Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
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blog de Carlos Yusti


LA LITERATURA COMO ESPEJO

Por Carlos Yusti

Curtido con la cultura del mercado y el burdel he tratado de hacerme con una cultura lectora para completar mi educación sentimental y menos canalla. Después, uno se aferra a esto de la escritura para no trabajar como el capitalismo manda. En mi ficha de quejas y reclamos está la frase: ha leído mucho, pero ha estudiado poco.

Luego se descubre que la vida va por su lado y que la literatura es apenas un remedo de esa realidad y sigue su propia brújula, especie de espejo de feria que todo lo deforma, lo agranda, lo infla y lo enriquece.

Mucha gente tiende a confundir la vida con la literatura y viceversa. Don Quijote tiene más adeptos que Cervantes, quien para muchos de sus contemporáneos era un escritor insufrible y segundón. A Conan Doyle muchos de sus lectores le preguntaban por Sherlock Holmes, mientras a él como escritor le ignoraban por completo y en verdad tenía más porte de Doctor Watson que de escritor urdidor de tramas policiales eficaces e inteligentes. A Vladimir Nabokov lo confundían con el viejo baboso y lúbrico de su novela Lolita, historia que es un soberano invento del escritor ruso. Confundir la literatura con la vida real (o viceversa) es caer en un craso error de percepción como ha pasado con el “El Guardián entre el centeno”, libro que ha sido prohibido en algunas escuelas norteamericanas por ser la lectura preferida de muchos asesinos seriales y de uno que otro terrorista.
Por esa razón, siempre me coloco a la orilla de Sancho Panza (y dale con lo literario) que era algo así como un aguafiestas de las ensoñaciones imaginativas en las cuales caía Don Quijote. Sancho era la voz de la razón que advertía que la realidad no suele moverse de sus goznes, y que está allí para darle de patadas a los sueños (y dale con la vida mundana y silvestre). La literatura es el álbum de la realidad pasada por la metáfora. Así quienes vayan a la literatura buscando realidad pierden el tiempo. También lo pierden quienes tratan de sacar algo en limpio de los libros sobre la vida. Aquella frase del Adriano imaginado por Youcenar todavía mantiene su límpida lucidez: “La vida me enseñó los libros”.



ALFREDO MANEIRO

Por Carlos Yusti

Los filósofos de la Grecia Clásica convirtieron la expresión oral en su mejor tarjeta de presentación. Hicieron de la plaza un aula virtual para sus distracciones. No escribieron nunca, tenían poca estima por la palabra escrita, hasta el punto de considerarla una degradación de la palabra oral. La elocuencia de muchos filósofos era tan eficaz y magistral que con prontitud se hacían de una cohorte de seguidores y discípulos. Alfredo Maneiro, el sempiterno fundador de ese esperpento político que se llamó Causa R, emparentada mucho con los filósofos de aquella Grecia del dialogo y la filosofía.

Fue un conversador vehemente, un orador inteligente y memorioso que jamás alardeó de nada aunque había hecho pasantía por la lucha armada, era profesor universitario y se había graduado con altas calificaciones en filosofía. Te envolvía con gran lucidez en su oratoria, nunca sus interlocutores se enteraban si esta mintiendo o diciendo la verdad. Cuando Alfredo Maneiro hablaba seducía sin remedio. Era bajo regordete y ágil con su verbo. Maneiro de toda su travesía revolucionaria, que podríamos denominar dura, y de su ruptura con el MAS quedó un tanto a la intemperie. No obstante no se resignó como otros a ser un derrotado, rumiando su fracaso y justificando sus acciones. A todas estas el país político se fragmentaba en muchos pedazos y los oportunistas y políticos de oficio ocuparon los puestos claves del poder.

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