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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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BESTIARIO PORTÁTIL DE LA IMAGINACIÓN

Carlos YUSTI

 

El estudio de los animales desde una perspectiva moral y ética tiene en Aristóteles al primer zoólogo y por esa razón María del Pilar Hernández Mercedes escribe: “La utilización de datos zoológicos con finalidad ética viene de muy antiguo. Ya Aristóteles, en su Historia de los Animales introduce este componente (Aristóteles, Histoire des animaux, Libro IX, VII ). Desde la perspectiva que contempla la relación animal-pecado, (…), un primer hito lo constituye Filón de Alejandría, exégeta cristiano del siglo II a quien debemos una primera lectura simbólica de las escrituras, en su obra De Plantatione, donde ya se configura la relación entre animales y pecados, (…)”. Esta acotación es necesaria para llegar al bestiario medieval.

En la Edad Media los grandes lectores de los clásicos griegos fueron sin duda clérigos (y demás grey vinculada a los monasterios provistos de buenas bibliotecas) quienes fueron marcados por dichas lecturas. Hernández Mercedes escribe que “un primer hito lo constituye Filón de Alejandría, exégeta cristiano del siglo II a quien debemos una primera lectura simbólica de las escrituras, en su obra De Plantatione, donde ya se configura la relación entre animales y pecados, siguiendo el camino abierto por éste, Novaciano, en el siglo III, nos ofrece un tratado, titulado De civis iudacis, en forma de carta pastoral, sobre los animales como espejo de las pasiones humanas. Del mismo modo, en el siglo IX, Rábano Mauro, en su De Universo, trata de las cualidades de los animales relacionándolas con los vicios y virtudes del hombre. Durante toda la Edad Media, proliferaron los bestiarios, de los que el Fisiólogo, texto anónimo griego compuesto en torno al segundo siglo de nuestra era, es considerado arquetipo literario”.

El Bestiario medieval no era otra cosa que un compendio de animales reales, mitológicos, fabulosos o monstruosos. Marco Urdapilleta Muñoz anota que el sentido, o las tareas, del Bestiario estaban circunscritas a lo didáctico-moral, concebidos en virtud de un repositorio de ejemplos para nutrir los sermones, de igual manera era una sugerencia al lector sobre una conducta más acorde con los preceptos de las buenas costumbres, también fue una manera para describir el simbolismo oculto de los seres que moran en la naturaleza y, por último, servía como panegírico de la gloria de Dios.

Sobre el aspecto del Bestiario Lisandro Parodi ha escrito: “El Bestiario era un libro manuscrito (como todos los de la Edad Media), usualmente escrito en latín, con ilustraciones en tinta de oro y color, bosquejos o directamente sin ilustraciones”. El mismo Parodi acota que el texto del Bestiario constaban de dos partes: una que describía el animal tratado y la otra que proporcionaba una visión de los hábitos toscos de la criatura. Todo esto puede conducirnos perfectamente a los cronistas de indias y al Manual de Zoología fantástica escrito a dos manos por Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero.

Los textos que se conocen como las Crónicas de Indias conforman al decir de Victor Wahlström una curiosa mixtura, especie de pastiche que mezcla historiografía, ensayo, narrativa de ficción, poesía épica, libros de viaje y diario personal para fija través de la escritura un mundo que tiene una aura misteriosa y maravillosa, la cual algunos de estos cronistas conocen a través del prisma de esa singular literatura medieval. El escritor e historiador Vladimir Acosta ha tratado este tema con amplitud en su libro El continente prodigioso. Mitos e imaginario medieval en la Conquista americana.  Los cronistas de indias realizarán sus respectivos Bestiarios, pero su tratamiento no es copia de los medievales si no que agrega un capítulo nuevo, sin dejar al margen lo inaudito, exótico y asombroso. Para los cronistas lo maravilloso de la fauna aporta una estética nueva y por ese motivo la descripción de los animales se ampara en lo narrativo, acicalando el relato con una mirada acuciosa que se adorna con la anécdota y que no se detiene mucho en la precisión anatómica.

En el prólogo del libro de Borges y Margarita Guerrero se escribe sobre la primera vez que un chico visita un zoológico y en la que observa animales que nunca ha visto. De ese zoo de la infancia se entra a ese otra un tanto literaturesco: “Pasemos, ahora, del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías, al jardín cuya fauna no es de leones sino de esfinges y de grifos y de centauros. La población de este segundo jardín debería exceder a la del primero, ya que un monstruo no es otra cosa que una combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lindan con lo infinito. En el cen-tauro se conjugan el caballo y el hombre, en el minotauro el toro y el hombre (Dante lo imaginó con rostro humano y cuerpo de toro) y así podríamos producir, nos parece, un número indefinido de mons-truos, combinaciones de pez, de pájaro y de reptil, sin otros límites que el hastío o el asco”. Esta visión nos lleva a este Bestiario estético de Franklin Fernández.

Bestiario que no responde a lo religioso ni a una visión del realismo mágico, pero como otros trabajos artísticos de Franklin tiene implícito  el juego,  la combinación de objetos, de ese rompecabezas que busca sorprender al espectador al mostrarle la cotidianidad mágica a través de objetos comunes combinados y trasmutados desde la sensibilidad plástica.

Este Bestiario particular de Franklin conserva en buena parte esa idea del zoológico con sus jaulas, sólo que el artista las sustituye por envases de vidrio. No obstante el espectador asiste a este zoo portátil con la misma curiosidad que lo haría el niño que asiste por primera vez para mirar a los animales. Otra particularidad de este Bestiario es ese tono kitsch que posee y en la que se combina el comic transfigurado en figuras/muñequitos de plásticos sometidos a esas combinaciones arbitrarias hasta dar con un animal fantástico digno de la imaginación más volátil.

El trabajo artístico de Franklin Fernández sigue explorando objetos y materiales diversos para sus ensamblajes dando muestras de una capacidad creativa despierta y siempre dispuesta a al riesgo y la experimentación. Ya lo ha hecho con los poemas-objetos, luego con las catedrales e iglesias articuladas con materiales pobres y maderas desechadas lo que ofrecía una pieza de una espiritualidad que muchas iglesias reales no tienen. También es necesario mencionar esos inigualables paisajes con madera donde lo abstracto y la simplificación de la naturaleza ofrecen paisajes que se fijan en la memoria por su desnuda belleza.

Este zoológico imaginario bebe de muchas fuentes, pero su centro es confrontar esa lógica tan apegada a lo norman y que quiere desechar lo imaginativo a favor de lo funcional. Adriana González Mateos ha escrito: “El Manual de zoología fantástica también se puede leer como la historia irónica que recoge los esfuerzos de la lógica por enfrentarse a la imaginación o como un recuento de las aberraciones del razonamiento. Más que una colección meramente humorística, el libro recoge los vestigios de concepciones del mundo caídas en desuso, dentro de las cuales estos errores aparentes eran razonamientos sólidos.” Este manual movible de animales fantásticos de Franklin Fernández muestran esas posibilidades del arte y la imaginación como trinchera siempre para lo imposible, que viene siendo otro de esos sinónimos que en ocasiones tiene la utopía.

 

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