Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Galería Normal. Imágenes de obras montadas

 

CIUDAD Y NUEVAS SUBJETIVIDADES NOTAS SOBRE

GALERIA NORMAL Y LA NO NECESIDAD DEL LUGAR.

Mauricio Bravo

Problema 1: ¿Existe algún medio de conjurar la formación del aparato de Estado (o de sus equivalentes en un grupo)? Tratado de nomadología: la máquina de guerra. Mil Mesetas. Gilles Deleuze Felix Guattari

 

Hace cinco, seis o más años aproximadamente (1) he podido constatar que nuestro paisaje urbano ha comenzado a experimentar cambios y transformaciones radicales, sin embargo, lo que más me sorprendió de dichos cambios fue que los agentes que los motivaron no pertenecían a instituciones gubernamentales sino que eran sujetos autónomos (tribus) que en función de necesidades y sobre todo de deseos y sueños particulares decidieron tomarse la cuidad y transfigurarla en una zona globalizada apta para la realización de intercambios de sentido transculturales. De esta manera la urbe que descubría ya no era la caótica capital de los ochenta esquizada por la paranoia y la violencia velada de los organismos de represión, ni tampoco aquella híbrida y des referenciada urbe de los noventa, perdida en los pro y los contra de una pos modernidad teórica y políticamente mal emplazada; la ciudad que a modo de enjambre aparecía por puntos o pequeños agenciamientos era una red, un sistema, en donde sus habitantes o nodos concientes del no lugar que es todo urbano/liberalismo habían optado por hacerse el espacio, es decir, okuparse del mismo y de sus si mismos, instalando en los intersticios o actos fallidos del capital sus nuevos nichos productores de arraigo.

 

Efectivamente el mapa socio cultural que se levantaba ante mis ojos parecía ser la consecuencia del eterno retorno de una voluntad nómada, es decir, la búsqueda desenfrenada de un sitio sin limites estables ni modelos de reparto social específicos, un topos alterno, virtual en un principio pero excesivamente real al momento de ser vivido como sentido y significado de nuevas e inéditas formas de ser. La polis emergente no obedecía a proyectos modernizadores, carecía de esa fastidiosa ficción historicista llena de futuro, de posteridad y monumentalidad propia de la discursiva estatista, más aún y esto es lo mas importante, no se emplazaba al interior de anhelos prefabricados por ninguna ideología o utopía. Esta nueva urbe, gracias a su pluralidad mediática, se sustraía a ser un mero reflejo de macro estructuras de poder, muy por el contrario se nutría de esa fuerza anómala y misteriosa emanada de una multitud sin estamentos predeterminados.

Este brutal cambio de escenario ha sido el marco en movimiento en donde se juegan los asuntos de interés, asuntos de interés digo porque desgraciadamente la vida colectiva (asunto de interés), esa política del espacio intersubjetivo, al parecer padece en nuestro presente democrático de un abandonismo crónico, la vida colectiva con todo su fuerza y potencia, con toda su fatalidad y mítico trasfondo nos anticipa, pero a su vez, por esta misma razón, queda relegada de la agenda de los grandes asuntos, es decir, de palabras trascendentes sin fondo ni realidad. Vivimos una crisis que ya no es la del ser y su mundaneidad sino la del cuerpo social y su inevitable mundialidad, crisis de identidad, de arraigo, de comunicación, pertenencia y afectividad pero al parecer, repito, esto no le interesa a nadie al menos a nadie que desee escuchar el ruido de las cosas que ya no encajan en el zumbido de un significado universal. Nuestro presente es la singularidad, la diferencia, la multiplicidad, lo no igual, sin embargo ¿quién se podrá hacer cargo de este espacio emocional fractalizado por miles de vidas, de amores, de odios, de símbolos y de contradicciones sin reticularlo nuevamente? o ¿quienes serán aquellos que estén a la altura del tiempo para poder hilvanar nuevamente la nervadura frágil de un NOSOTROS? Extrañamente, fuera del tiempo y del espacio que conocemos estas interrogantes han comenzado a tomar una rara forma de respuesta. Al hablar de la ciudad quiero evocar ese tiempo/lugar del afuera donde se alojan aquellos que están a la altura del tiempo, ellos son las nuevas tribus y la ciudad su paradójica morada.

 

Obra de Sebastian Silvat

Nota 1; Normal es la paradójica morada.

 

Misterioso lugar (2) el que han elegido algunos para recuperar nuestras dimensiones rituales perdidas. Misterioso porque el territorio entregado a la colectividad en cuestión es una tierra de nadie, un cuerpo lleno pero inerte, un fantasma, un sin sentido edificado en la intemperie ficcional del reality consumista, entonces, cómo habitar esa tierra quemada por los fuegos de artificio del espectáculo fascista, como hacerse cargo de las cargas de las catexsis de esos falsos paraísos llamados moll, condominio, ressort, ciudad empresarial etc. Qué hacer para re hacer lo borrado lo expropiado de su origen antropológico, finalmente, cómo hacer operante una comunidad que ha perdido el litigio sobre la propiedad de sus terrenos sacrificiales. La respuesta a tales preguntas aparece misteriosamente escrita en los muros de la urbe, en barrios alternativos, en calles olvidadas, en cuerpos auto-intervenidos estéticamente, en gestos sin historia, en palabras babelizadas, en códigos desplazados, en raros peinados, en nuevos cultos musicales, en inéditos hábitos alimenticios, en resemantizados medios de locomoción o movilidad, la respuesta se encuentra en la inmediatez de la vida, de su acontecer rizomático de su ser instantáneo y eterno.

 

En efecto si la ciudad moderna con toda su densidad política y su plasticidad económica ha sido el curioso escenario de cambios radicales, este fenómeno se debe en gran medida a la proliferación de individuos que han empezado a comprender su existencia en un plano de performatividad plural y diversificado: las actuales formas de ser y del ser ya no calzan con un proyecto estático ni tampoco con un mundo fundado en modelizaciones paralelas, construido en función de un logos ordenador abstracto sin contradicciones ni momentos de incertidumbre, las presentes maneras de realización existencial se emplazan en la inmanencia, en el aquí y ahora de sus propias acciones y contingentes recursos de presentación. Lo que nos toca vivir es una ciudad intervenida, un espacio tiempo diferido por la creatividad de sus, ahora, singulares habitantes.

 

Nota 2; normal existe en la creatividad de todos y para todos.

 

A modo de ejemplo (3). Salir un día domingo por algunas calles y avenidas de Santiago centro se ha constituido progresivamente en un viaje, una suerte de visita a un lugar alterno y especial. Miguel de la barra, Monjitas, Lastarria, barrio Brasil, plaza Yungay, y muchos otros sitios que en este momento no recuerdo, se han ido transformando en zonas de circulación y juntura de una serie de fisonomías renovadas. En estas calles día tras día transitan individuos cuyas maneras de vestir, conductas colectivas y lugares de encuentro nos remiten a nuevas formas de experimentar un universo societal territorializado por las lógicas del mercado en su estadio avanzado. Lo inquietante de este nuevo tejido social no es solamente que su existencia pruebe que interior de este universo de consumo exacerbado se pueden lograr maneras eficaces de sobre vivencia o bien estar; lo significativo es que dicho conjunto de personajes dislocaron esas lógicas de alineación girando su esencia hacia un objetivo absolutamente diferente para el cual estaban predestinadas. Obviamente que toda forma de consumo apunta a anular al individuo en tanto juega a encapsular su deseo y hacerlo girar en una exterioridad que carece de retorno identitario, emplazando la angustia infinita como modo de relación del sujeto consigo mismo, con el mundo y con el otro, dicha axiomática todos la conocemos porque todos la padecemos, sabemos que la praxis del consumo nos vacía, nos externaliza y nos expone a la perdida absoluta de nuestra voluntad política. Las nuevas tribus sin embargo son inmunes a estos influjos del capital, ellos consumen pero la manera en que se apropian de tales conductas condicionadas es a partir de su articulación productiva, es cierto que las nuevas generaciones son adictas al mercado, pero han hecho de esta droga moderna un recurso constituyente del ser. El mercado para ellos es un sistema una red de información en la cual se transan capitales subjetivos, ellos ya no compran ni venden cosas sino que negocian y truecan sensaciones, emociones, deseos y pensamientos en pos de la creación de nuevos asideros referenciales, de este modo consumir los singulariza, los libera, los identifica, los arraiga y los credencia como partícipes de un todo mayor. Esta ritualización o sacralización de las normas del mercado neo liberal es lo que algunos teóricos como Michel Maffesoli celebran ya que ven en ellas el retorno de una sensibilidad trágica. La reaparición de tal sensibilidad para el sociólogo francés supondría la vuelta a una experiencia de realidad sin fuertes mediaciones, es decir, el retorno de un ser que busca en el consumo consumirse, inmolarse, descubriendo en esa vivencia de los límites económicos de su existencia un punto de fuga o continuidad (G. Bataille) a partir del cual re crear su ser, en una temporalidad fuerte, propia del mito y de vivencias religiosas que fueron anuladas por el pensamiento moderno. Esta vuelta hacia dimensiones atávicas, el autor las considera esenciales porque es a través de este re posicionamiento de lo prehistórico sobre lo histórico donde se juega la posibilidad de recuperar el significado de la vida al interior de una comunidad. Efectivamente Maffesoli cree que los fenómenos juveniles actuales han comenzado a estructurar una serie de modus operandi en los cuales lo puesto en cuestión es el vivir juntos, pero lo interesante que descubre es que ese nosotros ya no es la consecuencia de un programa externo (político, ideológico, utópico, familiar) sino el resultado de una okupación vital -libidinal- de la realidad: es el vivir sin proyecto ni proyecciones lo que posibilita extrañamente este proceso de empatía o sinergia social. Los sujetos emergentes estarían así estableciendo zonas de resistencia creativa (duplus) a los aniquilantes procesos desterritorializadores del capital pero, estos ejercicios de contra fuerza estética, a diferencia de los movimientos contra culturales emblemáticos de los 60, se fundarían en el placer y no en el displacer. Esta radical diferencia sería la que otorga inusual potencia y fuerte eficacia a sus actuaciones público / privadas, es más, es este girar el individualismo extremo, el hedonismo descarnado y el narcisismo puro heredados de la modernidad en dirección a fines comunicacionales, interactivos y relacionales lo que ha logrado trizar la dimensión especular del mercado y con ello hemos descubierto formas de identidad e identificación más acordes con nuestra sociedad de hiperproducción. Comprar e intercambiar música, buscar libros de autores cult, frecuentar cafés y restaurantes globalizados, subir -bajar- robar-intervenir informaciones de internet, en fin programar y reprogramar el sentido y el significado de las cosas y de lo espacios, es celebrar un mundo que ha regresado pleno de si, es vivir con la energía de todos y para todos, es descubrir la verdadera democracia, esa absoluta que pregona Antonio Negri; única fuente de herramientas para combatir nuestro estado de guerra global.

 

 

 

Nota 3; Normal barricada y trinchera ontológica.

 

www.edificioarmonia.cl "diseña tu propio espacio". En la esquina de Pedro de valdivia con Irarrázabal se encuentra un cartel de una inmobiliaria que utiliza como lema de venta la autodeterminación habitacional del sujeto, el letrero invita a ser el autor de nuestra especialidad privada, induce a pensar que nuestro vivir es nuestro, nos pertenece, que somos nosotros los que podemos definir ese espacio de intimidad en el cual quedará encriptada para siempre nuestra vida y nuestra historia. ¿Por qué recorto este fragmento de realidad y lo pego al texto? Creo que lo hago porque al verlo pensé en el tema central de este escrito, la ya desaparecida Galeria Normal ubicada en Sotomayor 324 y dirigida por Fernando Mendoza, Mario Z y Paulina Marconi, ¿cual es la relación que establezco? no lo sé, sé que no es obviamente un alcance de nombres, se también que no es una coincidencia de objetivos sólo sé que existe entre ambas situaciones algo común pero radicalmente diferente, entre ambos espacios se tejen ficciones sin embargo lo propuesto en la publicidad siendo pura ficción permanece y está, en cambio galería normal habiendo sido real, excesivamente real, se ha convertido en ficción, mito y leyenda. Esta percepción me abruma demasiado debido a que ese no lugar presentado en la idílica imagen de un espacio estándar tarde o temprano cobrará el espesor de lo real, opuestamente, Galería Normal ya no existe, en su lugar tarde o temprano -repito- acudirán en procesión sujetos a diseñar su propio espacio; en ese vació dejado en donde todo ocurrió no quedarán huellas, sin embargo permanecerán para siempre las voces, los gritos, las violencias, las señas dejadas por las tribus allí convocadas. De acuerdo a esto me inclino a pensar que Normal a diferencia de otros espacios de exposición alternativos, no institucionales, surgidos en este país no se consolidó como lugar (un techo para el arte emergente nacional) sino que su poder y su potencia radicaba justamente en esta suerte de desdeñar el soporte arquitectónico para privilegiar un fenómeno de carácter mas tribal. En efecto normal era una meseta un plano una superficie lisa donde confluían grupos, colectividades, manadas; era más un agenciamiento nómada que un monumento al sedentarismo.

 

Todas estas características calzan perfectamente con lo que Gilles Deleuze y Felix Guattari, en su texto Mil mesetas, denominan bajo el concepto de maquina de guerra. Una Maquina de guerra para los autores es exterior al estado, es irreducible al aparato institucional, funciona fuera de su soberanía. La máquina de guerra, es del orden de la multiplicidad y de la metamorfosis, es sin medida ni código posible, es sin meta ni destino, sin salida ni llegada, es la irrupción de lo efímero en los territorios estructurales de lo permanente. Una máquina de guerra por esta razón siempre opera en la deriva y se manifiesta en el espacio a través de estrategias de expansión, su destino así es la fuga-ceidad, la posibilidad eterna de aparecer o reaparecer en cualquier punto de una red, de hacer y rehacer el sentido en función de las eternas movilizaciones de la vida.

 

Lo interesante de esta confluencia de términos en la cual un proyecto expositivo chileno concuerda plenamente con un discurso teórico pos estructural es que a partir de esta relación podemos acceder de manera más incisiva en la diferencia que ofrece Normal al interior de un contexto cultural que ya se ha ido plagando de agenciamientos que ostentan independencia o autonomía institucional. La diferencias más radicales desde este punto de vista serían primero; que galería normal al constituirse como maquina de guerra no cometió el error de hacer del estado y sus lógicas un modelo, corporeizándose en lo que jamás será el estado, un espacio libre, sin proyecto especifico, fuera del tiempo cronológico funcional, un cuerpo sin órganos y sin organización y segundo; que gracias a esta opción vital y emocional se transformó en un campo iluminado donde la multitud podía re-producir ese plus de ser que solidarizara nuevamente su nervadura fractalizada. Ambas situaciones hacen a su vez que podamos ver en este fenómeno expositivo un soporte eficaz para evaluar los cambios ocurridos en un espacio cultural que ya no puede sustraerse a los vaivenes de su progresiva globalización.

 

Si Normal es ahora un mito urbano es porque supo okuparse del deseo y de los cuerpos, de todos, de nadie y de muchos, quiero indicar con esto que normal pudo resistirse a la racionalidad instrumental y no entregarse a la productividad del mercado cultural, contrariamente, escogió el dispendio, la pérdida, el don, se constituyó en la parte maldita o contra cara heterotópica de un sistema y no en un sitio estigmatizado en la falsa diferencia.

 

¿Quienes iban y quienes venían de normal?. Todos y nadie, muchos y pocos, gordos y flacos, feos y horrorosos, mujeres, hombres, gay, diseñadores, lesbianas, sociólogos, teóricos, jovencitas - jovencitos, drogadictos y ex drogadictos etc. los que iban y los que venían eran la multitud, ese nuevo corpus social que ya no es el pueblo, ni la nación y menos aún esa masa indiferenciada y homogénea . Iban y venían aquellos que se saben diferentes en la diferencia aquellos que producen el vínculo y celebran el nacimiento de una nueva comunidad.

 

En los primeros tres párrafos de este escrito intenté desarrollar un análisis de una coyuntura específica, las transformaciones de nuestra cuidad y de los sujetos que las habitan, este análisis previo tuvo como objetivo establecer un horizonte contextual en donde situar las problemáticas espacio culturales que galería Normal introduce en la geografía nacional. Este conjunto de problemáticas las vinculé a la aparición de una nueva forma de experimentar las lógicas del capitalismo en su estadio más avanzado. Los cambios radicaban específicamente en hacer del consumo un recurso constituyente y no ya un axiomática des identitaria, es decir consumir para una cierta parte de la colectividad se materializa en planos productivos, en curiosas formas de encuentro y relación, yo diría, negociación con un espacio inédito de identidad: las clases emergentes se producen pero ese quedar pegado en la imagen los libera del look, es decir, los ancla en renovados códigos de pertenencia. Otro aspecto relevante era que las maneras en que este nuevo habitante manifestaba su descontento o su mirada crítica respecto de los asuntos ligados a la política, la economía y el sentido de la vida en general ya no se ejercían desde una toma existencial avalada en cuotas de displacer sino que su modo de resistirse se solventaba en la puesta en escena de goces y seducciones constituyentes.

 

La casi totalidad de estas instancias corresponden o se dan cuando recuerdo el corto itinerario que recorrió galería normal, dentro de este mínimo espacio de tiempo en la casa situada en las cercanías de la plaza Yungay pasaron muchas cosas, circularon muchas personas, ocurrieron demasiadas situaciones claves para la comprensión de nuestro cambiante mundo simbólico. Aquí es necesario recobrar ciertas situaciones que al interior de este desarrollo abierto pueden constituirse en formas paradigma de un momento cultural caracterizado básicamente por la indeterminación y hasta cierto punto por el caos. Normal como ya lo enuncié anteriormente no actuó bajo las lógicas habituales del lugar, su naturaleza entre comillas rizomatica, en cuanto inauguración tras inauguración, evento tras evento mutaba alcanzando índices de sentido estético y político muy diversos, permitió desarrollar una suerte de zona autónoma, en la cual aquello que aún no posee un estatuto social reconocible (el deseo) podía alojarse, domiciliarse aunque fuera en la intemperie de su particular acontecer. Con esto intento aludir a que Normal no creó falsas ilusiones sino que anticipó, dando forma, a las representaciones emergentes de una nueva colectividad. Este hacer del deseo un sitio instituyente es la mayor virtud contenida en el proyecto, dado que si bien estamos en la cumbre del hedonismo y de la diferencia como matriz relacional, esto no ha significado el acceso a una sociedad de vínculos democráticamente establecidos, opuestamente esta suerte de libertad o igualdad soft a muchos les parece otra manera en que se manifiesta el sin sentido de una era agotada. La propuesta de Normal al haber emplazado un vector en fuga constante imaginó la posibilidad de inscribir en el espacio cultural chileno, espacio altamente territorializado por las lógicas del consumo, un pliegue, una especie de guiño en la nervadura movediza del capital, logrando así, hacer reflotar un flujo de signos, de actos, de sentidos que sin esta válvula jamás habrían podido acceder a un estatuto de realidad. El éxito, si es correcto hablar en estos términos tan afines al liberalismo económico, fue permitir aparecer a la alteridad escondida en un sistema tan astutamente pensado, lo asertivo fue, en términos muy concretos, hacerse habitar por las diferencias constituyentes del capital. Esta lógica de trabajo es muy interesante porque no opera en relación a una meta o un fin sino que desocupa esas posiciones tan llenas y deja que algo fluya que algo haga lugar sin ser lugar. Me refiero con esto a que lo ideado por Mendoza no se plantea bajo la intención de ser un espacio de resistencia ni tampoco un lugar para la nueva crítica o el arte de punta (artificiales diferencias), sino que lo elegido es la pura positividad o potencia, se opta de esta manera por un excedente sin identidad ideológica, se escoge la afirmación, el más en lugar del menos, la inclusión en vez de la exclusión. Esta perspectiva expansiva nos habla de un proyecto que surge desde un pensamiento en enjambre, de un pensamiento que ha sabido exorcizar su estática centralidad prefiriendo las movilidades seductoras de la multitud, pensar eso, esa entrada en contacto con la desmesura del mundo social, es apostar por una verdadera diversidad, es hacerse cargo de la imposibilidad metafísica del lugar asumiendo la multiplicidad creativa del entorno. Aquellos que concurrieron sistemáticamente a Normal durante su corto e intenso período de existencia deben estar absolutamente conscientes de que en esa vieja casa se consiguió superar las distancias disociantes inherentes a los sistemas de gobernabilidad, más aún, ellos fueron quienes con sus corporalidades intervenidas, su ontológica manera de interactuar con el consumo, emplazaron las condiciones necesarias para que lo resistente real y lo critico autentico, por estar fundado en las formas de ser y del ser, pudieran encontrar una nueva morada. Sin duda Normal ya no existe, lo que ocupe su vacío a nadie le importa, lo esencial es que Normal devenga se transforme y mute, mientras esto ocurra todo seguirá pasando, lo mejor y lo peor, lo común y lo excepcional, la vida y la muerte, en fin normal será (es) ese eterno retorno de nuestras voluntades políticas perdidas.

 

Si la vida nos separa tal vez el arte debiera convertirse en un buen momento para estar juntos. Lo expuesto fue aquello que se vio y nada más; las formas y sus significados no buscaron la protección de la palabra escrita ni de la aprobación académica; lo mostrado se consumió en su propia eventualidad, formando parte de un ritual sin medida ni límite; la nueva ciudadanía tuvo en estas visualidades un instante de plenitud, un destello de poder, un máximo de sentido, un plus de ser.

 

El arte curado en Normal fue un asunto de junturas y plenitudes, un problema de forma y contingencia, fue eso que permite a los unos y a los otros co - incidir en un espacio de continuidad imposible. En los muros de Normal lo que se emplazó fue el deseo de una colectividad por encontrar los nexos que unifican sus existencias mas allá de los planes y proyectos, de los fines y los inertes objetivos. La casi totalidad de las propuestas estéticas que formaron parte del calendario de Galería Normal, me atrevo a pensar, participaron de una cierta estética de la socialidad, con esto quiero hacer referencia a que las obras en cuestión, sin dejar de poseer un valor en sí mismo, se mostraron más desde una perspectiva relacional que desde un impulso inscriptivo personal. En efecto lo más interesante del fenómeno visual inaugurado por normal es haber expuesto trabajos que teniendo cabida o no en otros espacios expositivos exhalaban una vitalidad inusual para la formalidad del medio chileno, por otra parte, este exponer aquello que se consume en la emotividad de su vínculo con el otro es lo que hizo sentir que allí pasaba algo que nunca había sucedido, el arte en normal operaba a la manera de un rito es decir establecía con los espectadores tal nivel de interrelación que se hacía innecesario desarrollar una interpretación sobre lo visto. Este curioso fenómeno no significa que las obras expuestas carecieran de contenidos sino que los contenidos solo eran deducibles a partir de una profunda e intensa participación de su ser visible, las obras de este modo se articulaban al interior de programas de acción / reacción y no al amparo de ensimismadas lógicas de lectura critica. Estos aspectos se vieron reforzados sobre todo por la incorporación de producciones visuales marginales a la institucionalidad artística, el graffiti, las propuestas de artistas autodidactas, más la integración de lenguajes audiovisuales (animación, video y música electrónica) posibilitaron que evento tras evento en Normal se cristalizaran interacciones con lo artístico inéditas e inesperadas desde una mirada que busca en el arte solamente un problema a resolver. Contrariamente lo intencionado por los gestores del proyecto consistió en hacer del espacio de exposición un territorio de igualdad expresiva al servicio de suplir las incertidumbres cognitivas de una colectividad naciente. Gracias a esta decisión curatorial la galería se transformó en un portal de información y sus espectadores en nodos ansiosos por encontrar en la Normal aquello que los conecta y los interrelaciona, haciéndolos participes y protagonistas de la realidad globalizada en la cual están definitivamente envueltos.

 

Si bien es cierto que lo estético en el presente se ha convertido en un recurso flexible cuya función no se puede delimitar a través de esquemas conceptuales fundados en posturas duras, que no contemplan el hibridismo ontológico de las artes contemporáneas, también es evidente, que bajo este tamiz de incomprensión se localizan temores y angustias relacionadas con la imposibilidad de pensar aquello diverso que nos pasa. Estas singurales vivencias cargadas de contradicciones son los temas abordados por normal, en su frágil arquitectura fue acogida esa diferencia ontológica que en la actualidad es la razón sensible que moviliza las nuevas legiones en pos de un asentamiento de solidaridad para sus diferidas existencias. Normal con sus exposiciones probó que si existen urgencias en el mundo del arte estas ya no se vinculan con la organización de un proyecto emancipador sino con la implementación de micro procesos de emancipación; diseñados a la medida de los individuos y a la altura de sus deseos revolucionarios.

 

Recrear lo social. La diferencia más intensa y particular que las artes contemporáneas poseen respecto a su pasado más inmediato es que sus dinámicas de realización son indisociables de sus procesos de mutación o metamorfosis. El arte actual es así un fenómeno móvil y variable cuya identidad nómade se materializa en formas y acciones híbridas que atentan directamente contra las categorías ordenadoras de la realidad social. Este espacio estético en devenir no solo compete a las obras sino que afecta al sistema artístico completo, incorporando al mismo metodologías de trabajo que poseen muy pocas diferencias con otros agenciamientos subversivos productores de una nueva realidad. Lo estético por ende deja de ser un asunto de visualidad crítica institucionalizada, para convertirse en una herramienta anónima y muchas veces comunitaria con la cual enfrentar la adversidad simbólica presente en nuestras coyunturas de representación. Lo dicho se ve claramente en la proliferación de grupos o colectividades políticas que ocupan las estrategias desarrolladas por la visualidad contemporánea en pos de crear en el espacio social fisuras y fugas hacia dimensiones de ser obturadas por el sistema. Dentro de este horizonte reflexivo los espacios alternativos han tenido un rol fundacional puesto que al ser la resultante de las falencias éticas existentes en los mercados culturales, tales espacios han actuado como portavoces de las reales necesidades espirituales de una colectividad. Galería Normal sería un buen caso de estos cambios acontecidos en el mundo global, sobre todo porque su ser y acontecer gravita básicamente en la posibilidad de ofrecer a la ciudadanía emergente los recursos expresivos con lo cuales este inédito cuerpo social materialice su pluralidad ontológica. Efectivamente Normal siendo en el presente un experimento mediático (canal de televisión) reafirma su carácter rizomático pero a su vez se resemantiza con lo que ha sido su vocación de origen: la comunicación. Este giro hacia los espacios culturales masivos hay que comprenderlo como la consecuencia lógica de un proceso cultural que está plenamente consciente de los rigores epistemológicos que nos impone la globalización pero también hay que verlo como la puesta en circulación de imaginarios de manada; imaginarios altamente ricos en índices de ruptura. Normal en su versión televisiva intenta de este modo detonar en la intimidad de los hogares chilenos un proceso contra cultural entregando a sus multiplicada audiencia mecanismos eficaces para que desarrollen a puertas cerradas rituales de resistencia creativa o re - singularización existencial.

 

Agosto del 2006.

 

Mauricio Bravo Carreño. Artista visual y teórico independiente, docente universidad Uniacc, Arcis de Valparaíso y Universidad Tecnológica de Chile INACAP.

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