Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Dagmara Wyskiel, directora:
“La Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta hace realidad el discurso descentralizador”
 
 
 
Por Carolina Lara.
 
 
La tercera versión de la Semana de Arte Contemporáneo de Antofagasta (SACO) se realizó del 21 al 31 de agosto en el Parque Cultural Huanchaca, reuniendo a doce curadores, investigadores y artistas de Perú, Bolivia y Chile que reflexionaron sobre la problemática relación entre los tres países. Eran todos autores relevantes en las respectivas escenas: el curador Gustavo Buntinx (director de Micromuseo de Lima), el investigador cusqueño Harold Hernández más los artistas César Cornejo y Elliot Túpac Urcuhuaranga; desde Bolivia, la curadora Lucía Querejazu, el investigador Juan Fabbri y los artistas Juan Achocalla y Andrés Bedoya, este último de reciente gran resonancia a nivel internacional; sumándose desde Chile el curador Rodolfo Andaur, el investigador de Tocopilla Damir Galaz-Mandakovic, junto a Catalina González y Claudio Correa, artistas de Santiago relacionados también al norte chileno.
 
 
SACO3 incluyó una exposición, “Mi vecino. El otro”, con intervenciones en el recinto, lugar de las ruinas de Huanchaca, ex refinería de plata de fines del siglo XIX hoy Monumento Histórico Nacional; una serie de conferencias, un foro general, una publicación, una muestra con obras de estudiantes antofagastinos, “Tres pueblos”, en Biblioteca Viva Antofagasta; una obra de La Huella Teatro, “Partir”, que abordaba también el tema; y una jornada en Quillagua, poblado aymara ubicado 280 kilómetros al norte de Antofagasta, epicentro del ciclo de residencias “El Lugar más seco del Mundo”. El tema que tuvo SACO este año y la calidad de lo logrado, plantea su directora, Dagmara Wyskiel, lograron poner a Antofagasta en el mapa de la escena artística nacional e incluso latinoamericana.
 
Organizada por el Colectivo SE VENDE Plataforma Móvil de Arte Contemporáneo, SACO es consecuencia de una historia que comienza en 2004, con las primeras actividades del grupo que fundó también el productor cultural Christian Núñez y por donde han circulado diversos artistas locales. Exposiciones, intervenciones en las calles y encuentros con el público tuvieron como objetivos desarrollar el medio artístico local, provocando siempre el intercambio de opiniones y una noción de territorialidad. Ejes conceptuales han sido la ciudad, el desierto y las paradojas de un lugar tan marcado por el auge de la minería como por la lejanía de las decisiones centralizadas y por las tensiones de una zona que comparten Perú, Bolivia y el norte argentino.
 
 
 
 
 
    
 
Monumento a la Antofagasta Boliviana, Claudio Correa. Chile.
 
 
 
 
 
 
Mural con trabajos de estudiantes de Antofagasta, Tres Pueblos.
 
 
 
 
 
"Sin Título", Jaime Achicalla, Bolivia. Intervención en Parque Cultural Huanchaca, SACO3.
 
 
 
 
 
 
Panorámica de "El paisaje que nos une" de Catalina González en primer plano y "Trinidad" de equipo peruano.
 
 
 
 
 
 
 
Intervención, Andrés Bedoya, Bolivia.
 
 
 
 
 
¿Qué los motivó a realizar en 2012 la primera versión de la Semana de Arte Contemporáneo?
Fue aprovechar al máximo la exposición “Arte+Política+Medioambiente” (curada por la argentina Marisa Caichiolo con artistas de Egipto, México, Argentina y Chile en el Centro Cultural Estación Antofagasta). Cuando la organizamos, dentro de eso incluimos SACO (con visitas guiadas, charlas y talleres donde se relacionaron los autores invitados con el público local). Rápidamente nos dimos cuenta de que esto no podía ser un evento fugaz. Había que mantenerlo, con el convencimiento de que un evento cíclico lograría dinamizar la escena local, comprometer a cierta parte emergente y fidelizar la costumbre en el público, logrando visibilidad hacia afuera. De inmediato, aquella vez, incluimos también una visita a Quillagua. Es algo que se necesita a nivel local: la experiencia directa, tener a la gente acá, formar redes y ocasionar un debate real, una transmisión de conocimiento. 
 
 
 
¿Cuál ha sido la situación de la escena del arte local como contexto de esta historia?
Bastante precaria. Por la falta de elementos tan esenciales como una carrera de Artes Visuales, un museo de arte contemporáneo u otra institución que albergue una colección, que se preocupe de la circulación de obras e incentive el pensamiento crítico, es una escena bastante debilitada. Cuando comenzamos hace unos años con SE VENDE, era además una escena atrasada. Como decía (el crítico) Justo Pastor Mellado, una escena “tardo moderna”, bastante resistente además a un tipo de obras más arriesgado. Pero, por otro lado, ha surgido una generación muy potente, que viene con gran conciencia social y apego nortino. Es una primera generación orgullosa de ser antofagastina. Son perlas en bruto que están surgiendo con nuevo aliento e identidad, relacionadas a la performance, la instalación y la fotografía, a la historia social y a como es Antofagasta hoy, con toda su diversidad cultural. Viven eso, se manejan en eso. Sin embargo, les falta formación profesional.
 
 
 
¿Cómo ha contribuido SACO al desarrollo de esta nueva generación?
Un grupo que ya ha pasado por las “Cápsulas de Formación” (programa realizado en 2012 para jóvenes artistas), trabaja ahora con el colectivo, aprendiendo de la mano de artistas y curadores de primer nivel, siendo además remunerados como asistentes, técnicos de montajes o guías en exposiciones. Generamos un pequeño polo de trabajo. Además de participar como expositores en algunos proyectos, reciben ciertos ingresos que les han permitido dedicarse por lo menos parcialmente a la producción de arte, captando también un respeto. El arte es un área que puede generar pega. 
 
 
 
 
 
 
 
Gustavo Buntinx y Dagmara Wyskiel en Quillagua.
 
 
 
 
En un medio poco familiarizado con lo contemporáneo, ¿cómo han asumido la relación con el público?
En las tres ediciones de SACO, el público ha ido creciendo. Claro que hay diferencias entre la cantidad que va a la exposición y la que va a las conferencias. Es una característica de país. Lo estamos trabajando primero desde nuestras guías, que han buscado romper con el cliché de que el arte contemporáneo es un puzle, con libertad de interpretación. Ellas han motivado especialmente la visita de colegios de Enseñanza Media. Ahí hay un trabajo de mediación, de acercamiento al público, con material gráfico, textos adecuados. La idea es forjar los primeros senderos de comprensión. Sabemos que es complejo. Es un trabajo pedagógico.  Pero ya un éxito es haber tenido 240 personas en la inauguración. Eso acá es un récor. Y que, en sólo diez días, la muestra haya tenido tres mil visitas. Es un éxito total. No somos autocomplacientes y sabemos que hay que seguir. Estamos convencidos de que armando encuentros en esta escala se puede interesar a mucha gente. Antofagasta ha sido un espacio geográfico abandonado. Las buenas galerías, los museos y escuelas de arte universitarias llegan hasta Valparaíso. Para arriba es un peladero. Nuestro objetivo en el contexto nacional ha sido equilibrar la situación. Desde el norte chileno, marcar una “X” en el mapa.
 
 
 
¿Y logró SACO3 este objetivo?
Sólo un ejemplo: el 26 de agosto arrancamos de SACO a Santiago, a la inauguración de “Paralelos urbanos”, la muestra curada por Andaur en Matucana 100. Habría unas 200 personas y varios se me acercaban comentando “Ah, tú eres de SACO… Pucha que bacán… Sí he leído o me he enterado”. Ya, cuando iba en la persona número 15, nos damos cuenta que lo que había sido un sueño alto ahora era palpable. Hemos dado el tiro al blanco…
 
 
 
Donde el tema, la relación entre los tres países limítrofes, ha sido clave…
Éste, tenía que ser un tema a tratar desde el Norte. No habría sido tan sincero un trabajo así en Santiago. Aquí, entre el mar y el desierto, se ve además que en un principio Antofagasta fue una pequeña ciudad boliviana. Y que, antes que chilena y boliviana, y lo vemos cuando vamos a Quillagua, fue aymara, atacameña. Entonces cuestionamos de quién es al fin y al cabo; a qué pasado y con qué derecho para decir de quién es este territorio. La apuesta fue también trabajar con investigadores (antropólogos e historiadores seleccionados por los respectivos curadores), que presentaron materiales muy potentes, otras realidades, discursos, documentos. SACO fue también una instancia para compartir el día a día. Y nos dimos cuenta de que estamos listos para hacer realidad los discursos de integración y fraternidad. Importante fue romper el cliché del peruano y el boliviano que hay acá, trayendo a curadores y artistas. Romper el estereotipo de la nana o el obrero de construcción. Y además las obras no eran artesanías.
 
 
 
 
 
 
 
"Trinidad", Intervención, Perú.
 
 
 
 
SACO2 fue distinto, más íntimo tal vez. Principalmente un encuentro de proyectos de gestión autónoma, donde participaron espacios como Galería Metropolitana (Pedro Aguirre Cerda), Móvil (Concepción), Curatoría Forense (Chile-Argentina) y SE VENDE (Antofagasta). ¿A qué han obedecido los distintos enfoques?
Es importante para SACO tener la libertad de trabajar temas en áreas que consideramos de necesidad profunda en cierto momento histórico. Los resultados de SACO2 fueron muy enriquecedores por el intercambio de experiencias. Fue casi terapia. Dentro del propio núcleo en Antofagasta, estamos ahora convencidos de que no estamos solos ni que tampoco estamos locos. Cuando tienes una plataforma autónoma, es un trabajo de la nada. Compartimos una gran soledad, convicción y perseverancia. Eso nos une y es tremendamente motivador encontrarnos de vez en cuando para experimentar eso, que estamos haciendo cosas semejantes. Ahora que circula el proyecto editorial de SACO2, comprobamos que se necesita esto y que se suma gente desde distintos lugares, otras experiencias autónomas muy interesantes, desde distintos contextos, contenidos y tipos de arte.
 
 
 
¿Qué planifican para SACO4?
Nos interesa abordar la descentralización en Latinoamérica en la formación de artes visuales. Es un temazo. Lo hemos estudiado y sabemos que no es un problema sólo de Chile. Queremos hacer un gran encuentro de propuestas de formación profesional, no de taller ni licenciatura, sino tipo instituto, que amplíe las posibilidades a los jóvenes interesados en artes visuales. Vendrían docentes y artistas latinoamericanos para presentar sus proyectos educativos y también a trabajar con jóvenes interesados. La exposición sería el resultado de ese proceso creativo.
 
 
 
Ha sido interesante ver el creciente apoyo tanto de la empresa privada como de la institucionalidad, que este año fue evidente.
Recibimos apoyo del 2% de cultura del FNDR y, a través de la Ley de Donaciones Culturales, de Minera Escondida. Recibimos además muy buena evaluación, lo que nos permite estar hablando ya oficialmente de SACO4. Estamos haciendo realidad el discurso descentralizador a través de un proyecto de calidad. Todo lo propuesto se ha realizado: se han expuesto obras de primer nivel, hubo mucho público, vinculación con colegios, y hubo una muy buena difusión, a lo que se suma un video documental y una publicación. Próximamente, la Seremi de Cultura, Carla Redlich, presenta a SACO en el encuentro Zicosur (Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur) de cultura, como proyecto emblemático. Los efectos pueden ser nacionales e internacionales, pero el primer beneficiado es siempre la región.
 
 
 
 
 
 
Panorámica intervenciones, Parque Cultural Huanchaca.
 
 
 
Fotografías: Sebastián Rojas.
 
 
 
Carolina Lara
Periodista y Crítica de Arte
lara.prensa@gmail.com
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Escáner Cultural nº: 
173

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