Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Crónica



ALFREDO MANEIRO

Por Carlos Yusti

Los filósofos de la Grecia Clásica convirtieron la expresión oral en su mejor tarjeta de presentación. Hicieron de la plaza un aula virtual para sus distracciones. No escribieron nunca, tenían poca estima por la palabra escrita, hasta el punto de considerarla una degradación de la palabra oral. La elocuencia de muchos filósofos era tan eficaz y magistral que con prontitud se hacían de una cohorte de seguidores y discípulos. Alfredo Maneiro, el sempiterno fundador de ese esperpento político que se llamó Causa R, emparentada mucho con los filósofos de aquella Grecia del dialogo y la filosofía.

Fue un conversador vehemente, un orador inteligente y memorioso que jamás alardeó de nada aunque había hecho pasantía por la lucha armada, era profesor universitario y se había graduado con altas calificaciones en filosofía. Te envolvía con gran lucidez en su oratoria, nunca sus interlocutores se enteraban si esta mintiendo o diciendo la verdad. Cuando Alfredo Maneiro hablaba seducía sin remedio. Era bajo regordete y ágil con su verbo. Maneiro de toda su travesía revolucionaria, que podríamos denominar dura, y de su ruptura con el MAS quedó un tanto a la intemperie. No obstante no se resignó como otros a ser un derrotado, rumiando su fracaso y justificando sus acciones. A todas estas el país político se fragmentaba en muchos pedazos y los oportunistas y políticos de oficio ocuparon los puestos claves del poder.


 

 

ROMANCE

Pedro Pablo Bustos

 

A estas alturas, en todo un “clásico” se ha convertido, vincular la cultura de masas a la producción artística, por lo tanto, en algo digno de realizar al menos con ingenio,  sino con excelencia.

Entre los días tres y veintiuno de Julio del presente año, tuvo lugar en Galería Animal, la muestra de video arte titulada “Romance”, curada por Yael Rosenblut, de la cual formaron parte los artistas Claudia Missana, Mariela Leal y Carlos Trilnick, Iván Palmarola, Pamela Iglesias, Nicolás Grum, Cristóbal León, Joaquín Cociña y Niles Atallah, la propia Yael Rosenblut, Francisca García y Roberto Farriol.

 

ESPLENDOR Y MISERA DEL BEST-SELLER

 

Carlos Yusti

“Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpea en el cráneo ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos tener son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente,...”

Franz Kafka

 

En unas de mis navegaciones improvisadas por la red leo en algún sitio que la escritora Danielle Steel ha entrado al campo santo del libro de los records por tener tres libros al mismo tiempo, durante varias semanas consecutivas, en la lista de los más vendidos. Si la madre de Carlos Marx viviera, que fue bastante ácida a la hora de criticar eso de hacer un capital, de seguro me hubiese susurrado: “Eso si es una escritora. No sabes nada. El escritor no es aquel que se limita a llenar y llenar folios, sino el que vende”.

 

 




PADECIENDO LAS COSAS DEL MUNDO

Por Raúl Hernández Olivares
raul.hernandez.o@gmail.com

Estoy escribiendo nuevamente en mi barrio algo que tiene que ver con la lejaní­a, la cercaní­a de las cosas, los momentos y las personas. Y participo de eventos vinculados al patrimonio intangible de los barrios en permanente extinción, como los boliches que permanecen cerca de la neblina de los años. Vivo en un barrio del centro de Santiago, hacia el poniente, en donde confluyen el Barrio Brasil y el Barrio Yungay. También está el Barrio Concha y Toro y cerca, más allá, Matucana y la Quinta Normal. Podrí­amos nombrar a todo este sector como el Barrio Yungay, si queremos ser lacónicos, mas no precisos. Los cambios no se notan al traspasar ciertos lí­mites ficticios de las calles, se vive de igual modo en todos los rincones de este sector de comienzos del siglo XX.

En este barrio, que es una provincia dentro del centro de Santiago de Chile, se vislumbran ciertos comportamientos de recuerdos, de nostalgias de otros tiempos, con lugares que podemos ver en fotografí­as color sepia. Y claro, con el peligro inminente de desaparecer.

 

 
 
EL LADO B DEL NEW WAVE

 

 

Por Alvaro Oliva
alvaro_oliva@hotmail.com

Sintetizador, guitarra y una aguda voz forman parte de la materia prima de una serie de videos que representaron las fantasí­as y pesadillas de muchos norteamericanos de fines del siglo XX.

 

Una mujerzuela huyendo a través de los bajos fondos de una ciudad de Estados Unidos, en la primera mitad de la década de los ochenta, puede ser vista en el video "Destination Unknown" del mí­tico grupo Missing Persons. Tal como su nombre el destino de esta agrupación se extravió para siempre tras el término de la era New wave.

Decenas de grupos saltaron a la fama por meses y años, y luego se desintegraron aplastados por el surgimiento de nuevas bandas con más tecnologí­a en una era donde volaban en el imaginario colectivo ideas futuristas donde se aseguraba que los humanos de la primera década del siglo XXI vivirí­an afuera de la tierra para desarrollarse o llevar a cabo dantescas guerras. En este ambiente recargado, las artes y especialmente la música, reprodujeron en muchos casos, una escenografí­a y estética futurista. Missing Persons no fue la excepción y en el video de la canción "Words"(1982), que los lanzó a la fama, vertieron toda su creatividad mostrándonos una aliení­gena vocalista de pelo blanco y taparrabo cantando "Do you Hear me, do you care".

Sin duda la irrupción de estos seres se convirtió en un imán para el torturado mundo underground de Los Angeles que dí­a a dí­a era bombardeado por la estrellas del momento como Michael Jackson, entre muchos otros.

 

 
DEJA QUE LOS PERROS LADREN
 
 
Sergio Vodanovic

 

 

Por Raúl Hernández Olivares
raul.hernandez.o@gmail.com

 

 

Hace unos dí­as me dejé caer en la Antologí­a de Obras Teatrales del dramaturgo chileno Sergio Vodanovic (RIL Editores, 2003). Palabras como preocupación ética, teatro realista, elemento social conllevan el prólogo que antecede a esta selección de obras. Adentrándome en ella, me interno en un tí­tulo que me resulta familiar: Deja que los perros ladren.

 

 

 

Por Carlos Yusti

 

Valencia es una ciudad a la cual detesto y sufro (no siempre en ese orden) con insana vehemencia. Su actividad creadora la hace cada tanto tolerable. Sus poetas, pintores, actores de teatro y algunos dementes escapados del psiquiátrico de Bárbula le otorgan su picaresca y ese acorde pintoresco sin igual; sin mencionar su godarria histórica que todaví­a sobrevive en los intersticios de la vida mundana y silvestre.

La historia literaria de la ciudad es tan ancestral como su emperifollado conservadurismo. Escribir es fácil, pero lo complicado es convertirse en un escritor que pueda sobresalir de la foto de grupo y para ello a veces el talento es menos importante que las relaciones públicas. A sotto voce se especula que el medio cultural valenciano es sólo una maricocracia en pleno ejercicio de sus poderes y facultades. Algo ferdydurkiano posee la atmósfera literaria de Valencia y por esa razón quizá también me gusta el ambiente. El manicomio de egos inflados de inmadurez y naderí­a va campante por las tertulias, los brindis y cualquier otro sarao literario. Escritores de primer, segundo y tercer orden se labran sus orillas, sus feudos a fuerza de triquiñuelas viles o risueñas. Quienes tengan veleidades de escritor más que preocuparse por el estilo deben abocarse por encontrar su sitio en el ladrillaje de autores que conforman la gran pared literaria de la ciudad. Como nunca he tenido claro cuál es mi lugar, intento trepar los muros y traspasar cualquier tipo de lindero.

 

 

Giaconi1

Foto: Rosa Apablaza (de "Etc.", La Calabaza del Diablo, 2006)

 

 

 

 

Por Raúl Hernández Olivares

raul.hernandez.o@gmail.com

 

 

 

 

Recuerdo que fue en el Cité Jofré, en donde se lanzó el libro Etc. (La Calabaza del Diablo, 2006) en donde conocí­, o más bien estuve en presencia de Claudio Giaconi. En este lugar el autor se presentó ya bastante deteriorado de salud y mi primera impresión fue la de estar frente a un escritor de culto e invisible, que vení­a a presentar un libro totalmente visible, lleno de fotografí­as de poses naturales y otras no tanto, pero que dejaban entrever el talante de quién conoce de cerca las máquinas de escribir. Se sabí­a fotogénico, de ahí­ la precisión. Y bueno, yo sólo conocí­a La difí­cil juventud, que luego obtuve en una edición de coleccionistas (Editorial Orbe, impresa en Talleres Gráficos de Encuadernadora Hispano-Suiza, Ltda., 1958), a un precio módico, en la feria de antigí¼edades de la calle Estado.

TOMATE Y CEBOLLA
Dos agentes de arte argentino



Son las dos de la tarde en una esquina de Palermo. No el Palermo que atrae a los que quieren ser atractivos, más bien una versión interior break-de-almuerzo en el restaurant-de-la-esquina. Dentro, gente que ha salido a comer entre una y dos enjuga el pan con lo que queda en sus platos, la gente de dos a tres hace una larga fila y en ella estoy cuatro antes que el último.


Gustavo Daniel Rí­os

 

Aquí­ el modus operandi es pasar por unas vitrinas donde se exhibe lo que quieres comer, se lo pides a una señora gorda envuelta en paños blancos y luego pagas en la caja que corona la hilera. Todos estamos con la bandeja en la mano, todos estamos masticando un trozo de pan, a todos se nos enfrí­a la comida y supongo que el saber que todos estamos en la misma situación elimina cualquier intento de reclamo.
La pareja que acaba de pagar se mueve rápidamente a una mesa que se desocupó; él gentilmente lleva la bandeja con los platos de ambos, ella baila esquivando los codos de los comensales. Aterrizan en sus asientos y el botón play es activado automáticamente.

EL SEÑOR BOLAÑO HA MUERTO, VIVA EL SEÑOR BELANO

(Introducción a una estrella cada vez menos distante)

Silvia Banfield©2007

(El Editor pasa con su mirada de Woody Allen, sin hablar, lleva N.Y. en la atmósfera de sus ojos, brotan de su miopí­a sus más imaginarios escenarios y edificios, y siento como sus ojos vivaces recorren de tan lejos el Central Park. ¿Es la hora de su perfomance? ¿El minuto de la literatura y del cine? Masca las palabras y nada dice. ¿De ese chicle que amortigua en su pensamiento, adivinamos la agenda, lo que viene? Hay tanta libertad a veces, que la estatua habla. Su voz profunda bajo el Hudson pareciera gemir en ocasiones. Siento su llanto francés. Pax Americana, my dear estatua. La Dama sonrí­e, aunque tiene ganas de llorar. Sé pregunta, sé que se pregunta, qué será del viejo Walt. Con su pecho abierto cantando por el puente de Brooklyn, dejó otra historia el poeta).

 
 fraile
 
Es bastante conocido (y manoseado) por la literatura cultural en domingo el episodio. Cuando el escritor Franz Kafka murió dispuso, como voluntad final, que sus escritos se convirtieran en cenizas. El encargado para tan nada loable tarea fue el escritor Max Brod, amigo y confidente del autor de la metamorfosis. El pobre Max estuvo consciente que lo escrito por su amigo, que no pasaban de ser bosquejos, anotaciones y borradores sin la corrección final, poseí­an la bituminosa trascendencia de una escritura que exploraba los entresijos del alma humana y que no se encontraba ni por asomo en sus propios escritos. Este amigo de Kafka decidió traicionar la confianza última de su camarada y compinche disponiéndose así­ a publicar cuanto papel garrapateado dejó por allí­ Kafka.

En nuestro paí­s, en el siglo XII para ser más especifico, un fraile franciscano llamado Juan Antonio Navarrete escribió una obra, compuesta por 17 volúmenes en folio. Escrita a mano y con una letra compacta de hermoso acabado caligráfico. Obra que jamás mordió la maquinaria de imprenta alguna y cuyo destino final, según voluntad de su autor, era el fuego inexorable. Debido a que extraño azar el fraile Navarrete no cumplió su cometido se desconoce. Quizá no tuvo la entereza necesaria para echar al fuego tantas páginas escritas. También pudo ser que la muerte lo sorprendiera en alguna hora incomoda y repentina.

 

 

 

foto

 

 

 

Fue en el puerto de Palos cuando me tope con el Moro Riquelme

(Rokokiki Buchi Sagredo) alias Kano Chupacabra.

El andaba buscando una tripulación avezada y piramidal.

Para emprender un viaje a los confines de la galaxia.

Mas bien a los confines de chimbarongo

pero queda mas allá de la galaxia del Pato Lucas.