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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Carlos Yusti

 

Poemas Grafológicos

 

Carlos YUSTI

UNO

 

 

DOS

 

 

TRES

 

 

CUATRO

 

 

CINCO

 

 

 

SEIS

 

 

BESTIARIO PORTÁTIL DE LA IMAGINACIÓN

Carlos YUSTI

 

El estudio de los animales desde una perspectiva moral y ética tiene en Aristóteles al primer zoólogo y por esa razón María del Pilar Hernández Mercedes escribe: “La utilización de datos zoológicos con finalidad ética viene de muy antiguo. Ya Aristóteles, en su Historia de los Animales introduce este componente (Aristóteles, Histoire des animaux, Libro IX, VII ). Desde la perspectiva que contempla la relación animal-pecado, (…), un primer hito lo constituye Filón de Alejandría, exégeta cristiano del siglo II a quien debemos una primera lectura simbólica de las escrituras, en su obra De Plantatione, donde ya se configura la relación entre animales y pecados, (…)”. Esta acotación es necesaria para llegar al bestiario medieval.

Maneras y contramaneras de la poesía

(a propósito del libroEx sesos y asa res, borrones para versos no tan perversosde Erro)

 

Carlos Yusti

 

“Hay dos tipos de escritores: los que lo son y los que no lo son. En los primeros el fondo y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos el fondo y la forma van juntos como el cuerpo y el vestido”.

Karl Kraus

En un oportunidad Paul Valery quedó sorprendido al leer en una revista un poema de Stéphane Mallarmé. El poema no era otro que “Un golpe de dados jamás abolirá el azar” («Un coup de dés jamais n’abolira le hasard»), publicado con gran sentido experimental y creativo en 1897 en la revista Cosmopolis (la edición definitiva se imprimirá en el año 1914 en Editions de la Nouvelle Revue Française). Valery escribe: «Mallarmé me dejó ver por fin cómo había colocado las palabras en la página. Me parecía tener frente a mí la forma y el modelo de un pensamiento puesto por primera vez en un espacio circunscrito. Era el propio espacio el que hablaba, soñaba, daba vida a las formas temporales (…)Expectativa, perplejidad, concentración eran todas cosas visibles… Con mis propios ojos he podido ver los silencios que las formas asumían, instantes imperceptibles se hicieron claramente visibles: fracciones de un segundo durante el cual la idea viene y se va, átomos de tiempo que funcionan como gérmenes de infinitas consecuencias.» Para un lector actual de poesía esa distribución del poema en la página puede resultar común, pero en ese momento el poema distribuido en la página, con sus grandes espacios en blancos, adquirió nuevos significados estéticos y sintácticos. El poema dejó de ser una conjunción de versos y metáforas en columnas para devenir en una pulsación visual, desechó la camisa de fuerza de la columna para desparramase por la página en blanco como una desgarradura sonora y gráfica.

 

 

Foto fija de grupo literario con revista

 

“No se sorprendan de mi silencio: el motivo principal es que nunca encuentro nada interesante que contarles. Viviendo en uno de estos países nunca hay nada que contar. Desiertos poblados de estúpidos negros, sin caminos, sin correos, sin viajeros: ¿qué queréis que les escriba?...”

(Arthur Rimbaud, Cartas Abisinias,Harar, 25 de febrero de 1890)

 

Carlos YUSTI

 

 

 

 

 

Carlos Yusti

 

El lenguaje es una entidad que se transforma cada día, a pesar del denodado esfuerzo realizado por los académicos de la lengua para tranquilizarlo, alexotanilizarlo y ahormarlo en esos poco prácticos mamotretos, que llaman con suntuosidad, Diccionario de la Real Academia. Lo indiscutible es que el lenguaje parece más una putona primaveral, arisca y callejera, que una señora recatada, hogareña y sumisa. El idioma en la calle se revitaliza, se rejuvenece. Vibra al ritmo de la jerga tórrida, del habla pisoteada desde la humorada y la ignorancia, del castellano empujado hacia un sentido práctico donde el léxico, entre la sátira y la creación permanente, deja el docto rigor y va así ensanchando más y más las márgenes del castellano.

En una novela de Perec, “La vida instrucciones de uso”, hay un personaje cuyo trabajo consiste en eliminar de los diccionarios palabras que han caído en desuso. La vida de este personaje se consume en el traslado de palabras muertas al cementerio del olvido en una selección trágica-cómica. Por eso cada cual habla como puede, tratando de salir del cementerio en la que a veces se convierten algunas las palabras. Cada cual inventa sus modismos, su glosario personalísimo tratando de sentirse vivo a través del comercio del habla, del trapicheo de las palabras hasta llegar a colectivizar una jerga, lírica e insumisa, a la que le tiene sin cuidado las normas y las reglas académicas de la lengua.

El Realismo Limpio de César Rengifo

 

Carlos Yusti

Para César Rengifo la realidad del barrio no olía a detritus, ni a basural degollado por perros callejeros. Tampoco tenía ese vaho de prostitutas acicalándose para la faena cuando la luna va mordiendo los linderos del cerro. Mucho menos era ese bufido de escaleras pringosas, con agua de cloaca, por donde bajaban esos espectros de la noche con ojeras patibularias para jugar ruleta rusa con la vida. Veía la realidad como una especie de pobreza desolada, con perros tensados en el hueso del hambre, de paisajes áridos con árboles secos (o sin hojas) quebrados en la pesadumbre, de hombres y mujeres agujereados por el drama y la tristeza. Había como mucha soledad metafórica, como mucha desolación lírica.

 

 

Carlos Yusti

 

El texto más chirriante de fracaso que he leído es una carta de Simón Bolívar. Mirar a los ojos del fracaso es una experiencia que puede enfrentar a cualquiera al espejo negro de esa condición de precipicio que viaja por la venas como hojas de afeitar.

Simón Bolívar parece nunca pasar de moda. Un conjunto de películas, con sus aciertos y desniveles, lo convierte en un héroe hollywoodense. Amén que durante siglos su nombre le ha servido a cualquier politicastro para darse cierto aire de fashionable profundidad. Su publicitada Carta de Jamaica es pasto de todos lo análisis posible. No obstante la carta que en lo personal me resulta excepcional es la que le dirige el 9 de noviembre de 1830 al general Juan José Flores, jefe del Ecuador, un estado desprendido ya de la Gran colombia. Es una carta sombría y con una carga suprema de negatividad  y vencimiento que la hace tan emo y de una actualidad pasmosa.

De niño jamás idealicé a Bolívar. Ni siquiera lo coloqué en un altar a pesar que mamá tenía su efigie de un coloridokitsch (enmarcada con dos vidrios) junto a sus santos predilectos en un retablo de fe con mucho sincretismo, que exhibía (en figuras de yeso pintado y retratos) lo mejor de nuestro santoral criollo desde la Virgen María, pasando por José Gregorio, san Onofre y María Lionza.

 

 

Un escritor tapa amarilla

Carlos Yusti

Como viajero frecuente del transporte público escuché a dos damas conversar. Una le decía a la otra: “Te acuerdas de Manuel, con el que salía; bueno en la cama resultó todo un tapa amarilla”.

Hubo un tiempo, lejano, muy lejano, en la que los anaqueles se vieron invadidos por unos productos de limpieza (cloro, desinfectantes, etc.) carentes de marca y cuyo único distintivo era una tapa de color amarillo. Eran más económico y su calidad era un tanto desigual. Se hizo común utilizar lo de la tapa amarilla como signo de calidad dudosa, o sin ningún rasgo sobresaliente.

De pronto recordé a Rafael Bolívar Coronado (1884-1924) ¿Hay un escritor más estrambótico, atronado y alucinante que el autor de la letra del Alma llanera?. Si tienen interés en conocer los entretelones de un escritor que rompe los esquemas, de un polígrafo inverosímil deben leer el libro de Rafael Ramón Castellanos, Un hombre con más seiscientos nombres(Rafael Bolívar Coronado) o el libro El hombre que nació para el ruido. Biografía de Rafael Bolívar Coronado, de Oldman Botello.

Sus pecados como escritor fueron muchos, pero el peor quizá sea la letra del Alma llanera. Escribió con un buen número de seudónimos (más de 600 si se consideran los datos investigados por Castellanos), sin mencionar que usurpó la identidad de otros escritores para estamparlo a sus libros, cuentos y artículos.

 

 

En la escenografía de las ciudades

Carlos Yusti

 

 

La ciudades son las escenografías ideales para esos fotógrafos que se pierden en la estética de lo cotidiano, que buscan en la calle ese grito silencioso de la vida que se echa andar en el día a día. La ciudad como un gran tinglado teatral en la cual se escenifica a diario un drama, una comedia, un amorío de enredos, un sueño tejidos de mucho hilos y que escribe cartas, telegramas y mensajes en sus paredes. La ciudad con sus calles y sus personajes de siempre ( El vendedor callejero, el borrachín, la señora de las loterías, etc.) formando ese cuadro de costumbre, esa imagen que para muchos pasa como un celaje, mientras cada cual se pierde en el vibrato de hiperactividad que a fin de cuenta son las ciudades.

Yuri Valecillo es un fotógrafo que recorre la calle intentando ver la poesía, a pesar de la aceleración de la ciudad, en su conjunto y con este grupo de fotografías trata de capturar ese sentido plástico que exhiben las ciudades, como si de ropa tendida al sol se tratara. Yuri busca con estas fotos de puertas, ventanas y grafitis subrayar una particular poética.

El ciudadano de a pie, y que por la misma agitación de la ciudad se vuelve ciego y sordo, pasa en ocasiones sin la capacidad para captar la música, la escritura y el arte de la ciudad. Estas fotos van a la pesquisa de esa belleza inusual que puede tener un grafiti, una puerta o una ventana carcomida por el tiempo.

 

El ensayo: ese gato de los poetas

Carlos Yusti

 “Cuando juego con mi gata, ¿cómo sé que no es ella la que juega conmigo?”.

Michel de Montaigne

 

 

 

El poeta Charles Baudelaire escribió varios poemas a los gatos: “Ven, mi hermoso gato, cabe mi corazón amoroso;/
retén las garras de tu pata,/
y déjame sumergir en tus bellos ojos,
/mezclados de metal y de ágata”. Elías Canetti escribió en sus diarios que muchos poetas escriben ensayos como si jugaran, quizá recordaba la frase de Montaigne, con un gato. En lo personal soy poco proclive a los gatos, pero me gustan los buenos ensayistas ya que el ensayo es siempre ese malabarismo literario por lo inacabado, esa exploración nunca exacta que se mueve por lo general en ese terreno de lo impreciso sobre los temas más diversos. El ensayo es algo así como una gran mesa de operaciones donde el escritor disecciona los distintos aspectos de la vida y la literatura, los somete al bisturí de sus juicios y puntos de vista tratando de sacar algo en limpio, de comprender cuando la vida y la literatura se entrecruzan, donde está ese punto mágico de encuentro. En el ensayo (como género se entiende) el autor de poemas, el novelista e incluso el profesor de literatura, el crítico y hasta el reseñador de libros pueden encontrar una veta debido a que el ensayo es ese amago, ese intento de divagación sin estructura preconcebida y en el que se puede ensayar incluso a escribir literatura que es decir bastante.

 

 

Carlos Yusti

La Gran Pulpería del Libro

Se ha convertido en una especie de moda. Son las listas de los mejores best-seller de todos los tiempos o de los clásicos imprescindibles y en esa tónica puede encontrar por la Internet un florido etcétera. Para estar a tono he confeccionado mi lista, o más bien mi biblioteca personal (amén san Borges) de libros/o autores de nuestro patio local(Venezuela) y que son como ineludibles leer. Por supuesto es mi visión interesada, venial y poco fiable de allí que convido a quienes no concuerden conmigo que elaboren su propia lista/biblioteca y todos felices. Ah, mi listabiblioteca es un recorrido arbitrario en el tiempo y por los autores más dispares.

Comenzaría por Juan de Castellanos(1522-1607) y sus Elegías de varones ilustres de Indias (1589). José de Oviedo y Baños cuyo relato Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela (1723)  nos conecta con esa visión foránea de nuestro país. Otro que no puede faltar es fray Juan Antonio Navarrete (1749-1814) y su libro Arca de letras y teatro universal, autor que se lleva todos los premios de extraño y raro. Esta primera tanda de autores clásicos para darle brillo más a mi caradurismo lector que a mi erudición.

 

 

 

Carlos Yusti

 

Francisco Arévalo, el 29 y 30 de octubre de 2015, fue el centro del IV Encuentro de Poetas y Escritores del estado Bolívar organizado por la Fundación Poetas del Río.

 

Cada escritor se hace de una máscara y de un estilo por cuenta y riesgo. Cada escritor se bate a duelo con sus demonios particulares. Para Francisco Arévalo la escritura no es más que una manera de domesticar y adecentar los demonios guardados en su closet personal. Nos hicimos amigos dentro de esa oscuridad mohosa de los peores bares de la ciudad. En una mesa, con alguna prostituta calculando las ganancias y con el mohín del fastidio en los labios color sangre, íbamos acumulando botellas y repasando nuestros descuidos/torpezas con la escritura; jugábamos a la baraja de la bilis y la ironía para decapitar a los maestros del día del mundillo literario poblado de capillas poéticas y mafias intelectualoides, todo algo sórdido como las chicas que nos vendían sus encantos mientras Arévalo estaba atento anotándolo todo en la memoria del corazón y con el lapicero de los sentidos para convertir todo eso en un poema, un cuento o en el fragmento brutal de una novela.

 

El fracaso como estilo

 

Carlos Yusti

Tengo un amigo que es una extraña máquina para la producción en serie de fracasos. Es poeta, pero nunca ha resuelto publicar una plaqueta o un libro como es debido. Sus amigos lo han incluido en algunas antologías y en una que otra revista. Del resto sigue en el activismo del desaliño, merodeando en bares de mala muerte y en algún café te aborda y saca su fajo de hojas sueltas (garrapateadas con esa letra hormigosa de la neurosis) para leer sus poemas, al tiempo que te gorrea los bebestibles y los comestibles.

Estuvo casado y era profesor en alguna universidad. Pero ahora vive solo y trabaja en lo que puede. Su actitud de naufrago recurrente le ha acarreado todos sus deslices existenciales. Ha ido de aquí para allá y la escritura parece ser su única conexión con la realidad. Aunque esto sea un poco impreciso. Uno lo mira y puede notar que está carcomido por sus pensamientos, que las ideas lo trabajan hasta la desnudez del vacío. Aunque parece un hombre confuso mi amigo está claro y quizá le sucede como a Clarice Lispector: “…] en fin, qué hacer sino meditar para caer en aquel vacío pleno que sólo se alcanza con la meditación. Meditar no tiene que dar resultados: la meditación puede verse como fin de sí misma. Medito sin palabras y sobre nada. Lo que me confunde la vida es escribir”.

 

 

LEWIS CARROL, LA LÓGICA SUBVERTIDA

Carlos YUSTI

 

 

“En un mundo de locos, Alicia es la voz de la razón. Ante las reglas absurdas que rigen el País de las Maravillas y la maléfica burocracia del Otro Lado del Espejo, Alicia mantiene con coraje sus convicciones humanas, cívicas y éticas. Desde tal punto de vista, los libros de Lewis Carroll pueden ser leídos como una defensa del individuo en una sociedad abusiva que le niega el derecho a cuestionar a las autoridades, a oponerse a la injusticia y a defender su propia identidad”.

Alberto Manguel

 

 

 

 

Poetas Anónimos

Calos Yusti

Cuando era joven me enganché a la poesía. Era como un vicio desquiciado eso de ser poeta. Leía mucho a los poetas malditos. Me desayunaba con Lautremont, Baudelaire, Rimbaud; para después almorzar un Verlaine copioso y suculento. Para la cena redondeaba con un clásico del malditismos como François Villon (1431-1463). Estaba fatal y andaba peor: desgreñado, sin asearme y convirtiendo la casa familiar en un infiernillo de gritos, discusiones y suplicios que ni la imaginación de Dante.

Esta etapa juvenil fue un tanto surrealista, sin ese brillante surrealismo literario claro. Como naufrago andaba por los cafés. En ocasiones merodeaba por la escuela de Teatro Ramón Zapata o por los pasillos de escuela de arte Arturo Michelena. Me curtía la piel con el arte visitando sus entrañas. Acababa de terminar el bachillerato y andaba en busca de algún trabajo sin buscarlo como es lógico.

En este trance de incertidumbre y juventud me ensamblé con otros individuos (y una antigua condiscípula del Martín J. Sanabria) y formamos una especie de grupo, peña, pandilla, cuadrilla, comparsa, que se reunía en un café cerca del Teatro Municipal. Pasábamos horas discutiendo de los últimos libros leídos y de los recién poetas descubiertos. No creíamos en nada. Fuimos una especie de grupo literario cuando la resaca del semejantes artificios de la literatura eran sólo páginas amarillentas de consulta obligada en hemerotecas. Éramos unos retrasados, unos anacrónicos.