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HENRY MILLER, FRAGMENTO DE VIDA

 

HENRY MILLER,FRAGMENTO DE VIDA

 

Por Carlos Yusti

 

La primera novela que leí de Henry Miller fue Trópico deCáncer. El aturdimiento, entremezclado con impresión,fue mayúsculo. La fuerza amoral de su estilo y lo desencuadernadode su prosa me subyugó de inmediato. Leer otros libros de Millerfue un quehacer automático. Con Trópico de Capricornio pudepercatarme del oficio y la madurez que iba alcanzando su escritura. Primaveranegra, que narra parte de la infancia y juventud de Miller, es mi predilectay fija, en lo particular y de alguna manera su innegable importancia comoescritor.

A pesar de que su estilo poseía muchos baches y ondulaciones (porno escribir defectos) lo prefería a esos escritores escrupulososcon el lenguaje, apegados a la rectitud espiritual de la gramáticacon sus dictatoriales normativas. Miller enseña a no atemorizarseante las palabras, a no temblar ante su crudeza o su volátil poesía.Leyéndolo uno aprende a explorar esos lados oscuros de las relacioneshumanas, de la vida impregnada de orfandad y suburbio, de putas y nochescallejeras en sucios callejones, del amor como grito exaltado.

Como lector yo había hecho mis respectivos periplos por Proust,Stendahl y Hermann Hesse, del José y sus hermanos de Thomas Mann.Escritores en los cuales a veces la perfección estilísticases la protagonista de su libros. La lectura de Miller me enfrentócon esa escritura descuidada, viva y plena preocupada por la reseda de lareseca, de ese fulgor intoxicante de los barrios pobres, del sexo mundanoo tarifado, del café negro como agua de alcantarilla y el cigarrillolento en espera de la madrugada, del amor desconchándose en la miseriaviva. Escritura hecha a golpes (en una máquina de escribir portátil)sin tiempo para la sobrevivencia y las deudas. No por casualidad Millerescribió: "En el fondo soy, un escritor metafísico, ymi empleo del drama y del incidente es sólo un recurso para plantearalgo más profundo. Estoy contra la pornografía y en favorde la obscenidad... y de la violencia. Por encima de todo, estoy en favorde la imaginación, de la fantasía, de una libertad con lacual todavía ni siquiera soñamos".

Miller era esa literatura al margen, de esa literatura marcada y estigmatizadapor la censura. En una oportunidad el escritor contó que por fineditado Trópico de Cáncer, luego de soportar un temporal derechazos y críticas destructivas, no se vendió ni siquieraun ejemplar y un buen lote le fue devuelto como basura. En su pequeñoy miserable cuarto los libros se apiñaban como el moho. A nadie parecióinteresarle una novela cruda y cocida con la hirviente realidad domésticade un outsider, de un vago que chuleaba a una prostituta mientras élla hacía de artista. Como los libros ocupaban espacio Miller tomóla resolución de obsequiarlos. Agarró una guía telefónicay los fletó por un buzón de correo a distintas direccionesal azar. Miller era el protagonista esencial de su novela y de los librosque escribiría después. Narraban trozos de su vida desgarradaen estrecheces, borracheras y sexo en abundancia o como él mismoescribió: "Un libro es un fragmento de vida, una manifestaciónde vida, tanto como un árbol, o un caballo o una estrella. Obedecea sus propios ritmos, a sus propias leyes, ya se trate de una novela, deuna obra teatral o de un Diario. En él está presente el ritmoprofundo y oculto de la vida...".

En su momento todos los libros de Miller, incluso los ensayísticos,aquellos que recopilan algunos de sus cuentos y esos locuaces libros deviaje, me parecieron portentosos, literatura viva, candente y voraz. Hoyme resultan verborreicos, iconexos, desiguales y con una carga poéticamás efectista que efectiva. Luego vendría Charles Bukowskia darle otra vuelta de tuerca a ese realismo sucio que Miller inició,pero la magia se había perdido y el borracho fajador que era Bukowskise quedó en el malabarismo de la botella y el sexo sacado del sombreropero dejando ver todos los trucos, dejando al descubierto los puntos desutura de una sexualidad cloacal sin dejarle un resquicio a la metáfora.

La gran lección de Miller fue su apuesta inquebrantable por laliteratura, de esa literatura que se escribe de espaldas a las modas y alos cánones del mercado del libro, de esa literatura que es un riesgo,un bisturí que disecciona la realidad para encontrar el hueso exactode la gran poesía. De esa literatura escrita lejos de esa marchitameseta intelectual o como lo escribió el mismo Miller: "La mayorparte de nuestra literatura es como el libro de texto; todo ocurre en unaárida meseta de intelectualidad".

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