Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Gonzalo León

CUANDO EL RÍO SUENA. ALFREDO GÓMEZ MOREL

Por: Gonzalo León

En 1997, Editorial Sudamericana reeditó la novela El río, de Alfredo Gómez Morel, con un prólogo de Alberto Fuguet. Ese mismo año apareció un artículo en la Revista de Crítica Cultural, escrito por Diamela Eltit. Al comienzo del artículo se consigna erróneamente que la novela fue publicada en 1963, cuando en realidad lo fue en 1962 (después del Mundial de Fútbol). Pero quizá lo más erróneo de este artículo es el afán de incluir a El río (publicada en Europa por la prestigiosa Editorial Gallimard, gracias a gestiones de Pablo Neruda y a un prólogo del mismo vate en 1973) como parte de una epistemología de género o política. La Eltit nos señala aquí que: "Quizás uno de los aspectos más relevantes a nivel de sentido que presenta la novela es la problemática de género. La división masculino-femenino no requiere, en este trazado, de mujeres. Esta división transita por los hombres que reparten entre sí las condiciones de género. La sexualidad entre cuerpos pares surge como llamado imperativo..."

Cualquiera que lea El río sabe que en esas trescientas cincuenta páginas no encontrará consideraciones de género, pues éstas o ya están resueltas o no tienen gran relevancia al interior de la narración. Lo que sí podemos encontrar en El río es un constante fluir de conflictos con el orden social imperante. En otras palabras, Gómez Morel usa la novela para rebelarse contra la sociedad. Su intento es destruir la sociedad, y en este sentido la novela tiene sin duda un afán épico, tanto en trama como en lenguaje y propósito.

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CUESTIÓN DE FE

Desde Chile, Gonzalo León.

Los seminarios no pueden seguir dominados por los gays.
Richard McBrien

 


Hace un tiempo, los obispos norteamericanos propusieron a El Vaticano la expulsión de la Iglesia para todos aquellos sacerdotes que se vean involucrados en actos de pedofilia. Sin embargo, el Papa reaccionó y manifestó su desacuerdo con la determinación, pues en la práctica se desconocía la competencia de El Vaticano para juzgar dichos casos, entregándolos sin más a la justicia civil.

            Esta reacción no me extrañó. Recuerdo a un ex rector de mi colegio, actual obispo, encerrarnos en nuestra sala, pedir que cerráramos la puerta y los postigos de las ventanas, y hablarnos en la oscuridad de aquella nostálgica sala del Cuarto Medio Matemático.

            -Quiero que esto quede entre estos muros -solicitó el cura con aspereza.

            Todos extrañados y sin habla, con apenas una asmática respiración suspendida en el ambiente, y ansiosos por saber qué mierda nos aguardaba.

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VALDIVIA, MON AMOUR

Desde Chile, Gonzalo León.

Hace un tiempo estuve en Valdivia. Me habían dicho que era una hermosa ciudad y que la vista del río Calle Calle sencillamente subyugaba. Llegué a Valdivia, completamente reconstruida, después de un horrible viaje en bus que duró casi doce horas. Delante de mí, iba un tipo con el asiento completamente echado hacia mí, y detrás mío, una joven pareja (en plena luna de miel) no cesaba de hacer melosos comentarios sobre el amor, el futuro y el nombre de sus niños.

Prácticamente no dormí, y eso que antes de subir al bus tomé la precaución de emborracharme para, precisamente, dormir plácidamente. Decidí, por fin, moverme cuando recién amanecía. Me levanté y fui a defecar al baño. Para mi sorpresa, el baño estaba limpio. Abrí la ventanilla y me fui defecando y observando aquel maravilloso paisaje.

Siempre me había desagradado sentir el amanecer sobre mi cabeza; pero sólo en ese momento comprendí que los amaneceres son distintos. Contemplar el amanecer en Santiago me daba la sensación de ser una especie de vampiro, pero contemplar el amanecer en este big sur era espléndido.

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UNA (NUEVA) NOVELA

Desde Chile, Gonzalo León.

Si les dijera la verdad,
nadie me creería.
Armando Uribe, en Señales de ruta.

Lo primero que supe del poeta viñamarino Juan Luis Martínez fue a mediados de los 90: había fallecido en los brazos de su hija, en su hogar de Villa Alemana. Luego, el pintor Hugo Cárdenas me regalaría un retrato del poeta en acrílico sobre tela, y más tarde, conocería a su hija, Alita (como solía llamarla Juan Luis, mezcla entre el bárbaro Atila y Ana).

Con más de diez años de retraso (1997), leí La nueva novela, un libro que al poeta le tomó casi toda su vida escribir, que sólo de vez en cuando es reeditado, y que, al momento de escribir esto, vale -si es que se encuentra- más de cien mil pesos.

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EPÍLOGO. Las reglas, las reglas, las reglas

Desde Chile, Gonzalo León.

Las reglas siempre han sido un desafío para mí. Las reglas me han parecido un reto, quizá no para romperlas bruscamente, pero sí para vadearlas de alguna ingeniosa manera.

Recuerdo mi infancia, cuando mi madre me mandaba a comprar algo y me advertía: "Pero eso sí, sin quedarse con el vuelto." Sin embargo, yo no hacía mucho caso y sí me quedaba con parte del vuelto, aunque era tan ínfima mi apropiación (un peso de esos tiempos) que mi madre dejaba pasar la falta. En cambio, cuando mi hermano menor cuando comenzó a imitar mi costumbre, lo hizo con tanto descaro que la reconvención de mi madre no se hizo esperar. "La cosa es que no se note", recuerdo haberle dicho, mientras observaba sus bellos cachetes de niño de seis años y, sobre ellos, las lágrimas que surgieron luego de unas buenas nalgadas.

Para mi madre, esta subversión de las reglas comenzó mucho antes. Cuando tenía tres años me encantaba contestar el teléfono. 

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SAN ANDRÉS

Desde Chile, Gonzalo León.

Ha muerto Andrés Pérez y las organizadoras del Festival de Teatro a Mil -Carmen Romero y Evelyn Campbell- han decidido hacerle un homenaje a este destacado director de teatro.

El Festival de Teatro ha terminado y ciertas personas han propuesto que el Centro Cultural Estación Mapocho lleve por nombre "Centro Cultural Andrés Pérez". Pareciera que tanto la empresa privada como el Estado han llegado a un consenso sobre la calidad teatral de San Andrés. Extraño si analizamos su conducta antes de su muerte. Como muchos artistas -no solamente en Chile ocurren estas cosas-, Andrés Pérez vivió casi sin ayuda, ni privada ni estatal. Nadie, cuando estaba vivo, planeó jamás brindarle un homenaje a pito de algo. Pero falleció, y como dice el filósofo Juan Rivano "las deudas espirituales sólo se pagan a través de la creación de un mito". El mito está, y como hizo Sartre con Genet, para mí ahora Andrés es San Andrés (San Genet), aunque un graffiti de Antonio Becerro (San Andrés de Oro, adiós) -en la Plaza Italia- me dio la idea para escribir esto, y luego, el recuerdo del mismo Andrés comiendo en La Vega Chica cercana a la Iglesia de Fray Andresito dio el impulso definitivo.

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La "PERRI / FERIA" de un artista clase b


Aprobar o desaprobar moralmente
lo que dice una obra de arte
es algo tan extravagante
como excitarse sexualmente con ella.
Susan Sontag

Desde Chile, Gonzalo León.

Recuerdo una exposición del artista austriaco Herman Nitsch. No es que haya estado en Praga para la ocasión, pero la noticia en internet decía más o menos así: "Greenpeace impidió la inauguración del artista austriaco Herman Nitsch, esta tarde..." La galería no se pudo abrir, y la gente que quedó fuera se manifestaba contraria a la exposición de Nitsch por considerarla "inmoral"; pues la labor del artista -de sobra conocida en Europa- consiste en la caza de animales, el registro de imágenes en video, la extracción de la sangre como materia prima, la creación de cuadros a base de sangre diluida en acrílicos, y finalmente, la exhibición de los videos.

No me imagino a Greenpeace (en Chile, muchos actores de televisión están en sus huestes) manifestándose contra una exposición de Antonio Becerro. Pese a que trabaja con materia muerta, creo que no poseemos -como país- un nivel de desarrollo tal que permita la libre y cotidiana manifestación contra obras de arte (aunque Juan Dávila1 tendría algo que decir). Lo claro es que, si Becerro trabajara con otras materias como el consabido dónde empieza y termina la vida del ser humano, el fundamentalismo católico no tardaría en cerrar todas las puertas a las que un artista tiene derecho. 

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ANODINOS Y ADOCENADOS

Desde Chile, Gonzalo León.

Llevamos casi doce años de gobiernos democráticos y muchos de nuestros dirigentes piensan que esto es motivo de alegría o, al menos, de complacencia, especialmente cuando el bicentenario de nuestra Independencia se encuentra a la vuelta de la esquina. Lo cierto es que para el Plebiscito de 1988, yo -como muchos jóvenes de mi edad- luché y estuve en las calles por una democracia. Sin embargo, lentamente este concepto transformado de pronto en realidad, me defraudaron completamente.

Ya en 1989, cuando se llevó como candidato seguro al anodino Patricio Aylwin, todo ese interés por participar en la llamada vida política fue desapareciendo. O sea, mi lucha no fue anodina; ahí estaba yo, bajándome de un auto en marcha frente a un paradero de buses, en pleno día, y poner un inmenso NO en un muro, en Viña del Mar. Ese gesto, como el de muchos otros jóvenes, no era anodino, pero el candidato que tuvimos -y que creo no merecimos- sí lo era.

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ADIÓS A LO POLÍTICAMENTE CORRECTO (O LA TEORÍA DE LA CULPA)

Desde Chile, Gonzalo León.

Hollywood es quizá donde vemos más patente lo políticamente correcto, o ese imperativo social que se traduce en el reconocimiento de ciertas minorías. En la última entrega de los Premios Oscar se premiaron a dos actores afroamericanos y a Sydney Poitier, el actor de color que cambió la historia de los afroamericanos en Hollywood. Por otro lado, el reestreno de ET -la cinta de Steven Spielberg que impactó hace veinte años- provocó cierta curiosidad por una escena modificada: el niño va con ET en su bicicleta, los policías le ponen una barricada, pero en vez de sacar sus revólveres, en esta ocasión los policías sacan sus radios. También recuerdo la película española La niña de tus ojos, de Fernando Trueba1, en donde un grupo de actores españoles va a filmar una película a la Alemania Nazi. Dentro del grupo se encuentra un franquista admirador de Hitler, quien en el transcurso de la película es confundido y llevado a un campo de concentración. ¡Qué políticamente correcto! 

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LA ENSEÑANZA DEL SAMURAI

Desde Chile, Gonzalo León

Un amigo me dijo unos días antes del ataque a las Torres Gemelas que si un samurai se encontraba con un monje budista no le quedaba otra alternativa que cortarle la cabeza. Era una metáfora entre lo pragmático -el que hace, samurai- y lo espiritual -el que contempla, monje. Lo pragmático, o lo material, siempre termina por asesinar lo espiritual. Y en eso estábamos, con un samurai que había fijado residencia en Nueva York y Washington DC y que blandía la espada del más voraz consumismo por todo el mundo. Pero para no parecer tan materialistas los norteamericanos inventaron cual cuento infantil Once upon a time un sueño, que consistía en la posibilidad cierta que cualquiera podría hacer realidad sus sueños. O sea, un sueño real. Extraña paradoja.

 

  

 

Por otra parte, este sueño en algunas partes del mundo como Cuba, China, Corea del Norte, Afganistán, Irán, y hasta Irak, era visto como una verdadera pesadilla. Esos países, sí tenían verdaderos sueños, encarnados en -para los del Mundo Occidental- trasnochadas ideologías o religiones catalogadas por este mismo Mundo Occidental como fundamentalistas. Pero estos países tuvieron conflictos o los generaron, y ahí Estados Unidos estuvo para enseñar a pelear contra "El Comunismo" en alas de una supuesta FREEDOM que sólo los mismos norteamericanos son capaces de entender.

 

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