Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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LEWIS CARROL, LA LÓGICA SUBVERTIDA

Carlos YUSTI

 

 

“En un mundo de locos, Alicia es la voz de la razón. Ante las reglas absurdas que rigen el País de las Maravillas y la maléfica burocracia del Otro Lado del Espejo, Alicia mantiene con coraje sus convicciones humanas, cívicas y éticas. Desde tal punto de vista, los libros de Lewis Carroll pueden ser leídos como una defensa del individuo en una sociedad abusiva que le niega el derecho a cuestionar a las autoridades, a oponerse a la injusticia y a defender su propia identidad”.

Alberto Manguel

 

 

Charles Lutwitge Dodgson, es el verdadero nombre de Lewis Carrol, autor de uno de esos libros infantiles cuya extravagancia lo convierten en un libro sin tiempo. “Alicia en el país de las maravillas” es, por otra parte, un libro que ha sido abordado desde todos los ángulos posibles, incluyendo la siquiatría y el esoterismo.
        Nació un 27 de enero de 1823 en Daressbury, pequeño pueblo colindante a Warrinton (Inglaterra). Era el mayor de once hermanos, donde ocho eran niñas. Su padre era pastor de la localidad. Aparte de sus impresionantes dotes de semental, era matemático con un temperamento irritable y bastante estricto. La madre por su lado era una mujer apacible y cuya personalidad estuvo siempre anulada por la voracidad estridente de su marido.
       Charles era zurdo y para completar el cuadro de su naturaleza extraña era tartamudo. En ese tiempo los niños zurdos eran considerados subnormales y por tal motivo eran sometidos a suplicios domésticos para que utilizaran la mano derecha. No obstante todas estas características un tanto negativas le permitieron a Charles ir creando un mundo particular amueblado de lógica, literatura y una extraña inclinación, pasiva por lo demás, hacia las niñas. Un claro ejemplo de ese mundo peculiar que fue edificando podría ser esa práctica de escribir cartas por el final y concluirlas por el principio, como lo hace en su carta a Nelly Bowman: “D.L.C. Quiere te que tío tu. Nieto su destinarla a obligada visto hayas te que y, años 80 u 70 durante olvidado hayas le que pena qué: él por afecto gran tu sorprende de me no y, encantador viejo era. Hacerlo debido has que él por es también y, abuelo mi era época aquella en vivido…”  y así toda la misiva. Dicho método lo emplearía en su primera obra “La Caza del Snark” que se iniciaba por el último verso e iba en retroceso hasta el inicio del poema.
        Su primer cuento, “El desconocido”, lo pública el estudiante Charles en la revista de un colegio de Richmon, donde cursa sus primeros estudios formales. De allí es enviado al colegio Rugby, en el cual maltrataban sin contemplaciones a los jóvenes educandos. A pesar de los ultrajes y reprimendas Charles sigue escribiendo de manera continua. Las revistas “The cómic times” y “The Traim” publican los textos que le dan a conocer ya como un escritor con algún grado de madurez. A los editores el nombre de Charles Lutwidge Dogson les resultaba algo monótono. Es el editor quien le sugiere la utilización de un nombre más sonoro. Charles le envía una carta donde le propone varios nombres: Lewis, Ludovico, Lutwidge; Carrol, Carolus, Charles. El editor se decidió por de Lewis Carrol. Desde ese momento Charles L. Dogson asumió el nombre que le proporcionaría una inmensa fama.
          Su libro capital, “Alicia en el país de las maravillas” (según algunas fuentes) fue el resultado de un excursión con las tres hermanas Liddell, hijas del decano, donde Lewis Carrol impartía clases. La preferencia de Carrol por Alicia Liddell es definitiva y un tanto mórbida, le hizo una serie de fotografías bastante ilustrativas a este respecto. El mismo Carrol describe la forma como se le ocurrió la historia: “He seguido el río hasta Godstow con las tres pequeñas Liddell; hemos tomado el té en la orilla y nos hemos vuelto a Christ Church a las ocho y media... he aprovechado la ocasión para contarles una historia fantástica, titulada “Las aventuras subterráneas de Alicia, que me he propuesto escribir para la pequeña Alicia”.
         La historia del libro comienza con la caída de Alicia en una madriguera de conejos. En su recorrido llega a una estancia subterránea donde una bebida la agiganta y la empequeñece de manera alternada. Luego cae en un lago formado por sus lagrimas en el que tiene que nadar, con un zoológico de animales peculiares, para ganar la orilla. En su recorrido llega a un jardín encantado, tiene conversaciones con personajes y animales sorprendentes. Conversaciones pletóricos de una lógica que hecha por tierra esa maniquea lógica tradicional, una lógica condimentada con algo de locura y que se dan la mano el humor y una ironía desprejuiciada que pone en solfa la educación tradicional. Todo parece un sueño y la historia concluye cuando Alicia despierta.
         Cuando el libro estuvo terminado Carroll, lo hizo llegar a varios amigos y como estos lo disfrutaron a rabiar le sugirieron al escritor que se lo presentara a un editor. Macmillan aceptó el manuscrito sin muchas objeciones. Las ilustraciones estarían a cargo de Tenniel.
         Lewis Carroll sentía por las niñas sentimientos no tal pulcros y que iban en contra de su moralidad, cuestión que sin duda lo hizo sufrir mucho. Gracias a esta patológica predilección por las niñas, más platónicas que lascivas, pudo escribir la segunda parte de Alicia.
         Cierto día paseaba el escritor por los jardines de Kensington. Durante su bucólico recorrido observó a unas niñas que estaban jugando y por casualidad una de las niñas se llamaba Alicia. Carroll se acercó a las niñas y enseguida trabó amistad y estuvo jugando con ellas toda la tarde. Inventó trabalenguas, recitó poemas chistosos e inventó juegos que hicieron la delicia de las chiquillas. Luego el escritor las invitó a su casa que no estaba lejos. Ya en la casa les ofreció a las niñas algunos “puzzles” de su invención. Llamó aparte a ka otra Alicia y le puso una naranja en la mano. Le preguntó en que mano tenía la naranja. “En mi mano derecha”, contestó la niña. Escritor la tomó de la mano y la acercó frente al espejo y le dijo: “Mira a la niña que esta en el espejo y dime, ¿en qué mano tiene la naranja?” Con lentitud y asombro la niña contestó: “En mi mano derecha”. Carroll le preguntó a la nueva Alicia como explicaba semejante cambio. Alicia le dijo: “Si me colocara al otro lado del espejo, ¿no seguiría estando la naranja en mi mano derecha?”. Este episodio le proporcionó al escritor la idea de un viaje de Alicia por el mundo de revés. “A través del espejo y lo que Alicia encontró del otro lado” apareció como libro en 1871, con ilustraciones del mismo Tenniel. El libro tuvo un éxito más altisonante que el primero.
          Adentrarse en los dos libros de Alicia escritos por Carrol es acercarse a la lógica como método ingenioso para subvertir la realidad prefabricada por la razón y las buenas costumbres. Con desparpajo y humor Carroll hace tabla rasa sobre una educación rígida carente de pasión e imaginación. En los libros de Alicia no sólo parodia poemas, canciones y cuentos pertenecientes al acervo cultural inglés, sino que hace una crítica perspicaz sobre ese mundo intelectual para los niños manufacturado por adultos que tienen a los niños como débiles mentales. Además, Carroll se burla la educación formal por considerarla un martirio. Hay un ejemplo claro cuando Alicia nada con un variado grupo de animales deciden secarse a través de una clase de historia por ser lo más reseco y árido que se conoce:

“El ratón se aclaró la voz con aires de importancia.

-¿Están atentos?-preguntó- Es la mejor forma de secarse que conozco. ¡Silencio por favor! Guillermo el conquistador, cuya causa favorecía el Papa, fue aceptado por los ingleses, que deseaban un caudillo, ya que habían sufrido en los últimos tiempos no pocas persecuciones y conquistas. Edwind y Morcar, duques de Mercia y Northumbria…

-¡Uf!-gruñó el Loro, removiéndose en su asiento

-¡Perdón!- dijo el ratón frunciendo el entrecejo, pero con mucha educación-¿decía usted algo?

-¿Yo? ¡No, no!-se apresuró a negar el Loro

-M había parecido- insistió el Ratón- Continúo. Edwind y Morcar, duques de Mercia y Northumbria, se pusieron de parte, e incluso Stingand, el patriótico arzobispo de Canterbury, encontrándolo oportuno…

-Encontró, ¿qué?-preguntó el Pato.

-Encontrando-lo- repuso el Ratón algo irritado- Naturalmente usted sabe que quiere decir lo, ¿no?

-Pues claro que sé lo que quiere decir lo, cuando soy yo que lo encuentra-replicó el Pato-; por ejemplo, una rana o un gusano. Quiero saber que encontró el obispo.”

         Lewis Carroll más que escritor con una desbordante imaginación era un individuo con una mente matemática exquisita. Puso en marcha una lógica subvertida/divertida, una lógica para remover los engranajes de la literatura y de la fantasía.
        Hay libros que podríamos considerar definitivos en la formación ósea del espíritu de un lector. Libros que rescatan a cualquiera de esa mullida y rutinaria madurez, que devuelven a los individuos a ese absurdo mundo de la niñez con su lógica extraña y ese desequilibrio implacable en la que todo es posible. Desde una perspectiva a contracorriente (para colocar de cabeza la autoridad y las artimañas inquisitoriales de lo razonable) Lewis Carroll escribió las peripecias de Alicia; peripecias que hacemos nuestras para deslastrarnos por un momento de lo insípido que son estos días de chatarra postmoderna y de tanta autoridad de pacotilla.

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