Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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RIMBAUD SE JUBILA

 

Carlos Yusti

Los hilos invisible del absurdo entretejen aquí y allá hasta completar una colcha de retazos de asombros, de situaciones inverosímiles  unidas al vuelo sobre la tersa piel de la cotidianidad. ¿Cuáles pueden ser los nexos entre una nadadora olímpica y el poeta maldito por excelencia de la literatura francesa?

El éxito y el genio en ocasiones no proporcionan todos los ases de la baraja, no siempre son una bendición y a veces convierten la existencia del hombre o mujer de éxito o del artista genial en un espiral inverso hasta llegar al foso. Algunos antes de ser devorados por la oscuridad dan marcha atrás y lo abandonan todo.

La nadadora francesa Laure Manandou anunció su retiro de las piscinas de competencia con apenas 22 años. La chica ha declarado que la pasión por competir se le ha agotado. Obtuvo el campeonato de los 400 metros en el año 2004, luego fue triple campeona mundial en 2005 y 2007, también lo fue de los 200 metros en el 2005. Su record también incluye ser 17 veces campeona de Europa y 55 de Francia. Cuando el éxito abruma y se torna una carga lo mejor es salir en volandas y buscar un poco de aislamiento y soledad para encontrar el equilibrio. A Oliver Roellinger le sucedió algo similar. Después de ser reconocido como un artista de la cocina se retira con 26 años. El cocinero aduce presión y estrés, lo cierto es que apagó el fogón de manera defitiva.

El caso más subrayado pertenece a la literatura. Arthur Rimbaud con algunos poemas de genialidad precoz y con dos libros, “Iluminaciones” y “Una temporada en el infierno”,  prefigurando la modernidad de la poesía por varios lustros en el futuro, decide un día abandonar de manera radical la literatura. Contaba apenas con 19 años. Este mutis repentino fraguó su leyenda. Vivió de manera acelerada. Sus días y noches de farra poética en París fueron para el joven provinciano, oriundo de Charleville, un feroz aprendizaje en la que mezcló encuentros con otros buenos poetas, alcohol, hachís y ajenjo le permitieron madurar a un ritmo distinto. Consciente de su genio se volvió pendenciero, peleador y diletante feroz. El Lienzo de Henri Fantin-Latour es el testimonio gráfico de esa noches salvajes. En el cuadro vemos al joven Rimbaud admirando en éxtasis, lacónico y displicente, a Verlaine. Paul Verlaine, algo maduro, recién casado a punto de ser padre y con algo de talento para la poesía, cayó prendado ante el magnetismo de aquel poeta cuya genio exiliaba a las musas al desván de los objetos olvidados. La relación de Verlaine y Rimbaud fue, aparte de escabrosa, un tanto turbulenta y en los dos años que duró hubo daños físicos y espirituales dignos de una telenovela. La pareja a su paso dejó una estela de lagrimas, insultos, rupturas, reconciliaciones, escapadas que al final terminaban en el punto de partida e incluso escándalos que abrían el telón a espectadores desprevenidos, dejando a ojos públicos el dolor y sobre todo la locura de una relación bastante anómala y psiquiatresca. La ruptura definitiva de la pareja se produce cuando Verlaine, ante las presiones sociales, decide cortar de raíz el problema y en un encuentro con Rimbaud le dispara sin consecuencias.

Quizá este fue el detonante para que Rimbaud saliera por la puerta de servicio de servicio de la poesía como escapando. Quizá este hecho lo centró en la idea de convertirse en un hombre prospero y exitoso con bienes de fortuna. De ahora en adelante dedicaría su genio a ser un hombre responsable y con la meta del triunfo económico. Lo primero fue realizar un periplo intenso por varios países hasta su destino final en Abisinia (Etiopia).

Rimbaud se jubiló de la actividad poética no así del trabajo ya que buscaba demostrarse así mismo y a su familia que era capaz de ser un hombre normal preocupado por el dinero. Le tenía sin cuidado la suerte de su breve obra literaria, fue algo amputado, borrado de su espíritu. Como mercader y traficante de armas fue haciendo dinero, pero su desgaste físico fue vertiginoso. Siempre estuvo aquejado de fiebres, dolores y enfermedades. En una ocasión se hirió en una pierna y obsesionado como estaba con los negocios no le prestó a su herida las atenciones médicas requeridas. A causa de una gangrena tuvieron que amputarle la pierna así como él alguna vez amputó la poesía de su alma. En una carta desoladora escribe: “¡Y ahora mi vida de lisiado! ¡Y yo que precisamente había decidido volver a Francia este año para casarme! ¡Me despido del matrimonio, familia, futuro! Mi vida ha pasado y no soy más que un trozo de carne inmóvil". La familia a regañadientes lo traslada a Francia y el 10 de noviembre de 1891 moría en Marsella y los engranajes del mito comenzaban a moverse.

El genio y la fama atosigan a tal punto que quienes los disfrutan/padecen sólo desean escapar, borrarse de la vida pública. Laure Manandou ha dicho: “He logrado todo lo que quería, incluso más que en mis sueños”. A Rimbaud los sueños excéntricos no lo dejaban tranquilo. Soñaba con crear una tropa de cazadores de elefantes, crear una raza de mulos con más capacidad de resistencia, construir una fábrica de fusiles y municiones. Los sueños permiten ir detrás de esas quimeras, permiten mantener viva en los individuos esa llama vital que les permite transitar un nuevo día. Los sueños mientras más inalcanzables mejor como lo enseñó ese personaje de la ficción literaria Don Quijote.

Don Quijote a diferencia de la nadadora y Rimbaud, tiene más de 50 años, se ha leído toda su prolija biblioteca un par de veces, y sobre todo sus preferidos libros de caballerías. Don Quijote, en la proximidad de la jubilación, sabe que se abre un abismo de tiempo muerto a sus pies, tiempo ocioso que le acorrala y que de manera irremediable lo llevará a la tumba. De repente sufre esa iluminación alucinatoria de armarse caballero para no darle ningún resquicio a la muerte y así vivir la última gran aventura de su vida. Sabe que los sueños no son para realizarlos, para amasarlos y darle una forma concreta, sino para seguir vivo, cortante en la realidad con la dosis necesaria de locura para que la existencia se convierta en una experiencia irrepetible que bien vale la pena.

 

 

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