Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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 Explicación de la generación de la partitura seis enteros de Carl Mctague

EL ORDEN DE LOS FACTORES DE LA EXPERIENCIA SI ALTERA EL RESULTADO

Por Juan José Díaz Infante

Jdiazinfante@altamiracave.com

El órden de los factores no siempre son matemáticos, es más, la mayoría de los factores no son matemáticos, somos una parte DNA, otra parte electricidad, una buena parte de agua y luego para acabarla de amolar los átomos son espacios vacíos. Lo medible y lo observable son factores de la experiencia. El hacer la experiencia medible, no quiere decir que sea reproducible a partir de los valores numéricos.

Acaba de terminar Transitio y acaba de terminar el encuentro de ciencia y arte y lo único que queda son tiempos de reflexión.

El día  30 y 31 de Octubre se llevó a cabo el 3er Encuentro Internacional de Ciencia y Arte en el Centro Nacional de las Artes, en el Aula Magna Vasconcelos. Eminencias del arte y la ciencia se dieron cita a discutir la "Educación para los problemas que no existen todavía". Los ponentes fueron por videoconferencia Einar Thorstein, arquitectos de domos y Aldo Cibic, diseñador industrial.
De manera presencial estuvieron Guillermo Trotti, Norberto Álvarez, Dava Newman, Omar Gasca, Mauricio Terrones y su servidor, Juan José Díaz Infante.

Se discutieron temas tan variados como los ponentes. Norberto Álvarez, habló de cómo se construye algo que no existe. Pero que la educación es un fatcor pequeño en la vida de los hombres. Uno pasa más tiempo soñando y lo que hay que hacer es vivencial los sueños. Luego entonces lo importante es primero la exposición a la experiencia para luego reaplicarla en la metáfora de lo nuevo. Norberto nos habló de como la suma de experiencias

 Guillermo Trotti, diseñador de los camarotes de la Estación Espacial Internacional habló de las distintas energías del futuro y como él ve que una solución es la aplicación de la tecnología nuclear, mientras se maduran las otras energías como la solar o la eólica. Dava Newman presentó un traje / segunda piel, prototipo para traje espacial del futuro y los problemas de viajar en el espacio. Mauricio Terrones, famoso Nanotecnólogo mexicano, habló de aprender a trabajar en grupos y a saber donde está el campo en común en problemas de lenguaje o de objetivos.
Omar Gasca finalizá con una ponencia de hay que "volver a aprender a vivir juntos"

 

A continuación publicamos la ponencia que cerró el panel de discusión por Omar Gasca

3er Encuentro Ciencia Arte México

La educción para los problemas que todavía no existen

(apuntes para una ponencia)

Omar Gasca

–Y tu, ¿quién eres

–El ingeniero en jefe.

–No, no, ¿quién eres?

–Eso, el ingeniero en jefe

–Oh, bueno, cuando no seas eso, ¿qué serás?

–El ex ingeniero en jefe.





“La educación para los problemas que todavía no existen…”. Primero, un experto en problemas, Groucho Marx, con quien podemos aprender a ser cautos: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. ¿El futuro? “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”.

Un problema es un asunto o cuestión que requiere de una solución y puede ser visto también como algo que perturba la paz y la armonía, o como pregunta que requiere respuesta y a veces demostración o, como en algunas religiones, una contradicción interna entre dogmas. A veces problema es pecado, a veces problema es estorbo. De estas primeras ideas surgen, entre otras, las siguientes preguntas: ¿todo problema tiene solución? ¿Podemos medir la solucionabilidad de un problema? ¿No es toda solución un nuevo problema? ¿Podemos llamar problema a una cuestión insolucionable? Decía Groucho Marx: “Creo en mí antes que en Dios, pero el problema es que me lleva ventaja porque hay un libro que habla de él y Playboy aun no quiere editar un desnudo mío”.

A primera vista, un problema no solucionable dejaría por ese sólo hecho de ser problema para convertirse en calamidad, hecho inamovible, fenómeno inalterable o algo así, justo como el fin del trabajo, el cambio climático, el holocausto ecológico, conceptos que se inscriben en el ámbito en que la revolución científico-tecnológica, la sociedad del conocimiento, la expansión de los sistemas informativos, la ruptura de paradigmas, la dilución de las fronteras entre disciplinas, la transterritorialización, el desprestigio de la razón, la desigualdad social, al apetito voraz de las grandes transnacionales, la objetivación de la persona, la tendencia a la individualización, la incapacidad para vivir juntos, la inseguridad y el miedo a ser sensibles son factores determinantes que, o hacen catapulta de la imaginación y la vocación de cambio, o funcionan como inhibidores y acondicionadores habituales que nos inmovilizan, promoviendo una cómoda mediocridad. Otra vez Groucho: “Durante mis años formativos en el colchón, me entregué a profundas cavilaciones sobre el problema del insomnio. Al comprender que pronto no quedarían ovejas que contar para todos, intento el experimento de contar porciones de oveja en lugar del animal entero”.

Con estas premisas y escenario, podemos afirmar que en el futuro no sólo se requerirá resolver problemas nuevos, sino, en principio crearlos, definirlos como asuntos o cuestiones solucionables, sin hacernos de la vista gorda hoy ni después. Necesitaremos sin duda imaginólogos, problematólogos, pensamientólogos, supervivientólogos, sentidocomunólogos, expertos no especializados y muchos héroes, pero antes desarrollar una actitud interesada en lo otro, en el otro, capaz de propiciar la realización eficaz de algunas tareas básicas: aprender a aprender, aprender a vivir juntos, aprender a cuestionar lo aprendido y aprender siempre. No está de moda, pero el amor interpretado como querer el bien del otro, es un factor decisivo.

De acuerdo con el sociólogo británico Anthony Giddens, en las culturas premodernas la vida se estabilizaba a partir de cuatro ámbitos de confianza. El primero, el sistema de parentesco en el que, independientemente de los afectos o conflictos al interior de la familia, los vínculos ofrecían un tejido de protección y de confianza fundamental; el segundo, la comunidad local, ya que, como en la tribu, el clan o la banda, la localización de las relaciones es una importante condición de estabilidad y confianza; el tercero, la cosmología religiosa, fincado en las creencias de esa índole, que constituyen un marco de referencia que ofrece explicación a los acontecimientos y de ese modo brinda seguridad; el cuarto, la tradición, que da confianza porque asegura una manera de hacer las cosas con relación al tiempo, una manera probada: "así se ha hecho siempre". My way, en la voz de Frank Sinatra.

Es evidente que todo ello ha cambiado. Hoy estos cuatro órdenes de confianza se han relativizado o han perdido importancia. Las relaciones de parentesco tienden a ser reemplazadas por las de amistad, la comunidad local por sistemas sociales abstractos como los no lugares, o tipo Facebook o Tweeter, y la cosmología religiosa y la tradición por una orientación al futuro, como fuente de legitimidad. Parte de la confianza se ha perdido porque no aprendimos bien, nunca, a vivir juntos o, tal vez, lo desaprendimos. ¿Una de las mejores expresiones de desconfianza?: el control remoto encadenado al buró en el cuarto de hotel.

Aprender a aprender y Aprender a vivir juntos son postulados que expresan los nuevos desafíos que debe enfrentar la educación en el marco de las profundas transformaciones sociales que, de entrada, hay que reconocer. Aprender a aprender se refiere a los retos educativos desde el punto de vista del desarrollo cognitivo, académico o informal, en tanto Aprender a vivir juntos expresa los desafíos que se relacionan con la construcción de un orden social en el que podamos convivir con identidad propia pero cohesionados.

La acelerada y profunda transformación tecnológica, así como la globalización y la competencia por conquistar mercados, están transformando los patrones de producción y de organización del trabajo. Las ideas de fábrica flexible, de equipos multipropósito, de plantas multiproducto, de innovación y de mejora continua, de polivalencia del personal y de distribución homogénea de la inteligencia, son reflejos de los nuevos paradigmas y expresiones de potenciales negativos, como el que representa el aumento significativo de la desigualdad social. Vivimos la era del fin del trabajo: las nuevas tecnologías aumentan significativamente la productividad, pero provocan una disminución dramática de puestos de trabajo. Una sola PC puede desplazar de una a diez o más personas, por ejemplo en el trabajo editorial, en el de ingeniería y en el arquitectónico. ¿Para qué preparamos profesionales cuyas carreras serán o son ya innecesarias? La lógica es muy sencilla y absurda: primero, no vales nada si no vas a la universidad; luego, no hay trabajo porque no eres licenciado; cuando lo seas, habrá menos oportunidad y, para cuando seas maestro o doctor, todo tu saber será inútil o estará saturado el mercado de otros que saben e ignoran lo mismo. La escuela, claro, como sistema delay, de retardo de la inserción del individuo en el campo laboral. Se ha dicho ya: la recomposición del empleo en función de la evolución tecnológica, aumenta la desigualdad. Groucho Marx de nuevo: “El puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota”.

Lo otro es la llamada desafiliación. A partir de la exclusión en el trabajo se produciría una exclusión general con respecto a las instancias sociales más significativas. Sólo una minoría de trabajadores tendrá garantías en el empleo a cambio de una subordinación prácticamente total a la empresa, con sus formas y valores y con sus requerimientos de reconversión permanente. Los demás conocerán el subempleo, el desempleo o cuando mucho formas cada vez más frágiles de relación laboral a través de contratos temporales, rápidamente precederos. Y así, hoy preparamos profesionales, especialistas inclusive, que se verán contenidos, inmersos en la vorágine de la exclusión social, es decir, el problema provocado por la evolución de las nuevas modalidades de producción que a su vez proviene del problema de no aprender a vivir juntos, en el sentido amplio de estas palabras. Lo más grave: parece que seguiremos haciendo eso en el futuro: fábricas de desempleados. ¿Por qué? Miedo al cambio, falta de conciencia, falta de audacia, falta de amor, es decir, ignorancia acerca de cómo vivir juntos.

La transformación en la organización del trabajo y las nuevas modalidades de producción están íntimamente ligadas a cambios igualmente profundos en la esfera de lo político y cultural. Uno de los más importantes deriva de los procesos de transterritorialización, deslocalización y relocalización de las pertenencias, geografías e identidades, en virtud de la Internet, por ejemplo, vehículo de información sin regulación a niveles nacionales, aunque podemos contar el calentamiento de la corteza terrestre, la expansión del delito internacional o el agujero en la capa de ozono, cuyos responsables están en qué país, actuando desde dónde, bajo qué normas. Yo no fui, fue Teté.

El concepto de ciudadanía ha comenzado a perder significado. Las nuevas formas de pensamiento, de particularismo y de universalismo creadas a partir de los procesos de globalización y de las nuevas tecnologías de la información producen un nuevo fenómeno: comunidades de elección, homogéneas pero cerradas. No es con mi vecino o mi hermano o mi colega, sino con “alguien” que está en Australia, con quien converso (está en Australia, pero su página en un servidor de España y la foto que me mandó no es de ella sino de su prima y es de hace 10 años. Me casaré con ella en Hawai y viviremos en Londres.). Me aíslo. Me sitúo en una isla. Lo virtual establece formas muy distintas de relación si las comparamos con lo territorial. Vivimos aquí pero estamos allá: lo local y lo supranacional. En las nuevas relaciones sexuales no media un condón sino un monitor.

Es evidente que este conjunto de cambios económicos, políticos, sociales y culturales es consecuente con la relevancia que ha llegado a tener en nuestros días lo que hemos venido a llamar “sociedad del conocimiento”, en la cual mientras más capaz sea el sujeto de comprender la complejidad de los fenómenos, más responsable y consciente será su actuación. Conocimiento. Conocimiento, pero conocimiento de qué. Y, sobre todo, qué para qué. ¿Un conocimiento estable que proporcione seguridad y certidumbre o, por el contrario, una reflexividad acompañada por menor certidumbre y mayor inestabilidad? Complejizar, en la idea de Morin. Cuestionarlo todo, repensarlo todo, sería la idea. Pensar el pensamiento, pensar lo que pensamos, pensar por qué pensamos eso. El conocimiento como una instancia y una estancia siempre críticas. Pero a veces no es conocimiento sino in-formación, es decir, imposición de formas.

Es necesario pensar por qué enseñamos lo que enseñamos y para qué y qué entendemos por conocimiento hoy. Hay que favorecer la introducción del conociente en el conocimiento, incorporar realmente a la persona en el proceso de aprendizaje, sentar las bases para construir la capacidad de construir aprendizajes y luego identidades y valores y un devenir. Es necesario recobrar el papel de ciudadano que ha sido remplazado por el de consumidor o cliente, pero un ciudadano capaz de ser adscriptivo a los social. Viandante, usuario, radioescucha, televidente, cuentahabiente, internauta, causante cautivo, derechohabiente pero, también, o antes, o en lugar de, ciudadano.

Con respecto a la educación, el aprendizaje permanente, la vinculación estrecha entre educación y trabajo, la transversalidad entre disciplinas y los mecanismos de acreditación de saberes para la reconversión permanente, son algunos de los nuevos problemas.

Si preguntamos por la educación para los problemas que todavía no existen, preguntémonos también acerca de la pertinencia de las soluciones que ya estamos dando. La especialización, con excepción de algunas disciplinas, ha sido un fracaso y, en ese sentido –como a veces para adelantar hay que dar un paso atrás– urge cobrar o recobrar, con una visión integradora, un espíritu y una actitud radiales. ¿Por qué no pensar en el trivium medieval: lógica, gramática (o retórica) y poética: saber pensar, saber decir, saber sentir. En cualquier orden. Y luego lo demás. En principio, aprender a aprender y aprender a vivir juntos. ¿La educación? Carreras a la carta: musiconanologoterapeuta, chefescultointernautasóníco, por ejemplo, aunque sobre todo ingenieros, es decir, usantes del ingenio. Ingenieros, o sea, una sociedad de artistas.


 

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