Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Sicosis para leer

ARTE, LADRILLO Y MERCADO

Carlos Yusti

   Un elefante en la India que pinta cuadros y los vende por miles de rupias es noticia que recorre el mundo. También lo es lo que hizo una señora, Cecilia Giménez, en un pueblo español al intentar restaurar un pequeño mural que representa el rostro espinado de cristo. Dicho Ecce Homo fue realizado por Elías García Martínez, artista valenciano del siglo XIX que fue profesor de la Escuela de Arte de Zaragoza. La señora ante el deterioro (y la desidia, tanto de la iglesia como de la municipalidad) quiso devolverle la belleza a ese rostro agitado de dolor y carcomido por el goteo implacable del tiempo. Buscó un pincel y algunos tubos de colores y se entregó a su faena de restauración. Al finalizar del rostro adolorido de Cristo sólo quedó una máscara del día de brujas un tanto pavorosa. Si se compara el Ecce homo de la doñita con las pinturas rupestres prehistóricas hay que convenir que nuestros antepasados Neardenthales, que pintaron esos hermosos Bisontes en algunas cavernas del mundo, eran unos artistas y que la querida señora que se improvisó como restauradora no lo es. No obstante la señora Giménez realizó su primera individual para sorpresas de quienes la criticaron a favor o en contra.

   Estas dos noticias tienen en común esa minimización que se hace del arte. Tanto los dueños del elefante pintor como la señora Giménez ven el arte como una actividad dominguera que cualquiera sin el más mínimo talento, o sin un poco destreza y escuela, pueden llevar a cabo. Esto puede servir para abrir la ventana del arte actual en la cual un hervidero de hombres y mujeres (que se hacen llamar artistas) han encontrado en el arte efímero, en el performance, en las instalaciones y en los ready-made (término que se podría traducir como arte encontrado, o mejor como objeto encontrado, en francés objet trouvé; en inglés, found art o ready-made), su trinchera ideal para canalizar su falta de talento, su impericia para el dibujo y la escultura tradicional; en suma para darle rienda a su falta de idoneidad artística y a su definitiva ignorancia plástica con ínfulas.

   Que algunos estafadores del arte coticen en altos precios sus obras no dice mucho de la calidad de su trabajo, o del alcance plástico de obras en las cuales priva más la improvisación y el afán de figurar. Estos creadores han encontrado en los mercachifles del arte a los voceros perfectos para que curadores, críticos y demás bicho de uña, que viven a expensas del arte, sustenten sus obras artísticas dudosas con una palabrería pomposa y una filosofía de quincallería corta y pega, que ni Paulo Coelho, ofreciendo argumentos para explicarla y convertirla en algo trascendente. Todo esto a la postre parece una charada bien orquestada como aquel primer ready-made de Duchamp (un urinario masculino) que envió como una burla grotesca a un reputado salón de arte.

   Esas palabras de Joseph Beuys: “Cada hombre es un artista. En cada hombre existe una facultad creadora virtual. Esto no quiere decir que cada hombre sea un pintor o un escultor, sino que existe una creatividad latente en todas las esferas del trabajo humano”, han servido como base para el arte en la actualidad. Malinterpretadas, y a renglón seguido a veces leídas con cierta ceguera interesada, habría que subrayar facultad creadora virtual, para bajar de su nube a tanto improvisado del arte. Que todo hombre sea en potencia un artista dista mucho de que en el fondo llegue a serlo.

   Otro aspecto del arte actual es que hay como una especie de dictadura en la cual el público espectador está exento de opinar y si por casualidad hay alguno al que se le ocurra señalar determinada obra como basura con pretensión de obra artística podrá ser tachado como un insensible ignorante por los defensores a ultranza de ese tipo de arte. La denominación empleada por el escritor inglés Paul Johnson al denominar como ladrillistas a esos promotores y custodios de ese arte estafa es bastante certera o como él explica: “Con ladrillistas me refiero a los arrogantes y hasta ahora todopoderosos simpatizantes del arte moderno o arte del ladrillo. (…) Arte del ladrillo es más sugerente porque evoca la pila de ladrillos de la Tate Gallery, epítome de la estética fraudulenta del modernismo. Años atrás, cuando se exhibían por primera vez, yo esperaba a que nadie estuviese mirando y daba una buena patada a los ladrillos, cambiando algunos de lugar. Nadie lo notaba, prueba de que no eran una obra de arte sino una impostura”.

   Si el arte ha llegado a estos niveles de fraude es gracias a esa enorme máquina de mercado interesada en darle protagonismo a objetos sin valor estético en menoscabo de esa arte preocupado en la ética crítica de la belleza.  Hoy no todo expuesto en los museos es arte, a pesar del discurso de críticos y curadores que tratan de explicarlo y sustentarlo. El arte genuino está más allá de las pautas estratégicas del hipermercado artístico, más allá de esos insufribles ladrillistas que no saben pintar, más allá de eso que hace eco en los medios de comunicación publicitándose como arte. El verdadero arte se sobrepone a toda esa estafa globalizada para darle una oportunidad a su lineamiento básico como es la de ofrecer una visión ampliada del mundo, de traerlo a los ojos con su complejidad donde lo feo y lo bello se mezclan en esa emoción explosiva de lo que somos y de lo que podremos mejorar espiritualmente si estamos en la capacidad de aguzar la mirada para ver con ojos renovados todo lo que nos rodea, para ver el mundo con ese asombro límpido que debió tener en la mirada aquel primer hombre que pintó animales en una cueva.

El hecho de que a gente como usted se le permita expresarse ya sea de forma escrita o visual es un testamento de nuestros tiempos. Le sugiero respetuosamente que se dedique a otra cosa, me imagino que tiene algun talento asombroso que aun no explota y si se dedica a conocerse a fondo talvez lo encuentre. Sus limitaciones artisticas y como escritor son notablemente profundas, su ignorancia en estas areas da ganas de meter la cabeza en la tierra de verguenza ajena.

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