Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Fábrica de fallas

 

Informe especial sobre el Primer festival de cultura libre y copyleft

Fábrica de Fallas

Buenos Aires – Argentina


Por Lila Pagola


El pasado mes de noviembre fue muy agitado para la comunidad de cultura libre de Argentina, especialmente la porteña: Richard M. Stallman en el Congreso de la Nación (3 de noviembre), Jimbo Wales de visita en el marco de la Academia Wikipedia (6 de noviembre) y el Festival de cultura libre y copyleft Fábrica de fallas en la Tribu (15 y 16 de noviembre).

En este informe les contamos detalles sobre el Festival, del que Escaner cultural participó como auspiciante desde Chile, junto a otros colectivos de Argentina.

 

Iniciativas de convergencia en un espacio de convergencia:

 

La tribu es un colectivo de comunicación alternativa, trabajando en Buenos Aires desde hace más de 10 años, ampliamente conocido por su FM (http://www.fmlatribu.com/)

Desde la radio, el colectivo ha construido nexos entre músicos, literatos, militantes de derechos humanos, artistas visuales, comunicadores, informáticos. En sus opciones tecnológicas, es una radio pionera en la migración de su sistema de gestión de radio a software libre, experimento que fue el inicio del nexo activo con la comunidad de software libre de Buenos Aires; mientras que en tanto espacio, es un lugar de encuentro y reunión de personas con militancias diversas.

Quizá por todo esto, las condiciones estaban dadas para la convergencia: para pensar, cruzar, reflexionar sobre las similitudes de acciones e ideas acerca de la circulación de la cultura.

 

 

 

Software, música, imágenes, letras y semillas: libres o restringidas.

 

La propuesta del festival giró en las múltiples relaciones que podemos trazar entre las producciones culturales, del tipo más diverso: desde el software, pasando por la literatura y las imágenes hasta la música y también, las semillas. La pregunta común a todos: ¿cómo circulan los bienes culturales? ¿qué cambios introducen las tecnologías digitales en los modos de circulación tradicionales? ¿qué modelos alternativos al marco legal vigente -aunque incumplido- existen en el presente? ¿qué opciones políticas podemos y debemos encarar como productores y como receptores de cultura? ¿qué está en juego, en esta redifinición de los actores, las reglas, los modos, a la que asistimos en el presente? ¿qué podemos aprender de estas reflexiones, para pensar y practicar sobre la vieja problemática de fondo: la administración de los bienes materiales?

 

Para plantear ideas, explicitar posiciones, contar experiencias, entablar diálogos y debates, el festival contaba con varios espacios en simultáneo, y una rica diversidad de invitados: desde informáticos del software y las redes, artistas y activistas campesinos, docentes universitarios, editores de contenidos varios, todos apostando por alternativas críticas -prácticas o ideas- en su campo de acción, bajo una propuesta inicial: “las ideas son como el fuego: sólo se conservan comunicándose”.

 

Los invitados: experiencias cruzadas

 

Con esta breve reseña de las experiencias invitadas, introducimos los temas, ideas, iniciativas que se cruzaron en el festival. La información puede ampliarse en las webs de referencia.

 

La copiona: la burn station de La tribu, con música con licencias libres de todo el mundo, y un diseño muy particular: sentado en un sofá, usando un joystick, el usuario escucha temas, los selecciona y después se graba su compilado.

 

Compartiendo capital y su vodka miel: una bebida de código abierto, de elaboración muy simple que congrega gente a su alrededor para degustarla y señalar un espacio donde el compartir es tradicional: la cocina.

www.compartiendocapital.org.ar

 

Muestra de imágenes del proyecto sin cita: carteles sobre la ciudad, derivando el sentido de lo público en una lectura privada, acerca de la autoría, la circulación, la originalidad.

Imágenes liberadas bajo una licencia

www.sincita.wordpress.com

 

El asunto, Tinta limón ediciones, Federación libertaria argentina: editoriales independientes y colectivos que editan que ha publicado algunos materiales con licencias proto-copyleft.

www.elasunto.com.ar | http://www.tintalimon.com.ar | http://www.elrefractario.com.ar/

 

Redes libres: Internet ocupa un lugar central en las iniciativas que han transformado las prácticas del compartir cultura en los últimos 10 años. Estos proyectos buscan garantizar amplio acceso a la red, en el sentido más “material” del problema.

Buenos Aires libre y Lugro mesh (Rosario): Buenos Aires libre es un proyecto de redes wireless abiertas, para ofrecer conectividad ubicua a partir de compartir la conexión domiciliaria de particulares, usando software libre. Lugro Mesh es un proyecto similar, de el grupo de usuarios Linux de Rosario.

http://www.buenosaireslibre.org/ y http://www.lugro-mesh.org.ar/

 

Fundación Vía libre: una ONG dedicada a la defensa del libre acceso a la información: La Fundación trabaja políticamente en el área de nuevas tecnologías, la defensa de los derechos ciudadanos en entornos mediados por tecnologías de información y comunicación; difunde el uso del software libre; y prestar asistencia a quienes deseen utilizarlo, en particular a Pequeñas y Medianas Empresas, Organizaciones No Gubernamentales, Organismos o Dependencias del Estado, Entidades de Bien Público, etc.

www.vialibre.org.ar

 

proyecto nómade: una interfase entre software libre y artistas, para facilitar la migración de usuarios finales artistas, afines a la ideología del movimiento de software y cultura libre, y haciendo usos muy específicos de software para diseño, música, fotografía, etc.

www.nomade.org.ar

 

Proyecto Musix: una distribución de Linux para músicos en especial, diseñada y realizada en Argentina. Con muy buen soporte de software para variedad de hardware de sonido, varios escritorios y una muy buena selección de aplicaciones para quienes buscan conocer y usar alternativas de software libre para la música. www.musix.org.ar

 

Ubuntu ar: comunidad de la distribución de Linux Ubuntu, de Argentina. El grupo se dedica a intercambiar experiencias y compartir conocimientos sobre ese sistema.
www.ubuntu-ar.org

 

CafeLUG: el grupo de usuarios de software libre de Capital federal – entre otras cosas- estuvo junto al grupo Ubuntu-ar en el “consultorio” de cuestiones técnicas sobre software libre, linux y ubuntu en particular.

http://www.cafelug.org.ar/

 

Mozilla Argentina: la comunidad Mozilla de Argentina, mostrando a la aplicación estrella: Mozilla Firefox.

Py-ar: grupo de desarrolladores de Python de Argentina, mostrando las maquinitas OLPC (One laptop per child) en proceso.

 

Durante los 2 días se programaron también, una serie de charlas con invitados, que pasaron desde la revisión de cuestiones técnicas acerca de la privacidad, en el mail, en la web 2.0, hasta diálogos desafiantes para público y disertantes como la que sostuvieron Enrique Chaparro (Fundación Vía Libre) y Ángel Strappazon del MOCASE, sobre “La propiedad es el robo, la cultura es el plagio. Cruces entre la propiedad de bienes materiales e intangibles”.

 

Bases comunes de la convergencia

 

¿qué nos hace reunirnos, a estos grupos e individuos tan heterogéneos, tan cerca y tan lejos de la tecnología, de la pedagogía, del arte, de la agricultura? ¿qué vemos en el otro que nos permite identificarnos y dialogar? ¿cual es la urgencia que nos hace buscar ese diálogo posible?

 

Desde distintos lugares, empezamos a comprender que la cultura es una construcción colectiva que no puede someterse a las reglas del mercado y los modelos de exclusión vigentes en otros ámbitos: o más bien -según nuestros modos de concebirla- no debe; y de la tensión entre los modelos en disputa saldremos, ganando o perdiendo, todos.

 

El disparador es la tecnología, si. Pero claramente la potencia del momento se debe a que la “disponibilidad” que las TICs habilitan para la circulación de información, pública y privada, es la que nos hace comparar, analizar, evaluar, las diferencias entre la administración de los bienes tangibles en su característica escasez, y este nuevo tipo de bienes: intangibles, reproducibles a costo casi cero – si bien dependientes de una base material- y tanto más valiosos cuanto más usados y compartidos en la sociedad de la información.

En primera instancia, la comparación más elemental nos hace reparar en que su naturaleza es otra, y la idea de propiedad, tal como el derecho la traslada en el concepto de “propiedad intelectual” es altamente problemática y de dificil aplicación.

La tecnología ha tornado la discusión visible, necesaria y urgente.

El software, está en el centro de los procesos de producción y circulación de bienes simbólicos en la contemporaneidad.

 

El software en la mira

 

¿en dónde radica la potencia irreductible del aporte de la comunidad de software libre? Que en su campo se está replicando la vida, en una versión controlada y global: memoria, identidad e imagen pública, finanzas personales, consumo, comunicación personal y pública, etc: todo ello mediado por software y conectividad.

Si bien aún es posible vivir por fuera de la mediación del software, es altamente dificultoso y conduce a grados casi insostenibles de aislamiento, que tornan a los sujetos débiles públicamente, invisibles, en tanto es necesario “llegar a ellos” con una alta fricción con la realidad y sus barreras espacio-temporales. Frente a la ubicuidad que la tecnología habilita y el software permite usar, la disponibilidad de información a un click o botón de distancia, hace que aún la mínima fricción resulte en olvido. ¿No tener una vida digital es una forma de resistencia?

 

¿Una forma de resistencia?

 

La lectura simple de este estado de cosas nos lleva por momentos a pensar en la transformación cultural de las TICs como una distopia a la que es preciso resistirse tanto como se pueda. No tener celular, no usar la PC, no tener email, no sacar fotos digitales, no usar ningún servicio de la web 2.0, escribir a mano las notas personales, y todos los matices que se nos puedan ocurrir para conjurar el temor que nos produce la “virtualización” de nuestras relaciones, especialmente cuando trasciende nuestra esfera afectiva inmediata.

Sin caer en la fatalidad que supone la idea que nos encontramos en un proceso sin vuelta atrás y sin desmerecer el potencial transformador de las TICs, la resistencia debería adoptar la forma de la crítica: cada decisión tecnológica, cada dato manipulado, cada proceso digital es una opción política, y por lo tanto nos corresponde posicionarnos al respecto, porque de lo contrario alguien lo hará por mí. Puedo hacerlo en tanto individuo, informándome lo suficiente, o confiarle mi decisión a los expertos que se hayan definido políticamente en concordancia a mi pensamiento, pero la idea central a instalar es que todos y cada uno de los usuarios de tecnología tiene derecho a saber que tipo de procesos realiza el software que usa con sus datos, a decidir como circula su información privada, y también la pública.

 

La tecnología no es neutra y en los usos que se permiten, regulan o prohiben se dirime nuestro futuro como ciudadanos y como individuos, como autores y como receptores de cultura: una parte importante de nuestro existir en el mundo.

 

Autor, derechos, propiedad y cultura

 

La cultura es una construcción colectiva, pero ¿qué pasa con el autor? ¿puedo legítimamente autonombrarme propietario de una creación que es la síntesis -individual y meritoria- pero dialógica y sedimentaria a la vez, del proceso de culturización al que estoy expuesto desde que respiré por primera vez? La noción de autor como “genio” que crea aislado y -a veces- a pesar de su grupo social, en toda su mística, es funcional a la negación de la base colectiva de la producción simbólica.

Los derechos de autor, se apoyan en la idea de que sólo la garantía del respeto hacia la creación, a partir del reconocimiento al autor y la integridad de lo creado1, vuelven sostenible la innovación.

¿No cabe preguntarse cómo se inventaba antes de los derechos de autor? ¿cómo se innova en otras culturas en las que esos derechos no se conciben y/o regulan del mismo modo? Si nos sustraemos de la concepción etnocéntrica que nos ubica en la cima de la inventiva humana, quizá sea posible reparar en la “originalidad” y la innovación de otros, cuyo método y dinámica social no son los nuestros.

 

Opciones políticas frente a la circulación o el “doble estandar”2.

 

¿qué opciones políticas podemos y debemos encarar como productores y como receptores de cultura? Latinoamérica disfruta ampliamente de los bienes culturales producidos dentro y fuera de su territorio, gracias a la práctica de la copia no autorizada – más conocida como “piratería”, ampliamente extendida y profesionalizada incluso.

Como receptores de cultura, con grados diversos, los latinoamericanos, gozamos de una sensibilidad modelada por copias no autorizadas: de música, de películas, de software, de textos en las universidades y escuelas y salvando las diferencias, de señal de cable y/o internet compartida con el vecino.

Sin embargo, cuando algunos de nosotros nos posicionamos como productores de creaciones, como autores, parecemos olvidar esa base de influencias culturales y sobre todo, como accedimos a ellas y pretendemos “vivir en un país en serio donde el copyright se respete”.

 

Como autores, repetimos que – al unísono con las gestoras de derechos de autor- necesitamos ser protegidos, necesitamos recibir compensación por nuestro trabajo, necesitamos que la gente no haga más copias piratas. Si todo es libre y gratis, ¿cómo vamos a seguir creando?

Nos ubicamos en un doble estándar cuando no logramos resolver la contradicción a la hora de tener que pagar por el software que usamos para escribir nuestro texto, o editar nuestra fotografía. O no alcanzamos nunca a comprar los libros que nos piden en la universidad porque preferimos hacer fotocopias de dos materiales igualmente interesantes o comprarnos un juego o un compilado de mp3 con el ahorro.

Y a ese material también lo necesitamos para seguir creando -nos respondemos.

 

Dudas razonables

 

¿de qué van a vivir los creadores? ¿cómo se van a encarar los proyectos complejos, altamente especializados? ¿qué va a pasar con la calidad de las producciones? ¿se puede trasladar el modelo productivo del software, un bien de uso, con una dinámica basada en la idea de avance, mejora o progreso a otras producciones culturales cuyo fin es producir efectos de sentido, comunicar?

 

No parece fácil responder -sin recurrir a la utopía- a tales interrogantes. Sin embargo, algunas respuestas son simplementes nuevas preguntas: ¿de qué viven hoy los creadores, en su gran mayoría? ¿quien financió su formación? Y sobre la función estética y sus agentes ¿no cabe una pregunta sobre la ética? ¿no es este ya, un sistema excluyente y espectacular? ¿necesitamos de cierto tipo de creaciones, por otro lado? Apenas atisbando sobre un complejísimo tema: dada cierta función afirmativa y funcional de algunas producciones respecto del sistema que las genera, ¿deberíamos seguir apostando por su compleja maquinaria de creación y circulación masiva?

 

Sobre la complejidad de los proyectos, el modelo del software libre es un ejemplo potente y visible para el contexto contemporáneo: una comunidad internacional unida por unos principios, una metodología y unas herramientas técnicas revolucionarias, creando -modular y anárquicamente3- productos competitivos y de altísima calidad, que están redefiniendo la teoría y la práctica de la industria del software, en menos de 25 años. ¿puede trasladarse este modelo sin más a otras producciones? No parece simple, si bien, el sólo intento es un ejercicio de empatía y tolerancia nada despreciable desde el campo que se lo aborde.

 

Autocríticas al modelo del software libre

 

Los amigos geeks tendrán que disculpar entonces, que a pesar de todos los esfuerzos y logros de un grupo de personas autoorganizadas, y de la formulación precisa de un cuerpo teórico que es inspirador para muchos otros campos de la cultura, algunos enunciemos críticas al modelo.

La crítica es un motor para la mejora: si estuviera todo resuelto y funcionando a la perfección, no estaríamos pregutándonos como hacerlo mejor. ¿qué dificultades conocidas del modelo de producción del software libre deberíamos tener en cuenta para no trasladarlo a otros campos y/o retroalimentarnos?

El primero y que resulta evidente, es que la especialización conduce a la endogamia y ésta a la falta de empatía con el resto de la sociedad, por ejemplo en la clásica discusión acerca del uso de software libre en la educación. Se requiere de mayor integración de actores no informáticos, que puedan aportar visiones de su campo específico tan críticas como la que supone el software libre al interior de la industria de desarrollo de software. Requiere que la comunidad de software libre comprenda que el modelo que ha hecho funcionar de forma tan maravillosa no es original ni único, y que su impacto real se mide en su posibilidad de adaptación a otro tipo de producciones culturales, a otro tipo de productores, y a la redefinición cultural que puede articularse a partir de la convergencia, que la calidad no se mide sólo en términos ingenieriles de performance y uso de recursos de hardware, sino en posibilidades de apropiación desde distintos grados de interés y destreza informática, en donde la usabilidad es la puerta de acceso al masivo grupo de usuarios finales que se relacionan instrumentalmente con los dispositivos digitales, quienes además de que se respeten sus derechos, su privacidad, y se atienda a su diversidad, quieren que el software funcione y que el aprendizaje de su uso no los excluya en su complejidad.

 

Múltiples desafíos para múltiples actores: ni expandir la élite del conocimiento ni bajar el nivel para que todos accedan: diseñar para usos específicos. Así como los geeks no pueden explicarse ni desarmar una heladera cuando ésta no enfría, y tienen derecho a exigir del fabricante que el procedimiento diseñado para solucionar el problema se oriente a una instrucción simple si la solución es abordable por un lego (“desconéctela y límpiela”) o la intervención de un experto si no lo es (con la previsión de errores graves para los curiosos: por ejemplo, no poder acceder a lugares potencialmente peligrosos para el que no sabe lo que hace).

 

El software debe ser usable para quienes sólo quieren realizar fácilmente una tarea sin por ello tener que resignar su privacidad de sus datos o la seguridad de todo su sistema operativo. ¿cómo transitamos hacia ese objetivo? Con políticas de atención a los factores humanos además de técnicos en el desarrollo del software, en las que la percepción del usuario no experto ocupe un lugar en las decisiones. Iniciativas notables en ese sentido son las que desarrolla la distribución Ubuntu, con su sintomático slogan: Linux para seres humanos.

 

En el fondo de todo, lo tangible

 

Las discusiones siempre convergen en una diferencia irreductible: lo inmaterial no puede ni debe ser administrado como materia, pero requiere de ella para existir. El productor requiere materiales, herramientas, y tiempo, además de conocimiento. La discusión sobre la circulación del conocimiento y la propiedad intelectual no parece susceptible de ser detenida en ese campo: el de los bienes intangibles. Porque el conocimiento que unos poseen -y pueden hacer circular o restringir su acceso, a pesar de que siempre habrá un origen colectivo último imposible de determinar y por ende, de establecer como “dueño” de tal conocimiento- ese conocimiento ha requerido, además, para su crecimiento, de unas bases materiales que le han permitido manifestarse.

 

Las propuestas del software libre, el modelo del copyleft como hacking del copyright, la formalización de la cultura remix, la rápida propagación de propuestas políticas de cultura libre y creación colectiva en entornos digitales, como wikipedia, parecen señalar que el tema está instalado y los debates se preparan. La disputa de sentido tiene dos frentes, como siempre: el plano de las ideas y la forma de concebir las prácticas; y el de las acciones, donde las ideas pueden tornarse proyectos y transformar la realidad, y con ello nuestras vidas.

1La base de los derechos de autor es garantizar el reconocimiento de la autoría de una obra (que siempre que se la publique se explicite quien la creó), y la integridad de la misma: esto es que no se la modifique y con ello, su sentido original.

2Agradezco a todo el equipo del EFT Pirucha Sosa, de la Fundación Pedro Milesi, sus aportes en la discusión inicial sobre cultura libre que mantuvimos el 28/11 pasado, y especialmente a Armando Hoepelman por su síntesis de la idea del “doble estandar”.

3Anarquicamente en el sentido político original: ausencia de autoridad, pero no por ello desorden. Autoorganización donde cada uno asume un rol en función del bien común. Cito a Joseph-Pierre Proudhon , en ¿qué es la propiedad? (1840): “La política es la ciencia de la libertad. El gobierno del hombre, cualquiera que sea el nombre con que se disfrace, es tiranía; el más alto grado de perfección de la sociedad está en la unión del orden y de la anarquía.

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