Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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ALFREDO MANEIRO

Por Carlos Yusti

Los filósofos de la Grecia Clásica convirtieron la expresión oral en su mejor tarjeta de presentación. Hicieron de la plaza un aula virtual para sus distracciones. No escribieron nunca, tenían poca estima por la palabra escrita, hasta el punto de considerarla una degradación de la palabra oral. La elocuencia de muchos filósofos era tan eficaz y magistral que con prontitud se hacían de una cohorte de seguidores y discípulos. Alfredo Maneiro, el sempiterno fundador de ese esperpento político que se llamó Causa R, emparentada mucho con los filósofos de aquella Grecia del dialogo y la filosofía.

Fue un conversador vehemente, un orador inteligente y memorioso que jamás alardeó de nada aunque había hecho pasantía por la lucha armada, era profesor universitario y se había graduado con altas calificaciones en filosofía. Te envolvía con gran lucidez en su oratoria, nunca sus interlocutores se enteraban si esta mintiendo o diciendo la verdad. Cuando Alfredo Maneiro hablaba seducía sin remedio. Era bajo regordete y ágil con su verbo. Maneiro de toda su travesía revolucionaria, que podríamos denominar dura, y de su ruptura con el MAS quedó un tanto a la intemperie. No obstante no se resignó como otros a ser un derrotado, rumiando su fracaso y justificando sus acciones. A todas estas el país político se fragmentaba en muchos pedazos y los oportunistas y políticos de oficio ocuparon los puestos claves del poder.

El MAS de inmensa maquinaria de cambio pasó a ser un partiducho dialogante y parlamentario. A modo grueso el país se encontraba en un marasmo político difuso. Maneiro como una especie de filósofo urbano fue nucleando simpatizantes y adeptos hasta consolidar un movimiento, sin ideología, pero con un proyecto claro de acceder al poder no por la puerta de servicio. Para llegar a la Causa R como tal Maneiro realizó tanteos y experiencias políticas heterodoxas. Así nació ProCatia, el Agua mansa, Bafle y el Prag. Luego vendría el movimiento siderúrgico de los matanceros y el nuevo sindicalismo. Maneiro aunque no fue un escritor sistemático dejó muchos escritos sistemáticos dejó muchos escritos políticos sueltos, entrevistas, artículos de opinión y discursos políticos recopilados en un libro póstumo titulado “Notas políticas “. Un fragmento importante de su tesis se publicó en libro, “Maquiavelo, Política y filosofía”. Estos dos libros son testimonios fehacientes de su agudeza mental, de su compleja y penetrante genialidad política. Acotar que Maneiro fue un teórico acechante de la praxis política es recuadrarlo de manera simplista. Fue en realidad un pragmático vitalista y entusiasta. Más que teorizar parece que disfrutó vivir la política desde la piel y la entraña. Para corroborar esto hay una anécdota que vale pena mencionar.

 

Cuando Alfredo estuvo de vuelta en la vida mundana y silvestre continuaba conspirando. En ese trance consiguió dinero para adquirir armas. Viajó al exterior y realizó los contactos pertinentes. Durante el viaje conoció a un viejo impresor europeo que estaba rematando una maquinaria de impresión Heidelberg. Sin pensarlo mucho cerró el trato con el impresor. Compró una arma poderosa: una imprenta. Cuando los bisoños camaradas le reclamaban su falta de visión, Alfredo sólo exclamaba: “Ustedes no podrían diferenciar una K-40 de una lavadora automática” Las salidas retóricas y los malabarismos dialécticos de Alfredo siempre fueron brillantes. Siempre le preguntaban: ¿Cuál era la ideología de la Causa R? Él respondía sin ambages: “Democrática en el sentido que le daba Marx: cuando el movimiento revolucionario conquista el poder, conquista la democracia. Ampliación y profundización de la democracia son los lineamientos ideológicos de la Causa R”. Por supuesto que todo era retórica de la más barata. La Causa R era un partido estalinista en su estructura que desconocía cualquier disidencia. En otra oportunidad le preguntaron sobre el programa de gobierno y Maneiro tan campante contestó: “La constitución nacional. Llevar a la práctica todo lo contemplado en nuestra carta magna sería un acto radical y revolucionario”. Con respecto a los intelectuales, donde él se incluía claro, escribió: “Los intelectuales, donde quedarían libres de toda culpa si no fuera porque está entre sus responsabilidades la de contribuir a dar un giro a la situación de descomposición, fariseísmo, entrega, despolitización y frivolidad que sufre el país (…)Cuando la ideología —llámese petróleo, betamax, Miami o pobreza resignada— encandila hasta la ceguera al conjunto popular, alguien tiene que contribuir a detener la ceguera o despejar la ilusión. Y ese— ¿Cuál otro?— es el papel que le atribuimos a la inteligencia que queremos. Nada más ni nada menos que lo que nos exigimos a nosotros mismos”.

No es casual que su tesis de grado sea sobre Maquiavelo, en el que confluyeron la teoría y la praxis política o como lo escribió el propio Maneiro: “…Maquiavelo el político, secretario del Consejo y embajador, hacedor y deshacedor de entuertos, hubo de retirarse –-o, de ser retirado, que ambas cosas fue el caso—de la escena de los hechos para entrar en el de la teoría(…) Maquiavelo no escribe sus memorias ni hace literatura testimonial…al contrario, Maquiavelo intenta la síntesis de la experiencia de su época, trabaja en la memoria de la humanidad europea y lo hace con una economía, capacidad de abstracción y sobre todo, claridad de intención tal, que el resultado no sólo soporta la comparación con no importa cual otro texto de la teoría política, de la filosofía de praxis o de la llamada filosofía social…” Maneiro luego de salir de la clandestinidad, la cárcel y la montaña no se retira tampoco a escribir su librito testimonial sobre su experiencia como guerrillero, no se deja ganar ni por la frustración, o nostalgia, sino que teoriza para preparar una nueva trinchera de lucha más acorde con los nuevos tiempos. Fue un filósofo a su modo. Un Maquiavelo exquisito. Un inspirado del marxismo. Como intelectual estuvo siempre tratando de cambiar la realidad. Era un político culto. Un pequeño burgués que fumaba puros y que leía a los clásicos. Fue un maestro del arte político. Sus alumnos y deudos políticos son una mierda. Le sobró inteligencia, claridad y visión. Entre tanta chatarra y hojalata retórica de los politicastros brutazos de hoy, habría que rescatar el metal reluciente de sus ideas y opiniones. Sus seguidores le deben una lectura más política que luctuosa. Para terminar le dedico esta frase de Alfredo que a los chavista disfrazados (o que pasaron de la chaqueta blanca o verde a la roja) les va de perlas: “Tenemos que desconfiar de esos cruzados que van a Tierra Santa montados en la grupa del caballo saladino, de esa gente que abotona el florete y hace digerible su reforma, de esos tardíos alumnos de Lampedusa”.

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