Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Pía Cordero

Arte + Reflexión



Carlos Costa, 2702 FU-GO (2009).


Chile: el trabajo con el espacio
(parte III).

Pía Cordero
mpiacordero@gmail.com

A pesar de las diferencias, las obras de las muestras Objetos que hacen ruido y Paseo de las esculturas La Pastora, nos acercan al panorama del arte contemporáneo chileno centrado en el trabajo con el espacio. Por un lado, la generación de jóvenes artistas convocada por Pablo Rivera, profesor de escultura de la Universidad Católica de Chile, presenta una labor centrada en la deconstrucción del tradicional quehacer escultórico (el término deconstrucción hace referencia a la destrucción de cualquier orden o razón que emplace y dictamine un desarrollo unilateral de la obra). Acción o función de la obra de arte contemporánea enmarcada en el contexto de la posmodernidad, tiempo de destrucción de las tradicionales categorías universales de sentido. Estos trabajos son transformación e innovación, por el que cualquier significante puede llegar a ser un medio posible de trabajo con el espacio. Es el caso de Carlos Costa, que con su obra 2702 Fu-Go (2009), toma un globo dirigible aéreo, para ubicarlo en el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes. Constante acción, esta obra se constituye fundamentalmente de movimiento y acción, opuesta a la inmanencia, congelada y embalsamada, de una obra monumental. Desde esta perspectiva, la obra es translimitación, es decir, va más allá del límite o canon por el que es concebida la obra de arte. ¿Con que finalidad ocurre la búsqueda del “trans” del límite de la obra? Más allá de la fiebre de renuevo y redescubrimiento que embarga al creador de hoy, se busca desenfrenadamente superar y quebrantar cada arista que pueda ser reconocida como límite. No es la muerte del arte. Es la búsqueda de su hibridación en un meta terrenal y mundano, como hace casi un siglo atrás lo iniciara Duchamp, y, como tan póstumamente lo vislumbrara el joven Nietzsche. Por otro lado, las esculturas del Paseo La Pastora, se relacionan con el espacio de modo de-terminado y de-limitado, característica fundamental de la escultura monumental. Si bien hay obras de esta muestra que se acercan a la contemporaneidad mediante la abstracción y el conceptualismo, todavía apelan a un en sí, es decir, a un espíritu o idea que las anima desde su ser más íntimo. Otro rasgo característico es la consecución temporal de la materialidad con la que son concretadas, remitiéndose desde siglos al mármol, granito, madera, bronce y acero, ya sean pulidos, ensamblados o modelados.

Escáner Cultural nº: 
150
arte+reflexión


Waldemmar Otto, "Sockeltorso IV - sitzend mit Stab", 1984.

EL HOMBRE EN LA ESCULTURA DE WALDEMAR OTTO:
IMAGEN VIOLENTA Y VIOLENTADA

Por María Pía Cordero

mpiacordero@gmail.com

En su obra  “La escultura en el campo expandido”, la teórica del arte Rosalind Krauss observa que a partir de los años sesenta del siglo XX, la escultura no puede ser definida en términos unívocos. Tradicionalmente, la lógica de la escultura obedecía servilmente al monumento, operando sobre la base de la conmemoración, para erigirse, la mayoría de las veces, en las coordenadas de la memoria histórica a la que sumisamente representaba. Sin embargo, con el trabajo del escultor francés Auguste Rodin (1840-1917), se marca una especie de evolución,  desde una  aquietada  y casi inerte perspectiva conmemorativa hacia una sutil y paulatina autorreferencialidad. “Para Rodin el significado es la superficie del cuerpo […]. Obliga al espectador a reconocer la obra como resultado de un proceso, un acto que ha conformado la figura en el tiempo. El significado no precede a la experiencia, sino que se produce en el proceso mismo de la experiencia. Ahora coinciden en la superficie de la obra dos sentidos del proceso: la exteriorización del gesto y la impronta del artista en el acto de conformar la obra” ( Krauss, Paisajes de la escultura moderna, pp. 38).  La decadencia que implica la escultura modernista abrirá las puertas a una escultura, que ya en los años sesenta del siglo veinte, por carecer de pedestal, por representar sus propios procesos y materiales de gestación, sólo podrá ser definida en términos negativos, es decir, negando su pasado universalista, para alojarse en el seno de una disparidad de signos y definiciones.

Escáner Cultural nº: 
145
arte+reflexión



Orlan, “Beauty (Cult)ure” (2007)

 

POSMODERNIDAD: DESFRAGMENTACIÓN DEL ARTE

 

Maria Pia Cordero

mpiacordero@gmail.com

Desde que el arte abandonó su autonomía para abrirse a su heteronomía, apropiándose de las “cosas” mismas, comienza a adentrase en la esfera de la posmodernidad. Ésta puede ser entendida como la superación de los discursos, que en cualquier ámbito del saber, tienden a la unificación o totalización de sus argumentos o razones. En contraposición a la modernidad, caracterizada por la idea de progreso, la posmodernidad es fragmentación. Según el filósofo francés Gilles Deleuze, la posmodernidad puede ser caracterizada por cierto rasgo de “esquizofrenia”, al primar las diferencias y rupturas, en contraposición a la unidad e identidad de los relatos. Esta época, marcada por el influjo de los mass media, la globalización y el multiculturalismo, es sobrecarga de información, posibilitada en nuestros días, además, por el influjo de las redes sociales. En este contexto, el arte también se encuentra sujeto a tal desfragmentación. Hoy el arte es la acción por la cual se transgreden límites, manifestación de las diversas posibilidades que posee el hombre de darle curso a su vida, dentro de una era dónde las coordenadas que tienden a determinar todo sentido del accionar humano son ciencia y tecnología. Ejemplo de esta situación es el trabajo de la artista francesa Orlan (1947), cuyo trabajo opera entre la fotografía, performance, escultura, instalación y video art. Esta artista, manifestación de tal desfragmentación, juega con su propio cuerpo, desbordando los límites metafísicos, de los que el arte paulatinamente se ha ido liberando. El trabajo de Orlan redunda en Orlan misma. Jugando con su identidad, da a conocer la manipulación a la que puede estar sujeto el cuerpo, sobre todo el cuerpo femenino. Extremando la situación, en cada acción su obra, o sea, ella misma, es sangre, fluidos, carne cortada y suturada. 

Escáner Cultural nº: 
144