierto, se exhiben registros en video de obras anteriores, elegidas entre Soledad Novoa y Regina José Galindo, según me comentó la curadora. Los vídeos que pueden verse corresponden a las obras  Piedra (Brasil, 2013), Tierra (Francia, 2013) Descensión (México, 2013), Caminos (Guatemala, 2013), Suelo común (Eslovenia, 2012), Paisaje (Guatemala, 2012) y Alud (realizado en Grecia, 2011). 

     Dos fueron, sin duda, las más perturbadoras: Piedra y Paisaje. En el texto del costado del vídeo de la primera obra, la artista escribe: “Soy una piedra / no siento los golpes / la humillación / las miradas lascivas/ los cuerpos sobre el mío / el odio”. En el video, puede verse a Galindo, desnuda e inmóvil, en una posición de entrega, sosteniendo sus rodillas con sus manos en el suelo y cabizbaja, con su cuerpo cubierto completamente de carbón, como si se tratase efectivamente, de una piedra. Y permanece un tiempo así, mientras  dos voluntarios se acercan y orinan sobre ella, en una pieza de arte de acción que evidencia  y refleja aquella misoginia que sabemos que existe, pero que cuesta aceptar como sociedad, so pretexto que “esas cosas ya no pasan”. Pero sabemos que no es así, que siguen ocurriendo y que hay mujeres violentadas todos los días a causa de ello. En el vídeo, resultaba fuerte contrastar los rostros de quienes presenciaron la acción: algunos presentaban sufrimiento en sus caras y dejaban de mirar cada cierto momento. Otros en cambio, cruzaban sus brazos y su mirada era mucho más fría, distantes de lo que estaban presenciando.

     A raíz de esto, recuerdo aquella obra titulada Golpes, que fue realizada  en el año 2005, para la 51 Bienal de Venecia, cuando Galindo se encerró en un cubículo sin acceso al público y se dio un golpe por cada mujer asesinada en Guatemala durante seis meses. Los sonidos de cada golpe se escuchaban hacia el exterior, pero nadie podía ingresar a protegerla. Algo similar a lo que ocurre con las víctimas. Las instituciones no siempre pueden hacer algo desde fuera. 

     La segunda obra, Paisaje, impresiona sobre todo por la violencia que se suma con cada palada que es tirada sobre su cuerpo. En esta obra, Regina está de pie y detrás de ella, mirando en la otra dirección, un hombre de mediana edad empieza a excavar la tierra, como si cavara una tumba (¿acaso la de ella?), lanzándola con fuerza directamente a la espalda de Regina. La acción dura alrededor de 25 min. y puede verse como, poco a poco, la artista comienza a quedar enterrada, sin moverse y con la mirada fija en algún punto que por supuesto, no vemos. Una pieza que perturba precisamente porque se presenta a modo de tortura, cada golpe es más fuerte que el anterior, a veces el ritmo cambia, pero aún así esperamos la siguiente carga de tierra sobre su cuerpo, que va dibujando figuras de tierra sobre su torso.

 

Fotografía de Davixo Berimbá.

 

     El mensaje llega. Las variaciones y conexiones entre los temas no se hacen esperar: cuerpo, tierra y usurpación. La fuerza central que les une es el colonialismo: sobre el cuerpo, las tierras o la memoria incluso. La idea de propiedad se hace patente: lo ajeno que es (o ha sido) tomado por la fuerza. Y por ello, el cuerpo que confronta, acaso inmóvil o resistente, que está ahí y aunque algunos quieran, no se puede negar porque el propio cuerpo y la memoria colectiva no lo permiten. Presencia y memoria. La relación entre poder vertical y sujeto violentado es evidente. Pero también la capacidad resiliente a la que es necesario apelar y que la obra de Regina José Galindo nos propone como una de las estrategias posibles.  Quizás sea así porque junto a la resistencia, son la única forma en que la violencia y la invasión se desarticulan.

 

 

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Acerca de la autora:

Marla Freire-Smith: Dra. en Historia y Teoría del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid; Experta en Docencia Universitaria (U. Autónoma de Madrid); Máster en Historia del Arte Contemporáneo y Cultura Visual (U. Autónoma de Madrid, U. Complutense de Madrid y Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, MNCARS); Máster en Escenografía  (U. Complutense de Madrid) y Licenciada en Arte (U. de Playa Ancha de Cs. de la Educación, Chile). Líneas de investigación: arte contemporáneo y política, memoria, poder, estudios de género en el arte, feminismos y arte de acción. Mi trabajo visual ha sido expuesto en diversos contextos y países, más en: www.marlafreire.blogspot.com

¿Cómo citar este artículo?

Freire-Smith, Marla: “Cuerpo frontal: reflexiones en torno a la obra de Regina José Galindo”, Revista de Arte Contemporáneo y Nuevas Tendencias Escáner Cultural.Nº 182, Julio 2015. Santiago de Chile.ISSN 0719-4757. < http://revista.escaner.cl/node/7732 >

Escáner Cultural nº: 
182

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