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ISSN 0719-4757
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NERUDA: ¿TRAS LAS HUELLAS DE UN CRIMEN?
 
Rolando Gabrielli
Rolando Gabrielli©2016
 
Pablo Neruda siempre fue más conocido que Ricardo Eliecer Neftalí Reyes. Ambos poetas y provincianos de Chile. Solo para uno alcanzó la fama y la persecución. Ricardo Eliecer Neftalí  Reyes nació en Parral, vivió en Temuco y después se trasladó a estudiar francés a Santiago. Ya era Pablo Neruda, el Neftalí quedó en la infancia, en la memoria. Los dos fueron buenos para la poesía desde un principio, solo que  hubo un cambio de nombre. No se les puede confundir, aunque tenían la misma voz gangosa y pasión por la vida y la belleza. El más conocido, canchero, viajero, admirado, criticado, leído, buscado en google, es Neruda, a pesar que Ricardo Eliecer Neftalí nació primero. Legalmente, eso sí, siguió siendo Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto hasta 1946, cuando se  inscribió con la nueva partida de nacimiento bajo el nombre de Pablo Neruda. Durante 42 años cumplió con la partida bautismal de sus padres y de ahí en adelante, siendo ya Neruda oficialmente, no dejó más de ser Neruda.   Desde los 17 años había comenzado a firmar sus obras como Pablo Neruda. Y el destino ha querido que 42 años después empiece a levantarse el oscuro velo de su muerte: si se debió al cáncer o fue  asesinado por la Junta Militar de Chile. Aún sus restos están a la espera de un veredicto de la justicia. Las interrogantes  pesan tanto como los 9 mil versos que escribió en vida y ya no es un secreto que su precipitada muerte está más cerca de la sangre que de la tinta, como su obra, a cuya palabra fue fiel hasta el final de sus días. Neruda, un gran lector de novelas policiales, disfrutaba con los maestros del género Raymond Chandler, Chester Himes, Simenon, Agatha Christie, en todas las estaciones de Isla Negra, pero nunca pensó que él se transformaría en  móvil de un intrincado caso policiaco. Las autoridades chilenas tienen la obligación ética y política de resolver el caso Neruda y para ello deben agilizar la investigación con  los científicos  de gran prestigio internacional, que ofrecieron sus servicios gratuitos. Hay preocupación internacional, especialmente en Suecia, país que le  otorgó el Nobel a una obra que prestigia el lauro escandinavo.
 
Toda una generación recitó a Neruda
El poeta de los 20 Poemas de amor, su célebre folletín universal, recitado por toda una generación latinoamericana hasta nuestros días, murió en circunstancias aún no dilucidadas por la ciencia forense, el 23  de septiembre de 1973, a pocos días del golpe militar. Su cadáver fue  velado en su casa en ruinas de Santiago, saqueada por los militares, conocida como La Chascona. El cuerpo del vate no encontraba sepultura en la capital chilena y menos en Isla Negra, su residencia habitual, confiscada por los militares. (Vèase en Internet mi artículo: "Neruda: cerca de la sangre, más allá de la tinta")
 
 
 
El joven Neruda, en pleno romanticismo
 
 Poco después del golpe militar, Neruda  se desplazó en una ambulancia  hacia la Clínica Santa María de Santiago, donde se internó para un mejor cuidado de su cáncer a la próstata- y sobre todo, por seguridad-. En el camino por la carretera fue humillado por soldados del ejército de Chile. Dicen que de sus ojos se desprendían lágrimas, quien nunca dejaba de reír entre amigos. Su casa de Isla Negra había  sido allanada  en su presencia y  estando él en  cama por prescripción médica. En el escenario político, producto del golpe, había muerto el presidente Allende y  sido  asesinado el cantante y dramaturgo, Víctor Jara.
 
El autor del Canto General, 20 Poemas de amor y una canción desesperada, Odas elementales, El hondero entusiasta, Los versos del capitán, del Libro de las preguntas, Estravagario, Tentativa del hombre infinito, Memorial de Isla Negra,  ingresó a la clínica, donde hoy sabemos,  asesinaron al ex presidente democratacristiano, Eduardo Frei, en tiempos de la Junta Militar de Gobierno.
 
Secuestran y golpean a su custodio de confianza
 
Su joven chofer,  Manuel Araya, hombre de confianza, quien le  cuidaba en la clínica, salió a buscar unas medicinas a instancias  de los médicos  y no regresó más, porque fue detenido  y golpeado por soldados del ejército. Fue literalmente secuestrado y  recluido en el Estadio Nacional que cumplía la labor de campo de concentración. La esposa de Neruda, Matilde Urrutia había viajado a Isla Negra a buscar  documentos y objetos que se llevarìan a México, país que había solicitado a Neruda para protegerlo. En ese ínterin,  un supuesto médico, no registrado en la clínica, inyectó a Neruda con la supuesta bacteria conocida como estafilococo dorado y  moriría seis horas después, según las denuncias conocidas  actualmente.
 
Araya no ha dejado de denunciar el hecho, que ha contado con otros testimonios, como el del ex embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, quien visitó al poeta por esos días y lo encontró de buen humor.
 
Nunca se ha encontrado el expediente clínico de Neruda, aseguran algunas fuentes. Un hecho más que insólito.
 
Por fin, unas amistades  de Neruda  cedieron un espacio para su tumba transitoria en el Cementerio General de Chile y  allí descansó hasta que fue  trasladado al nicho 44 del módulo México. Su tercera y definitiva residencia sería en Isla Negra, donde él escogió ser enterrado, como lo determinó en el Canto General. Solo en 1992, cuando había retornado la democracia formal a Chile, Neruda volvería a descansar en Isla Negra.
 
La investigación sigue su curso y nos acercamos al parecer a resultados definitivos, que podrían revelarnos que en su muerte intervinieron  terceros.
 
La importancia literaria y política de Neruda es inobjetable, como la necesidad que tenía el régimen militar que su voz no se escuchara. Por ello, amigos y enemigos emiten sus opiniones, como los más allegados y sus compañeros de lucha. La historia va ordenando los hechos con cautela y firmeza. La muerte de Neruda sigue pesando en la conciencia de  Chile e internacionalmente. Cualquier otra  opinión, sería una mera conjetura poética.
 
Edwards, el amigo incrédulo
 
Jorge Edwards, novelista chileno, amigo del vate, compañero de tertulias, agregado comercial en Francia cuando Neruda fue Embajador al final de sus días, afirmó al diario ABC de  España, allegado a  la corona de ese país, a modo de interrogante: ¿Quién quiere asesinar  a un moribundo? Y se responde. Es mejor dejarle morirse, ¿no?.  Edwards ahonda en sus argumentos y señala: "Y seguir a un moribundo que había obtenido el Premio Nobel de Literatura... era muy torpe pretender asesinarlo”. Por esos días de terror, lo sabe Chile, las moscas caían muertas en pleno vuelo primaveral y todo existía  y se acompasaba bajo la batuta el terror. El país era un cuartel. Bombardearon La Moneda (Casa presidencial), acribillaron  su interior con el  Presidente. Se quemaban libros, militarizaban las universidades, arrojaban cuerpos en pleno vuelo al mar. Homero Arce, secretario de Neruda, sonetista invisible, quien pasó a máquina Confieso que he vivido y gran parte de su obra, murió  producto de una  brutal golpiza al regresar a su casa. Su esposa, antigua musa  de  Neruda en 20 Poemas de amor, Laura Arrué, murió extrañamente quemada viva en un incendio en su casa, nueve años después.
 
Neruda era una presa mayor para la jauría delirante de esos días. El comentó pocos días antes del golpe militar que a él no le respetarían, como sucedió con García Lorca a manos de los franquistas.
 
Todo pareciera indicar que a la Junta Militar chilena le inquietaba que una figura literaria y política, combativa, prestigiada a nivel mundial,  como el premio Nobel, expresara sus opiniones en el exterior, ya que el Chile de Pinochet reinauguraba  el campo de concentración de Pisagüa  y fundaba otros a lo largo y ancho de toda la geografía. De esta manera Edwards, premio Cervantes, (cuyo jurado estuvo integrado por: el ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy, por el anterior Premio Cervantes, José Hierro, el director de la Academia de la Lengua Española, Victor García de la Concha; Carlos Castañón Barrientos, en representación de la Academia Boliviana de la Lengua; Santiago de Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Arturo Pérez Reverte, y Victorino Polo García), sale al paso a unas declaraciones  oficiales del ministerio del interior de Chile, quien reconoce  en un informe  que "ve altamente probable que Neruda fue asesinado".
 
Gobierno chileno cree lo asesinaron
 
El juez chileno Mario Carroza, a cargo de la investigación del caso Neruda, aceptó una nueva tesis debido a las "coincidencias y persecuciones vividas por Neruda tras el golpe de Pinochet, en especial aquel domingo de su fallecimiento. “Ese día está solo en la clínica, donde lleva ya cinco días. Su estado empeora; llama a su mujer, Matilde Urrutia, para que vaya porque dice que le han aplicado algo y no se siente bien. Al final, fallece poco después, ante la sorpresa de todos", sostuvo recientemente a la prensa española, Francisco Etxeberría, catedrático de medicina y uno de los investigadores extranjeros. 
 
Neruda, el que se dedicó totalmente a la poesía desde siempre, viajó como Cónsul a Rangún, allá  siguió escribiendo sus famosas Residencias en la Tierra que lo hicieron  célebre, posteriormente en el mundo entero, aunque  estas residencias ya habían impactado en términos poéticos en su generación. 
 
 
 
 
Chile, país de poetas
 
Fue, a juicio de algunos críticos, y la Academia sueca lo reconoció cuando le concedió el Nobel, uno de los poetas más discutidos de su tiempo y protagonista de excepción de las causas progresistas. Su poesía es de un amplio registro, esencialmente materialista, pero donde el amor ocupa un lugar preferencial. Viajero incansable, se reconoció en América latina, que  sentía era  la casa  de su poesía, pero su  obra se conoce en todos los continentes, porque no dejó de nombrar las cosas, de ocuparse de los  temas cotidianos, de la naturaleza física y humana, del hombre en cualquier geografía. Buscó quizás trascender en la simpleza, aunque sus Residencias además de ser fundacionales, hablan del hombre, el caos, la vida, poesía de la exploración y de la existencia, donde la muerte también es protagonista y se siente como una rueda que no agota su viaje. Es una poesía de todos los sentidos, con una fuerte carga sensorial y material. Sobre los escombros de su propio lenguaje, Neruda escribe su poética. Residencia en la Tierra, comentó el poeta mexicano José Emilio  Pacheco, es el libro más grande del surrealismo. Según García Márquez el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma. Los poetas, en mi opinión, pueden subir y bajar, de acuerdo con los gustos de cada época. Algunos permanecen como el bolero.
 
En vida Neruda fue el Vate de Chile, el vaticinador, independientemente nos agrade su poesía o no,  compartamos su ideología, o digan algunos poetas que provienen o no  de sus raíces, que  escribió demasiado, que el ripio  nerudiano absorbe parte  de su poesía, que el verso corto, que Stalin,  que sus mujeres, la hija olvidada, que la vaca sagrada, su compromiso esencial siempre  fue con la poesía, que es lo que nos queda junto con su quehacer  público y social. Leyó y escribió lo esencial,- de Proust, Rimbaud, los clásicos rusos, franceses, hasta las novelas policiacas- y fue un mito en vida como Borges, un escritor total. La nueva poesía le debe mucho a Neruda y Chile es considerado un país de poetas, grandes poetas, por su obra y defensa de la poesía, por la calidad de sus pares, Pezoa Véliz, Huidobro, la Mistral, De Rokha y posteriormente Parra, Gonzalo Rojas,  Rosamel del Valle,  Armando Uribe Arce,  Rubio,  Arteche,  Lihn, Teillier, Millán y tantos otros que conforman el  diverso mapa poético chileno. La poesía chilena, latinoamericana, de habla hispana, le debe mucho a estos y otros nombres. En un país  donde las personas se comen las palabras, se habla en  jerga, un dialecto con una  pronunciación aguda que se pierde como el vago pito de algún tren que atraviesa el sur, es sorprendente que tenga  el más rico, variado, influyente, creativo lenguaje poético  en el continente de habla  hispana desde el siglo XX, con la excepción de  algunas cumbres, como Vallejo, por citar  a un renovador del idioma. Rubén Darío es un poco anterior.
 
Este es el personaje que conmueve con su poesía y destino. Abraza los continentes con su palabra.  Voy a seguir viviéndome, sentenció, quien había recorrido  Chile y el mundo con su palabra,  su voz  de lentas aguas del sur por los pueblos polvorientos del norte y lluviosos de la loca geografía austral chilena. El mismo se reconocía en el mar, las piedras, la madera, las uvas y el viento de las pequeñas cosas, en la gente humilde, en la retórica de sus palabras de "poeta útil" y en sus Odas elementales, sutiles como las madreselvas. Botánico, artesano, arqueólogo, arquitecto, marinero por adopción, coleccionista, ornitólogo, militante, curioso sin límite, Hijo ilustre de Valparaíso, un poeta cófrade, aunque Nicanor Parra después del 23 de septiembre, día de su muerte, le llamó socarronamente Catedral, a este militante comunista, habitante infinito de Isla Negra que le cantó a las piedras de Chile como a verdaderas compañeras en su camino por la quebradiza  geografía nacional y dirigió la construcción, el diseño de sus  "disparatadas" casas donde guardaba sus viajes y recibía a sus amigos como si vinieran de un largo periplo por el mundo de la poesía.
 
Una tortuga gigante en la multitud
 
Yo lo divisé un par de veces en una multitud  como si viera una tortuga  gigante contemplada en un acuario inmenso  y dijera para nacer he nacido, sucede que me canso de ser hombre o titilan azules los astros a lo lejos y las personas le devuelven el verso que cae como el pasto al rocío: sube a nacer conmigo hermano.
 
 
Enrique Lihn
 
Enrique  Lihn,  me dijo en las escalinatas de la Universidad Católica, después del 23 de septiembre, ya fallecido  Neruda, ha muerto el último Aedo. La historia y los acontecimientos, me subrayò ese día,  le ayudaron a Neruda a ser quien fue. El Vate fue un protagonista de excepción del siglo XX, es difícil desentenderse de ese detalle. El amor y la política fueron sus dos grandes amores.
 
Harold Bloom, el destacado y arbitrario crítico norteamericano, dijo de Neruda: “Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él”. Tampoco es algo menor esta afirmación, que le pone una banderilla chilena al toro de la poesía universal en el siglo XX. Más allá de este  canon anglosajón, Neruda fue una voz propia, un continente contenido en una geografía desmembrada. Desmesurado, irregular, de un barroco silencioso, telúrico, andino, voz desértica y austral, alimentó la vida, puso nombre a las cosas, su poesía se hizo parte de la geografía chilena, latinoamericana y planetaria y aún se reconoce bajo las piedras.
 
Se ha escrito tanto sobre Neruda y a veces la rueda gira en el mismo lugar. De atrás para adelante, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, vertical, horizontalmente y la poesía sigue allí para ser leída por un lector desconocido. Siempre existe un pretexto, alguna razón, el tiempo ocioso del placer en la palabra y la aventura  a que nos lleva el poeta. La nave de la poesía navega en sus propias palabras y a ellas no debe renunciar  el poeta, ni el lector. El hombre y la naturaleza en el centro de las cosas nerudianas. En esta poesía está la gente chilena y latinoamericana del siglo XX,  nuestra geografía humana y física, aunque el poeta nunca  tuvo límites. Son las preocupaciones de un hombre de su época y donde el amor  es  la piedra angular de las  más grandes alturas de la poética nerudiana, desde su prima juventud al final de sus días.
 
DEL EPILOGAR NERUDIANO
 
Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte 
y si lo que sé no les sirve 
no he dicho nada, sino todo. (Neruda)
 
Neruda es ese personaje chileno emblemático que la BBC de Londres homenajeó leyendo 20 poemas de amor y una canción desesperada en 21 idiomas. El protector de los exiliados de la República española en el Winnipeg, el senador que partió al exilio y cruzó a caballo la cordillera de los Andes, no sin antes vadear tres ríos chilenos y finalmente  salir por San Martín de los Andes. El poeta que recorrió la geografía  chilena conversando con los obreros y campesinos de Chile y su poesía, Cónsul en Rangún, Buenos Aires, Madrid, Barcelona y México, embajador en Francia. Viaja a Europa a un Congreso de la Paz con intelectuales y artistas del mundo, Picasso, y ya no dejará de dar la vuelta al planeta como si fuera una nuez, ni de participar en la historia de la humanidad y su futuro. Es traducido a  todos los idiomas posibles. Se escriben libros sobre su  obra  y él no deja de hacerlo hasta el final de sus días. Los jóvenes de América latina no dejan de recitar su folletín amoroso. Alguna mujer  va más en lo profundo  y se impacta con el verso Sucede que me canso de ser hombre. Una espina en la vida de cualquier ser humano que la atraviesa en siete palabras, que van y vienen cada día. Toda una declaración de principios en un verso que resiste el tiempo como las Residencias, con sus desvencijadas materias, descomposiciones, cuartos vacíos, peluquerías, notarios, la desintegración de las cosas, el silencio inapelable de la muerte. Hay algo que el lenguaje no puede cambiar y más bien asfixia. Esa lectora se veía como una almohadilla pinchada por cientos de alfileres en una realidad a la medida de un sastre sin ninguna costura.
 
 
 
 
La Musa
 
Yo no sé por qué estoy aquí/ni cuando vine/ni por qué la luz roja del sol  lo llena todo, así  veía su entorno  el joven  Neftalí Reyes, en el crepusculario de su  vida adolescente, el Neruda de Farewell, un poeta germinal. Venía del sur virgen cuando se encontró con su nueva residencia, la ciudad, todo un universo de cosas rotas, finitas, la manufactura de la modernidad, una espiritualidad ruidosa, material,  no  la materialidad profunda de la naturaleza.
 
En Crepusculario, a sus 19 años de edad  Neruda comienza a gestarse en el Galope muerto de sus Residencias, que escribiría entre los 21  y 27 años, con la visión de un mundo caótico, desencadenante de hechos, realidades, atmósferas y donde el poeta es un observador ausente del cambio, más bien envuelto en un escenario donde  su voz se expresa luctuosa.
 
Nos guste o no, Neruda es la figura más destacada de nuestras letras. Pre candidato a la presidencia de Chile,  senador, en 1971 obtendría el Premio Nobel. Escribiría un libro, poco citado, que forma parte de la panoplia nerudiana, intitulado: Incitación al Nixonicidio y Alabanza a la revolución chilena, donde pide ayuda a Walt Whitman para ajusticiar a quien estrangulara la economía chilena y propiciara un golpe  de estado contra Allende: Richard Nixon. Poeta de utilidad pública se bautizó el bautizador de las cosas y las personas. La historia es conocida hasta por quienes la desconocen. Nunca dejó de ser  ese viajero inmóvil que reconociera Rodríguez Monegal en su obra  homónima y  lúcida. Fue un poeta para América, Europa, Oriente, Asia, su gran escenario fue la humanidad desde la naturaleza, las pequeñas cosas y de lo profundamente humano.
 
El más discutido de los poetas de su siglo, dijeron los académicos suecos.  Este es  Neruda, el otro, aquel, el mismo inmerso en su poesía y vida,  el vate que construía  la casa del poema en el  largo y  rocoso espinazo de Chile. Neruda con vista al mar, a la cordillera, a las piedras,  a lo que amaba incondicionalmente desde su palabra. Nunca pasé de la lectura de sus libros y del long play gangoso de su voz que escuchábamos en los barrios populares de la clase media juvenil. Allá en Toro y Mazote, en Santiago. Quiero decir, no me incluí en ninguno de los peregrinajes a Isla Negra. El mito se vivía asimismo. Era muy difícil no pensar  en Isla Negra cuando se hablaba de poesía en Chile, como si las olas del mar poético se convocaran en su playa. Yo escuchaba a  los poetas mayores referirse al Vate con respeto generalmente y  me llegaba la brisa de esas voces que  golpeaban como olas del  propio mar  de Isla Negra. Solo el rumor se transformaba en un viaje iniciático. Era una verdadera peregrinación. Un viaje hacia las palabras y el mar.
 
Neruda coleccionó críticos y detractores, poetas y narradores importantes: Huidobro, De Rokha, Braulio Arenas, Gonzalo Rojas, Droguet,  Lihn, Bolaño, Lafourcade y muchos más  que aún dejan caer frases, opiniones y escriben algunos opúsculos desencantados que van a dar a la mar que es el morir.
 
 
 
 
 
Parra en su tinta
 
Nicanor Parra merece un capítulo aparte. El mismo diría, a confesión de partes, relevo de pruebas. Siempre se ha declarado su más grande admirador. Se podría escribir un libro sobre esta materia y nos quedaríamos cortos. Parece mentira que los ingeniosos escritores chilenos, no lo hayan intentado. El discurso en la Universidad de Chile es francamente memorable. Su epígrafe poético, lo dice casi todo, porque con Parra hay que estar preparado, el disco duro se  empequeñece ante lo que ofrece el personaje:
 
Hay dos maneras de refutar a Neruda: una es no leyéndolo, la otra es leyéndolo de mala fe. Yo he practicado ambas, pero ninguna me dio resultado
 
(Estamos ante un huaso chillanejo kafkiano, único en su especie, pedaleó por el mundo sin coger impulso. Debemos tomar en cuenta esta afirmación y características propias del personaje. Es solo un paréntesis, pero tomémoslo en serio)
 
No es poco decir en el lenguaje parriano. El historial es grande en vida y muerte de Neruda. Diría, inmenso, oceánico. Las alusiones poéticas son numerosas en los libros de Parra. Definen su propia antipoesía. En entrevistas, Neruda es esa sombra que surge en cuerpo y alma. Un referente ineludible. ¿La obsesión del tamaño de  Moby Dick?
 
Es una pieza el discurso, veamos la introducción, son palabras dichas hace más de medio siglo y el tema no se ha detenido hasta nuestros días:
 
"Señoras y señores, yo no soy un nerudista improvisado. El tema Neruda me atrae vigorosamente desde que tengo uso de razón, no hay día que no piense una vez en él por lo menos. Lo leo con atención, sigo con asombro creciente su desplazamiento anual a lo largo del zodíaco, lo analizo y lo comparo consigo mismo, trato de aprender lo que puedo. También le he dedicado algunas cuartetas en momentos dramáticos de su vida consagrada por entero a la causa de la humanidad, he convivido con él durante años, en calidad de vecino de barrio, de discípulo, en calidad de visitante esporádico. Más aún, hemos intercambiado objetos prácticos y simbólicos: un Whitman contra un López Velarde, una cerámica de Quinchamalí contra un poncho araucano, un reloj de bolsillo contra un jardín de siemprevivas, mariposas, etc. Todo lo cual me da derecho, creo yo, para considerarme un nerudista fogueado." 
 
Por eso, concluye Parra, es que no se puede hablar de Neruda en abstracto, porque él no es un poeta de salón ni un buda absorto en la contemplación del ombligo".
 
Mucho tiempo atrás de este discurso, 1948, Londres, Parra  era becario en Oxford y preparaba su discurso (anti)poético teniendo como punta de mira la poesía nerudiana, así como  el amargo sabor que le había dejado su despreciado libro Cancionero sin nombre. Estas observaciones están contenidas y recopiladas en su reciente libro Antiprosas (2015). Parra, de 101 años, va dejando su legado, huella diría, hasta el final de sus días. Hombre de manifiestos, declaraciones de principios, muy distinto a Neruda que nunca  escribió manifiestos, más bien se manifestó. Bolaño, Huidobro, también fueron poetas de manifiestos.
 
Criticaba la poesía egocéntrica de sus antepasados y proponía la poesía de los  hechos (¿Hechos y no palabras?) Hace casi 68 años trabajaba en ese run run de la antipoesía, ya  Neruda era comunista, Premio Nacional de Literatura, había escrito Residencia en la  tierra, España en el corazón, sus famosos  20 poemas de amor, El habitante y su esperanza, entre otros libros, y dos años más tarde su Canto General.
 
La poesía tiene tantos caminos, como poetas, épocas. Si  hubiera un solo modo, palabra, forma de ver, sería muy aburrida. El lenguaje tiene que respirar de  mil maneras como si fuera escrito en las cuatro estaciones. La poesía no es romántica, ni realista, ni lírica o prosaica, es la otra cara de la moneda del ser humano en cualquier  idioma, lugar y circunstancia. Solo el poema piensa por el poeta. Sin duda, hay que leer, leer, escribir, escribir, porque no habrá nada nuevo bajo el sol de la poesía, mientras no se escriba una palabra nueva.
 
 Parra termina viviendo en Las Cruces, cerca de Huidobro y de Neruda, cavilando con  Hamlet, conversando con Roberto Bolaño, su admirador incondicional e irreductible. Tres  autores y amigos, Roberto Brodsky, Ignacio Echevarría y Felipe Tupper, escribieron recientemente un diálogo imaginario de ambos. El texto, entre otras cosas, en el fondo un homenaje a Parra desde la admiración de Bolaño por su obra, que corrobora música a los oídos del antipoeta:  "sobrevivirá la poesía de Vallejo, Borges y Cernuda". Es una opinión de Bolaño. Hasta ahí Neruda no existía. Los autores aluden más adelante a un proyecto inconcluso  de Parra, relatar "una historia de la Segunda Guerra Mundial contada o cantada batalla tras batalla, campo de concentración tras campo de concentración, exhaustivamente, un poema que de alguna forma se convertía en el reverso instantáneo del Canto General de Neruda".
 
Un chileno podría preguntarse, ¿para qué ir tan lejos en la historia y la geografía, si Chile entero fue un campo de concentración en la época de Pinochet a partir del golpe de estado de 1973? ¿En los próximos 50 años podría replicar las Residencias, las Odas Elementales o los 20 Poemas de amor y un antipoeta desesperado? De Pisagua a Dawson, los extremos de la infamia.
 
 Podríamos reunir un anecdotario mayor. La obsesión por Neruda creció después de muerto. Siendo un país de poetas, curiosamente, se transformó en un personaje de novela.  Quizás resulte ser un fenómeno curioso este rol del poeta de convertirse en prosa. En tiempos en que la mano invisible del mercado suele acomodar personas y palabras, mercancías y objetos, la poesía resulta ser un capital aparentemente discutido y el poeta que no tiene como defenderse, apuesta a su obra, a lo que mejor sabe hacer: escribir, aún después de muerto.
 
 
 
Hernán Loyola, el crítico más nerudiano
 
La historia y la ciencia, la dignidad humana, se diputan aún  los restos de  Neruda. Son un símbolo de un gobierno y país violentado por el poder de una dictadura militar. Sus enemigos piden que lo dejen tranquilo, no vaya a ser,  que reviva y se ponga a reescribir la verdadera historia de su muerte. Los chilenos y el mundo que buscan la verdad, exigen que las autoridades agilicen y hagan lo que tienen que hacer para que  surja con toda transparencia la verdad sin más preámbulo. El gobierno carece de los recursos para enviar los restos a Europa a nuevos y esclarecedores peritajes de las pistas existentes. Las opiniones van y vienen. Las interrogante se mecen como  un elefante una telaraña.
 
El diputado sueco Torbjon Bjorlund  afirmó a una agencia noticiosa, que "es muy importante aclarar la causa de la muerte del poeta chileno Pablo Neruda, aunque admitió que en su opinión fue sin dudas asesinado". "Es muy relevante mantener la presión sobre el Gobierno de Chile para que otorgue los recursos necesarios con miras a conocer la verdad sobre el final de la vida de Neruda", advirtió el parlamentario escandinavo. Hace unos días visitó Chile y presentará el caso en Suecia.
 
Es este personaje  que mantiene en suspenso a los forenses y cuyos estudios revelarán cuan peligrosa es la poesía para los militares y regímenes autoritarios. El mismo  Neruda nos advierte  cuando fue visitado en Isla Negra en su lecho  de reposo por un capitán del Ejército de Chile, quien buscaba armas en su  casa. Aquí lo único peligroso, es la poesía, sentenciò Neruda, en aquella memorable ocasión, una frase con infinitas municiones. El país del poeta ya no existía.
 
 
Neruda viene volando
 
En medio de las expectativas que ofrece la ciencia a la verdad, el gobierno y pueblo chilenos le rinden un homenaje atrasado bajo el título de un famoso verso nerudiano a su amigo de bohemia, el  poeta  Alberto Rojas Jiménez: Neruda viene volando. La idea del pasacalle que reflejara las importantes etapas de su vida, surgió en el año de su centenario, el 2004 y la falta de recursos postergó el proyecto del diseñador gráfico Jorge Soto Veragua. Esta vez se contó con el apoyo de  comerciantes, empresas y la gente solidaria que acompañó el carnaval por  amor al arte y a la poesía. Una figura monumental de 22 metros de largo por cuatro metros de alto, representó finalmente al poeta, cuyo primer recorrido se inició en la Estación Mapocho, donde se recordó la llegada del Winnipeg a Valparaíso. Otra  parada fue en la ex sede  del Partido Comunista, ubicado en Teatinos con Compañía, del cual fue miembro relevante. El pasacalle  nerudiano reunió a más de 20 mil personas por las comunas de  Recoleta, Independencia y Santiago, cerrando en la Plaza de la Constitución frente a La Moneda, palacio de gobierno.  
 
La compañía La Patogallina musicalizó los poemas  del Vate durante el recorrido, que contó con una comparsa de 600 voluntarios.  Santiago cerró el 2015 con una perfomance nerudiana, un Neruda presente en la memoria, vivo en las calles,   renovado en los chilenos que no le conocieron y se reconocen en su poesía. En la viña de Parra, Neruda sigue cosechando sus propias uvas.
 
 Este es un fragmento del texto que inspiró este viaje de voces  y memoria por Santiago.
 
 
ALBERTO ROJAS JIMÉNEZ VIENE VOLANDO
 
Entre plumas que asustan, entre noches, 
entre magnolias, entre telegramas,
entre el viento del Sur y el Oeste marino,
             vienes volando.
 
Bajo las tumbas, bajo las cenizas,
 
                bajo los caracoles congelados, 
bajo las últimas aguas terrestres,                            
 
                vienes volando.
 
Oigo tus alas y tu lento vuelo, 
y el agua de los muertos me golpea 
como palomas ciegas y mojadas:
             vienes volando.
Vienes volando, solo solitario,
solo entre muertos, para siempre solo, 
vienes volando sin sombra y sin nombre, 
sin azúcar, sin boca, sin rosales,
 vienes volando. (Pablo Neruda)
 
Estos, finalmente, son algunos versos  del poema al poeta maldito, periodista, caricaturista excepcional, Rojas Jiménez (34 años),  que inspiraron justamente  el recorrido nerudiano por las calles santiaguinas, donde realizó una intensa  bohemia en su juventud. Rojas Jiménez murió en Santiago de una pulmonía fulminante. Neruda, quien estaba en España, cuando se enteró  de su repentina muerte, compró dos cirios de un metro cada uno y en una gran catedral de marineros en Barcelona, se arrodilló frente al altar, mientras un amigo católico que fue expresamente a buscar, rezó en cada uno de los  numerosos altares en medio de la oscuridad solo alumbrada por los cirios.  Se había muerto el pájaro dorado, el encantador de la bohemia santiaguina, el mago, como también le llamaba  el joven Neftalí, a quien rompía la noche con su gran espectáculo de la risa y el encantamiento de las palabras en el Zeppelìn o en el cabaret de la Ñata Inés.  Neruda  le escribió  el poema con un improvisado lápiz de carpintero, conmovido por la intempestiva partida de este  joven  ingrávido amigo de sus amigos y de la noche.
 
Alberto Rojas Jiménez es uno de los poetas  chilenos  que se perdieron en el breve, insólito, desgraciado camino de la vida. Carlos De Rokha, Armando Rubio, Omar Càceres, entre otros, también  se fueron en un abrir y cerrar de ojos. Hace unos días, Rojas Jiménez estuvo volando con Neruda por las viejas calles de Santiago, como antiguos e inseparables  camaradas  de la bohemia y poesía.
 
No encendáis las lámparas
ni me llaméis.
Dejadme aquí sin luces.
Mi alma está mejor en la penumbra. (Rojas Jiménez)
 
 
Despidamos a Rojas Jiménez, entonces, en su ley, con poesía:
 
 ALBERTO ROJAS JIMÉNEZ
 
 Este es Alberto Rojas Jiménez,
 
actor de su propia  vida,
 
echó su suerte en París,
 
dijo algunas cosas, ninguna, muchas,
 
no dijo nada finalmente
 
y se fue por el mismo mapa,
 
que vino y ya  no regresaría.
 
(Rolando Gabrielli 2016)
 
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Nota:
 
Lèase del autor la conferencia dictada ante la Academia Panameña de la Lengua,  intitulada: Todos los Nerudas, Neruda.  En defensa de la Poesía. Neruda en su tinta. Sucede que me canso de ser hombre. BLOOM: Neruda crea una verdadera constelación de emociones. Neruda: cerca de la sangre, más allá de la tinta. Mi penúltima palabra y el francotirador. Parra, Neruda, Bolaño. Etc. etc.
 
Escáner Cultural nº: 
188

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