Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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“A mí siempre me ha interesado la política como una metáfora ilusionada del país”. Elisa Lerner

Escribir es una cosa. Pero escribir con inteligencia, garbo y ese humor de exquisita simetría estética es más complicado. En las fotos que he visto de la escritora Elisa Lerner percibo todo eso del garbo, la inteligencia y el humor cuando de escribir se trata. También trato de fijarme en sus zapatos y luego descubro en mi biblioteca casi todos los libros que ha publicado.

Cuando uno empieza a escribir (y si uno es autodictada ajado/distraído como Columbo) necesita leer a los maestros del día para salir un poco del despiste y enterarse sobre eso que llaman escribir. Los ensayos, las crónicas e incluso las obras de teatro de Elisa Lerner fueron un descubrimiento/deslumbramiento. Para mi sus libros se han convertido en amuletos que es necesario llevar a todas partes. Leerla siempre ha sido una pasión un tanto dispersa y que hoy todavía dura.

Con Elisa Lerner la crónica y el ensayo recobraron cierto desden con glamour, en cuanto a estilo se entiende, cierta relajada metáfora donde el humor bien administrado colocaba todo en perspectiva. Ensayos y crónicas que eran opuestos a esa crónica y a ese ensayismo profesoral y de revista arbitrada ( arbitrada por el tedio digo yo). Los textos de Elisa Lerner poseen algo de instantánea fotográfica sobre ese mundo contradictorio, y a veces de un trágico risible, que gira a su alrededor. Ella vive el mundo como espectadora atenta y en sus textos diseca esos momentos grandiosos o intrascendentes como si fuesen insectos. Nada se le escapa y todo eso que es comidilla, rumor de oficina, hablilla de antesala le sirve como aderezo para condimentar su lucida y cortante escritura.

Libros como “Crónicas ginecológicas”, “Yo amo a Columbo” o “En el entretanto”, a pesar de los años trascurridos, desde sus respectivas publicaciones no han perdido un ápice de su frescura y de ese tono festivo, sagaz y radicalmente inteligente. En las crónicas ginecológicas hay textos de antología como el dedicado al Miss Venezuela y que ella traduce como otra versión fracasada de ese mítico Dorado de nuestro acervo o como ella escribe: “Un paraíso de petrodólares será ofrecido a la muchacha ganadora. Por lo que las futuras  Miss Venezuela no son, sólo muchachas de esplendor físico. Ellas, como los otros compatriotas, pertenecen a un país implacable, vertiginoso—país de espejismos y azares financieros— donde todos podemos hacernos ricos, en la dominical locura del cinco y seis o en el burocrático bonche de la corrupción administrativa”. En las crónicas Elisa Lerner se pasea por el franquismo a través de la novela rosa, sobre el sexo de la literatura, las rubias, Gloria Swanson, el cuerpecito de Eva Perón y un jugoso etcétera.

En este año 2011 murió el actor Peter Falk, que encarnó  a ese ajado y desorientado detective televisivo llamado Columbo. Un perdedor nato que siempre ganaba. Y aunque era una especie de Sherlock Holmes de gueto pobre su sagaz inteligencia para resolver emperifollados crímenes le valió adhesiones incondicionales. Gustaba de Columbo ese aire desplanchado, enfundado en un impermeable que daba la impresión de haber tenido un batallar largo con la lluvia y el frío, ese tufo de cultura chuleada que parecía exudar; en fin alguien que no las tenía todas consigo, pero que siempre salía airoso. Después de la muerte de Peter Falk recordé ese inigualable ensayo que Elisa Lerner le dedicó y que tengo como una exploración sociológica sobre los detectives, el amor y un algo más inesperado o como lo escribe Lerner: “Si en la casa, objeto de la investigación policial, abundan los felpudos,  las alfombras es posible Columbo no termine de gustar. Como—eternamente—está fumando un cigarro tras otro y corriendo en pos de gente que puede ser la asesina para interrogarla como en un reportaje sensacional, acaso se olvide de los ceniceros y deje detrás de sí, felpudos y alfombras en el mismo estado de desaliño en que se encuentra su impermeable. Aunque no hay que desatender, totalmente, ese desarreglo. En Columbo señala algo más que un distraído desorden. Obviamente es una de las maneras que tiene para expresar un desacuerdo fundamental ante la puntillosa pero corrupta, criminal burguesía que se cruza en medio de sus averiguaciones”. 

Uno coincide a plenitud con lo escrito por Alexis Márquez Rodríguez, en el prólogo de “En el entretanto”, cuando asegura que el lenguaje de Elisa es una verdadera delicia. Lenguaje que opera en el lector con una fuerte carga de seducción cómplice. Además la otra vuelta de tuerca que imprime a los temas más variados, por nimios e intrascendente que parezcan, ofrecen una visión reorganizada desde la razón y el corazón( sin latidos rosa) de esa realidad tan lugar común y la cual todos, a veces, sólo somos una especie de chaperona chapada y prejuiciosa.

En una entrevista reciente su visión del país actual la ve a través del prisma de hechos colaterales o como ello lo dice: “La manera más directa en que yo he visto el reparto de la dádiva petrolera en la sociedad venezolana es a través de las cirugías de senos que se hacen ahora. El culto a la operación de los pechos que han desarrollado las mujeres. Eso viene siendo para ellas como el abrigo de visón que una actriz de Hollywood reconoce como su primera conquista del estrellato o como el diamante que Richard Burton le regalaba a Elizabeth Taylor”. 

Este olfato, esta intuición inteligente de leer el país a través de hechos en apariencia banales le ha permitido a Elisa Lerner hacer una radiografía de nuestra alma y su escritura es una experiencia onírica, un espejo de cuento donde el lector pregunta al espejo cuan hermosos somos y este no se anda con cuentos y dice nuestras taras y fealdades sin traumas y con cierto humor destilado. Eso podría ser la escritura de Lerner: un espejo que refleja con humor y gracia nuestras deformidades y nuestras imposturas.  

Elisa Lerner ha contado algo que para mi es significativo. Su padre le hizo un regalo. Tenía once años: “… mi padre me regaló unos zapatos muy lindos, abiertos en la punta y adornados con una trenza que remataba en un lazo. Me pareció que aquéllos eran zapatos de escritora y así se lo dije a mi padre: 'Papá', le dije, 'estos son zapatos de escritora. Ya estoy armada para ser una escritora'. Y a él le pareció muy bien. Poco después me compraron papel, muchas plumas y una máquina de escribir. En mi infancia escribí tres poemas con un tema muy doloroso: mi mamá se enfermó gravemente cuando dejó de recibir noticias de Europa. A los dieciséis escribí un libro de relatos que titulé La ciudad del lucro, y que luego extravié no sé si en una mudanza o en un interrogatorio de la Seguridad Nacional". 

Hay pocos escritores que puedan calzar los zapatos de Elisa Lerner cuya genialidad estriba en observar con quisquillosa malicia los distintas versiones ocultas de la realidad, y como su amado Columbo, tratar de ofrecer una argumento de esa realidad en la cual todos tenemos una cuota de culpabilidad, pero sin traumas. A fin de cuenta en todo nuestro devenir hay una metáfora y que Elisa Lerner ha escrito con esa inmejorable música del humor y la inteligencia.

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