Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Carlos YUSTI

 

“Sería una situación conmovedora imaginarse a alguien que se quedara ciego a media noche y creyera que la noche continúa. Coge su mechero y lo acciona, más no consigue arrancarle una sola chispa, y cosas por el estilo”.

Georg Christoph Lichtenberg

 

La escritura en algunas enrevesadas circunstancias se rige por leyes más afines con el azar que con la lógica, madre de todas las desdichas. Los libros que se escriben de igual modo están sujetos a determinados códigos donde el rigor combate de forma encarnizada con el abandono, el fracaso o el deseo impulsivo de abandonarlo todo, de no terminar la obra emprendida y dejarse ir por ese camino sinuoso que no te lleva a ninguna parte y que algunos llaman bloqueo, síndrome Bartleby, falta de inspiración o la fuga de la musa con el que reparte las pizzas. No obstante en algunos escritores la obstinación toma las riendas y los libros logran concretarse en un punto final.

En mi caso personal los pocos libros que he escrito han surgido casi por inercia. Salvo mi primer libro los otros se han ido armando sobre la marcha como si se tratara de rompecabezas.

Con este libro, La gaveta cortáziana, sucedió que los textos surgieron por separado, tanto en tiempo como en los estímulos que me impulsaron para escribirlos. Lo único en común que parecían tener era su naturaleza singular por no decir rara. Los ensayos abordaban temas literarios y de arte un tanto extraños, pero de esa extrañeza como cotidiana y a veces un poco inesperada y la cual irrumpe de improviso y coloca todo de cabeza. Por ejemplo está el artículo sobre Henry Darger, que era portero en un hospital, el St. Joseph de Chicago, pero secretamente tenía años trabajado en un libro ilustrado. Residía en una habitación alquilada.  La obra está formada por 15.154 páginas y el libro se titula La historia de las niñas Vivian, en lo que se conoce como los Reinos de lo Irreal, sobre la Guerra-Tormenta Glandeco-Angeliniana causada por la rebelión de los Niños Esclavos. Escrito a máquina (y sin espacios interlineados) relata las aventuras de las 7 hermanitas Vivian, especie de princesas de Abbiennia, cuyas edades oscilan de los 5 a 8 años, que liberan una guerra contra el maligno planeta habitado por Glandelianos, hombres que esclavizan a los niños, los torturan y le infligen castigos atroces. La parte gráfica ilustra toscamente las aventuras y desventuras de las hermanitas Vivian y su ejercito infantil. Al morir Darger su casera y uno de los pocos amigos del portero solitario se consiguió con aquella obra producto de una locura sistematizada y autodidacta. También está el texto sobre el pintor Richard Dadd, que pasó 42 años confinado en varios centros siquiátricos. Mató a su padre y en el manicomio pasó 10 años pintando un pequeño cuadro (del tamaño de una hoja carta) lleno de gnomos, hadas y otros seres sélficos de un bosque mágico donde un leñador blande una hacha a punto de dar un golpe. El cuadro está tan lleno de detalles que tratar de enuméralos todos quizás conduzca al que lo haga a la locura. También está el texto sobre esa bella espía conocida como Mata-Hari o el texto sobre Marcel Duchamp que un buen día dejó de pintar debido a que se le acabaron las ideas. Lo cierto es que archivé los ensayos en mi computadora, especie de gaveta virtual.

Releyendo a Julio Cortázar, sobre todos sus libros como “La vuelta al día en ochenta mundos”, “Último round” y “Territorios”, llegué directo a los ensayos engavetados para comprobar que los temas tocaban a distintos autores que Cortázar citaba con algún epígrafe, homenajeaba con una nota o nombraba de refilón en algún escrito. Volví a dejar a Cortázar y me olvidé del asunto diluyéndome en esos incidentes colaterales del día a día ajenos a la literatura.

Navegando por la Internet encontré la noticia que anunciaba que en una gaveta olvidada de un escritorio perteneciente a Cortázar aparecieron algunos manuscritos, cartas y otros textos escritos a máquina. Los textos fueron agrupados lo que dio como resultado un libro póstumo titulado “Papeles inesperados”.

Lo de la gaveta de Julio Cortázar no me dejaba tranquilo y pasaron varias días hasta que surgió, como flotando, el título La gaveta cortáziana. El libro sería un homenaje a Cortázar, pero a su vez al ensayo desde ese costado festivo y empantanado con lo anómalo y extravagante cotidiano. Tenía claro que sería ilustrado.

Revisé de nuevo los textos archivados en mi computadora y deseché aquellos que no tenían ningún vínculo con el escritor argentino. El tono gráfico trataría de buscar ese tono de Último round o La vuelta al día en ochenta mundos. Lo que no me convencía mucho era la ilustración convencional. Opté por girar un poco más la tuerca y revisando por casualidad un libro infantil en tres dimensiones (o pop up) surgió la idea de que la ilustración saltara de la página. Con todas estas nociones, más o menos vislumbradas. armé todo el tinglado del libro. 

El resultado final es este libro inusual que trata de convertir el ensayo en un género espontáneo e imprevisible, aparte de no tener en lo absoluto ese fastidioso almidón académico. Sin mencionar que una frase de Cortázar no dejaba en paz: “…hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio”. Quería que el libro fuese inesperado, que el lector abriera sus páginas como si de una gaveta se tratara y fuese capaz de ver al unicornio pastando en ese prado luminoso del sueño.

Pueden ver el video del libro en esta dirección:

 

Tomo 1

https://www.youtube.com/watch?v=XwZOZEUe0R0

 

Tomo 2

https://vimeo.com/130675432

 

 

 

  

 

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