Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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 UN ACERCAMIENTO AL TATUAJE CHILENO CONTEMPORÁNEO

Segunda Parte

   

¿Por qué NO se tatúan los chilenos? 

 

 El tatuaje no puede borrarse 

No, tengo un tatuaje, ni lo contemplo entre mis posibilidades porque no quiero arrepentirme después”.(Catalina, Licenciada en Artes)

      Uno de los motivos más aludidos por los encuestados para argumentar por qué no han querido tatuarse ni lo querrían hacer en el futuro es la permanencia definitiva del tatuaje como marca imborrable en la piel del cuerpo. El hecho de que hacerse un tatuaje involucre una decisión que es para toda la vida, sin que exista la posibilidad de revertirla completamente, es una realidad que intimida a muchos quienes declararon que no optarían por este tipo de decoración corporal. Marcarse visualmente para toda la vida implica encontrarse por el resto de los días con el motivo elegido en el tatuaje. Y hoy quedan pocas opciones que consideramos para toda la vida. Aquéllas decisiones que hace menos de un siglo eran irreversibles, como por ejemplo el matrimonio, la determinación sexual y la adhesión a una determinada creencia religiosa. Hoy, casi todo es factible al cambio, al desplazamiento y/o a la desaparición.

 

El valor religioso asignado al cuerpo

      Sin duda, muy pocos crecidos en el Chile de hoy han llegado a adultos sin haber escuchado alguna vez el adagio cristiano de que "el cuerpo es el templo del alma". A esto, sumémosle la mitología cristiana occidental que explica el origen de la humanidad con la creación del hombre por Dios, quien lo hizo a su Imagen y Semejanza.La contención con respecto al cuerpo, el cuidado del cuerpo como guardador del alma, el temor a herirlo, infectarlo o a  enfermarlo y la sensación de sentirlo sucio si se le altera su pigmentación original, son algunos de los argumentos en contra de la posibilidad de tatuarse que me hicieron reconocer el valor ideológico y religioso que se le atribuye al cuerpo como impedimento para practicar un tatuaje.

      Quienes apelaban a este argumento, efectivamente practicaban o por lo menos adherían a una creencia religiosa. Incluso hubo quienes consideraron la negación al tatuaje como una de sus prácticas tendientes a la purificación del cuerpo, como Caterina, estudiante de Diseño de Vestuario de la Universidad del Pacífico quien espontáneamente respondió: “Jamás me tatuaría, el cuerpo es el templo del alma, hay que mantenerlo sano…yo ya ni siquiera tomo alcohol” 

 El temor de dañar el órgano de la piel

        La piel es un órgano complejo y multi-funcional, que cumple muchas más tareas corporales que las que nos imaginamos.  Las funciones de la piel son esenciales para mantener la homeostasis y, en consecuencia, para la propia supervivencia. Comprenden procesos tan diversos como la protección, la regulación de la temperatura, la síntesis de importantes sustancias químicas y hormonas, y la excreción de agua y sales. La piel envuelve y protege los otros tejidos y órganos del cuerpo, a la vez que contiene los receptores sensitivos que proporcionan información relacionada con el medio ambiente, para que el organismo se adapte a éste; es el órgano táctil por excelencia. Estos receptores están distribuidos a lo largo de toda la piel, en cantidades que varían en virtud de la parte del cuerpo que esté cubierta por ese determinado tramo de piel. La información proporcionada por los receptores sensitivos de la piel posibilita al organismo a adaptarse a los estímulos ambientales a los cuales se ve sometido. 

      A todos los estímulos puede adaptarse el sistema nervioso humano, asimilándolos, menos a uno: el dolor. Es decir, el organismo humano se niega a adaptarse a los estímulos que provocan dolor, justamente porque la función del dolor es que el organismo reaccione deshaciéndose  del estímulo que lo provoca. 

        El tatuaje no produce enfermedad alguna para el órgano de la piel, pero sí produce dolor. Las agujas agujerean la piel superficialmente causando una herida. El dolor viene del racimo de agujas en la máquina que agujerea la piel muy rápidamente.

      Este dolor, junto con el temor de que la sensación de dolor sea un aviso de que la piel está siendo dañada, es uno de los argumentos en el que un grupo de encuestados se escuda para no estar interesado en tatuarse. “No, jamás me tatuaría, me da nervios, es como hacerse una herida”, opina Ignacio, Licenciado en Arte PUC. Provocarse de manera voluntaria un dolor en la piel no es atractivo para muchos, ni menos para quienes no ven en ese dolor temporal un sacrificio que lo valida en virtud de un bien superior y trascendente.

El no querer aparentar

 “No está en mis posibilidades porque lo considero una estupidez típica de la gente débil en algún aspecto de su personalidad 
y que necesita con urgencia demostrar lo contrario, a través de la pertenencia a algo (movimiento, grupo social etc.)
 o que le demostrar gusta alguna cosa tiñéndose el cuerpo”.  (Alvaro Sotovia, Comunicador Audiovisual)
      Estamos en la era de las apariencias, en la cual es indispensable para el sujeto social responder a un prototipo escogido por él 
o impuesto desde afuera para sentirse validado y definido con respecto a la masa de personas, ambientes y estímulos con la 
cual tiene que interactuar diariamente. Así, cada grupo social tiene su propio atuendo y ornamentación en dependencia de las 
características del mismo. Sin embargo, no nos consta qué porcentaje de quiénes ocupan esos atuendos lo hacen porque 
realmente adhieren al grupo determinado o bien porque necesitan urgentemente sentirse parte de una moda que los afirme 
en su inseguridad de estar solos ante una sociedad masiva y alienante como la nuestra. 

      La razón de no tatuarse por no querer aparentar, entonces, es una crítica ante quienes invierten la relación de la identificación 
con la estética, buscando primero alcanzar una apariencia determinada y después resolver si internamente calzan con el
prototipo escogido para imitar…o no.

                                                                 

 

Chile, un país donde el tatuaje es una práctica alternativa

“No me he tatuado, porque lo encuentro muy punga jajaja”(Oscar, Ing. Comercial). 
      A pesar de que el tatuaje se realiza en el cuerpo de un sólo individuo y posterior a la toma de una decisión 100% personal, sigue 
siendo una práctica más social que individual. Nadie se tatúa sólo para sí mismo, sino para expresar a otros lo que se siente o se 
quiere aparentar sentir como propio. 

      En Santiago de Chile, el tatuaje es considerado una práctica alternativa, es decir, tatuarse no es un acto popular ni masivo. 
Del 100% de encuestados, el 4% presentaba este tipo de estética corporal. La encuesta realizada no me sirvió para encontrarme 
con los sujetos tatuados. Para hacerlo, tuve que dedicarme exclusivamente a contactar individuos que efectivamente tuvieran 
un tatuaje, y una vez hallados hacerles la encuesta. 


                                                                  
       Comparado con otro tipo de manifestaciones de estética corporal tales como teñirse el pelo, colgarse aros de las orejas u ocupar 
un cierto tipo de maquillaje, el tatuaje no es una práctica común en Chile. Es justamente por eso que muchos jóvenes chilenos optan 
por esta manifestación estética en la edad en que necesitan diferenciarse del resto, realizando una acción que sale de lo común. 

¿Por qué se tatúan los tatuados chilenos? En el artículo que viene, lo descubriremos.

Ximena Jordán.

Máster en Curaduría del Arte, Melbourne University.

Licenciada en Estética PUC.

Viña del Mar, V Región - Chile

ximejordan@yahoo.com

IMPORTANTE: Las imágenes de este artículo NO son de mi autoría y su origen está extraviado.

Si alguien reconoce proveniencia de alguna de ellas, porfavor avisarme a mi correo electrónico.

 

 

 

 

 

 

  

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