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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Javier Flores
 

El puñal que hiciste tuyo

I
 
Escuchamos venir al océano mercante
pero nunca sabremos
quién será el último comprador,
aquel que escupirá
la carne del corazón animal.
 
 
Piensa, medita a la Bestia
el peso en los túneles
del hogar que construiste,
la ficción de los suelos rasos
donde la trascendencia
es humillada hasta el éxtasis.
 
Vuelve al pueblo
con las manchas imperdonables
de quien tomó la decisión
que lo separa del amor
para observar su milenaria consunción,
impregnado de aquella humedad
que invoca a las personas a reunirse
en sus pequeños círculos dorados:
 
 
Por qué no debo matar,
vengarlos con el golpe de la naturaleza
¿es el temor al total silencio
en la traición del origen?
La justicia humana, la justicia divina
pertenecen al mismo reino
de colmillos ardientes:
en mis sueños salvajes con la libertad
somos un solo monstruo
cuyos signos encandilan a los recién nacidos.
La raza perfecta
ávida de la raza perfecta.
 
 


Tiempo y aliento,
comprende
la distancia entre las ruinas
y resuelve a la Bestia.
 
 
 
II
 

Lo busco desde las diásporas de los barrios
que sobrevivieron
a la sospechosa solemnidad del enrolamiento.
 
 
Le di de comer alguna vez
cuando no podía darse cuenta de las manchas rojas en mi camisa
blanca, sedienta y terrosa
como las banderas de los países al borde de desintegrarse
en la suerte tangible del caos.
 
 
Busco el cuerpo, aquel que tiene una estrella
deformada en el pecho
pidiendo que la razón mantenga la profundidad de los secretos
por los que no confía en el destino exhibido
en la antorcha de las leyes.
 
 
Alguien, niño y rapaz grita
-no esperen a perder la potestad
de sus hogares levantados
sobre el alimento puro de la tierra ilícita,
la verdad y el derecho sobre los callejones en los que se forja
el capital de las naciones,
no esperen las lágrimas en las mejillas del santo de la cumbre
para decidir tomar las armas,
no releguen a las instituciones la ritual labor de construirlas-.
 
 
Te he traído tu manto, general
esta vez para que permanezcas frente
a los grabados de los pilares
y escuches los ruidos
del arte que siendo creado para los templos
en su destrucción
formula su mensaje auténtico:
escribe el libro de la ira y la salvación
imitando la belleza lóbrega del ciclo de los elementos.
 
 
Te he traído tu manto, general
y la daga que explica
en la figura de su excitación
la causa única.
No me des aquel puñal que hiciste tuyo,
la fábula tergiversada incitando una nueva conjura
contra los puños del mundo primigenio
renacidos en nuestra intuitiva negación
a bailar sin pesar ni furia,
revividos en el instinto de buscar el engaño
del diagrama de los nuevos continentes:
 
 
El depredador no ataca en nombre de la moral
que redime la culpa por la pobreza,
lo hace desde el frío de la fe.
 
 
Soy tan traidor como tú al aceptar las leyes de la naturaleza,
por no tener el valor para escuchar y crear
la ciencia de los pueblos.
 
 
 
III

 
Mantén el frío dentro
hasta que enferme la voz que describe
la apariencia de las emociones.
Realiza el rito del desayuno solitario.
 
 
He dado un falso testimonio
para recrear
la oscura serenidad,
no hubo presentes envestidos
con el rol de revelar el secreto,
la última estación
debe exhibir
la fragilidad del desnudo.
Sé que los poseí
porque pude concebir destierros,
el viaje común
por la rabia de ser una creación.

 

Del frío de la fe


La sangre en las fauces de la bestia, su memoria,
el hambre de ver en la oscuridad
la caída del niño poeta y la creación del alma del criminal
en esta gran avenida iluminada en la que los adolescentes y los viejos
sueñan su suerte cada nuevo siglo;

la niña pequeña concentrada en el sonido de los golpes
desde el otro lado de las almas de los muros
obligada a responder que es la mujer libre y culpable de no albergar
la violencia en su vientre como se interpreta desde los signos
de los finales de los imperios, por no ser la agradecida superviviente
para todas las jerarquías innombrables;

el habitante de la frontera que juró destruir la ciudad con sus manos
si no volvía a ver a los espíritus de sus hijos
anunciar algo que lo animara a alimentarse
como lo hizo el pasado amor a la inmortalidad
con la posibilidad de no ser un cuerpo de la guerra
y la certeza de que ningún líder poseyera la explosión de su muerte;

las historias de los niños asesinos que recordaron la ira esencial
del pacto obvio pero oculto del juego de sus hermanos
y que fueron callados con el trabajo letal de cavar las zanjas
que separan y distribuyen el veneno de los pueblos
se evocan para sentir la lejanía durante algunos minutos de paz.
Los hombres solos en los portales de las iglesias cerradas
no esperando por el inicio de la vida toman lo que les pertenece.
Se es más la ausencia de los seres queridos:
contemplo el débil resplandor y el filo del puñal,
los objetos mundanos en la penumbra son obvios y descifrables
habitables sin necesidad de la luz quizás por el resto de los años.
No relates la crueldad de tus orígenes, detrás de la compasión
siempre está el temor y el odio al animal herido.
Sus pupilas se dilatan ante las confesiones inevitables
del vapor que el pecho exhala, sus rodillas se quiebran
para pedir una hipótesis parricida que valga el peso de los dorsos marcados:

los demonios provienen de nuestra primera percepción de los astros
recordamos a los sepultados como gente que ha elegido no volver
después de la traición;


Los maestros enferman
olvidando todas las decisiones
que definieron a las generaciones jóvenes.


Toda nuestra fe
para unos segundos de ciega calidez
en los que se pide por quienes forjaron nuestra miseria
con el fin de mantener el dolor
en el fuego de los pómulos
entendiendo el llamado del sonido del metal
de las cúpulas golpeado.

La derrota es una en nombre de los monstruos de la Historia,
de lo que siempre escondimos creyendo
que llegaría el momento
en que seríamos recompensados
por el tiempo de la inocencia. 

 


 
Javier Flores: Santiago, Chile (1982), trabaja profesionalmente en el campo de la informática y desarrolla la creación literaria en forma paralela. 
Fundador de los proyectos Colectivo Río Negro y La Ira de Morfeo, hoy ambos refundados con direcciones diferentes por un grupo de poetas guineanos y por la poeta Isabel Guerrero, respectivamente. 
Ha publicado en antologías literarias realizadas por MagoEditores, en Chile y Alea Blanca, en España, además de en diversas revistas literarias, digitales e impresas.
Trabaja actualmente en el desarrollo de software de evasión de censura periodística para medios del país en dictadura, Guinea Ecuatorial, como también apoyando tecnológicamente a otros medios en situaciones similares.
Como prospecto, se encuentra coordinando la creación de una organización para el rastreo de lavado de dinero, junto al activista político guineano Delfín Mocache.
 
Imagen de dominio público

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