Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Carlos Yusti

POÉTICA DEL OUTSIDER

Desde Venezuela, Carlos Yusti

He conocido una buena cantidad de poetas. Muchos tienen un ego tan leudante que a la larga esto los convierte en alimañas insoportables. Algunos otros son sólo unos chapuceros en eso de las metáforas y a veces su vida es lo realmente poético. Otros, muy pocos, asumen la poesía desde el asombro aciago de la sensibilidad. Cuando conocí a Francisco Arévalo supe que estaba en presencia de un artesano de las palabras, frente a un alquimista del lenguaje que se aventuraba por encontrar la piedra filosofal de esa metáfora desollada a media calle, que buscaba otros derroteros para asumir ese inefable oficio de poeta.
Francisco Arévalo tiene tantos libros de poesía escritos como barras de bares recorridos. Nadie pone en duda su capacidad etílica y mucho menos sus dotes de áspero poeta urbano. Destaco esto porque el poeta es en muchos aspectos un sensible catador de la vida más allá de ese papel celofán de apariencias y realidad que la envuelve. Un poeta tiene puntos de contacto con el santo gracias a su verbo y otras veces conecta con su demonio cuando intenta vivir su existencia con desinhibida espiritualidad.

Uno que trata de leer, vivir y beber mucha literatura a veces corre el riesgo en convertirse en personaje de sus andanzas, de que nadie tome en serio eso de trabajar con las palabras desde la concienzuda paciencia del artesano. En Valencia nadie daba un centavo por mí, nadie creía que algún día llegaría a escribir un libro y para colmo publicarlo. Sin duda con Arévalo ha ocurrido otro tanto en estos parajes de hormigón de Ciudad Guayana que él pregona y canta en sus poemas.

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LA BIBLIOTECA COMO PARAISO

Desde Venezuela, Carlos Yusti

Con el fluir de los días los libros se adueñan de nuestros espacios íntimos. Con pasmosa morosidad suelen desalojarnos de nuestros territorios domésticos, dejándonos a la intemperie. Sin previo aviso se ramifican como una hidra en rincones, en improvisados anaqueles y en esos otros sitios menos hospitalarios para el papel v la tinta, como el baño o debajo del fregadero. Cuando uno se percata es demasiado tarde y no hay remedio posible. De esa forma un número significativo de ejemplares se convierten en huéspedes cercanos e inseparables y que aparecen de improviso en el tarro del café, en la lavadora, en la gaveta de las medias, en la nevera o en el sitio donde van los zapatos.

En mi casa de Valencia los libros se adueñaron de un cuarto completo. No hay cama ni otro adminículo para la existencia y la comodidad, apenas una mesa convertida también en soporte de libros. A pesar de que mi capacidad de lectura ha disminuido, los libros no cesan de llegar, no dejan de acompañarme en cualquier empresa de vida que inicie.

Una pregunta que siempre suelen hacerme estudiantes, profesores, amigos o sobrinos es: ¿Por qué sigo leyendo libros?. Mi respuesta es por lo general esquiva y se adecua según la circunstancia: "Sigo leyendo tratando de ser mejor persona", “para combatir todas las pasiones analfabetas (el machismo, la intolerancia, el racismo, la xenofobia y todos los fundamentalismos políticos o religiosos) que nos circundan", "para conocer personajes increíbles como Don Quijote, Sherlock Holmes o Aureliano Buendía".

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ESCRIBIR LA CIUDAD

Desde Venezuela, Carlos Yusti

Tiendo a sentir, imaginar y pensar las ciudades en función de los personajes pintorescos que patean sus calles; me parecen imprescindibles sus artistas que se desgastan en el bar o el café, principalmente escritores y pintores. Una ciudad carece de significación si determinado pintor, callejero o de museo, no ha inmortalizado alguna de sus calles en un cuadro, si un poeta no le ha dedicado un verso a la iglesia y al burdel. Las ciudades tienen gran significado para mí si son edificadas también a través de la palabra escrita.
Mi primer libro es una biografía rabiosa sobre José Rafael Pocaterra, escritor al cual de alguna manera considero apéndice imprescindible de la ciudad de Valencia por muchas razones, pero sobre todo por un extenso poema que el escritor le escribió y debido a que muchos sitos de Valencia, donde nací y transcurrió mi infancia, son los escenarios de algunos de sus cuentos grotescos. Cuando escribía sobre Pocaterra, también caligrafiaba mi amor/odio, en una extraña mezcla, por una ciudad conservadora y plana la cual sólo adquiere vida y contorno gracias a sus artistas, del resto sería una ciudad mezquina, obtusa, preocupada sólo por los apellidos y las apariencias.

Viena es una ciudad que vinculo de inmediato a Karl Kraus y Peter Altenberg. El primero fue un verdadero azote contra la impostura de los vieneses, una espina mortífera clavada en la garganta de los escritorzuelos vendidos al mejor postor y de los cagatintas, diseminados como moscas, en semanarios y periódicos. El segundo fue también escritor, pero sobre todo fue un personaje de la vida bohemia. Fue un ocioso toda su vida y su existencia trascurrió entres hoteles de mala muerte y cafés. Sus libros están compuestos de aforismos, apuntes, impresiones breves de una contemporaneidad sin igual. Aunque nunca he estado en Viena estos dos escritores me la han presentado en todo su esplendor y miseria. Kraus amó mucho a la ciudad donde ejerció una influencia subrayada, pero también escribió: "Viena, es el lugar donde se fragua la destrucción de la humanidad".

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ENTRE EL SILENCIO Y LAS SIRENAS

Desde Venezuela, Carlos Yusti

En una etapa de mi vida me refugié en el silencio. Estaba convencido que mi terreno no era la escritura. Todavía hoy no estoy convencido del todo. Pero en esa etapa juvenil de mi existencia estaba frustrado. El horizonte de la literatura para mí no era una línea, sino una gran mancha informe. Comprobé, en el abismo de mis dieciséis años, que escribiendo no obtendría jamás oficio ni beneficio. Además aquella frase de Quevedo me agujereaba de manera risueña el animo: “El que escribe para comer, ni come ni escribe”.

Por esos días ya había publicado varios artículos y uno que otro cuento en algún periódico. También participaba con otros come flores en un grupo literario y ya habíamos editado el primer número de nuestra revista. Un buen día, ante el acoso familiar y ante la burla descarnada de parientes o amigos, decidí guardar mi máquina portátil. Dejar de lado la vagancia y la bohemia literaria. Hice mutis. Busqué un trabajo infame y durante tres años me entregue al silencio de las sirenas, por aquello que escribió Kafka: “Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas. En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quién sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción. 

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El CASO RAYMOND ROUSSEL

Desde Venezuela, Carlos Yusti

En la historia de la literatura abundan los escritores que han cruzado ese inquietante umbral de los espejos, metáfora manoseada aparte, es necesario admitir que la vida de algunos autores deja ver las costuras de su melodrama, de sus manías y vigilias creando monstruos a cada paso; vida con ribetes tan inverosímiles que en la mayoría de los casos desdibuja, deshebra su obra. Otras veces es la obra de ciertos escritores la cual se convierte en una patológica excentricidad, en una obra literaria limite en la que los defectos se yuxtaponen con los chispazos de insuperable genialidad. También sucede con frecuencia que vida y obra parecen traspapelarse en los abismos del exceso hasta convertir al autor en un museo que exhibe la miseria humana es su más descarnada transparencia.

El caso de Raymond Roussel colinda con lo onírico debido a que tanto su vida como su obra parecen machihembrarse a ese mundo blando del sueño. Su obra posee cierto toque de vigilia delirante, en tanto que su vida tiene modulaciones estrambóticas, vaivenes que coquetean con la locura.

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GROUCHO Y LA IMPORTANCIA DE NO TOMARSE EN SERIO

Texto: Carlos Yusti

Una de las frases de Groucho Marx que me han permitido sobrevivir a la madurez sin convertirme en un señor adusto y amargado, o que me permite mantenerme a flote en esas circunstancias de la vida en las que todo parece empantanarse de gravedad y cosa, es aquella que postula: "Esos son mis principios, si no le gustan, los cambiaré". Frase que encierra en sí toda una filosofía y por cierto sin toda esa batahola retórica a la que nos tienen acostumbrado los filósofos.

No hay nada más tedioso y pesado que los dichosos principios, los cuales en muchas ocasiones son un pesado fardo que no nos permite movilizarnos con agilidad; a veces son sólo una muletilla percudida que esgrimen muchos seres obtusos para tomarse en serio más de lo previsto e incluso los dichosos principios empujan a mucha gente a creerse predestinada a cumplir una alta misión en la sociedad; personas que se sienten llamadas a dictar pautas éticas, a ser espejos cívicos de los demás, aunque tengan su closet privado atestado de cadáveres y desviaciones de todo tipo. Los principios vuelven a los seres inamovibles, piedras en el camino para esos que andan a sus aires sin otro principio que el ser felices. También suelen los principios empujar a los individuos a tomarse la vida, el arte, la cultura o la nefasta actividad política muy a pecho y con una gran dosis de pompa agrisada y circunspecta. He creído siempre que cuando uno se cree jefe, presidente, mayordomo, portero, banquero o lo que sea, la vida deja de tener su fluidez maravillosa. Cuando uno se toma en serio puede amargarse y amargarle la existencia a los demás, puede convertir en un infierno cotidiano todos los días del calendario. Que a uno lo tachen, a la larga, de inmaduro, irresponsable, trotabares, es menos enfático que a uno lo clasifiquen de carraca, plomo o cualquier otra etiqueta almidonada propia de manual de buenas maneras.  

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MONTSE MORILLO

El color de las sensaciones

Texto: Carlos Yusti

De aquellas figuras femeninas de grandes ojos y metafóricos cuerpos queda poco de esta nueva exposición "La otra sensación" de Montse Morillo.

Ahora el color es el protagonista. El color utilizado con cierto desgarro. Algunos rostros y tenues figuras se dejan entre ver en pinceladas amplias de color. En este trabajo pictórico no es estático. Existe una fuerza, una pulsación intensa al momento de utilizar la fuerza de los colores.

En muchos de los cuadros los colores están en pugna. Colores cálidos como el amarillo se entremezclan con colores fríos como los azules, los verdes y los grises sin desarmonizar y logrando un equilibrio tenso, pero que el espectador capta con emotiva sorpresa.

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Sicosis para Leer

Carlos Yusti

El músico norteamericano Jhon Cage tiene tres composiciones (4`33``, 0`,00`` y reunión) cuya base es el silencio. Cage lo explicó en una conversación con Daniel Charles: “La primera, 4'.'3.'3", es para uno o varios músicos que no producen sonidos. La segunda, 0'00", indica una obligación respecto de otro que debe ser cumplida, parcial o totalmente, por una sola persona. La tercera consiste en la reunión de varias personas que practican un juego -puede haber dos o más jugadores- en una situación que se amplifica. Cualquier juego -por ejemplo una partida de bridge, o de ajedrez- se convierte en una obra musical, que es esencialmente silenciosa.” 

Kazemir Malevich, un pintor ruso,  es el creador de un famoso cuadro "Cuadrado blanco sobre fondo blanco" (1918), en el que el blanco representa lo que el silencio para Cage. Este gesto creativo  de no-pintura, de no-música lleva tanto al creador como al escucha (o al espectador) a entrar en esa zona en la cual la creación artística intenta explorar todas las posibilidades del arte, busca abrir puertas inéditas para que el acto creativo se radicalice a tal punto que se convierta en su propia caricatura, en una burla consciente, premeditada y alevosa.

Las vanguardias artísticas en su cinco minutos de fama buscaron darle otra de vuelta de tuerca al arte convencional y así el cine, la pintura, la escultura y la literatura se convirtieron en objetos llevados al laboratorio de la experimentación. Algunos productos fueron realmente interesantes, otros se quedaron en un amago deleznable. Luego estas vanguardias pasaron a formar parte de la tradición artística y el ciclo se iniciaba otra vez. Los vanguardistas  desmontaron el arte más que visto, le hicieron morisquetas al arte clásico archivado en los museos y en la memoria estética como obras intocables. Sólo trataron de que el arte volviera a escandalizar, a causar angustia, a que hiciera sentir vivo al espectador tan difunto en la cotidianidad doméstica con horarios.

MARIA EUGENIA CATONI. ONÍRICO BARROCO

Texto: Carlos Yusti

Sus cuadros son un territorio de objetos, formas, colores, dibujos y fotografías. Azar complejo y orden sencillo reordenan el mundo espiritual y onírico de la pintora María Eugenia Catoni. Como es lógico perderse en sus cuadros es tratar de encontrar un nexo con todo aquello que se agita en ese espacio improbable del sueño.

Pintura que no sigue un patrón especifico, sino que se desarrolla a partir de un tema determinado. Encontramos un conjunto de pinturas que conforman una serie. Así tenemos la serie dedicada al Quijote, la dedicada al falo o la serie sobre la tragedia de vargas titulada "Vargame Dios". En todas ellas la visión crítica, entre el humor y la profundidad reflexiva, de María Eugenia se expande y emplea sin rubor un buen número de recursos plásticos (el collage, lo barroco religioso, el Kitsch) para darle voz estética a sus puntos de vistas, a sus sueños o a los distintos matices de su intimidad.

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ARTE, CARNE Y LITERATURA

Texto: Carlos Yusti

Descubrí primero mi deseo de ser escritor que mi sexualidad. Tenía diecisiete años cuando alguna prostituta de un lamentoso lenocinio de la Zona Sur Valenciana me enseñó de qué iba el sexo. La cosa más que placentera estuvo algo enlaberintinada, pero desde ese momento quedé enmujerado, vaginizado y enredado en ese aroma de metal dulce que exhalan los cuerpos femeninos. Como digo esa prosti me llevó al puerto seguro del deseo hecho carne, pero para ese momento ya me había leído una treintena de clásicos, todo Julio Verne, la "Paideia" de Wener Jaeger, a Moro, San Agustín, Voltaire y había garrapateado mis primeros ensayos y poemas.

Luego de mi primera experiencia porno quise enterarme más del asunto. La lectura de algunos clásicos del erotismo me llevó a considerar que entre pornografía y erotismo existe una línea muy delgada, pero ambas, tanto en la vida como en la literatura, se entremezclan y a veces es bastante complejo establecer diferencias claras y precisas.

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ARTE Y LOCURA. UNA INSÓLITA SIMBIOSIS

Texto: Carlos Yusti

Perder la razón es un viaje (muchas veces sin boleto de regreso) por el laberinto de la mente, en donde no hay Minotauro ni un hilo de Ariadna para el retorno. Aunque lo escrito encierra mucha cursilería literaria, se puede asegurar que la locura la locura está lejos de la metáfora y bastante cerca del horror.

La locura más que un desorden fisiológico es un problema de orden social con implicaciones éticas y morales cuyo tratamiento (a fines del siglo XVIII fue considerada como enfermedad) hoy sigue basada en la represión y el aislamiento del alienado mental.

No obstante la locura seduce. Desde los griegos fue observada con curiosidad filosófica por Platón y Aristóteles. Los artistas tampoco escapan a su poder seductor. En la Edad Media a los desequilibrados se les trataba como poseídos y eran llevados a la hoguera, forma de profilaxis nada humanitaria patentada por la Iglesia. Hyeronymus Bosch, conocido como El Bosco, vivió todo ese tiempo nublado de superstición religiosa y crueldad. Su pintura lleva al extremo dicho horror y por ese motivo el mundo que pinta parece alejado de toda normalidad, parece responder a una visión afiebrada y delirante.

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CRISTÓBAL RUIZ DENTRO DE LA PARÁBOLA

Texto: Carlos Yusti

Cristóbal Ruiz algunas veces tenía el aspecto singular de un desarrapado. Parecía venir de un suburbio triste y delirante. Otras venía con todos los colores del amanecer en las pupilas. De seguro llegaba del puerto de los sueños. Traía la ropa ajada de espejos, la barba llena de pájaros y el pelo empapado de nube. No era casualidad. Estaba medio loco y era pintor.

Bohemio. A ratos pintor autodidacta. Oriundo (y esto si no es casual) de La Luna , un pequeño microcosmo situado en el sector Urama del estado Carabobo. La calle fue su escenario, su taller encantado, su modelo. Pintor urbano. Pronto se convirtió en un accesorio inusual de la ciudad.

Lo conocí cuando yo quería ser un poeta maldito. O sea, que tenía ínfulas de geniecillo voraz. También por esos días estaba de trotacalles con mi amigo el fotógrafo Yuri Valecillo. Merodeadores de la escuela de Teatro Ramón Zapata nos tropezamos con Cristóbal Ruiz. Cantaba. Hacia cabriolas de ballet en el bulevar de la facultad de derecho. Gritaba.

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EL QUIJOTE

Texto: Carlos Yusti

Ese universo intenso y delirante que es El Quijote ha servido de soporte a muchos pintores, quienes han tratado de plasmar en su trabajo plástines plástico la travesía de un hombre ganado por los sueños y la locura, tan escasa estos días. En las primeras páginas de "Don Quijote de la Mancha", Miguel de Cervantes describe a los personajes principales. Realiza, si se quiere, un boceto sucinto de Alonso Quijano y de Sancho Panza. Sobre el primero escribe: "Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza". Con respecto a Sancho es más parco: "En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien (si es que este título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera". Aunque unas páginas más adelante Cervantes, cuando consigue los manuscritos de Cide Hamete Benengeli y los hace traducir, descubre una ilustración: "junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro a su asno, a los pies del cual estaba otro rótulo que decía: Sancho Zancas, y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, el talle corto y las zancas largas, y por eso se le debió poner el nombre de panza y de zancas, que con estos dos sobrenombres le llaman algunas veces la historia".

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LO CURSI REVISITADO

Texto: Carlos Yusti

En su diccionario María Moliner afirma que la esencia de lo cursi es pretender ser "elegante, refinado o exquisito", pero con resultados de "afectado, remilgado o ridículo". Corominas, finalmente, aparte de admitir lo incierto del origen del vocablo, cree que la palabra entró a Andalucía desde Marruecos como apropiación de la palabra kursi, que habría evolucionado, semánticamente, desde la connotación de cátedra, sillón solemne y trono de un soberano, a pedantería y pretensión. Por cierto, la palabra apenas aparece documentada en español desde 1865.

Se podría denominar que lo cursi es una exageración empalagosa por el artificio, es una inclinación en superlativo por el mal gusto. Posee una lógica entre lo solemne y lo caricaturesco. Lo cursi no es el paraíso, sino su añoranza con soponcio y telele incluido. Es la Miss Venezuela electa, quien sobreactuando su sorpresa por ser la ganadora se baña en lágrimas de cocodrilos y reparte besos, mientras las perdedoras la saludan cuando en verdad quisieran asesinarla. Es el político que con gravedad protocolaria exclama: "¡En esta hora decisiva que la Patria nos llama, acudimos presurosos y con la frente en alto.!".

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LECCIONES DE DIBUJO

Texto: Carlos Yusti

Siempre me ha intrigado que impulsó al hombre prehistórico a pintar las paredes de las cavernas. Que raro sentimiento lo llevó a horadar las piedras con signos y líneas. Pintar tiene que ver más con ese ojo interior de ser que trata de mirar el mundo con un ritmo distinto.

La pintura comienza por la mirada tanto del pintor como de aquel que concentrado la observa. El hombre de las cavernas dejó su agitada vida y se detuvo a mirar el mundo que le rodeaba, comenzó a descubrir la belleza y el horror de ese espacio que lo habitaba y en el cual se movía. El mundo comenzó por adquirir una acepción alejada del común y que era menester traducir en líneas y colores, en una poética que más que comunicar intentaba fijar el mundo desde la emoción de ese milagro que es mirar.

Allí comenzó todo. Los pintores clásicos flamencos descubrieron el pigmento, pero su aporte decisivo fue la perspectiva. Crear un mundo tridimensional en un plsano fue un momento sublime en eso de pintar cuadros. Por supuesto que esa representación era un burdo engaño, una elaborada ilusión óptica.

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