Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
Share this

Inicio de Usuario

Suscríbete!

Formulario para suscribirse

*Pinche y complete los datos para recibir en su e-mail cada número nuevo de nuestra revista.

 

 

LA LIBERTAD DE LOS DOCUMENTOS

¿Documentos libres?

 

 

Bajo el lema “liberá tus documentos”, se celebró el pasado 26 de marzo el Día mundial de los documentos libres, una iniciativa que propone iniciar, a partir de una mínima acción, la reflexión sobre la necesidad de que los formatos de archivos sean libres de patentes, respeten estándares internacionales, sus especificaciones sean públicas y se asegure de ese modo la compatibilidad e interoperabilidad entre distintos sistemas operativos y/o sus diferentes versiones.

 

Un tema repleto de precisiones técnicas que no pretendo describir en este artículo, porque además de no ser especialista en ello, hay mucha literatura al respecto, en gran parte motivada por los intentos de Microsoft de imponer OOxml1 como estándar el año pasado.

 

Por el contrario, leyendo la información que circula aquí y allá2 me parece interesante aportar algunas ideas desde el punto de vista de los productores de contenidos digitales.

A veces, nuestra alfabetización informática intuitiva y despareja nos hace elegir algo tan determinante como el formato de almacenamiento de nuestros datos, siguiendo los “estándares de facto”: esto es, lo que “todo el mundo” usa.

En parte, buscamos por sobre todas las cosas ser compatibles, y no perder funcionalidades en nuestros proyectos. Otras veces, desconocemos simplemente que hay opciones mejores que otras, por ser formatos libres y estándares. Revisemos alguna implicancias del “Guardar como”.

 

 

¿Guardar como ... ?

 

El problema con la información digital, o electrónica en general, es que está codificada: necesito un aparato decodificador para leerla; éste puede ser una simple videocassetera analógica hasta una computadora con determinados dispositivos lectores y software específico para comprender el código. Un videocassette en super8 necesita de un adaptador para ser visto en VHS, un video en .mov necesita Quicktime o equivalente bajo Windows, un archivo de Illustrator necesita de ese software o uno similar que lo lea correctamente, un .exe sólo funcionará en un sistema operativo ... etc. La lista de “requisitos” a la hora de asegurarnos que un archivo digital podrá ser abierto por todos en cualquier computadora suele ser abrumadora. Pocas veces estos requisitos son “estrictamente” de naturaleza técnica: en general responden a decisiones comerciales que afectan a la producción de contenidos, que buscan crear monopolios sobre el acceso a la información, ya sea para cobrar regalías por eso, o para crear “un estándar de facto”, e imponer cambios en sus condiciones cuando lo crean conveniente, para una empresa, obviamente.

 

A diferencia de los libros, las fotografías en papel, y otras producciones “tangibles”, los datos electrónicos sólo pueden accederse si tenemos el decodificador adecuado. Las tareas de “restauración” o conversión de datos son a veces muy complejas y en el futuro cercano seguramente habrá muchos documentos que no se verán recuperados por falta de interés, paciencia o dinero.

Por otra parte, tenemos aún poca experiencia acerca de cómo conservarlos. Los dispositivos digitales han irrumpido en nuestras vidas hace relativamente poco: las PC no tienen más de 15 años en los hogares, las cámaras digitales y los reproductores de audio portátiles aún menos.

Su presencia nos ha hecho cambiar algunas costumbres: ya no escribimos mucho en papel, sino que usamos un procesador de texto, usamos poco el correo postal y en su reemplazo enviamos e-mails, no copiamos nuestras fotos, sino que las vemos en el monitor ...

Hace 10 años nos preocupaba que pasaría con la vida de las fotografías a color, cuya conservación por más de 20 años sin alteraciones en el color empezó a demostrarse difícil3.

Hoy empezamos a preguntarnos que pasaría si nuestro disco duro se rompe o los cds se rayan, con todas nuestras fotos vistas y no impresas. Pero no se trata sólo de cultura de back-up: ¿que pasaría si el dueño de la patente del formato propietario en el que guarde mis fotos mañana decide cobrarme por su uso? ¿o por el software compatible para abrirlas, como en el caso de las fotografías en RAW? ¿o si las empresas que desarrollaban un programa privativo para leer mi formato mañana deciden no incluir más esa funcionalidad? No sería la primera vez que ocurre que debemos migrar todos nuestros archivos de un formato a otro para que sigan siendo legibles en el futuro.

 

Como en varios campos de la informática aplicada, hay muchas decisiones técnicas de la industria del software que son literalmente políticas, y se debaten entre los intereses de las empresas y los de los usuarios, siendo estos últimos pocas veces los beneficiarios; más bien y por el contrario, nos convierten en rehenes de una lucha por dominar el mercado con el tipo de hegemonía que sostiene al software: un valor que aumenta en función de la cantidad de usuarios.

A pesar de esta incómoda posición en la que estamos, los usuarios tenemos herramientas para que los intereses de todos se respeten. Son opciones técnico-políticas, que implican involucrarnos mínimamente a la hora de elegir software, formatos, hardware, optando por soluciones estándares, libres y compatibles.

 

Liberar documentos

 

La sencilla acción que proponía la iniciativa del día de los documentos libres era pasar algún/os de nuestros documentos a formatos libres de patentes, y continuar eligiéndolos en los nuevos archivos que creemos. ¿Cuáles son esos formatos? Afortunadamente en el presente, y gracias al trabajo voluntario de muchas personas, existe uno para cada tipo de documento (texto, audio, video, etc) lo cual nos permite elegir sin temor a incompatibilidades a la hora de guardar nuestros datos. Algunos ejemplos son: odt, rtf y pdf para textos, png y jpg para imágenes, ogg y wav para audio (y video también en el caso de ogg). En el sitio de nómade (http://www.nomade.org.ar/wiki/index.php?title=Formatos_de_Archivo_Libres_de_patentes) hemos recopilado opciones de formatos libres, compatibles y el software que podemos usar para leerlos y editarlos en distintos OS.

 

Pero ... ¿los demás van a poder ver mis datos?

 

Esta suele ser una de las dudas más frecuentes, frente a la cual preferimos “la opción más común”.

En la mayoría de los casos, tenemos opciones libres y compatibles entre varios sistemas operativos y versiones de software. En otros, tendremos que sugerir software para que nuestros destinatarios puedan leernos. Una buena medida de transición puede ser ofrecer ambas opciones: otro “efecto performativo” parecido al de usar licencias libres, en lugar de simplemente permitir la copia. Seguramente quienes no tengan el software usarán la opción privativa, pero nuestro gesto instala la opción y desnaturaliza el “estandar de facto”.

 

Un ejemplo: en algunos formatos, como el ogg que es equivalente o mejor en calidad de compresión al mp34, nos exigirá software específico para escucharlo sobre algunos sistemas operativos. En general, los formatos libres están soportados por software libre, lo cual trae a la discusión la otra parte del planteo: un formato de archivo que exige una determinada aplicación o plugin, incluso cuando es gratis pero no libre, sólo persigue construir un monopolio sobre el acceso a “mis” datos, en la medida que los almacene en ese formato. Es equivalente a poner nuestra producción, nuestras ideas en una caja negra con llave y darle la llave al fabricante de la caja. Esto nos devuelve nuevamente a la cuestión central: los monopolios no se construyen si hay opciones: en este caso, usarlas es nuestra herramienta para garantizar la preservación de nuestros datos en el tiempo, más allá de los vaivenes de un departamento de marketing.

 

Guardar como

 

La simple acción de elegir entre formatos disponibles al guardar un archivo no es sólo una decisión técnica: al hacerlo elegimos que modelo de almacenamiento, acceso y recuperación de la información apoyamos: uno abierto, eficiente y compatible o uno controlado por los intereses del mercado de la informática. Aquí es donde la técnica se torna política.

 

 

lila pagola, marzo 2008

lila@liminar.com.ar

este texto está bajo una licencia creative commons argentina 2.5 by sa

usted puede copiarlo, modificarlo y redistribuirlo siempre que reconozca al autor y mantenga esta misma licencia de uso.

 


 

 

Notas:

3http://www.wilhelm-research.com/ (en inglés) o revisar el artículo http://www.fotomundo.com/nota.php?id=556 de la Revista Fotomundo.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.
  • Allowed HTML tags: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Esta pregunta es para verificar que eres human@, completa el espacio con los signos de la imagen.
8 + 1 =
Solve this simple math problem and enter the result. E.g. for 1+3, enter 4.
By submitting this form, you accept the Mollom privacy policy.