Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Panoramica Melbourne Festival Hub

Melbourne Festival 2012, un encuentro experiencial

Por Jessica Parra Nowajewski

Los inicios de la primavera son de significancia extrema en la ciudad de Melbourne, no sólo nuevos brotes crecen, la luminosidad y la vida al aire libre se acentúan, también significa la llegada de los festivales.  Uno tras otro entregan una experiencia distintiva de la ciudad y de la diversidad artística que alberga. Cada año, miles de artistas se congregan para entregar y disfrutar de sus nuevos proyectos e imaginarios.

Melbourne se proyecta desde su rio, el Yarra, hasta las playas de Port Philip Bay. Con su distrito comercial brillando en la noche y su arquitectura Victoriana repartida por todos los antiguos suburbios.

The Melbourne International Arts Festival o mejor conocido como Melbourne Festival (www.melbournefestival.com.au) es uno de los festivales más importantes de Australia, que desde 1986 está trabajando para entregar un programa plural, que busca integrar al espectador en el fenómeno artístico.

Este año si bien no se realizaron grandes espectáculos callejeros, el festival se incorporó al rio y su gente a través de un Hub Cultural patrocinado por Foxtel. En la orilla del rio un pop-up building con restaurant y bar por 17 días albergo tocatas, encuentros con artistas, fiestas y sirvió de lugar de acogida a los artistas y visitantes.  Una tarde entre bebidas, ping-pong y Swing al ritmo de Flap! por ejemplo, no le viene mal a nadie.

Durante estos agitados días pude visitar dos instalaciones artísticas tan remarcables como Hold e Impasse  y conocer a la aclamada companhia de Melbourne Chunky Move y su nueva obra An Act of Now, con la que su nueva directora artística Anoukvan Dijk encendió los comentarios de la prensa especializada de Australia quienes le otorgaron el premio de la crítica ‘The Age’ al finalizar el festival.

La experiencia comenzó con la premier mundial de An act of Now en el Sidney Myer Music Bowl en medio del Art Precinct de la ciudad. 

  Anouk Van Dijk, Artistic Director of Chunky Move 

Cuando llegamos al Bowl nos encontramos con la entrada habitual cerrada, en cambio, un guardia nos enviaba a otra entrada lateral, por donde se entra generalmente al backstage. Mucha gente, todos con preguntas de como seria la nueva realización, dónde seria, cómo accederíamos a nuestros asientos, quién vendría a buscarnos. Algunos tomaban champagne mientras esperábamos, otros café, otros simplemente conversaban y sostenían su programa en la mano. Cuando ya era hora del show alguien entre la multitud comenzó a moverse de manera distinta, era el encargado de producción quizá quien nos dirigía, o un guardia. Pero a su lado reconocí a Anouk van Dijk, un poco ansiosa, con rostro cansado pero alegremente expectante.  Al verse rodeada y notar que si hablaba desde la multitud muchos no escucharían bien decidió moverse hacia una de las sillas y en un dos por tres estaba arriba de ella.  Se presentó y luego nos contó que tendríamos que salir del backstage y dirigirnos hacia la zona del pasto, ahí nos guiarían y nos entregarían audífonos.  Todos muy animados comenzamos una especie de procesión por el recinto, hasta que llegamos a la estación de entrega de audífonos. Desde ahí en adelante, solamente gestos y atención a lo que escuchábamos. Personalmente yo deje de escuchar los sonidos exteriores y simplemente focalicé toda mi atención a lo que veía y a lo que escuchaba. El audio era envolvente y te hacía sentir en un ámbito completamente distinto, una inmersión a otra realidad en un escenario conocido. Súbitamente estaba en otro lugar, donde los peligros, las sensaciones eran inhóspitas.  Estábamos en una línea, parados frente al escenario, a unos 100 metros de la sección de asientos, todos en el pasto, mirándonos de reojo, escuchando murmullos por los auriculares. Por momentos sentí que tenía que ponerme en alerta, que alguien vendría desde atrás a tomarme por la cintura y llevarme lejos o una multitud vendría a hacernos correr. Luego, instrucciones. Súbitamente nos hacían señas cual avión en la pista de despegue. El peregrinar continuaba hacia la caja transparente. El escenario habitual ahora era butacas y la caja.

La caja, la caja transparente y el grupo de bailarines. Los bailarines, los bailarines pujando y el espacio. El espacio, el espacio reducido e infinito y los lugares comunes. Los lugares comunes,  los lugares comunes atropellando e incorporando a los pensamientos. Los pensamientos, los pensamientos brutales y la incomodidad de estar envuelta en lo que el mundo se ha convertido. Pero el mundo se ha convertido en tanto y tan poco, en tanas sensaciones para muchos y pocas para otros. Pero en realidad se sentía de la manera en que las partículas aceleran a medida que el contenedor se enfría o calienta. Un globo que se infla y parece que estallará. Es así como nos desenvolvemos, pero lo que nos hace humanos a veces es el resistir lo que viene, como debiésemos actuar. Estar en contacto con nosotros y el entorno. Actuar en relación a lo que somos y lo que nos rodea. Estar consciente. Pero qué más da si en la aglomeración se genera una distorsión, una alienación que nos separa de nosotros mismos. Tantas preguntas, tantas implicancias. Caminar a casa con tantas dudas.  

Así pasaron los días, una semana después caminar desde mi casa hasta North Melbourne Town Hall distante unos 45 minutos. Encontrándome con ex profesores, pasando por la biblioteca de economía, revisar un mapa, esperar que la lluvia fútil pasara y luego caminar nuevamente. Un día de temperatura agradable, casi caliente, de trópico.

Entro a la Art House, un espacio alojado dentro del town hall, me saludan y me invitan a dejar mis cosas en una cajita de plástico, me dicen que conviene entrar a pie descalzo, así que dejo mis llaves, zapatos, calcetines y celular para la vuelta de esta experiencia. Impasse, eso es lo que viene. Me han advertido tantas cosas para hoy. Pero ahí estoy, esperando que me llamen para entrar, mi hora es a las 12. Me preparan para entrar, me preguntan si soy claustrofóbica y me dan un botón de pánico. Abren la puerta, lo que se ve es espuma, mucha, de densidad semi-alta, dos grandes bloques separados por un espacio de 10 o 20 centímetros. Y sí, debo entrar ahí, hacerme espacio. Literalmente seguir la luz al final del túnel. Impasse es un espacio imposible al comienzo, con espacios difíciles en lo que viene, con ventanas a otros lugares en su interior. No es para cualquiera, y debes ser ágil, debes ser curioso también.  Antes de entrar me dijeron que me tomara mi tiempo, y lo hice. Por largos minutos me sentí en un refugio, un lugar en el que perteneces. Denis Beaubois, William McClure y Jeff Stein crearon sin duda un lugar en el que imponiendo restricciones el espectador, ahora el explorador, debe someterse a los deseos del artista. El artista, ahora investigador recaba los pensamientos y accionar de su ‘conejillo de indias’. Salí contenta, fortalecida, me confronté de manera saludable a una imposibilidad. Me esperaban con sonrisas y curiosidad. Me entregaron un cuaderno para obtener mis pensamientos. Gracias.

Una de la tarde en quince minutos más.  Hold en The Meat House Market, Art House ahora. Mi caminata es un poco impaciente, miro mi mapa y localizo el lugar. Llego con antelación, estaba más cerca de lo esperado. Entro, hay una mesa con una voluntaria esperando a los individuos que aceptaron el desafío de entrar a otro espacio difícil, esta vez me hacen firmar una carta en que exento de responsabilidad a los artistas en caso de sufrir un accidente en esta nueva experiencia. Me advierten de todo, de problemas de corazón, de claustrofobia, de miedo. Converso brevemente, y confieso que tengo algo de miedo con esto de la carta, pero que no aguanto la curiosidad y que firmo no más.  Me indican que debo caminar hasta el final del gran salón para entregar todos mis ítems personales, incluyendo mis zapatos y calcetines. Hay otra voluntaria, me explica que debo hacer. –Entras, debes entrar por la izquierda. Entro. Miro y frente a mi tengo lo que parece una casa inflable para niños. Una casa gigante, un rebotador enorme, con puertas incógnitas.  Camino en este gran salón en el que a esta casa le sobra espacio. Subo la escalera de plástico inflado y al llegar al interior no queda más que confiar. Pero qué pasa si no confías. Qué sucedería a alguien que no tenga fuerza o precisión. Después de unos pocos minutos mi salida es triunfal, sin rasguño ni ataque al corazón. Por qué. Porque confié. Mirando en retrospectiva, esta misma instalación hubiese mermado mi salud, sea física o mental hace unos años atrás. Lo interesante fue preguntarme mientras caminaba a casa en qué había cambiado.  Esa misma noche investigué por un rato en internet para saber la apreciación personal de algunos visitantes a esta instalación. Con sorpresa descubrí que gente realmente había salido con daño físico. Lo que para mí pareció tan fácil para otros fue un martirio. Otros simplemente dijeron que confiaban en nadie ni nada, por lo que no ingresaron. David Cross hizo muy bien su trabajo.

 

Fichas técnicas:

An act of Now: http://www.melbournefestival.com.au/program/production?id=4004

Impasse:  http://www.melbourne.vic.gov.au/ArtsHouse/Program/Pages/Impasse.aspx

Hold: http://www.melbourne.vic.gov.au/ArtsHouse/Program/Pages/Hold.aspx

Flap!: http://www.flap.net.au

Foto panorámica del Foxtel Hub

Escáner Cultural nº: 
153
Genial y maravillosa experiencia, maravilloso relato, ¡Nos hace sentir tan cerca! Saludos desde Patagonia.
Gracias! la Patagonia siempre conmigo :D

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