Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Raúl Hernández

APROXIMACIÓN A THE CARETAKER DE HAROLD PINTER

Desde Chile, Raúl Hernández

Un vagabundo acogido por un tipo realmente extraño, sobrio. Este vagabundo vicioso, claramente inmoral. El cuidador de una casa inexistente con una familia inexistente. Eso pienso, mientras me tomo un café "amargo", en una tarde amarga.

La obra de Harold Pinter, El Cuidador , ha sido montada por estos días en el Centro Cultural Matucana 100. Una obra con tos, con sonido de pieza. Eso, por lo menos en el guión y en el montaje original. En este caso, la dirección de Pete Brooks apuesta por la combinación de una proyección cinematográfica de la obra actuada, con la actuación misma, en vivo, casi encajada, modulada, errática. Y música de fondo, que llega volando como Jackson Pollock colgando del techo. Tensa y fugaz.

Pero El Cuidador es más (o menos) que eso. En palabras del autor: "Ingresé en una habitación y observé que había una persona parada y otra sentada, y, algunas semanas después, escribí The Room. Entré en otra habitación y vi que había dos personas sentadas, y, algunos años después, escribí The Birthday Party. Mas tarde observé por una puerta una tercera habitación; había dos personas paradas y entonces escribí The Caretaker".

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POESÍA SURFER

Desde Chile, Raúl Hernández

"No preguntes desde cuando estoy dentro del agua" nos pareciera decir el poeta Víctor López (Curacaví, Chile. 1982) en su primer libro: "Los Surfistas" (Ediciones VOX, Argentina) recién publicado.

Formado en los míticos talleres literarios de la Corporación Cultural Balmaceda 1215, el autor de este libro no sólo sabe correr olas, sino que prioriza el sutil trabajo de la pluma ondulante, dentro del mar literario de las letras latinoamericanas.

Ahora bien. Ser un surfista -pero de verdad, no de los que llegan y se van con el verano- supone desafiar olas de día y de noche, como el poeta que se larga del bar con sus cuadernos maltrechos bajo el brazo, que son la tabla del aprendizaje, la espera de la ola en el paradero de micros.

El poeta es aquí un "soulsurfer" de la vieja escuela. Un sabio de orilla que inhala el fresco del poema en el balneario del desasosiego.

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VOCES DE BARES, VOCES DE CAFÉ

Desde Chile, Raúl Hernández

Donde nos juntamos a taladrar la tarde con ladridos secos y pequeñas voces. En donde supimos que después de arrancar por las escaleras de las sombras que dicen conocerte, vendría un tibio invierno, con saludos al otro lado de la carretera. Es en la ciudad o en el puerto, el café o el bar. Las avenidas siempre son las mismas esquinas juntas al camino.

Los escritores: Carlos León, vivió su literatura en Valparaíso; Jorge Teillier, en su morada irreal. Este último hacendado en diversos bares santiaguinos ya con historias y lejos de las nuevas construcciones voraces. Nueva York 11, "La Unión Chica". Acá podemos oler la existencia del comentario transpuesto por cañas placenteras dentro de fotografías que dicen que ese día era invierno, que había que andar con bufanda, con abrigos, con chaquetones. Ese día también helaba en el puerto, en el "Café Riquet". A esa misma hora el escritor porteño de "Sueldo Vital" anotaba con su pluma la descripción exacta del personaje habitual de los pasajes, ese que no se ve desde los balcones. En esa misma tarde, el humo del café omnipresente y soberbio enviaba mensajes hacia el negro obtuso de la caña de vino.

Y si supiéramos a qué hora estaba la vuelta a casa, a qué hora estaban los martillos sonoros de la persistencia, escribiendo una "lectura", ya no sólo una escritura, conoceríamos el lugar que abastece la pluma, insidiosa ante una servilleta, humedeciendo de rastros líricos solo distinguibles a la ética del garzón. Una forma de recordar y abastecer el cuerpo de la somnolencia con detalles claros del que sabe mirar, abstraer, conversar, callar. Es esta literatura de conversaciones, esta escritura clara de memoria y absoluto silencio, escrita en bares y cafés.

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FRANCISCO COPELLO

Desde Chile, Raúl Hernández

Murió Copello, lo leo en la prensa. Por lo menos aparece en la prensa. Hay una muerte corporal, sobre todo de cuerpo. Mucho se podría decir de su trayectoria en el body-art y en la performance. Es de esperar que muchas líneas se llenen a partir de su historia. Murió Copello, lo leo en la prensa.

En el año 2001 vi a Francisco Copello en el MNBA lanzando un libro ("Fotografía de Performance", Ocho Libros Editores), hablando con los asistentes, comentando un documental que se mostraba (que mostraba) a "los Copellos", las imágenes, los rostros. Telas, pinturas, grabados, estética muscular, travestismo kitsh, poética de la pasión. Ubicaba a este muchacho que salió disparado de Chile atravesando el paso de cebra de la década de los sesenta. Lo vimos (no lo vimos) trabajar en Nueva York con Andy Warhol, explorar nuevas armas en la danza, merodear las posibilidades del arte corporal. Y cómo hacía de esto un leit motiv, un teatro del monólogo visual, desde una felicidad de tiza nueva, hasta la tristeza fútil del televisor en llamas. Iba trasladando la sutileza acuosa de la sonrisa atroz hasta balancearla en un carro del supermercado de las muecas.

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NIEVE, O EL ARTE DEL FUNAMBULISMO

Desde Chile, Raúl Hernández

¿De dónde viene este drama? Vamos cabalgando por la acera de la persistencia sin un céntimo para completo, mañana viene el sueldo, sé que esto es un error. La duda de saber que esta pregunta de que todo nuevamente viene a ser una duda tiene la solución de demoler los dientes de la muchedumbre. No me importa la contaminación ambiental. No me importa el último deseo de los vendedores de privilegios. Se camina invisiblemente, dando empujones de barro, soñando las sábanas ajenas.

¿De dónde viene este drama? Tú me preguntas acerca de lo poco trascendental de esto. Yo te digo: es eso lo que quería evitar. Conversamos del aseo del departamento, no hay cera, esta noche pienso volar mi televisor. Y están los cuestionamientos cuando, sobre todo, nunca habría que dudar en este momento en que las zapatillas embarradas se transforman en puré rancio, caspa molida, seca sed de abril.

Las pocas palabras es lo necesario. Acá no se lamenta esa contradicción. No es necesario que el vaso de vino esté rebosante con la sangre a destajo. Esa burla es demasiada costumbre. Las pocas palabras son la imagen obesa, el límite de la oralidad, el compromiso con el respeto a la nada, la resta de las ideas aleatorias, la burla de la decadencia, la carencia hecha dignidad, la pobreza de lo inconmensurable.

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