Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
Share this

Redes Sociales

Inicio de Usuario

Suscribir

Portada Mensual

Distribuir contenido

blog de Carlos Yusti


TERESA CORASPE: Sola contra la jauría

Carlos Yusti

Me enfrento a la jauría, a los demonios que andan sueltos
jamás me inclino ante el soborno. TC

Por Carlos Yusti

Nació en un pueblo llamado Soledad y como el nombre del sitio de sus orígenes asumió la creación poética. En soledad ha tallado el árbol duro del lenguaje para construir un mobiliario poético de gran belleza y reciedumbre. En soledad se afincado en su tarea: crear una obra poética de gran fuerza creativa. En soledad escribe el desorden del corazón, los insomnios de la razón, las aporías que el alma dicta con la voz acicalada de gritos y tiempo.

No es la primera vez que escribo sobre Teresa Coraspe, esta mujer encuadernada en palabras y tiempo. En sus fotos de juventud hacía gala de una belleza sin algarabía, recatada, fina, una belleza serena con una sonrisa de boca pequeña y gruesa. Luego los días y el duro trabajo con las palabras han moldeado su madurez de mujer con ventanas y pasadizos, de mujer abierta a muchas direcciones, de poeta altiva con un puerto sin barcos encallado en sus huesos y con una casa sin puertas en sus ojos.

Teresa Coraspe iba para mujer normal con esposo, casa e hijos. Entonces llegó un momento en el cual comenzó a sentir la asfixia, sintió que estaba hundida en la rutina, que se ahogaba en la domesticidad mundana y silvestre. Se aferró a la palabra poética para respirar de nuevo, para renacer y darla una nueva oportunidad a su espíritu.

Desde la publicación de sus primeros libros de poesía lo hizo con un dominio depurado del lenguaje. Entre sus libros tenemos: Este silencio, siempre (Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Bolívar, 1991), Vuelvo con mis huesos, (1978) Vértice del círculo, (1987) Tanta nada para tanto infierno, (Ediciones al Sur, 1994) La casa sin puertas, (Asociación de Escritores de Venezuela-Seccional Bolívar, 2004) y su primer libro: Las fieras se dan golpes de pecho. Su poesía retrata, de manera borrosa y colateral, la cotidianidad con sus miserias del alma, esas soledades en tumulto, los desamores y amores con horarios y esas guerras calladas con las vibraciones ordinarias del día a día. Poesía de abismos introspectivos que cuenta las monedas de inhumanidad del mundo que le rodea, que cuenta las minucias de ese sueño carroñero de éxito y esplendor. En cualquier caso es todo lo contrario de una poeta confeccionada en algún taller literario o un poeta con oficina cultural incorporada. Sin mencionar que siempre se ha involucrado en el quehacer literario desde otras trincheras como la creación de suplementos culturales. Colaboraciones en revistas literarias y ahora por la Internet en la cual escribe un blog (Teresa en el tiempo) y mantiene una relación escritural con muchas Web literarias. Lectora voraz y con un amplio conocimiento de los vaivenes poéticos del país. En una conversación con Teresa Coraspe hay más literatura y ars poética que todo lo escrito en 5 años por muchos poeta de corte y pega promocionados por las cúpulas del poder cultural, sean del color que sean.


EL CLUB DE LOS GOMBROWICZIDAS

Carlos Yusti

A través de la Internet conocí a un escritor cuyo único tema de sus conversaciones, libros, crónicas, entrevistas, cartas y correos electrónicos giran en torno a la vida y desmilagros del escritor polaco Wiltold Gombrowicz. Mi vinculación virtual con tan singular personaje surgió a raíz de un texto que escribí sobre el autor de “Ferdydurke”. Esto fue suficiente para que me incluyera como miembro del club (virtual por supuesto) de los Gombrowiczidas. A este club pertenecen todos aquellos que han escrito, o se han vinculado de alguna manera, con Gombrowicz. Como miembro tengo derecho a un seudónimo y a formar parte de la mitología que flota alrededor del escritor polaco. Mi mote, mi alias en club tan selecto es: “Dalí selvático”.

Todas las mañanas ( incluso los domingos) llega puntual a mi correo un texto de Gombrowicz escrito por el sumo pontífice de los Gombrowiczidas Juan Carlos Gómez (conocido como Goma). Son textos que cuentan chismes, anécdotas, viñetas malintencionados, críticas deslenguadas de Gombrowicz y otros miembros del club. Goma tiene una escritura vitriólica y una verborrea que no se anda por las ramas para atacar y defenderse. Goma conoció en persona a Gombrowicz, fue su amigo durante su periplo argentino y desde entonces se ha convertido en el albacea radical de su memoria. Ha publicado algunos libros sobre Gombrowicz que son referencia obligada. Como era de esperarse, y como soy menos daliliano selvático de lo que aparento, no contesto sus correos, ni para bien ni para mal. Hago como hace el escritor español Enrique Vila-Matas; Orate Blaguer en el club, quien en un texto publicado en Letra Libres escribe: “No me atrevo a contestar desde Europa a la carta del fiel Goma porque intuyo que, de hacerlo, él se daría perfecta cuenta de que, aunque no escribo como Gombrowicz, ocupo actualmente su lugar y su personalidad en la tierra. Quiero ahorrarle ese susto a Goma, es la pura verdad. Chau Goma, me digo a todas horas. No quiero que él sufra, no quiero que le atormente la idea de que Gombrowicz ha reanudado la correspondencia con él. No quiero que eso pase como tampoco quiero seguir entrometiéndome más en la vida, la soledad y los amigos de mi maestro, el señor Gombrowicz, mi señor.”


LA ÚLTIMA METAMORFOSIS DE MICHAEL JACKSON

Carlos Yusti

A falta de héroes la gente echa mano de esos héroes subalternos de la música pop o del fútbol. A falta de santos un cantante negro trasmutado en blanco, a fuerza del “milagro” de la cirugía cosmética, también puede resultar valedero. Lo importante es la adoración, una panacea donde enfilar nuestras fuerzas, nuestra idolotraía y nuestra fe tan en el aire estos días. Esa hambre de ídolos es de antigua data. El hombre se crea sus santos y demonios para sentirse seguro. Se confecciona héroes a su medida para descargar su culpa, sus penas en los hombros de otro y así aligerar la carga. Tanto los ídolos del pasado como los de hoy vienen envueltos en el papel celofán del mito, una neblina de misterio los envuelve, una cortina de mago los oculta a nuestra ojos crédulos. Jamás vemos su fragilidad, sus miedos o tristezas; esos trucos baratos que le permiten permanecer inalterables a pesar de todas esas miserias mundanas que poco apoco los carcomen.

Michael Jackson fue uno de esos mitos extraños que la gente consumió con deleite morboso y sin miramientos. Como vampiros sedientas absorbieron sus cambios físicos, su hipocondría, sus hijos y sus objetables gustos sexuales. La prensa de farándula se sirvió a placer de sus debilidades y flaquezas mundanas para crucificarlo a cuatro columnas y a todo color. Sus taras, fobias, obsesiones y desviaciones de todo tipo siempre estuvieron en la mesa mediática para que sus admiradores y detractores las degustaran hasta el hartazgo.



 

Carlos Yusti

Muchas veces en el universo de la literatura los lectores somos casos perdidos: creemos todo o simplemente buscamos en la lectura una distracción sin consecuencias perdurables para el alma. Como escritor o lector, según sea la circunstancia, me coloco en el bando de tener a ratos una vaga sensación de encontrarme del otro lado espejo.

Por un bituminoso azar la literatura, también aplicable a todo el arte en general, está asociada a todas las patologías posibles y la locura es una fiel acompañante al punto tal que de sus garfios cuelgan muchos artistas y escritores, semejando un desnudo y desolado cuadro de Francis Bacon. De uno de esos ganchos pende uno de los más enigmáticos y envolventes: Antonin Artaud.

En mis días de Animal Literario (con otros amigos conformé un grupo llamado Animales Krakers) la actriz Gladis Prince me regaló un ejemplar de “El teatro y su doble”. Aquel libro escrito con el sol de las vísceras posee una fuerza y una claridad descomunal. El libro no era en lo absoluto un manual para actores al estilo de “Un actor se prepara”  Constantin Stalivnasky, mucho menos un ensayo académico y crítico sobre el teatro, era (para ser exacto) una visión a quemarropa sobre el arte, la cultura y el teatro. En ese tiempo estaba urgido de escritores a contracorriente y no de esos lamebotas de las letras con aspiraciones de ingresar a la academia. Artaud cumplía con el perfil: actor de cine y teatro, adicto, poeta, integrante ultroso del surrealismo y a causa de ello expulsado, ateo de profunda y convicta espiritualidad, huésped asiduo del manicomio.

 

ANOTACIONES SOBRE LITERATURA IMPROBABLE

 

Carlos Yusti

La mala literatura contenida en los libros de Paulo Coelho, en esos de autoayuda con vacas o ángeles y en aquellos escritos para desentrañar códigos secretos y rastrear las peripecias de vampiros adolescentes son una cosa, pero existe una literatura vaga, difuminada, improbable que flota en esa penumbra de gran la obra o risible tomadura de pelo. En ocasiones ( y gracias a la fe tenaz de sus autores) algunos de estos singulares ejemplares llegan a editarse.




FOTO MOVIDA DE JULIO CORTÁZAR

Carlos Yusti

La novela Rayuela en mis días de estudiantes me resultó otra pedantería más a la que son bastante afectos los argentinos. A duras penas logré leer algunas páginas, luego tuve que dejarla, no estaba preparado, ni intelectual ni emocionalmente, para traspapelarme en sus páginas. No obstante me obligué a indagar en su cuentística en la cual Cortázar fue un maestro certero y eficaz. Poco a poco descubrí a un escritor preocupado por la forma y el fondo, a un arquitecto creativo del lenguaje. Un escritor interesado de lo fantástico a ras de lo cotidiano, de retratar lo real con todas sus aristas insólitas tan cerca de la mano. En sus cuentos la ternura, el dolor, la nostalgia y el humor se complementan para ofrecer al lector relatos, no siempre fáciles, de una belleza textual y estilística de gran eficacia poética.

En libros como Último Round, Historias de Cronopios y de Famas, Un Tal Lucas y La vuelta al día en ochenta mundos está el Cortázar más emblemático, de ese escritor que no teme a la experimentación y que a la postre resulta menos enfático y desenfadado. Bastante contrario a su personalidad algo tímida, reservada y poco amante del desarreglo existencial al punto tal que gran parte de su vida fue una especie de funcionario. Su timidez le impedía lidiar de mala gana con su fama de escritor, más que fastidio le abochornaba que la gente en la calle le reconociera y se le acercara para pedirle un autógrafo o para que firmara un ejemplar de Rayuela todo maltratado por el uso. En una entrevista del año 1983 le comenta lo siguiente a Jason Weiss: “…estaba en Barcelona, caminando una noche por el barrio gótico, y había una chica norteamericana, muy bonita, que tocaba la guitarra y cantaba. Cantaba un poco como Joan Báez, con una voz muy pura, clara. Había un grupo de jóvenes de Barcelona escuchándola. Yo me detuve a escucharla, pero permanecí en la sombra. En un momento, uno de los jóvenes, que tendría mas o menos veinte años, y era muy joven y apuesto, se acercó a mí.  dijo: “Julio, toma un pedazo”. Así que yo tomé un pedazo y me lo comí, y le dije: “Muchas gracias por acercarte y convidarme”. El me dijo: “Pero escucha, te di muy poco comparado con lo que tú me diste a mí”. Yo le dije: “No digas eso, no digas eso”, y nos abrazamos y él se alejó. Bien, cosas como esa son las mejores recompensas de mi trabajo como escritor.”


HERMAN HESSE EN EL ESCAPARATE

Carlos Yusti

Leer el Lobo Estepario con apenas 16 años dejó los huesos de mi alma un tanto adoloridos. La novela de Herman Hesse resultaba extraña luego de un periplo rosa con los Tres Mosqueteros o el capitán Nemo. Esa entrada “Solo para locos…no para cualquiera…” era más que cautivante. Ya sumergido en la novela el protagonista especie de hombre dual ( mitad individuo ahogado en la normalidad/mediocridad cotidiana y mitad ser asocial una tanto instintivo, cínico y solitario) no tan joven, pero aguijoneado por inquietudes lozanas, emprenderá un viaje hacia su ser interior viviendo una aventura existencial como pocas. El recorrido que hacemos con este lobo-hombre nos conduce hasta Mozart y su irreverente risa, a un mundo saturado de automóviles, a personajes que intercambian roles sexuales, etc. La novela está armada sobre un caparazón de reflexiones, un diario desencuadernado y la vida de Harry Haller. Resumir su argumento sería una perdida de tiempo.

La novela se desarrolla de manera inconexa como si se tratara de un sueño. Hay extensos párrafos reflexivos con manchas de café nitscheanos. Este primer libro de Hess que leí me condujo a sus otros libros donde la exploración de la juventud seguía siempre derroteros intrincados y en algunos casos trágicos como “Bajo las ruedas”, “Peter Camanzind”, “Demian”. Los libros de Hesse me resultaban deslumbrantes e hipnóticos. Hace poco he tratado de releerlos. Todas sus novelas siguen tan frescas y jóvenes, pero el único inconveniente es que yo he envejecido lo cual provoca que no me sitúen en ese lado del asombro, de esa ingenuidad hambrienta de creerlo y descubrirlo todo.

Para leer a Hesse se tienen que tener 15 o 17 años a lo sumo y estar enfadado con la vida, los padres, el sistema, Dios y todo aquello que implique orden, buenas costumbres y tedio con horario. No leerlo en esa etapa en la cual las hormonas reinan es pasar en coma la adolescencia, es perderse esa cruda señal de la juventud acosada de ambigüedad y de muchas expectativas propias y ajenas. El escritor Christopher Domínguez Michael escribió que muchos jóvenes se convirtieron en lectores gracias a Hesse y como saldando cuentas también escribió: “Añoro y detesto lo que acaso Hesse simboliza: la adolescencia”.

HENRY MILLER, ritmo profundo y oculto de la vida...

Carlos Yusti

La primera novela que leí de Henry Miller fue Trópico de Cáncer. La impresión fue mayúscula. La fuerza amoral de su estilo y lo desencuadernado de su prosa me enganchó de inmediato. Leer sus otros libros fue casi automático. Con Trópico de Capricornio pude percatarme del oficio y la madurez que iba adquiriendo su prosa. Primavera negra, que narra parte de la infancia y juventud de Miller, es mi predilecta y fija de alguna manera su innegable importancia como escritor.


EL ENSAYO DESDE OTRA ORILLA

"La conciencia de la no identidad de exposición y cosa impone a la exposición un esfuerzo limitado. Esto y sólo esto es lo que en el ensayo resulta parecido al arte"

W. T Adorno

Carlos Yusti

En literatura eso de los géneros en mi despierta más suspicacia que entusiasmo. Cada cual en su parcela de género literario y todos felices. Con el ensayo ocurre que es tomado como algo subalterno, especie de actividad sucedádenea ejercitada sin lujuria alguna por el poeta y el novelista (o en el peor de los casos por el crítico literario sin el talento suficiente para escribir poemas ni novelas).

Mi experiencia personal es más bien trivial, pero bien vale algunas líneas para ver si entramos en materia.

En esos días de juventud (y Lolitas con sabor a caramelo de menta) ingresé en un grupo literario, que era algo así como ingresar a la vagancia con ínfulas. Mis amigos entraban en la Universidad, en el Ince o en el cuartel. Yo me fui a un grupo literario a darle carne metafórica a mi bohemia y mis malas maneras. Éramos alrededor de 18 sujetos con malos hábitos y bastante desplanchados en cuanto a la apariencia y al estilo. 15 poetas, 2 narradores, un autor teatral y ningún ensayista era la suma reglamentaria de aquellos días. Por supuesto yo también escribía mis gusanos poéticos y sólo aspiraba a ser un poeta maldito, un navajero del verso libre. Mi amigo el poeta Pedro Osty postula que todo el mundo se mete a poeta, pero nadie se sale. En mi caso tuve que salirme de poeta para asumir el ensayo ya que democráticamente, como se elije todo en este país, el grupo decidió que era yo el más indicado para escribir los ensayos, además por esos días se cocinaba el primer número de nuestra revista.

 

INÉDITO Y MALDITO


Carlos Yusti

Siempre quise ser un escritor maldito y de paso inédito. Por culpa de un amigo escribí mi primer libro, luego se publicó y mis inclinaciones por ser un jornalero del malditismo (desplanchado e ilustrado) se esfumaron. Mamá siempre quiso que dejara de escribir, que buscara una chica, que fuera un novio oficial, formalizara un hogar y me comportara como un hombre común. No obstante la literatura me ganó para su bando.


Se especula, no sin sorna, que aquí es más sencillo escribir un libro que editarlo. Quienes escriben acarician siempre esa posibilidad de editarlo. Los mecanismos para publicar son una lata. Terminado el libro se envía a una editorial y luego recibirá una misiva amable rechazando su manuscrito. No hay que tornarse lúgubre y es mejor tomárselo suave como lo hace el escritor Slavko Zupcic: “Los escritores envían sus libros. Tres meses después, las editoriales los devuelven. Los escritores entonces recogen su paquete -esquela incluida-, lo ocultan de la mirada de sus parejas y vecinos, se consuelan pensando en García Márquez, en Roberto Arlt, en Kennedy Toole, algún confundido quizás recuerde a Kafka, otro que se pretende informado dirá que lo mismo le sucedió hace dos años a Jorge Volpi y mire usted ahora, pero todos, absolutamente todos, corrigen el libro, le cambian el título, se inventan un seudónimo y lo vuelven a enviar”.



Valencia derivada (con Prozac)

Carlos Yusti

Los buenos ensayistas son escasos quizá por las exigencias nada exigentes del género. Son pocos los ensayistas que se preocupan por el denso arte de escribir y que hacen como ese personaje ficticio de Cortázar, Johnny Carter, un jazzista de saxo que se traspapela con el Charlie Parker real, quien durante un ensayo de repente deja de tocar y rabioso dice: “Esto lo estoy tocando mañana”. El buen ensayista trata de ser un individuo que escribe mañana y entonces se vuelve un lío.

El ensayo tiene contados cultivadores, poquísimos adeptos (y ni se diga adictos). Sin mencionar que el ensayista es considerado como un escritor aplazado al cual no se le toma con alguna pizca de seriedad en el ambiente literario. Por lo general se le subestima y se le relega, o se le ficha, como escritor en segunda potencia: escritor que escribe de todo sin ser maestro en nada. De todos modos el género, inventado por Montaigne y que Francis Bacon retoma con inigualable maestría, tiene hoy enorme maleabilidad y gracias a ello se arguye (a manera de sorna claro) que sólo se dedican al ensayismo (no confundir con escapismo) esos escritores sin fibra musical para la poesía, carentes de convulsiones imaginativas para la novela o el cuento, o sea, los ensayistas se le juzga en su condición de parias de la literatura.

Escribir buenos ensayos, con calidad de página como escribiera Umbral, es un poco hacerle frente a ese estrépito de rumores transeúntes, malentendidos de barra y hablillas de café. En Valencia se ha dado un fenómeno poco frecuente: el ensayo como tributo de inspiración, cotilleo, erudición y cosa. Todo mezclado en un cóctel que intenta limpiar al género de cierta profesoral y hemorroidal pesadez, de quitarle esa broza de tanto acartonamiento libresco, de tanta erudición casposa y retomarlo desde la pasión para empacar (sin prejuicio) la vida leída y vivida en pocas páginas dándole un chance volátil a la fantasía literaria que la realidad escribe con soltura y desenfadado absurdo.

Maricadas al margen el ensayista se inventa la realidad a partir de sus lecturas, sus fobias, sus odios, sus amores y con todo esa bisutería existencial trata de convertir en metal precioso la hojalata de las palabras. José Carlos De Nóbrega es un buen ensayista y su libro Derivando a Valencia a la deriva viene a confirmar un rumor: el ensayo respira en Valencia aires distintos.

BANSKY, ESTÉNCIL VÁNDALO E INSPIRADO

Carlos Yusti

El arte auténtico ha encontrado en la calle una singular trinchera. Museos y galerías privadas de alguna manera asfixian y constriñen al arte en la actualidad, sin mencionar que el mercado le resta toda peligrosidad innovadora al cotizarlo en cifras astronómica.

Grandes artistas han sido en primera instancias grafiteros de oficio, otros, quizás con inclinaciones menos artísticas, emplean las paredes de la urbe para estampar sus inquietudes hormonales. Algunos ingenuos van a las paredes para dejar constancia de sus carencias intelectivas o el nivel elevado de su cursilería. En el Mayo Francés la pared fue una hoja volante para la frase creativa, política y apremiante. Lo cierto es que hoy día las paredes de la ciudad siguen siendo buena hoja para la redacción de los mensajes más dispares y de las estéticas menos encoñadas y algo más informales.

El artista va a la calle tratando de encontrar un respiradero para su trabajo creativo, es un ensayo sobre los derroteros que puede seguir su obra. Algunos han conocido el estrellato como Basquiat o Haring. Hoy son los cinco minutos de fama para Banksy.

No hace mucho un coleccionistas compró, a través de Internet, un graffiti por la suma de trescientos mil euros. El autor no era otro que el escurridizo y fantasmal Banksy. Las calles de Londres son el lienzo de este artista y quien a pesar de ser un tanto borroso es uno de los artistas más cotizados.

Nadie sabe a ciencia cual es su identidad. Sus datos biográficos se pierden en las callejuelas de su Bristol natal. Tampoco se conoce a que barrio pertenece, ni en que suburbio perdió sus dientes de leche o le dio por dibujar. Para otros grafiteros es un icono, un ejemplo digno a imitar. La policía le tiene cierta ojeriza. Para los transeúntes su arte es a veces sorpresivo, panfletario. Otros lo consideran un grafitero con talento auque en Londres hay mejores. Pero en lo que muchos parecen coincidir es que se publicita bastante bien, aunque él mismo se ha definido como vándalo profesional. Para los turistas tomarle fotos a su trabajo en tan importante como hacerle fotos a los sitios históricos de Bristol.

 

Correjir es escribir


Carlos Yusti

Alonso Quijano es un lector compulsivo. Como a todo buen y gran lector (como es lógico) le asalta la tentación de escribir, pero no todos los grandes lectores cruzan la línea y se enfrentan a la hoja en blanco. Don Quijote expone, o más bien Cervantes, las razones por la cuales no escribe: “…,y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma, y darle fin al pie de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran.”

Tanto escritores grandes o pequeños se han visto zarandeados por la burla y el ninguneo de sus contemporáneos. El escritor Antón Chéjov le escribe (Moscú, 28 de marzo de 1886) a Dmitri V. Grigoróvich: “Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria.”

No es por casualidad ni por prurito que el buen lector aplaza el momento de la escritura, ese momento de un encuentro de amor-odio con las palabras. No hay formulas para escribir, quizá existan algunos trucos, la consabida carpintería del oficio, pero a fin de cuentas todo escritor está un poco solo tratando de sacarle un brillo especial a esa hojalata de todos los días del lenguaje.

Los grandes escritores también han sido grandes correctores de sus libros. James Joyce realizó más veinte mil correcciones nuevas a las galeradas finales del Ulises. Stendhal sometió a implacables y profusas correcciones a la Cartuja de Parma. El más desquiciado corrector de sus libros fue sin duda Balzac y en una ocasión escribió: “Algunas veces una sola frase ocupaba toda la velada: la retorcía, la amasaba, la forma necesaria, absoluta, no se presentaba sino después de agotarse todas las formas aproximadas”. El torturado por excelencia con eso de la escritura fue Flaubert.

La Mujer Maravilla

EL AMANTE DE LA MUJER MARAVILLA

Carlos Yusti

En otras oportunidades he escrito sobre ese síndrome de Sancho Panza que me asalta al momento de leer cuentos o novelas, es decir que soy un aguafiestas y no trato do confundir gigantes con molinos. Vladimir Nabokov lo postuló sin miramientos: “La verdad es que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas...”. Situado del lado de Sancho Panza se pueden distinguir los molinos de viento a lo lejos; no obstante, y aunque siento envidia de la afiebrada imaginación de Don Quijote, tengo siempre presente que la realidad es dura y desolada como un cuadro de Giorgio de Chirico.

También he contado que me inicié en la lectura por los suplementos de comiquitas y luego por las novelitas vaqueras escritas por un español con el sonoro seudónimo de Marcial Lafuente Estefanía.

Nabokov recomendaba a sus estudiantes que las grandes novelas, a las que consideraba obras de arte, eran, invariablemente, la creación de un mundo nuevo y al cual se debía estudiar haciendo énfasis en los detalles, un mundo sin conexión con los mundos ya conocidos. El mundo de las comiquitas (o el cómic) es por antonomasia un mundo desconocido, un universo iconográfico que enriquece nuestra realidad. Scott McCloud ha escrito: “El cómic no es un género literario ni un estilo artístico. Ni un mero híbrido del arte del dibujo y de la literatura. Es un arte basado en lo visual (el mundo entero de la iconografía visual) y en el mundo invisible de los símbolos y del idioma”.

 

 

CHARLTON HESTON, La épica acartonada.

 

Columna de Carlos Yusti

“Los actores son muy felices, porque tienen una gloria sin responsabilidad.”

Alfred De Vigny

 

La película que llega a las playas de mi memoria de Charlton Heston es aquella deciencia ficción futurista titulada “Cuando el destino nos alcance”. Es el año2022. La población ha superado cualquier número estadístico de crecimiento y como es lógico la comida no alcanza. La gente desesperada protesta y esbrutalmente reprimida. Grandes palas mecánicas empujan a los manifestantes comosi fuesen desperdicios. A todas estas un millonario ha sido asesinado. Un detective privado investiga y una corporación que produce alimentos sintéticosestá a punto de lanzar su nuevo producto: el Soylent Green. Lo que descubre eldetective, interpretado por Heston, es un hallazgo macabro. Michael Moore lo desempolvó un poco en el documental Bowlin for Columbine. Allí lo descubrimoscomo un Republicano conservador y achacoso.

Como actor nunca calzó de lleno en sus personajes y quizá su mejor desempeño fuecomo Miguel Ángel, del resto se repetía de un personaje a otro: forzado, tiesoy sin fluidez.

Daba la estampa de un físico-culturista de segunda. En Ben-Hur, quizá su películamás publicitada, combina cuerpo menos talento menos actuación y todo eso sumadodaba una superproducción a lo Hollywood: muchos extras, el CinemaScope y losbuenos triunfando siempre, llegando ala meta a pesar de todo.

Creative Commons LicenseLos textos publicados en Escáner Cultural están -si no se indica lo contrario- bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Chile. Puede copiarlos, distribuirlos y comunicarlos públicamente siempre que cite su autor y a la revista www.escaner.cl. No los utilice para fines comerciales y no haga con ellos obra derivada. En cuanto a las imágenes publicadas en la revista debe consultar con el autor de cada artículo.

Las opiniones vertidas en ESCANER CULTURAL son responsabilidad de quien las emite.