Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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realizar… la acción


Mujer, performance y cine IV
(serie de 14 artículos)

Las tres variables que definen y limitan esta nueva serie de artículos tienen varias lecturas. Una, mujer: performance y cine. Otra, performance: mujer y cine. Otra, cine: mujer y performance.  El cine es el registro, entre otros como la fotografía, el video, el Dvd, el libro de artista, de algún modo la poesía visual, o incluso el arte de participación o acción en la calle. Mi investigación empieza cuando hay una película, o una serie de películas, que muestran algo de la triada. La performance es el modo de la acción, es el modo en que se presenta, dejo fuera, no quiere decir menos importante (para el cine y para la mujer), el teatro, donde tiene como primacía  la palabra, el texto; y por otro lado la danza, donde tiene como primacía la coreografía y el escenario. Lo común en el teatro y la danza es el escenario, grandes nombres han intentado sacarlos del escenario a la calle, incluso podemos decir que hay festivales internaciones que tienen como nombre ‘el teatro a la calle’, pero podemos llegar a decir que teatro y escenario han nacido al mismo tiempo, que representan lo mismo. La performance es un modo de la acción más acá del texto y del escenario, cuando la acción contempla la palabra y el escenario deja de ser performance, es otra cosa: danza, teatro, circo, mimo, etc. La mujer es el objeto de esta serie, digo objeto porque no siempre es artista, quiere decir sujeto, es tomada como objeto para la performance y registrada por el cine. Pueden usar la escultura, la literatura, la música como su modo de realización, pero la condición sine ecuanom es que el cine la haya tomado como objeto. Veremos al final de la serie, ahora como artista, realizadora, toma la performance como su modo de acción (no digo como su modo de decir) y al cine como su registro, realiza el film de modo performático como hizo antes con la literatura o la escultura.

Pienso que la pregunta que se mantiene relevante es si la performance es inherente a la mujer, a la condición femenina, como lo ha sido la palabra, en la historia de la cultura, para los hombres, o como la representación, el hombre está representado  (todo) por el  Phalo, y la mujer (el cuerpo) esta  + o – representada por el Phalo, que es lo mismo que decir no-toda representada. La condición toda o no-toda muestra un resto, algo que no ha pasado a la palabra, algo que no ha pasado a la imagen: la acción. La acción no es un resto de operaciones que se han realizado, la acción es algo que queda de operaciones  realizadas, o algo de las operaciones que no han podido realizarse.

O sea, estamos diciendo que la mujer, como construcción  está  constituida por operaciones no-todas realizadas, está en permanente realización, o mejor aún no se realiza totalmente. Así como el hombre está constituido por su nombre (en tanto propio) por su obra (en tanto realización propia) como padre (en tanto trasmisión), la mujer  debe revisar esto permanentemente,  no hay nombre que la nombre plenamente (hija, madre, señora, abuela, amante, etc.) no hay realización toda (Einstein), la madre es la encarnación de ese resto de operaciones no realizadas, que aunque insista no se realizan,  y si en algo se realizan se realizan como goce, la tendencia no es a la ley, en tanto normalización, la tendencia a un goce que insiste una y otra vez.

Esto lo veremos cada vez en las películas, las artistas donde muestran una parte en tanto realización normalizada, dentro de la norma, y como por otra parte esa resistencia a entrar en la norma las lleva a la realización de una obra singular, que no concluye en si misma, que siempre queda algo por hacer, el ejemplo más claro es  Camille Claudel entre su hermano el escritor Paul Claudel y su amante Rodin.  De allí nos permite pensar que grandes del arte como Leonardo, Bacon o Artaud en esta predisposición a una obra no-acabada  implica en algún modo una posición femenina ante la obra. Pero ello ocuparía otro trabajo y otro tiempo.

Las mujeres a la performance IV
 ENTRE LAS CONVERSACIONESY LOS CONTRATOS

Índice de la serie
De la Una a la múltiple
.

Las mujeres a la performance I
Antecedentes de la performance en el cine
Hildegard Von Bingen*/Teresa de Ávila

Las mujeres a la performance II 
Las damas en la corte: El amor cortés

Las mujeres a la performance III 
De la mujer/verdad a la mujer fatal

Las mujeres a la performance IV
 De la imagen y del amor en tanto perdido

De la mujer a la perfomance V 
Un nombre apropiado, un hombre inapropiado
Camille Claudel

De la mujer a la perfomance VI 
La mujer y el saber hacer a la letra.
La construcción de un nombre propio y su anudamiento social
Guggenheim/Chanel/Salomé

De la mujer a la perfomance VII  
Morir como obra de arte
Virginia Woolf y Silvia Plath

De la mujer a la perfomance VIII
 Primera parte
Sobre las palabras: Iris Murdoch

Las mujeres a la performance IX  
Segunda parte 
Sobre el sonido: Jacqueline du Pré

Las mujeres a la performance X 
Del cuerpo y el lugar, de la extracción a la instalación
LouiseBourgeois

Las mujeres a la performance XI   
Del objeto y su fragmentación
India Song texto teatro film de Margarite Duras

Las mujeres a la performance XII   
Del pasaje al pa(i)saje,

el cine del exilio de Chantal Akerman
Las mujeres a la performance XIII

De la marca al nombre
Ana Mendieta/ Yoko Onio

Las mujeres a la performance XIV
De la palabra a la acción
Annah Harendt*/ Isabelle Hupert

Conclusiones
*ambas películas dirigidas por Margarethe Von Trotta

The age  of innocence

Nueva York. 1870. Las apariencias, el linaje familiar y la riqueza mueven los hilos de la alta sociedad de la época. Newland Archer es un prometedor abogado que suspira en secreto por llevar una vida más  emocionante de la que lleva. Pero por otro lado está resignado a conformarse con una vida tranquila junto a su prometida May Welland, una joven adorable pero totalmente convencional. Hasta que la condesa Olenska, la rebelde prima de May, vuelve a Nueva York con la idea de divorciarse de su marido y retomar los lazos familiares. Los lazos sentimentales son una línea de lectura de la película pero por otro tenemos las relaciones sociales, las costumbres y como telón de fondo, el arte, que acompaña en todo momento y a cada una de las escenas de la película.

Director: Martin Scorsese 
Actores: Daniel Day-Lewis,  Michelle Pfeiffer, Winona Ryder, Stuart Wilson,  Alec Mac Cowen.
1993 Estados Unidos. Escrita por:  Edith Wharton. Música: Elmer Bernstein. Fotografía: Florian Balhaus

 

Continuando con esta serie....De las mujeres a la perfomance, luego de aproximarnos a la época de las cortesanas, donde además de pertenecer a la aristocracia también participan de ‘conversaciones’ literarias, sobre arte, opera…etc., será una manera de salir exclusivamente de las funciones sociales-familiares para permitirse entrar en otras relacionadas con el arte, estamos viendo que el arte ha sido una de las maneras con la que las mujeres han accedido a otros roles sociales.  Nos adelantamos a finales del siglo XIX,  ahora se trata de la  burguesía, ya nose desarrolla en los salones de palacio, sino en los salones de las grandes casas familiares, se piensa la vieja Europa en términos aristocráticos, ellos ya son profesionales o industriales, o inversores en bolsa, ellas todavía regentan las familias o se preparan para realizar una. El contrato tiene que ver con el contrato familiar, y la mujer forma parte del mismo, no es en la familia donde  encontrará su realización personal, y salir de ella implica un acto fundamental. Les recomiendo especialmente esta película porque ilustra magistralmente este proceso que intentamos descifrar:

The Age of Innocence
Edith Warthon
Tusuets editores
1995 (1921)

 

La novela de 1920 galardonada con el premio Pulitzer que escribiera Edith Warthon sobre la sociedad neoyorkina de finales del XIX, ya fue llevada a la pantalla en 1934. En ella encontramos un retrato de la clase alta neoyorquina  en que abundan las celebraciones, los espectáculos de ópera, los encuentros en museos y galerías de arte, los paseos por plazas y parques, etc. en síntesis de las nuevas costumbres de la nueva clase emergente americana.

La historia, la narración.

Se trata de un triangulo amoroso en que el protagonista masculino se encuentra atrapado entre dos mujeres, su prometida, la dulce May, y la prima de esta, la Condesa Olenska, que ha vuelto de Italia tras separarse de su marido. . El trío protagonista refleja muy bien la ideología de la época, representando cada uno de ellos un rasgo de la sociedad que los rodea.

Newland Archer es un joven abogado descendiente de una ilustre dinastía. Como la mayoría de sus contemporáneos e iguales Archer esconde tras su imagen de hombre distinguido un pensamiento critico hacia las normas establecidas que nunca saca a ala luz, guardándoselo para él. La llegada de la Condesa Olenska justo en el momento en que se da a conocer su compromiso con May lo pondrá en una situación incomoda, en que sus sentimientos se verán enfrentados y tendrá que decidir si seguir las normas y casarse con May o romperlas declarando el amor que siente por la recién llegada.

La Condesa Olenska acaba de regresar de Italia, donde ha abandonado a su esposo, el Conde Olenski. Esta acción hace que la mujer encuentre justo lo contrario de lo que esperaba, enemigos. Y es que la separación conyugal no estaba bien vista en esa época, ni menos en el Nueva York de finales del XIX, marcada aún por las costumbres inglesas, con lo que Olenska se convierte en diana de todos los chismorreos entre las damas y caballeros. La señora intentará hacer oídos sordos y vivir según sus principios, que no son otros que ser una mujer libre, lo cual llegara a serlo por completo si consigue la nulidad matrimonial. Así pues Olenska representa alguien diferente, que tiene bien claro qué quiere y lo dice sin ningún reparo, es un reflejo de lo que será la mujer moderna. Desgraciadamente vencerá la sociedad y Olenska solamente podrá estar con Archer como amante, cosa que no permitirá de ninguna manera aunque su corazón se contraponga a ello. Finalmente decide rendirse y acatar las normas regresando a Italia junto a su esposo.

May es la joven prometida de Archer. Cándida e inocente, ignora las malas artes conversacionales que esconden los festejos sociales. O eso parece. Tras su imagen de niña buena descubrimos una mente tan manipuladora como la de todas las señoras de alta cuna. Una vez se case con Archer sacará a relucir su inteligencia oculta impidiendo que su marido se marche al revelarle una noticia que lo atará a ella para siempre, formando un matrimonio formalmente perfecto.

Una delicia de puesta en escena en que Scorsese hace gala de sus travellings magistrales que sirven para mostrarnos cómo la sociedad preparaba la entrada a sus bailes, obligando a todo el mundo a pasar por todas las habitaciones de la casa para contemplar sus salones. Otra secuencia para remarcar por su sencillez, elegancia, efectismo, y que describe la obsesión de Archer, a la vez que su deseo de vivir una historia de amor con Olenska, es la escena en la casita a la que la Condesa se ha marchado unos días. Archer mira a través de la ventana mientras la Condesa, a sus espaldas, se levanta y va hacia él hasta abrazarlo. Parece que su ilusión se va a hacer realidad, pero no, descubrimos que Archer sigue estando solo frente a la ventana y Olenska sentada a sus espaldas. Hay que destacar el recurso estilístico de centrarse en un personaje, o varios, a través de oscurecer la escena dejándolos a ellos iluminados, enmarcados por un circulo. Esto sucede cuando Archer va a comprar flores por primera vez a Olenska, pero cuando resulta realmente interesante es cuando ambos personajes se encuentran en la Opera, sentado en el palco junto a otros miembros. Escuchamos el sonido de la gente y de la música, pero de repente todo alrededor de ellos se oscurece tenuemente para que solo escuchemos lo que se dicen, es la conversación de dos amantes a escondidas.

Scorsese vuelve a utilizar la voz en off, y no lo hace adrede. Es la voz de quien ha vivido en esa sociedad y nos explica cómo se mueven los hilos, la voz que nos explica lo que sienten los personajes, una voz propia del cine de Scorsese que no solo acompaña a la imagen sino que la complementa. Que escuchemos más de una vez cómo se distribuían los cubiertos por la mesa o cómo era la cubertería no es para que nos quedemos con el tipo de tenedor que ponen sino para resaltar la importancia que se le daba a la apariencia a la hora de celebrar un festejo.

El color tiene mucha importancia. La mayoría de encadenados que suceden a lo largo del film son a través de colores, a veces en relación a las flores que aparecen en el film. Pero también en el vestuario tiene suma importancia, en especial para describir a Olenska. Mientras todas las damas van ataviadas con sus mejores galas, dentro de la corrección, la Condesa aparece siempre con vestidos que llaman más la atención gracias a los colores que utiliza. Así pues la tenemos al principio en la Opera con un elegante vestido azul, o cuando llega, tarde, a una cena la observamos subir las escaleras con su espectacular vestido rojo. Es un rasgo más que la hace destacar sobre el resto.

El guión corrió a cargo del director y de Jay Cocks, quienes siguieron al pie de la letra el libro de Warthon, sin cambiar prácticamente nada de la trama. La dirección artística cuida hasta el más mínimo detalle tanto en escenarios como en vestuario. Elmer Bernstein compuso una  partitura que ayuda a que la historia tenga más dramatismo, y elegancia. Thelma Schoonmaker dota al film de un ritmo adecuado y utiliza tanto encadenados como fundidos a negro para narrar la historia de forma literaria, pues el encadenado sería como un punto y aparte y el fundido a negro como un cambio de capitulo.

Para dar vida a los personajes se escogió a un elenco de actores de primera fila en lo que a nivel interpretativo se refiere. Daniel Day-Lewis demuestra su versatilidad al dar vida a Archer, el joven abogado torturado por no conseguir el amor de Olenska y vivir amarrado a May y a la sociedad. Michelle Pfeiffer es la Condesa Olenska, a la cual la actriz sabe dotar de elegancia, belleza, fuerza, alegría, tristeza, y todo lo habido y por haber, cuando sale en escena ensombrece todo lo que tiene delante. Winona Ryder da vida a May, la joven ingenua en apariencia. Geraldine Chaplin es la madre de May y tía de Olenska, la Señora Welland.  Miriam Margolyes es la Señora Mingott, la cual anda siempre rodeada de sus perritos y aconseja sobre qué se ha de hacer a quienes buscan consejo en ella. Jonathan Pryce da vida brevemente a Rivière, el secretario del Conde Olenski. Michael Gough es el anciano Henry van der Luyden. Richard E. Grant es Lefferts, el cual se divierte creando chismes sobre el resto de personajes de la alta sociedad. Joanne Woodward prestó su voz para narrar la película .Las pinturas con motivos de paisajes, los candelabros, la vajilla de Sèvres, la ponchera romana en medio de la mesa, los arreglos florales, los bordados: todo tal y como fue en el siglo XIX. Una minuciosa investigación supervisada por Dante Ferreti, el ex director artístico de Federico Fellini. La acostumbrada cámara vertiginosa de Scorsese no se aquieta pero hace aquí lentos travellings y suaves movimientos de grúa para resaltar la enorme riqueza plástica de ese ambiente y para que el retrato de época sea convincente. Y no deja de sorprender con el repentino cambio de un primer plano de una lámpara o un rostro a un plano general de un baile o de una cena vista desde arriba. Michael Ballhaus, el director de fotografía, hace su aporte con la utilización de una “luz de gas” que resalta los objetos y los rostros. Volver a ver esta película es confirmar que el decorado y la mueblería no le han quitado vivacidad a este drama.

En una de las escenas emblemáticas, Newland observa a Ellen, de espaldas a él, mirando el mar. Un velero atraviesa el horizonte dorado y está a punto de pasar el faro de Newport. Si ella se da la vuelta antes de que esto ocurra –piensa Newland- me acerco. Ellen no lo hace. Sólo al final, en un flash-back mental, ella da la vuelta y sonríe. Cuando todo está perdido y lo ha derrotado la prosaica realidad, acude a consolarlo una imagen probable. Beatriz Portinari, que tampoco le sonrío a Dante en la vida real, esboza una sonrisa eterna en las páginas de la Comedia, antes de entrar al Paraíso. Son los pequeños triunfos del arte.

De las conversaciones a los contratos.

Así como El Gatopardo de Visconti, que transcurre en hermosos palazzos de su natal Sicilia, representa la caída del padre del patriarcado y la entrada de una nueva generación 'mafiosa', que se sale de las convenciones al antiguo régimen, aquí en La edad de la Inocencia, que transcurre en los salones de la nueva burguesía emergente, donde el hombre todavía sostiene ese lugar en la sociedad, la mujer busca los modos que le permitan salir de los esquemas que la atrapan en el lugar de niña-madre. Lo que queda claro es  que va a salir sola, y que cada una lo hará a su manera, unas siguen sosteniendo ese lugar en la cadena niña-madre, otras como amantes, como cortesanas buscando el apoyo de los señores aburridos de sus familias , y otras solas buscando un lugar nuevo en la sociedad, lugar a construir una por una.

Más allá de la narración, literaria, toda la historia hace abrochamientos entre la conversación que ella le demanda, casi como un mandato 'mañana a la hora del te' o él cuando la cita 'mañana en la x sala del museo del parque', los encuentros son para conversar, y los contratos, acuerdos que ella va obteniendo de la familia, conducidos por ‘la grande mere’, la integrante mas antigua de la familia que todos le tienen pleitesía, si ella lo dice, o si ella no lo acepta. Las conversaciones son de amor, los contratos son de matrimonio, de compras de casas, de divorcio o de acuerdos familiares de manutención.

Pero detrás de la red que se teje entre lo hablado (las conversaciones) y lo escrito (los contratos) está el fondo, el escenario, los paisajes que suceden detrás de los personajes. Los personajes son parte de escenas pintadas, de pinturas, cambian de dimensión, pero no se salen de las pinturas, y detrás de ellos también hay pinturas, incluso los paisajes, las escenas de exteriores son pinturas. No hay mundo cotidiano, o se está de fiesta o se prepara una fiesta, ya que todas las escenas están tomadas de pinturas de la época, no hay un mundo antiguo o un mundo futuro, todas forman parte de ese presente que se desplaza.

Así podemos ver representaciones del mundo antiguo, egipcio, griego, romano; o sea lo que representaba el neoclasicismo, un redescubrimiento de un mundo clásico, anterior al cristianismo,a la iglesia, empieza a ilustrar a la nueva sociedad burguesa en ascenso. El nuevo mundo, los paisajes abiertos,  infinitos, que se abren con el crecimiento económico y social de la nueva America, los nuevos pintores y las nuevas imágenes que representan  a los americanos emergentes. Hay una America que mira todavía a Europa, y hay una America que ya mira al oeste, a los horizontes abiertos al oeste. Hay una America que mira a las ruinas, egipcias, griegas y romanas, y una America que mira a la industria, y a las nuevas representaciones artísticas emergentes con ellas: las construcciones metálicas, los museos, las exposiciones, los kioscos en las plazas, etc.

   Con esto quiero decir que en los salones de las casas, uno detrás de otro estaban colgados cuadros semejantes a estos, en una sala las representaciones del mundo antiguo, que se estaba redescubriendo por los arqueólogos/as, en otra las representaciones del nuevo mundo, los grandes espacios por descubrir, por colonizar, y por ultimo representaciones de las nuevas construcciones en metal...de espacios públicos, como estaciones de tren, museos, galerías de exposiciones, etc. como esta:

La mujer hasta ahora era representada como diosa, con otros dioses, formando parte de ese mundo antiguo que se redescubría, como un pasado que les permitía separarse de las representaciones de la iglesia dominante, donde la mujer era solo representada como santa o como virgen, un ejemplo:

Ahora la mujer se la ve representada participando de todos estos nuevos espacios en, salones de fiestas, salones de arte, encuentros literarios, salas de concierto, forma parte activa del nuevo mundo que se abre,  del palacio a los salones públicos en las ciudades, algunas representaciones que pueden ilustrar ese cambio:

 

                              

en sintesis, la mujer ya puede observar el mundo exterior, ya puede salir al mundo exterior:

Lo que estoy intentando decir con esta serie de notas es que ‘la construcción de la mujer’ y el arte son paralelos, salir de los contratos con  la iglesia y de la familia,  el salto a una sociedad de producción industrial, lleva a  cambios radicales en la posición de la mujer y del arte de vanguardia. Es el romanticismo, el amor en tanto perdido, ‘Te amaré porque sé que te perderé’ le dice la condesa Olenska, el que permite el despegue definitivo. Con el romanticismo, y luego el impresionismo, es donde la mujer por primera ves ‘es representada’ como tal, más allá de la iglesia y la familia, de diosa o virgen, de madre o niña. Sale al mundo, mira el mundo, pasea en el mundo, todavía no representa, todavía es representada, será con la llegada del arte de la abstracción, cuando la representación de la imagen se abstrae y entra el dominio del color por el color, que sucederá algo particular que le permitirá salir del lugar de objeto, que ocupaba hasta el momento, para entrar en el mundo del arte como sujeto, entonces podremos hablar de la mujer artista. ¿De qué se ocuparan estas mujeres? ¿Cuáles serán sus objetos’ ¿Cómo será el mundo del que se ocupan? ¿Qué tendrán que pagar por ello? ¿Qué tendrán que perder a cambio? Serán interrogantes importantes a resolver.  Esta historia, esta novela, esta película son solo un ejemplo de este proceso de despegue. En las notas siguientes ya abordaremos este paso 'a la mujer artista' que para mi va de Camille Claudel a Chantal Akerman, iremos recorriendo paso por paso, caso por caso.

Alberto Caballero, Barcelona Diciembre del 2013

Escáner Cultural nº: 
165

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