Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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Carlos Yusti

Clarice Lispector, escribir para fracasar

Con las escritoras sucede que un buen número no alcanzan un siete en la clasificación de belleza, pero a la hora de enfrentarse con las palabras se requiere tenacidad, lectura e inteligencia antes que una cara bonita o un cuerpo para certamen de  belleza.

La escritora brasileña, de origen ucraniano, Clarice Lispector siempre fracturó estos monolíticos parámetros machistas. Era en verdad bella y tenía una inteligencia creativa como pocas escritoras en Latinoamérica. Su talento era proporcional a su belleza, pero al mismo tiempo no estaba interesada en brillar como cuiama, o una viuda negra, de las letras. No tuvo interés en ser despiadada a fuerza de inteligencia y no quiso ser filosamente profunda al momento de emitir juicios en sus crónicas o en alguna entrevista. Asumió con desden frívolo y sarcástico esa actividad subalterna del oficio: entrevistas, congresos literarios, etc. Su fortaleza siempre estuvo a la hora de escribir. Ida Vitale anota: “Los perfiles literarios se prestan a la convencionalidad: tanto espacio, tal enfoque. Pero Clarice Lispector, inmune a la convención, la dinamita. En una entrevista de 1974 le preguntan de qué tiene miedo. ‘Creo que tengo miedo del futuro. Siempre he tenido miedo del futuro. Creo que voy a hacerme cortar el pelo, ¿qué le parece?’ ¿No es esto dinamitar no sólo una entrevista, sino la importancia que la fama le está otorgando?”.

Ambroce Birce o el diablo lexicógrafo

Carlos Yusti

Enemigos y amigos le llamaban el amargoso o el agrio Birce, pero también le concedian cierta genialidad para urdir historias de horror e ironía. La vida de Ambroce Birce, escritor, periodista y humorista, fue la de un nómada buscapleitos, luego dicen que se esfumó tras las polvareda levantada por la revolución Mexicana. Carlos Fuentes en su novela “Gringo Viejo” hace un bosquejo mitad invención, mitad mito y mitad realidad de su odisea; incluso hay una película, dirigida por Luis Puenzo y protagonizada por el también legendario actor Gregory Peck.

Después de su libro “Cuentos de soldados y civiles” el “Diccionario del Diablo” es lo que se podría llamar una joya de humor filosófico, de ironía amarga sobre lo humano y lo divino desde ese estilo típico de los diccionarios y en los cuales las palabras adquieren sus significados respectivos. Lo que sucede con en este diccionario peculiar de Birce es que las palabras de siempre adquieren un significado otro; un significado creativo, lleno de humor y crítica inesperada. Para Birce las palabras son sólo una excusa para exponer desde lo risible el mundo un tanto deschavetado que nos ha tocado en lotería.  Birce como buen satírico exprime las palabras hasta sacarle ese jugo cítrico/crítico. Con este diccionario las palabras salen de su eufemismo hipócrita y nombran el mundo desde una autenticidad cáustica. Birce le devuelve a las palabras un nuevo significado, pero no a capricho, sino apegándose a ese desplazamiento del significado en la realidad de todos los días. Por ejemplo:

 Arado, s. Implemento que pide a gritos manos acostumbradas a la pluma.

“La carrera literaria más difícil es la de lector”.
Macedonio Fernández

Carlos Yusti

Existe un consenso mayoritario entre escritores que tiende a considerar el medio literario como mezquino y sembrado de iniquidad en pequeña escala, al punto tal que parece haber más caballerosidad en el mundillo de los tahúres y apostadores. Sin mencionar el rechazo al por mayor de que es objeto todo escritor primerizo. En el medio literario hay egos para todo y muchas veces el ego se traspapela con el divismo y las pequeñas miserias humanas se desatan. Pero obviando ese infierno de guardarropía que es el ambiente literario siempre me ha intrigado ese salto que muchos lectores anónimos realizan hacia la escritura. Que los motiva cruzar el espejo de tinta impresa para aventurarse por el mundo de la palabra escrita.

“A mí siempre me ha interesado la política como una metáfora ilusionada del país”. Elisa Lerner

Escribir es una cosa. Pero escribir con inteligencia, garbo y ese humor de exquisita simetría estética es más complicado. En las fotos que he visto de la escritora Elisa Lerner percibo todo eso del garbo, la inteligencia y el humor cuando de escribir se trata. También trato de fijarme en sus zapatos y luego descubro en mi biblioteca casi todos los libros que ha publicado.

Cuando uno empieza a escribir (y si uno es autodictada ajado/distraído como Columbo) necesita leer a los maestros del día para salir un poco del despiste y enterarse sobre eso que llaman escribir. Los ensayos, las crónicas e incluso las obras de teatro de Elisa Lerner fueron un descubrimiento/deslumbramiento. Para mi sus libros se han convertido en amuletos que es necesario llevar a todas partes. Leerla siempre ha sido una pasión un tanto dispersa y que hoy todavía dura.

Con Elisa Lerner la crónica y el ensayo recobraron cierto desden con glamour, en cuanto a estilo se entiende, cierta relajada metáfora donde el humor bien administrado colocaba todo en perspectiva. Ensayos y crónicas que eran opuestos a esa crónica y a ese ensayismo profesoral y de revista arbitrada ( arbitrada por el tedio digo yo). Los textos de Elisa Lerner poseen algo de instantánea fotográfica sobre ese mundo contradictorio, y a veces de un trágico risible, que gira a su alrededor. Ella vive el mundo como espectadora atenta y en sus textos diseca esos momentos grandiosos o intrascendentes como si fuesen insectos. Nada se le escapa y todo eso que es comidilla, rumor de oficina, hablilla de antesala le sirve como aderezo para condimentar su lucida y cortante escritura.

“No creo en términos de categorías. El arte es tal vez una actividad subversiva. Hay una sedición cuando eres un artista de corazón, aunque sólo sea en el arte de vivir”.

Philippe Petit

Carlos Yusti

En el Adriano de Margarite Youcernar hay una frase: “La vida me enseñó los libros”. Como cada día leo y vivo mucho más voy desentrañando la impecable verdad que encierra la frase.

Carlos Yusti

Acabo de adquirir una nueva edición del Ulises de James Joyce, tenía una (seguro está extraviada en mi biblioteca) que consta de dos tomos. Quien me acercó a esta novela fue el escritor Vladimir Nabokov. Lector puntilloso y al cual le gustaba hurgar en el cuatro de traste de los detalles de las novelas, “Al leer, debemos fijarnos en los detalles, acariciarlos”. Disfrutaba la literatura escudriñando sobre la forma que tenía el insecto en el cual se transformó el personaje de Kafka, que noveletas románticas hacían soñar a Madame Bovary y cuestiones por el estilo.

Nabokov veía las grandes obras de la literatura como obras de arte de la cuales no se sacaba nada útil sobre la vida, pero se podría aprender sobre la belleza de las palabras en la creación de un mundo especial. Para el autor de “Lolita” los verdaderos escritores comenzaban desde cero, para ellos no existían valores predeterminado y ellos lo iban creando a medida que escribían, el mundo real existía sólo como plataforma para el mundo creativo de la ficción literaria y por esa razón escribe: “El arte de escribir es actividad fútil si no supone ante todo el arte de ver el mundo como el substrato potencial de la ficción”.

 

Los granos se unen a los granos, uno a uno, y un día, de pronto, forman un montón, un pequeño montón, el imposible montón”.

(Final de partida- Samuel Beckett )

 

A Samuel Beckett lo leía a través del prisma del teatro. De joven era asiduo a una escuela de teatro. Iba como es lógico por las actrices. Me apasionaba ese desdoblamiento que hacían en escena, como se convertían en otros mujeres, pero de algún modo eran las mismas. En silencio las veía cambiar de piel. Eran otras, pero siempre eran las mismas. Estas actrices amateurs me llevaron de la mano hacia Artaud y Beckett. En ambos el fracaso se tejió de manera diferente, pero de todos modos ambos quedaron atrapados: Artaud en la locura y Beckett en el silencio; ese silencio donde las palabras se desgatan, se empobrecen. No por casualidad está ese proverbio árabe "No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir sea más bello que el silencio”.

MARTA TRABA. ESE DURO OFICIO DE MIRAR

Desde Venezuela, Carlos Yusti

¿Qué reacciones nos asaltan al mirar un cuadro? ¿Cómo vemos la realidad que recrea una pintura? ¿Cuál es nuestra posición ante obras que parecen burlarse de nuestra inteligencia? ¿Cuál pintor que se inicia será una luminaria en la historia del arte y el mercado? De seguro un crítico de arte se hace estas mismas preguntas que cualquier observador común de obras artísticas. Sin duda el ojo especializado de un crítico, a diferencia de nuestra mirada inexperta, no tendrá piedad con la obra expuesta. Nadie quiere estar en la piel del crítico de arte, nadie quiere semejante oficio que busca ser una guía y al mismo tiempo desentrañar el peculiar vínculo entre el arte y la existencia.

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ENAMORADO DE LA MAGA

Desde Venezuela, Carlos Yusti

La novela "Rayuela" de Julio Cortázar, ha sido recuadrada con algunos clichés, simplificada con muchas frases hechas. Sin mencionar que es la presa predilecta del lirismo abobado y salivoso de los gacetilleros culturales en domingo. Así tenemos entonces Rayuela como: "ejemplo insuperable de una portentosa contranovela", "inigualable caja china, muñeca rusa de vanguardia literaria", "su sentido lúdico permite a cada lector leer la novela que más le interesa", "inigualable trampa para nostálgicos irremediables y sensibles inteligentes", etc.

Cada lector puede develar sus abismos, transitar su laberinto humanístico y poético. Cada cual quedará atrapado por los personajes que entran y salen en la novela de a retazos, especie de rompecabezas que se irán armando en la visión del lector, según su sensibilidad e intelecto. Muchos no han podido descubrir su hechizo, no han podido pasar de sus frases iniciales como quizá les habrá sucedido con el Ulises de Joyce o Paradiso de Lezama Lima.

Cortázar explicó bastante los mecanismos que impulsaron a gestar la novela, no para justificarla, sino porque muchos de sus lectores descubrieron nuevos hilos en esa telaraña existencial y metafórica que es Rayuela. No sin razón Cortázar aseguró: "Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que en vivir y escribir nunca admití una clara diferencia".

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TRES BREVES TENTATIVAS NARRATIVAS

Desde Venezuela, Carlos Yusti

La muerte del autor

Me sucede que a veces me siento como un personaje de cuento. El autor trata de matarme. Inventa tramas absurdas. Hasta ahora he logrado salir ileso de sus atentados. Para tratar de salir de este círculo infernal me he propuesto encontrar al individuo que me escribe.

Desde hace años recorro sucias buhardillas y cuartuchos baratos tratando de encontrarlo. Mis pesquisas han dado resultado luego de un sin fin de peripecias, que sé perfectamente que él ha escrito.

La dirección que anoté en una libreta me conduce a un viejo hotel en los suburbios de la ciudad. Pregunto al encargado. Subo a la habitación 5 del tercer piso. Abro la puerta. Allí está. En mi bolsillo llevo un cuchillo.

Allí está. Escribe como un desesperado. Las hojas se acumulan por el cuarto. Antes de que coloque el dedo en la tecla del punto final lo acuchillo por la espalda. Luego descubro horrorizado que todo lo ha escrito, incluso su muerte.

El pintor y su modelo

El pintor, luego de darle las últimas pinceladas al cuadro, se recostó en el sofá del rincón de su buhardilla, ubicada en la azotea de un horrendo edificio de seis pisos. Enseguida se sumergió en un sueño profundo. 

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PROUST Y LA PARODIA LITERARIA

Desde Venezuela, Carlos Yusti

A Marcel Proust se le asocia por lo general con la actividad literaria llevada al límite. Enfermizo desde niño estuvo de vago y bohemio gran parte de su vida. En esta etapa se dedicó a mirar pasar la vida a su alrededor sin perder detalle. Un día decide llevar todas sus observaciones al papel. Desde ese instante se convierte en un escritor metódico y constante. Su actividad como literato, a primera vista, parece alejada de cualquier requiebro superfluo, de toda peripecia relajada. No obstante Proust recurrió a la parodia literaria para darle rienda a su ingenio y a un peculiar sentido de humor.

En el año 1908 un fraude con diamantes se convirtió en la comidilla predilecta de los parisinos. Las anécdotas y chistes proliferaban como moscas irredentas en salones y tertulias. El fraude involucraba como protagonistas a Sir Julius Werner, director general de la De Beer's, una sociedad financiera dedicada a la explotación de minas de diamantes, y al técnico electricista Lemoine. Según se cuenta Werner y el técnico coincidieron en Londres. Lemoine le aseguró a Sir Julios que había descubierto un método para fabricar diamantes y el cual apenas requería solo de un horno, un crisol, carbón y algo de capital. Lemoine le hizo una demostración al crédulo Werner. Este introdujo un carbón en un horno, le agregó una sustancia, movió un interruptor y al momento tenía un pequeño diamante genuino. A Werner le brillaron los ojos de codicia y de allí a entregarle dinero al técnico hubo un solo paso. Sir Julius fue entregando pequeñas sumas de dinero hasta completar la cifra de sesenta y cuatro mil libras esterlinas de la época.

Lemoine, para hacer creíble su timo, mostraba nuevos diamantes a su incauta víctima, pero se cuidaba de no revelar su técnica. Entonces, Sir Julius decidió apelar a los tribunales. Lemoine fue interpelado en presencia de abogados. Su abogado defensor fue nada menos que el mismo que asistió en su defensa a Richard Dreyfus. El asunto de los diamantes Lemoine encontró eco a nivel mundial.

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CIUDADANOS DE SEGUNDA

Desde Venezuela, Carlos Yusti

Con el poeta Francisco Arévalo en ocasiones me encuentro en algún café de estos parajes de hormigón. Charlamos de la emputecida política. Hablamos con la jerga por delante y dejando la metáfora luminosa para el poema, la novela y el ensayo tramado a solas en nuestras respectivas guaridas. O sea que nos dedicamos a la literatura en soledad de alquimista y por puro gusto, por amor al arte como dicen los cursis que han llegado tarde a la reseda de las palabras. No recibimos calderilla alguna por nuestros gusanos tipográficos. Así y todo tanto Arévalo como yo hemos publicado algunos libros. Los escritores, al igual que muchos hijos de vecina, la pasamos cruda en esta inoperancia gubernamental. "Los escritores en este país somos sólo ciudadanos de segunda". Sentencia Arévalo, sin amargura, al tercer té de manzanilla. El navajeo literario no produce el estipendio necesario. Mucho menos reconocimiento, ni nada. Los escritores aquí apenas terminan como nombre de una calle, una escuela, una plaza para mendigos y perros callejeros. Algunos van a parar al cuarto de los trastes del olvido y otros van al pensum de estudios como materia para torturar estudiantes.

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SANCHO GOBERNADOR

Desde Venezuela, Carlos Yusti

En la primera parte del libro "Don Quijote de la Mancha", de Miguel de Cervantes, el peculiar protagonista de la historia le ofrece a su vecino y futuro escudero una ínsula, como pago a sus desvelos ( y a las palizas que recibirá), donde podrá gobernar o como lo narra el mismo Cervantes: "En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien-si es que este titulo puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera. En resolución tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió, que el pobre villano se determinó a salir con él y servirle de escudero. Decíale, entre otras cosas, don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, en quítame allá esas pajas, alguna ínsula y le dejase a él de gobernador de ella".

Sancho Panza ejemplifica, rasgos más rasgos menos, a los gobernadores que hemos padecido(o padecemos en la actualidad). En primer lugar porque carecen por completo de sal en la mollera, es decir que no tienen mucho saber/sabor intelectual. En segundo lugar porque los mueve un interés personal convirtiendo su cuota de poder en una ínsula rodeada de aduladores por todas partes. Ese sentido clientelar de Sancho se mezcla a su sabiduría alapatallana y ramplona, que va resolviendo los vaivenes de la vida a fuerza de refranes al igual que nuestros politicastros de saldo y oportunidad, quienes convierten los problemas del país es un slogan, en una frase hecha. 

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TRUMAN CAPOTE, BUITRE CON ADEMANES DE PALOMA

Desde Venezuela, Carlos Yusti

"Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy Homosexual. Soy un genio." Así se expresaba Truman Capote en un texto de su libro, soberbio y exquisito, "Música para camaleones". Pero aparte de todo eso fue un periodista con implacable talento, un gran observador de la vida, un perverso escrutador de lo cotidiano o como él mismo lo expresaba haciendo referencia al oficio de escritor: "Hay que aprender tanto, y de tantas fuentes: no sólo de libros, sino de la música, de la pintura y hasta de la simple observación de todos los días."

Era sin lugar a dudas un buitre que hurgaba en la carroña existencial de la gente adinerada. Era un buitre, con ademanes de paloma, que fascinaba a enemigos y admiradores por igual. No obstante Capote era displicente y sólo le interesaba vivir y escribir.

Mi primer encuentro con Truman Capote escritor sucedió con la lectura de su novela "A sangre fría", que relata un asesinato múltiple en una apartada localidad de Kansas. A pesar de lo truculento del hecho real la novela se desarrolla con morosa maestría y Capote, luego de una tortuosa investigación, narra los pormenores de un crimen absurdo haciendo gala de un sentido periodístico inigualable. 

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VOLTAIRE SIN MATICES

Desde Venezuela, Carlos Yusti

En el Índice de Libros Prohibidos que poseo Voltaire, aparece con una veintena de títulos, incluyendo sus obras completas en varios tomos. En vida este sempiterno autor de la ilustración francesa, siempre resultó un escritor salido del propio averno y sus libros fueron prohibidos, censurados cuando no arrojados a la hoguera. A él como pensador tampoco le fue color de rosa y cuando no estaba preso, exiliado (o golpeado por sus opositores) andaba siempre huyendo, abjurando de sus libelos y panfletos. Amó a las mujeres y a la vida de una manera exagerada. Fue un hedonista, un intelectual que nunca guardó su lugar; un trampista, un trepador, un advenedizo genial que no tuvo medida ética a la hora de hacerse con un dinero mal habido. Al final del capítulo de su turbulenta existencia toda Francia se rindió a sus pies. Honores, medallas y reconocimientos para un amasijo de años que parecía ya no hacerle daño a nadie.

Hoy su filosofía resulta un puñal sin filo y sin punta, un cuchillo, que dijera Lichtenberg, al cual le falta el mango y la hoja. Sus cuentos tienen más de fábulas pequeñoburguesas, que de lección profunda. Cuentos como Cándido y El ingenuo se leen como curiosidad literaria y como inigualables ejemplos de lo que no debe ser un cuento. Su teatro es irrepresentable por barroco y ampuloso. Su “Diccionario filosófico” y “Las Cartas Filosóficas” perduran de una obra desproporcionada, como era casi todo en Voltaire, comformada por más 50 volúmenes.

Voltaire no fue la figura más importante en la foto de la ilustración francesa, pero fue el que más ruido hizo, el más egocéntrico y quien primero se hizo de una audiencia, de un publicó que lo leyó sin regatearle admiración y respeto. Siempre fue a su aire y todo lo relacionado con él tenía la marca inigualable del jolgorio, de la francachela. 

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