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País
Chile
Introspección y la explosión creativa: Poemics y el cómics en la obra-vida de Daniela Gallardo Zderich*
por Carolina Benavente Morales
Con Poemics. Poemas chilenos contemporáneos en cómics, publicado por ediciones Derrame en el año 2006, mi amiga Daniela Gallardo Zderich (Santiago, 1975) volvió de una larga estadía académica en la pintura para volver a la práctica más incierta, por estar menos normada, de la creación gráfica. Ambos lenguajes no son excluyentes, al intersectarse en el conjunto mayor de las artes visuales. Incluso, al pintar, Daniela siempre ha mostrado una obsesión por el contorno, por la linealidad, que es más característica del dibujo que de la pintura, la que por contraste identificamos mejor en la mancha, el color y/o la textura. Antes que en el dibujo, sin embargo, la obra de Daniela se organiza alrededor del cómic o historieta, género caracterizado por unir visualidad y narración que en esta artista encuentra a una de sus principales exponentes nacionales, siendo una de las escasas mujeres en desarrollarlo en el país. De hecho, su creación ha sido reconocida sobre todo en este ámbito, al ser incluida en Monos Serios (2008), sucesora de Monos Chistosos (2007), volúmenes compilados por Vicente Plaza y Carlos Reyes y editados por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Más que como un género artístico, sin embargo, quiero aproximarme al cómic como eje articulador de un conjunto multiforme de prácticas estéticas, políticas y económicas que confluyen en él sin cesar de dislocarlo y recomponerlo. En las líneas que siguen, buscaré perfilar, a partir de Poemics, el movimiento creativo que estas prácticas hacen irrumpir en el Chile de hoy y especialmente en Santiago, su ciudad capital.
"Marciana", dibujo sobre papel y diseño de tatuaje, 1997
Mediante el desafío de un artista pop como Roy Lichtenstein, es posible percibir que interviene un elemento decisivo en las diferenciaciones que hacemos ya no entre pintura y dibujo, sino entre pintura y cómic: el carácter aurático, sagrado atribuido a cada pintura, como objeto único, versus el carácter profano asignado al cómic, como producto a reproducir mediante técnicas de impresión, en tanto está destinado a un público amplio, anónimo en su masividad. En Poemics, el desafío visual funciona de manera diferente a como lo hace en Lichtenstein. Mientras este último trabaja en la esfera de las bellas artes, poniendo en tensión el carisma de la obra al plasmar en ella motivos impuros procedentes del cómic, en su libro de poemas chilenos ilustrados Daniela se desenvuelve en el terreno gráfico, elaborando el cómic mediante un recurso a procedimientos pictóricos que recrean la ilusión aurática de lo irrepetible. La mancha o la forma borrosa, tachada, tienen mucho que ver aquí con la intención de explorar la fantasía gráfica sin que la masificación obstaculice esta indagación o la empañe, además porque los dispositivos digitales de reproducción hoy lo permiten. De allí, también, que Poemics se sitúe a medio camino de la ilustración y el cómic, constituyendo más bien una serie de ilustraciones, con lo cual la obra se acopla a la tensión que la poesía establece respecto de la narrativa para privilegiar la metaforización visual. Este despliegue de energía creativa me parece fundamental al impregnar de valor un tipo de arte considerado “menor”. En efecto, lo creo sintomático de un reencantamiento con la sociedad que se lleva a cabo desde el nivel micro de las relaciones cotidianas con las personas y con las cosas, en una esfera de acción que es principalmente doméstica y urbana.
Ilustración de “Procesión a San Sebastián” (detalle), de Rodolfo Hlousek, Poemics, 2006, p.14
La pobreza de recursos estilísticos acostumbrada en el cómic industrial, incluso en sus ejemplares más fina y plásticamente elaborados, cede el paso, en la producción de Daniela Gallardo, a una suerte de preciosismo. Y tal vez porque en Chile no hay industria de cómic, sino unos cuantos creadores individualizables, que publican escasamente en periódicos o en revistas, Daniela no es la única en ir en esa dirección. Mi historia personal y una intuición confirmada por la propia artista, quien es fan de este dibujante, me indican al menos un antecedente local importante en la obra de otro amigo muy querido: el hoy desaparecido Claudio Galleguillos, alias Clamton (1968-1994). Este artista de excepción fue colaborador de la legendaria revista ochentera de cómics llamada Trauko y, con Historias. Planetas, cerebros y átomos (1990), publicó la primera historieta del país en un formato “pro”, es decir, siguiendo el referente europeo de la bande déssinée francesa, con tapa dura a color y brillante. Al igual que Daniela hoy, Clamton se apartó de los modos convencionales de hacer cómic, creando en los ochenta y hasta comienzos de los noventa universos imposibles en su minucia, en su esquizoide obsesión por el detalle.
“Rojo Laberinto”, óleo sobre tela, 140 x 60 cm, 2003
Ambos, a su manera, participan de la subterránea renovación experimental del género que ha tenido lugar al menos desde los años ochenta, con una importante reactivación hacia fines de los noventa. Así, se ha originado en el cómic una corriente nueva, calificada de “experimental” o “contemporánea” por Vicente Plaza, quien señala que en ella se combinan la trasposición de la propia situación de descreimiento o fascinación existencial del yo firmante con el sistema, por una parte, y la mezcla del dibujo con la pintura, el grabado, la fotografía y la fotocopia, por otra. De acuerdo con el mismo autor, quien sugiere que el cómic chileno ha evolucionado hacia un “universo conceptual”, esta corriente experimental “ha seguido un curso interesante, planteando su no afiliación a ninguna bandera o género, formando su propio territorio, según las tendencias de las artes contemporáneas de la disolución de los formatos tradicionales, y el rechazo a la especialización artística”**. De hecho, para entender la obra de Daniela Gallardo, creo necesario llevar la visión de Plaza a dos extremos vinculados: uno de ellos, que tiene a Clamton como precursor, es que el propio “yo” comienza a explorarse en la complejidad de sus mecanismos de constitución mental; el otro, acompañando esta operación de descentramiento subjetivo, es que el desborde hacia otras formas de arte y comunicación no se agota simplemente en una disolución de fronteras, sino que genera una estética enriquecida, proliferante y cautivante.
Ilustración de “Poema 1”, de Roberto Yañez, en Poemics, 2006, p. 6
Además de coincidir en un disruptivo paso por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, tanto Daniela Gallardo como Clamton se sitúan en la tradición síquica del surrealismo, apuntando al igual que este movimiento artístico de vanguardia a desbordar la esfera de producción restringida de las bellas artes o las bellas letras. Salvador Dalí indagó y ensanchó sus límites mediante una escandalosa performance pictórica y vital donde dólares, erotismo, monarquía y catolicismo se entremezclaron sin pudor, mientras Luis Buñuel y Antonin Artaud se fascinaron por las posibilidades que el cine, nueva técnica audiovisual, abrió al sondeo y la comunicación de las opacas interconexiones entre cuerpo, mente y sociedad. Las obras de Daniela y de Clamton, dentro de sus diferencias, dan cuenta de un repliegue hacia la interioridad, posición necesaria para una generación condenada a la introspección por la pérdida de referentes colectivos mayores, y que desde allí, pero ya de manera diferente, ensaya recomposiciones de los lazos con el otro. En el caso de Daniela, quien tiene algunos años de estudios en psicología, esto se hace muy evidente en el surrealismo abstracto que ha desarrollado mediante la pintura, al plasmar en ella entrópicas y coloridas cartografías mentales. El desastre provocado en Chile por la dictadura pinochetista puede compararse, en este sentido, al que motivó las cavilaciones de los surrealistas de entreguerras, con Roberto Matta o Alejandro Jodorowski haciendo de tránsfugas links epocales y glocales. Pero la idea de un artista completamente recogido en una especie de autismo no es más que un mito que encubre el pulso de las conexiones vitales establecidas con otras personas y, sobre todo, de los acoplamientos por hacer con todas las demás.
“Cómic”, acrílico sobre tela, 90 x 70 cm, 2007
El dibujo, sin duda, es un formato creativo ad-hoc a la precariedad de recursos materiales y de oportunidades de interacción existentes en el pauperizado e hipervigilado entorno dictatorial, prolongado mediante la instalación de una democracia “protegida” por un ordenamiento militar afín al dogma neoliberal. Al ocupar el cómic, formato que le otorga al dibujo una dimensión narrativa, así como un alcance mayor en la difusión, Daniela transforma el repliegue surrealistizante hacia la interioridad en una indagación microscópica de las conexiones intelectuales y afectivas con el otro, buscando además interpelarlo en una escala colectiva ampliada y a la vez intimizada, personalizada respecto de otras formas de arte. Por eso, mucho más que la revista, para plasmarse y comunicarse el cómic experimental noventero y dosmilero ocupa el fanzine, tipo de publicación de carácter artesanal que usa comúnmente la fotocopia corcheteada para reproducirse, a veces en combinación con otros elementos visuales y plásticos, cuando no es publicado a través de la web. Aunque fácilmente transportable y de precio bajo o nulo, el fanzine impreso tiene un rango limitado de distribución, usualmente restringido a los círculos de admiradores (“fanatic magazine”) de cierto tema o práctica, quienes buscan y conservan sus ejemplares como si se tratase de tesoros, además de autoeditarlos generalmente en forma colectiva y ocasionalmente en forma anónima. De esta manera, si bien el cómic fanzinesco está animado por una voluntad de comunicación ampliada, no constituye una respuesta acomodaticia al funcionamiento del mercado, sino más bien una resistencia y una subversión del mismo.
Ilustración de “¿Quién es la primera persona?” (detalle), de Héctor Hernández Montecinos, Poemics, 2006
En el caso de Daniela Gallardo, el cómic experimental está infiltrado por la exploración pictórica, llevada a cabo en paralelo por la artista, de inéditas posibilidades de entendimiento y enlazamiento desde el lugar donde cuerpo y mente palpitan al unísono: el cerebro. Esta introspección o prospección por la superficie interna del ser tiene, en el cómic experimental, un resultado desarticulante y dislocador respecto de la rigidez del entorno. Por eso, en él algunos sólo ven incoherencia, cuando no un vaciamiento total de compromisos colectivos o la puerilidad rematada que es tradicionalmente atribuida a las artes menores y que, por lo demás, los creadores de cómic experimental como Daniela hábilmente explotan. Desde otro punto de vista, sin embargo, el resultado también es de una riqueza creativa explosiva, la misma que vibra en cada una de las páginas de Poemics. Esta exuberancia no puede reducirse a la voluntad de otorgarle valor agregado a un producto como el cómic. Sin duda que lo genera, volviendo el libro, en su materialidad, potencialmente apetecible para un joven público de clase media ampliada, ávida de exhibir su nuevo capital cultural. Si una propuesta así llegase a tener compradores en la masividad, sería positivo, pues esto significaría que hay un entorno más receptivo a ella y, por cierto, el arte es también recurso de subsistencia para quienes no pueden vivir sin practicarlo. Pero la creación de Poemics se inserta en un circuito que en principio no es comercial o que, al menos, no está orientado por el afán de lucro, diferencia importante de hacer en un país y en un mundo donde el dinero es idolatrado en sí. En la obra de Daniela vibran prácticas generacionales críticas respecto de este funcionamiento, las que no resultan evidentes porque suelen eludir la denuncia frontal, optando por escurrirse y escabullirse en el paraíso under donde día a día se crea la cultura alternativa.
"T.D.A.V.L.V.", acrílico sobre tela, 200 x 150 cm, 2000
Los enlazamientos con el resto de la colectividad son imprescindibles y en ocasiones este submundo busca entrar en diálogo con ella, aunque con suerte desigual. Por eso es interesante hacer el contraste entre Poemics y una producción audiovisual de enorme popularidad, con la que tiene bastante en común porque parte de sus raíces también están en el cómic. Esta realización es el programa 31 Minutos, suerte de Muppet Show local con formato de noticiero humorístico que fue transmitido por Televisión Nacional de Chile entre los años 2003 y 2005, con una película lanzada el año 2008, y que cuenta entre sus creativos a Rodrigo Salinas, ex miembro de colectivos de artistas e ilustradores como la Nueva Gráfica Chilena y, antes, Kiltraza. Al momento de re-entablar un diálogo fracturado con el público chileno, los artistas chilenos ensayan diversas estrategias, todas ellas necesarias en cuanto cumplen funciones diferentes y se van retroalimentando. En el caso de Poemics, hay un posicionamiento más cercano a la esfera ilustrada, pues se trata de divulgar escritos literarios con apoyo en la visualidad, mientras en 31 Minutos los códigos y referentes proceden principalmente de la cultura pop y popular, con grandes cuotas de ironía. De hecho, los creadores de este programa, Álvaro Díaz y Pedro Peirano, son periodistas y esto explica su mayor familiaridad con el funcionamiento de los medios masivos de comunicación, así como el uso particularmente inteligente que han hecho de ellos para sacudir a la sociedad chilena de su conservadurismo.
Contraportada de Poemics, 2006
En comparación, la propuesta de Daniela Gallardo resulta menos digerible por un público chileno que carece de hábitos lectores y que no tiene prácticamente ninguna formación estética. Por eso, para financiarse como proyecto artístico-cultural, Poemics contó con el respaldo del Fondo del Libro, dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Sin el auspicio de este organismo público, el proyecto habría sido realizable, aunque sin duda que con otra calidad de impresión y con otros alcances en su difusión, puesto que todos los ejemplares del libro fueron donados gratuitamente a particulares e instituciones, sobre todo a escuelas. Desde el punto de vista de las políticas públicas, se trata justamente de fomentar la afición por la lectura en niños y jóvenes, siendo ésta, de hecho, la principal orientación del actual gobierno en materia de cultura. Me parece adecuado hacerlo a través del cómic en este tipo de público, pues recuerdo que yo misma, de niña, desarrollé mi afición por la lectura leyendo muchas historietas. Mi familia estaba exiliada en Francia y después de asistir a mis clases de danza moderna me quedaba leyendo bandes déssinées en la pequeña biblioteca pública ubicada a la salida del conservatorio municipal. Por eso me entusiasma pensar en los resultados que tendrán a futuro las lecturas que hagan de Poemics los adolescentes chilenos de hoy. Y por eso espero que pronto ellos se transformen en un público receptor a este tipo de obras o, más que nada, en un público capaz de mostrar interés y aprecio por cualquier tipo de obras y por las vidas que palpitan en ellas.
"Red de apoyo", mixta sobre tela, 70 x 110 cm, 2006
En el caso de Poemics, este latido vital tiene mucho que ver con la temprana y activa participación de su autora en distintos colectivos de artistas principalmente autodidactas, es decir, no formados como tales en la academia. Aunque se imbrican a ella de diversas maneras, por ejemplo a través de la misma Daniela y de otros integrantes con estudios en carreras vinculadas, como el diseño gráfico, visual o teatral, estos colectivos están situados al margen del circuito oficial del arte. Sus logos aparecen en la contratapa de Poemics: Derrame, colectivo neo-surrealista que en este caso actúa como editor y donde Daniela también participa como artista visual; y Conmoción, agrupación de creación y gestión artístico-cultural de la que formé parte, por lo cual me atrevo a decir que ha sido importante para Daniela como ámbito de producción y socialización, conjuntamente al apoyo técnico y anímico recibido. Y además, Daniela también ha participado en Kiltraza, en su banda musical y, por supuesto, en su dislocadora propuesta del Shilean Power Komix liderada por Rodrigo Adaos. A medida que crecemos, parece insólito seguir viéndonos las caras, una y otra vez y haciendo cosas similares, con insistencia, tejiendo redes de creación alternativas a los circuitos oficiales y comerciales del arte, consolidando estas redes de múltiples maneras.
Dos colaboraciones en fanzine Conmoción-Traffix Gallery, 10 x 10 cm, 2008
En estos colectivos, Daniela encontró un espacio para desplegar las propuestas estéticas germinadas en su mente creativa durante sus años de desenfreno punk y dark, dando lugar en el cómic a un estilo reconocible, que evoca el manga japonés sin replicarlo y que frecuentemente recurre a laberínticas estructuras escherianas en la composición. La depuración de las formas es secundaria para esta artista, quien mediante el imperfeccionamiento produce un desajuste respecto de su referente industrial japonés. El descalce pasa también por una ilustración generalmente hecha a mano y en blanco y negro que se mezcla con técnicas y estilos de figuración y composición procedentes de la pintura, el grabado, la fotografía, el collage o la computación. En términos de influjos pictóricos, el resultado no es netamente informalista, pues Daniela suele incorporar abstracciones geometrizantes en su obra. Más que contraponer estas prácticas estéticas, ella explora, socava y redimensiona la abstracción mediante un grafismo libre donde predomina lo surreal, con sicodélicos guiños op. Estas articulaciones se reiteran en las temáticas, inspiradas en las ilustraciones, historietas y animaciones japonesas orientadas a un público infantil y adolescente femenino masivo, como por ejemplo Hello Kitty o Sailor Moon, así como en la producción gráfica y audiovisual del norteamericano Tim Burton. Daniela rescata de ellos altas cuotas de fantasía pop, transponiéndolas en especial al ámbito de las vivencias juveniles cotidianas y sus lugares de socialización: los amigos y amores, la casa, la calle, la disco. En sus historias, la candidez siempre es perturbada por el absurdo y el horror, aunque sus héroes y heroinas suelen provenir de estos inquietantes universos. Daniela no elabora delimitaciones nítidas entre el bien y el mal, sino una ambigüedad desde la cual resulta victoriosa una ingenuidad a la vez curiosa y maliciosa.
Ilustración de “En el Jardín de la Ira-Babel”, de Salvador Troncoso Curivil, Poemics, 2006, p.42
En Daniela, asimismo, la introspección mental y su explosivo reverso creativo están asociados a una búsqueda incesante por el significado, por torcerlo y rearmarlo jugando libremente con el significante. Pese a la literalidad que a veces revisten sus creaciones, no podemos confundirnos con esta multifacética artista y poeta. Daniela también tiene una obra escrita, la que es escasa, inédita, pero valiosa, aunque más que referirme a ella quiero observar que su autora juega hábilmente con las palabras, su sentido, su sonoridad, su grafismo y que lo hace de manera espontánea y en permanencia. Hace unos años atrás, por ejemplo, ella me dejó una nota de saludo en la que no me decía simplemente “Carolina” o “Carola”, sino “K-rol-hola”. El cómic se vuelve indagación poética cuando quien lo crea cuestiona los recursos que lo hacen cómic y se muestra dispuesto, dispuesta, a incorporar cualquier tipo de recurso en su producción, como sucede con la corriente experimental en su diálogo con otras formas de arte. En la diversidad de los elementos visuales empleados por Daniela en Poemics, reconocí también la vastedad imaginativa de una pintura-cómic que ella me regaló hace unos años atrás y donde había incrustado elementos visuales que no surgen del lápiz o el pincel, sino de la impresión, y que además son mínimos o aparentemente triviales, como envoltorios de plástico, boletas, stickers; cosillas que son parte de nuestra cotidianeidad, además de esta frase que parece slogan generacional y tribal: “pitufos y anarcos adolescentes románticos”.
“Pitufos y anarcos adolescentes románticos”, mixta sobre papel, 90 x 60 cm, 2000
Por eso, Poemics no es solo difusión de la poesía de los jóvenes poetas o poetas contemporáneos que le entregaron sus escritos: Julio Carrasco, Roberto Yañez, Rodolfo Hlousek, Santiago Barcaza, Paula Ilabaca, Héctor Hernández Montecinos y Salvador Troncoso Curivil, alias Curivil. Hay aquí un muestrario de lo mejor de una generación; destacarlo es importante en un país cuya identidad cultural en el siglo XX se forjó en torno a la poesía y que hoy en gran parte lo sigue haciendo. Pero la poesía también trasciende lo verbal, sosteniéndose en lo informulado del lenguaje como universo de signos amplificado al terreno visual, gestual y musical; como también lo hace Daniela en sus canciones, porque ella además compone, toca y canta. Entre estos polos introspectivos y explosivos vibran la vida y la obra de Daniela, quien impregna de múltiples maneras la diversidad estética y cultural en sus creaciones. Esto, que le da a Poemics el valor y la belleza que tiene para mí esta publicación, también se manifiesta en las obras más recientes de esta artista, sobre las cuales haré algunas observaciones finales.
“Algún día sabrá que la vida es hermosa”, Poema de Pepito, 2008, p.22-23
En sus últimos cómics, Daniela ha seguido explorando las conexiones y desconexiones entre los lenguajes verbales y visuales. Así, el Poema de Pepito, publicado el año 2008 gracias nuevamente al Fondo del Libro y con una inusual orientación popular pre-dictatorial en la temática, es fruto de una colaboración con el poeta Roberto Yañez, integrante de Derrame. De la misma manera, en Conejita, Perrita y Gatita, historieta publicada durante los años 2007 y 2008 en el fanzine Fiesta, coordinado por los kiltrazianos Raúl Ciudad y Rodrigo Adaos, solamente se incluyen palabras en el título o bien en forma marginal, exigiendo de parte del lector una mayor atención. En este caso, es necesario conectar la obra de Daniela a una exploración en torno a la dimensión de género. Esta búsqueda la condujo a producir el fanzine Feminae el año 2002, publicación que me invitó a coordinar en su segunda y última edición, el año 2004, al alero de Conmoción. Asimismo, esto la ha llevado a participar con Conejita, Perrita y Gatita en Tribuna Femenina Cómix, primer fanzine de historietas hecho sólo por mujeres y editado el presente año de 2009 por Melina Rapimán. Dentro del movimiento que he esbozado, no cabe duda que la irrupción actual de las mujeres en el cómic, que tiene a la ilustradora y pintora Marcela Trujillo como aislada precursora en los ochenta, da lugar a una sacudida más y a un nuevo florecimiento. Esta convulsión creativa amerita tener su propia cartografía y espero que mi texto sobre Poemics y el cómics en la obra-vida de Daniela Gallardo Zderich contribuya a su realización.
“Conejita, Perrita y Gatita”, fanzine Fiesta, 2007
Notas
* Versión ampliada y actualizada del texto leído con ocasión de los lanzamientos de Poemics realizados en el Centro Cultural Espantagruélico y en la Escuela de Artes y Oficios de la Fundación Salvador Allende, Santiago, diciembre de 2006. Las imágenes son cortesía de Daniela Gallardo Zderich.
** Vicente Plaza. “Del Universo visual al universo conceptual en las historietas chilenas”. En: Vicente Plaza y Carlos Reyes, compiladores. Monos Serios. Una reunión de historietas chilenas actuales. Santiago: Facultad de Artes, Universidad de Chile, 2008. p. 10.
Daniela Gallardo Zderich. Poemics. Poemas chilenos contemporáneos en cómics. Santiago: Derrame, 2006.
La creación gráfica y pictórica de Daniela Gallardo Zderich puede revisarse en:
http://www.danizderich.spaces.live.com/photos
http://www.saatchi-gallery.co.uk/yourgallery/artist/details.php?id=86706
http://conejitaperritagatita.blogspot.com/
- Benavente Morales, Carolina. "Road Trip I Stgo-Baires-Stgo 2009: emplazamiento y cuerpo nómade de la obra". Revista digital Escáner Cultural Nº117, año 11, julio 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1396
- Benavente Morales, Carolina. "Lectura de Juan Luis Martínez a través de un fan: Señales de Ruta (2000), el documental subjetivo de Tevo Díaz". Revista digital Escáner Cultural Nº116, año 11, junio 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1333
- Benavente Morales, Carolina. "El travestismo transparentoso de Gustavo Barrera: poesía y performance en Creatur (2009)". Revista digital Escáner Cultural Nº115, año 11, mayo 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1285
- Benavente Morales, Carolina. "De soles, hoyos negros y cuerpos pensantes: una lectura criollista de Un ojo llamado cacería, poemario de Marcela Saldaño". Revista digital Escáner Cultural Nº114, año 11, abril 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1246
- Benavente Morales, Carolina. "Introspección y la explosión creativa: Poemics y el cómics en la vida-obra de Daniela Gallardo Zderich". Revista digital Escáner cultural Nº113, año 11, marzo 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1189
- Benavente Morales, Carolina. “Con el rock en las venas: Calling Quiet, la actual banda de Alejandro Pizarro”. Revista digital Escáner Cultural Nº111-112, año 11, enero/febrero 2009. En Internet: http://revista.escaner.cl/node/1155
- Benavente Morales, Carolina. “Vamos a jugar: Play, la ópera prima de Alicia Scherson”. Revista digital Escáner Cultural Nº88, año 8, octubre 2006. En Internet: http://www.escaner.cl/escaner88/articulo.html
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