Escáner Cultural

REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

ISSN 0719-4757
Share this

Redes Sociales

Inicio de Usuario

Suscribir

Portada Mensual

Distribuir contenido

blog de Carlos Yusti

 

Anorexia ideológica

Carlos Yusti

La juventud es el hambre por los sueños y la utopía. En esa etapa la vida ofrece dos vías: la militancia por un mundo distinto o ese camino insulso de la frivolidad servil.

Lector imperfecto

Carlos Yusti

Ilustración: Milagro Haack

La gente que lee (novelas, cuentos y poemas) me produce más sentimientos encontrados que aquellos desentendidos de los libros y que ni se molestan en leer las paredes de los baños públicos.

Un lector está atento a las novedades editoriales, busca información sobre algún autor que le guste, lee en el baño, en el  microbús, de pie, acostado y algunos llevan toda una biblioteca en su adminículo electrónico.

La gente que lee tiene hábitos extraños y en algunos casos un buen número de ellos incurre en el error de escribir y no tanto para convertirse en autor que por un amor a las palabras organizadas desde el corazón y la inteligencia.

Los padecimientos de los lectores son muchos en comparación de quienes descasan en la idílicas playas de la no-lectura. Uno como lector tiene muchos defectos: los libros se van acumulando y ya no hay sitios donde ubicarlos, donde hay libros proliferan los bichos e insectos de toda índole, con libros desperdigados aquí y allá se habla de orden vital para enmascarar un desorden que todo lo desaliña, los naufragios amorosos a veces son proporcionales de los libros que se van abandonando en el camino y un largo etcétera.

 

VOLTAIRE SIN FANATISMO

Carlos Yusti

Cuando era un descuidado lector barriobajero me convertí en un encarnizado fanático de Voltaire, un ilustrado hombre de letras de la ilustración francesa que desdeñó cualquier tipo de fanatismo. Paradoja aparte no aprendí nada de Voltaire, no obstante su estilo desprejuiciado y al vuelo de su Diccionario Filosófico se adhirió a los huesos de mi escritura.

Dibujo CY

Carlos Yusti

Hay libros (y sobre todo algunos autores) que de alguna manera marcan tu vida y no en el sentido estrictamente metafórico. En mi caso los libros de  Edgar Allan Poe delinearon en mi juventud mi alma con pinceladas oscuras necesarias para apreciar los prodigios de la luz.

Cuando comencé a garrapatear mis primeros cuentos eran plagios deliberados de Horacio Quiroga y Poe. Autores que idolatraba y cuyas vidas eran por si mismas narraciones de terror e infortunio que no creo que la imaginación más retorcida era capaz de crear.

Cuando se es joven ese aspecto lúgubre de la existencia posee un especial atractivo. La lado oscuro posee un extraño toque seductor y las narraciones de Poe tenían las sombras, el misterio y los claroscuros necesarios para despertar mi irredento interés juvenil.

 


CC Fotografía David De Biasí

EL SENTIDO DE LOS CABALLOS

Carlos Yusti

Mi madre que era una pragmática con corazón, nunca escatimó con eso del amor y una buena bofetada (o algunos correazos) cuando se le agotaban los argumentos y la paciencia, en una ocasión me dijo: “De vez en cuando un poco de sentido común no le hace daño a nadie”. Le repliqué: “Del común ni el sentido, en todo caso si es en sentido contrario”. Mi madre suspiraba resignada, sabía que bromeaba, pero ella en el fondo estaba convencida que yo siempre iría contradiciendo normas y señales. Otro día conversábamos sobre el matriarcado rígido que ejercía en la casa y sobre todo con mis tres hermanas. Ante sus argumentos esquivos le pregunté a bocajarro: “¿Qué hubieras hecho si salgo homosexual?” Ella sonreída respondió: “El sentido común me dirá que te corra de la casa, pero como soy tu madre terminaré aceptándote, quizá te propine una paliza y esconda mis cosméticos”. Fin del asunto.

LA ESCENOGRAFÍA DE LAS PALABRAS

Carlos Yusti

El Tractatus de Wittgestein finaliza con: “De lo que no se puede hablar es mejor callarse”. Lenguaje y silencio los dos extremos de un mismo hilo. Esto lleva a George Steiner, quien escribió que el lenguaje se ocupa de manera parcial de la realidad y que el resto, la mayor parte, es silencio.


LA HUIDA DEL ESCRITOR

Carlos Yusti

Hay un personaje de Woody Allen que sufre una extraña afección: está desenfocado. Este personaje es actor y un día que están filmando una escena descubren que está borroso. Tratan de ajustar el lente de la cámara, pero no es un problema técnico es el actor el que se encuentra fuera de foco. Para un actor de cine ese malestar puede ser fatal así como es aciago para un escritor tratar de ocultarse de la prensa, los editores y los lectores.

En el ejercicio de la escritura tiene dos lados de una misma moneda. En una tenemos a ese escritor que ansia la fama y en el otro lado está el escritor que desea esconderse.

Cuenta el escritor Jorge Gómez Jiménez que recibió un correo electrónico donde un señor le preguntaba cómo hacia para convertir a su hijo adolescente en un escritor famoso. Esta pregunta llevó a Jiménez a reflexionar sobre la literatura como actividad social y la necesidad que tiene el escritor de hacerse con un nombre, ya que es remoto el interés que pueda despertar en una editorial un  autor desconocido y esto implicaba dedicación o como él mismo Jiménez lo escribe: “Construir el “nombre” implica participar en concursos literarios, asistir a bautizos de libros y tertulias, hacerse asiduo de ciertos círculos, publicar textos en suplementos y revistas; sin contar con que previamente el afanoso constructor debería haber pasado toda su vida leyendo y puliendo su estilo. Además, dado que su materia prima será el lenguaje, no estaría mal que se ocupara un poco de hacer alguna reverencia a las normas ortográficas y gramaticales que más adelante, con la debida experiencia, se encargará de subvertir”.


PREMIOS Y ESCRITORZUELOS

“Es muy probable que los premios literarios hayan sido creados por algún demiurgo sarcástico para subrayar la carcajada con que el tiempo se venga de las certidumbres”.
José Donoso
Carlos Yusti

Los premios literarios siempre han sido objeto de sospechas, envidias y sabotajes de todo tipo. A veces despiertan el odio o son pasto de una serie de requisitorias e ironías para banalizarlo y quitarle prestancia. En ocasiones se argumenta que tal o cual premio es político o responde a siniestros y conspirativos intereses.

En una oportunidad una amiga periodista presentó un libro del poeta Francisco Arévalo y sin aviesa intención expresó que el poeta tenía más premios ganados que libros publicados. Cuando esta amiga ganó el premio Monseñor Pellín de periodismo le envié un correo electrónico felicitándola y de paso le aconsejé un buen ensalme por que un premio con nombre de cura tenía que ser pavoso. Como es lógico mi amiga se sintió ofendida y se molestó conmigo por un buen tiempo.

Cuando se empieza a escribir los premios son una posibilidad de espantar aquella frase de Quevedo: “El escribe para comer ni come ni escribe”. Roberto Bolaño en un cuento, “Sensini”, relata las peripecias de un escritor dedicado a la caza de premios literarios. Sus recomendaciones son burdas y enmarañadas de trampas para hacerse con algún dinero. Así lo expone el narrador: “Insistía en que participara en el mayor número posible de premios, aunque sugería que como medida de precaución les cambiara el título a los cuentos si con uno solo, por ejemplo, acudía a tres concursos cuyos fallos coincidían por las mismas fechas. (…) Nadie se enteró de que Los gauchos y Sin remordimientos eran el mismo cuento con el título cambiado, aunque siempre existía el riesgo de coincidir en más de una liza con un mismo jurado, oficio singular que en España ejercían de forma contumaz una pléyade de escritores y poetas menores o autores laureados en anteriores fiestas. El mundo de la literatura es terrible, además de ridículo, decía. Y añadía que ni siquiera el repetido encuentro con un mismo jurado constituía de hecho un peligro, pues éstos generalmente no leían las obras presentadas o las leían por encima o las leían a medias”.




Gabriel Jiménez Emán en el espejo de la tinta impresa

Carlos Yusti

Si uno va de cerebrito autodidacta y desplanchado, producto de anárquicas y desabrochadas lecturas, termina por convertir en ídolos a uno que otro escritor (o poeta) gracias a la lectura de sus libros. En ocasiones el escabroso azar permite conocer en persona a determinado poeta o a un puntual novelista y descubrir (con horror peliculero) que su ídolo tiene los pies de barro y no de barro universal, sino de ese lodo corriente y chapucero. El dichoso autor no pasa de ser un patán engreído, una almazuela sin densidad alguna y con una fuerte predisposición hacia el narcisismo de nariz respingada que ni se cuenta. Por supuesto que la decepción entremezclada con estupor y frustración arropa a ese lector ingenuo que uno en el fondo sigue siendo. No obstante este choque le permite a cualquiera pisar tierra y entender que algunos narradores, poetas y demás grey del mundillo de las letras no están amasados con esa materia de los sueños shakesprianos, sino con mucha realidad mundana y silvestre en la que se concentran esas bajas pasiones que a los simples mortales (iba escribir hijos de vecina) dominan.

La casualidad me ha permitido conocer a una serie de escritores, quienes dejan mucho que desear como personas y como artistas de la palabra escrita. Como es lógico de igual manera he conocido esplendidos seres humanos que hacen honor a la literatura como creadores literarios y como fieles exponentes de lo espiritual por encima de cualquier actitud rastrera o sobre esas trapacerías barriobajeras.

A Gabriel Jiménez Emán le conocía por algunos de sus libros de ensayos, algunas poemas, una que otra novela y muchos cuentos en la cual la brevedad y lo humorístico se combinaban en una efectividad narrativa sin igual en el país. Amén de su trabajo como investigador, traductor e incluso  editor lo que proporcionaba pistas más que suficientes de la seriedad y el compromiso para con la literatura.


 

Ana Rosa Angarita, la gramática del vivir

Carlos Yusti

En Ana Rosa Angarita Trujillo convergen la escritura y la pintura como un todo unificado. Aparte de ello es educadora, caricaturista, psicóloga y promotora cultural. La literatura y la pintura son las herramientas que le han permitido simplificar y trasmitir sus experiencias en distintos vaivenes en los cuales desarrolla su intensa actividad intelectual.

(No se encuentra la imagen 5544049) En Ana Rosa Angarita Trujillo convergen la escritura y la pintura como un todo unificado. Aparte de ello es educadora, caricaturista, psicóloga y promotora cultural. La literatura y la pintura son las herramientas que le han permitido simplificar y trasmitir sus experiencias en distintos vaivenes en los cuales desarrolla su intensa actividad intelectual.

Uno de sus primeros trabajos surge de una experiencia colectiva. Ella y toda una comunidad escriben (a muchas manos) un libro inusual sobre una actividad cultural muy particular como lo es la quema de judas. El libro “La quema de Judas la transformaron en Guayana”(Fundec, 1980) más que un cuaderno del trabajo de campo es una vivencia. El libro recopila todos los preparativos en torno a esa fiesta de la quema de Judas en Semana Santa. Es un testimonio sobre la estética y la participación comunitaria. Ilustrado con los dibujos de los niños, pertenecientes a la comunidad de Dalla Costa, ciudad Guayana, es una experiencia visual gratificante.

Ana Rosa Angarita ha incursionado también en los géneros del cuento y la novela. Entre sus cuentos más destacados podemos mencionar “El habitador de la casa del aire”, “Los peces brincaron de puro susto”. Cuentos en los cuales lo poético y onírico se entremezclan para estructurar textos de acabada sensibilidad literaria. Fábula y realidad consustancian al lector con el mundo de los sueños a tal punto que el lector no sabe si sueña que lee o lee sus propios sueños. Su otro cuento “Acabación” relata con pasión y rabia desbordada el asesinato de un grupo de indígenas a manos de garimpeiros.

 

RIMBAUD SE JUBILA

 

Carlos Yusti

Los hilos invisible del absurdo entretejen aquí y allá hasta completar una colcha de retazos de asombros, de situaciones inverosímiles  unidas al vuelo sobre la tersa piel de la cotidianidad. ¿Cuáles pueden ser los nexos entre una nadadora olímpica y el poeta maldito por excelencia de la literatura francesa?


STENDHAL: No ser adivinado

Carlos Yusti

“Llegué a París, al que encontré peor que feo, insultante para mi dolor, con una sola idea: no ser adivinado.”

(Stendhal, Recuerdos de egotismo).

 Cuando cursaba el bachillerato mi profesora de castellano y literatura, Josefina Castillo, recomendó durante una clase la lectura de Rojo y negro de Stendhal. Yo hace bastante rato que la había leído y mi ejemplar de bolsillo, baratón y un tanto descosido, tenía una traducción aceptable y sin esas odiosas tijeras del resumen. Por supuesto en el salón nadie sabía quien demonios era el Stendhal ese y como era lógico la muchacha que me atraía tampoco le había leído. Tímido como soy  visualicé una oportunidad de galanteo y me ofrecí para prestarle mi humilde y pagano ejemplar.

 

En esos días era bastante transparente y la gente me adivinaba enseguida. La muchacha había captado desde hace mucho que yo me babeaba por ella. Embobamiento incomprensible si se toma en cuenta que aquella muchacha no era la más guapa de la clase, pero si la más inteligente. Su promedio de notas estaba años luz a mi sangriento promedio (en azul los profesores escribían en el boletín las buenas notas y en rojo las que estaban por debajo del promedio diez). Sin mencionar su tez morena, labios gruesos, alta y con un garbo infrecuente y una dicción que ni los ángeles. A pesar de este mar de atributos su rostro era poco agraciado, pero su trato espontáneo y la luminosidad de su sonrisa me tenía hipnotizado.

 

LA LUNA Y EL SEXO ORAL

 

Carlos Yusti

Mi juventud fue un tranvía sin deseo y sin pasiones descarriladas. Podría decirse que fui un zángano light que leía mucho y se masturbaba poco. Llegué primero a la literatura que al sexo. Descubrí los laberintos del amor traspapelado con sabanas, líquidos y caricias a través de algunos libros que no respetaron los linderos entre pornografía barata (a moneda por página) y la literatura escrita con todo el  rigor de la gramática y los desafueros de la creatividad estilística. Libros como Delta de Venús, escrito por Anais Nin, Los infortunios de la virtud de Sade, El Decamerón de Bocaccio, La historia del ojo de Georges Bataille (y algunos otros cuyos títulos se disuelven el los olvidos de la madurez) me permitieron enterarme sobre de que iba el sexo. No era yo, sino mis hormonas que me llevaron hacia esos libros tachados de obscenos y en los cuales el sexo estaba escrito con altas dosis de genialidad literaria. Eran libros fletados desde la Argentina y ediciones de papel barato. Mi favorito fue Henry Miller.

 

DALÍ, EGÓLATRA DEPREDADOR

 

Carlos Yusti

Salvador Dalí fue el egocéntrico provocador por antonomasia. Buscaba ser un artista del renacimiento, pero se le veían las costuras y ante este hecho tuvo la imperiosa necesidad de publicitarse como genio. Supo que requería de un mercado, que necesitaba vender su obra, pero como su obra no tenía ese fuelle de genialidad requerida se vendió él mismo como producto. El surrealismo le vino de maravillas para su empresa.

 

MALOS TIEMPOS PARA LÍRICA

 

Carlos Yusti

            La poesía es sin duda una forma de sabiduría especial que desde tiempos remotos ha formado parte medular de la historia del hombre. El tema de la muerte, el amor, la guerra y la soledad parece permanecer intactos a través de los tiempos. Sólo cambian sus interlocutores. Como lo demuestra este fragmento egipcio titulado “diálogo del desesperado con su alma”, de aproximadamente 2.250. Su autor es desconocido, pero las metáforas que evocan la muerte son muy actuales:

Creative Commons LicenseLos textos publicados en Escáner Cultural están -si no se indica lo contrario- bajo una licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Chile. Puede copiarlos, distribuirlos y comunicarlos públicamente siempre que cite su autor y a la revista www.escaner.cl. No los utilice para fines comerciales y no haga con ellos obra derivada. En cuanto a las imágenes publicadas en la revista debe consultar con el autor de cada artículo.

Las opiniones vertidas en ESCANER CULTURAL son responsabilidad de quien las emite.