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REVISTA VIRTUAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO Y NUEVAS TENDENCIAS

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blog de Carlos Yusti




Gabriel Jiménez Emán en el espejo de la tinta impresa

Carlos Yusti

Si uno va de cerebrito autodidacta y desplanchado, producto de anárquicas y desabrochadas lecturas, termina por convertir en ídolos a uno que otro escritor (o poeta) gracias a la lectura de sus libros. En ocasiones el escabroso azar permite conocer en persona a determinado poeta o a un puntual novelista y descubrir (con horror peliculero) que su ídolo tiene los pies de barro y no de barro universal, sino de ese lodo corriente y chapucero. El dichoso autor no pasa de ser un patán engreído, una almazuela sin densidad alguna y con una fuerte predisposición hacia el narcisismo de nariz respingada que ni se cuenta. Por supuesto que la decepción entremezclada con estupor y frustración arropa a ese lector ingenuo que uno en el fondo sigue siendo. No obstante este choque le permite a cualquiera pisar tierra y entender que algunos narradores, poetas y demás grey del mundillo de las letras no están amasados con esa materia de los sueños shakesprianos, sino con mucha realidad mundana y silvestre en la que se concentran esas bajas pasiones que a los simples mortales (iba escribir hijos de vecina) dominan.

La casualidad me ha permitido conocer a una serie de escritores, quienes dejan mucho que desear como personas y como artistas de la palabra escrita. Como es lógico de igual manera he conocido esplendidos seres humanos que hacen honor a la literatura como creadores literarios y como fieles exponentes de lo espiritual por encima de cualquier actitud rastrera o sobre esas trapacerías barriobajeras.

A Gabriel Jiménez Emán le conocía por algunos de sus libros de ensayos, algunas poemas, una que otra novela y muchos cuentos en la cual la brevedad y lo humorístico se combinaban en una efectividad narrativa sin igual en el país. Amén de su trabajo como investigador, traductor e incluso  editor lo que proporcionaba pistas más que suficientes de la seriedad y el compromiso para con la literatura.


 

Ana Rosa Angarita, la gramática del vivir

Carlos Yusti

En Ana Rosa Angarita Trujillo convergen la escritura y la pintura como un todo unificado. Aparte de ello es educadora, caricaturista, psicóloga y promotora cultural. La literatura y la pintura son las herramientas que le han permitido simplificar y trasmitir sus experiencias en distintos vaivenes en los cuales desarrolla su intensa actividad intelectual.

(No se encuentra la imagen 5544049) En Ana Rosa Angarita Trujillo convergen la escritura y la pintura como un todo unificado. Aparte de ello es educadora, caricaturista, psicóloga y promotora cultural. La literatura y la pintura son las herramientas que le han permitido simplificar y trasmitir sus experiencias en distintos vaivenes en los cuales desarrolla su intensa actividad intelectual.

Uno de sus primeros trabajos surge de una experiencia colectiva. Ella y toda una comunidad escriben (a muchas manos) un libro inusual sobre una actividad cultural muy particular como lo es la quema de judas. El libro “La quema de Judas la transformaron en Guayana”(Fundec, 1980) más que un cuaderno del trabajo de campo es una vivencia. El libro recopila todos los preparativos en torno a esa fiesta de la quema de Judas en Semana Santa. Es un testimonio sobre la estética y la participación comunitaria. Ilustrado con los dibujos de los niños, pertenecientes a la comunidad de Dalla Costa, ciudad Guayana, es una experiencia visual gratificante.

Ana Rosa Angarita ha incursionado también en los géneros del cuento y la novela. Entre sus cuentos más destacados podemos mencionar “El habitador de la casa del aire”, “Los peces brincaron de puro susto”. Cuentos en los cuales lo poético y onírico se entremezclan para estructurar textos de acabada sensibilidad literaria. Fábula y realidad consustancian al lector con el mundo de los sueños a tal punto que el lector no sabe si sueña que lee o lee sus propios sueños. Su otro cuento “Acabación” relata con pasión y rabia desbordada el asesinato de un grupo de indígenas a manos de garimpeiros.

 

RIMBAUD SE JUBILA

 

Carlos Yusti

Los hilos invisible del absurdo entretejen aquí y allá hasta completar una colcha de retazos de asombros, de situaciones inverosímiles  unidas al vuelo sobre la tersa piel de la cotidianidad. ¿Cuáles pueden ser los nexos entre una nadadora olímpica y el poeta maldito por excelencia de la literatura francesa?


STENDHAL: No ser adivinado

Carlos Yusti

“Llegué a París, al que encontré peor que feo, insultante para mi dolor, con una sola idea: no ser adivinado.”

(Stendhal, Recuerdos de egotismo).

 Cuando cursaba el bachillerato mi profesora de castellano y literatura, Josefina Castillo, recomendó durante una clase la lectura de Rojo y negro de Stendhal. Yo hace bastante rato que la había leído y mi ejemplar de bolsillo, baratón y un tanto descosido, tenía una traducción aceptable y sin esas odiosas tijeras del resumen. Por supuesto en el salón nadie sabía quien demonios era el Stendhal ese y como era lógico la muchacha que me atraía tampoco le había leído. Tímido como soy  visualicé una oportunidad de galanteo y me ofrecí para prestarle mi humilde y pagano ejemplar.

 

En esos días era bastante transparente y la gente me adivinaba enseguida. La muchacha había captado desde hace mucho que yo me babeaba por ella. Embobamiento incomprensible si se toma en cuenta que aquella muchacha no era la más guapa de la clase, pero si la más inteligente. Su promedio de notas estaba años luz a mi sangriento promedio (en azul los profesores escribían en el boletín las buenas notas y en rojo las que estaban por debajo del promedio diez). Sin mencionar su tez morena, labios gruesos, alta y con un garbo infrecuente y una dicción que ni los ángeles. A pesar de este mar de atributos su rostro era poco agraciado, pero su trato espontáneo y la luminosidad de su sonrisa me tenía hipnotizado.

 

LA LUNA Y EL SEXO ORAL

 

Carlos Yusti

Mi juventud fue un tranvía sin deseo y sin pasiones descarriladas. Podría decirse que fui un zángano light que leía mucho y se masturbaba poco. Llegué primero a la literatura que al sexo. Descubrí los laberintos del amor traspapelado con sabanas, líquidos y caricias a través de algunos libros que no respetaron los linderos entre pornografía barata (a moneda por página) y la literatura escrita con todo el  rigor de la gramática y los desafueros de la creatividad estilística. Libros como Delta de Venús, escrito por Anais Nin, Los infortunios de la virtud de Sade, El Decamerón de Bocaccio, La historia del ojo de Georges Bataille (y algunos otros cuyos títulos se disuelven el los olvidos de la madurez) me permitieron enterarme sobre de que iba el sexo. No era yo, sino mis hormonas que me llevaron hacia esos libros tachados de obscenos y en los cuales el sexo estaba escrito con altas dosis de genialidad literaria. Eran libros fletados desde la Argentina y ediciones de papel barato. Mi favorito fue Henry Miller.

 

DALÍ, EGÓLATRA DEPREDADOR

 

Carlos Yusti

Salvador Dalí fue el egocéntrico provocador por antonomasia. Buscaba ser un artista del renacimiento, pero se le veían las costuras y ante este hecho tuvo la imperiosa necesidad de publicitarse como genio. Supo que requería de un mercado, que necesitaba vender su obra, pero como su obra no tenía ese fuelle de genialidad requerida se vendió él mismo como producto. El surrealismo le vino de maravillas para su empresa.

 

MALOS TIEMPOS PARA LÍRICA

 

Carlos Yusti

            La poesía es sin duda una forma de sabiduría especial que desde tiempos remotos ha formado parte medular de la historia del hombre. El tema de la muerte, el amor, la guerra y la soledad parece permanecer intactos a través de los tiempos. Sólo cambian sus interlocutores. Como lo demuestra este fragmento egipcio titulado “diálogo del desesperado con su alma”, de aproximadamente 2.250. Su autor es desconocido, pero las metáforas que evocan la muerte son muy actuales:


TERESA CORASPE: Sola contra la jauría

Carlos Yusti

Me enfrento a la jauría, a los demonios que andan sueltos
jamás me inclino ante el soborno. TC

Por Carlos Yusti

Nació en un pueblo llamado Soledad y como el nombre del sitio de sus orígenes asumió la creación poética. En soledad ha tallado el árbol duro del lenguaje para construir un mobiliario poético de gran belleza y reciedumbre. En soledad se afincado en su tarea: crear una obra poética de gran fuerza creativa. En soledad escribe el desorden del corazón, los insomnios de la razón, las aporías que el alma dicta con la voz acicalada de gritos y tiempo.

No es la primera vez que escribo sobre Teresa Coraspe, esta mujer encuadernada en palabras y tiempo. En sus fotos de juventud hacía gala de una belleza sin algarabía, recatada, fina, una belleza serena con una sonrisa de boca pequeña y gruesa. Luego los días y el duro trabajo con las palabras han moldeado su madurez de mujer con ventanas y pasadizos, de mujer abierta a muchas direcciones, de poeta altiva con un puerto sin barcos encallado en sus huesos y con una casa sin puertas en sus ojos.

Teresa Coraspe iba para mujer normal con esposo, casa e hijos. Entonces llegó un momento en el cual comenzó a sentir la asfixia, sintió que estaba hundida en la rutina, que se ahogaba en la domesticidad mundana y silvestre. Se aferró a la palabra poética para respirar de nuevo, para renacer y darla una nueva oportunidad a su espíritu.

Desde la publicación de sus primeros libros de poesía lo hizo con un dominio depurado del lenguaje. Entre sus libros tenemos: Este silencio, siempre (Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Bolívar, 1991), Vuelvo con mis huesos, (1978) Vértice del círculo, (1987) Tanta nada para tanto infierno, (Ediciones al Sur, 1994) La casa sin puertas, (Asociación de Escritores de Venezuela-Seccional Bolívar, 2004) y su primer libro: Las fieras se dan golpes de pecho. Su poesía retrata, de manera borrosa y colateral, la cotidianidad con sus miserias del alma, esas soledades en tumulto, los desamores y amores con horarios y esas guerras calladas con las vibraciones ordinarias del día a día. Poesía de abismos introspectivos que cuenta las monedas de inhumanidad del mundo que le rodea, que cuenta las minucias de ese sueño carroñero de éxito y esplendor. En cualquier caso es todo lo contrario de una poeta confeccionada en algún taller literario o un poeta con oficina cultural incorporada. Sin mencionar que siempre se ha involucrado en el quehacer literario desde otras trincheras como la creación de suplementos culturales. Colaboraciones en revistas literarias y ahora por la Internet en la cual escribe un blog (Teresa en el tiempo) y mantiene una relación escritural con muchas Web literarias. Lectora voraz y con un amplio conocimiento de los vaivenes poéticos del país. En una conversación con Teresa Coraspe hay más literatura y ars poética que todo lo escrito en 5 años por muchos poeta de corte y pega promocionados por las cúpulas del poder cultural, sean del color que sean.


EL CLUB DE LOS GOMBROWICZIDAS

Carlos Yusti

A través de la Internet conocí a un escritor cuyo único tema de sus conversaciones, libros, crónicas, entrevistas, cartas y correos electrónicos giran en torno a la vida y desmilagros del escritor polaco Wiltold Gombrowicz. Mi vinculación virtual con tan singular personaje surgió a raíz de un texto que escribí sobre el autor de “Ferdydurke”. Esto fue suficiente para que me incluyera como miembro del club (virtual por supuesto) de los Gombrowiczidas. A este club pertenecen todos aquellos que han escrito, o se han vinculado de alguna manera, con Gombrowicz. Como miembro tengo derecho a un seudónimo y a formar parte de la mitología que flota alrededor del escritor polaco. Mi mote, mi alias en club tan selecto es: “Dalí selvático”.

Todas las mañanas ( incluso los domingos) llega puntual a mi correo un texto de Gombrowicz escrito por el sumo pontífice de los Gombrowiczidas Juan Carlos Gómez (conocido como Goma). Son textos que cuentan chismes, anécdotas, viñetas malintencionados, críticas deslenguadas de Gombrowicz y otros miembros del club. Goma tiene una escritura vitriólica y una verborrea que no se anda por las ramas para atacar y defenderse. Goma conoció en persona a Gombrowicz, fue su amigo durante su periplo argentino y desde entonces se ha convertido en el albacea radical de su memoria. Ha publicado algunos libros sobre Gombrowicz que son referencia obligada. Como era de esperarse, y como soy menos daliliano selvático de lo que aparento, no contesto sus correos, ni para bien ni para mal. Hago como hace el escritor español Enrique Vila-Matas; Orate Blaguer en el club, quien en un texto publicado en Letra Libres escribe: “No me atrevo a contestar desde Europa a la carta del fiel Goma porque intuyo que, de hacerlo, él se daría perfecta cuenta de que, aunque no escribo como Gombrowicz, ocupo actualmente su lugar y su personalidad en la tierra. Quiero ahorrarle ese susto a Goma, es la pura verdad. Chau Goma, me digo a todas horas. No quiero que él sufra, no quiero que le atormente la idea de que Gombrowicz ha reanudado la correspondencia con él. No quiero que eso pase como tampoco quiero seguir entrometiéndome más en la vida, la soledad y los amigos de mi maestro, el señor Gombrowicz, mi señor.”


LA ÚLTIMA METAMORFOSIS DE MICHAEL JACKSON

Carlos Yusti

A falta de héroes la gente echa mano de esos héroes subalternos de la música pop o del fútbol. A falta de santos un cantante negro trasmutado en blanco, a fuerza del “milagro” de la cirugía cosmética, también puede resultar valedero. Lo importante es la adoración, una panacea donde enfilar nuestras fuerzas, nuestra idolotraía y nuestra fe tan en el aire estos días. Esa hambre de ídolos es de antigua data. El hombre se crea sus santos y demonios para sentirse seguro. Se confecciona héroes a su medida para descargar su culpa, sus penas en los hombros de otro y así aligerar la carga. Tanto los ídolos del pasado como los de hoy vienen envueltos en el papel celofán del mito, una neblina de misterio los envuelve, una cortina de mago los oculta a nuestra ojos crédulos. Jamás vemos su fragilidad, sus miedos o tristezas; esos trucos baratos que le permiten permanecer inalterables a pesar de todas esas miserias mundanas que poco apoco los carcomen.

Michael Jackson fue uno de esos mitos extraños que la gente consumió con deleite morboso y sin miramientos. Como vampiros sedientas absorbieron sus cambios físicos, su hipocondría, sus hijos y sus objetables gustos sexuales. La prensa de farándula se sirvió a placer de sus debilidades y flaquezas mundanas para crucificarlo a cuatro columnas y a todo color. Sus taras, fobias, obsesiones y desviaciones de todo tipo siempre estuvieron en la mesa mediática para que sus admiradores y detractores las degustaran hasta el hartazgo.



 

Carlos Yusti

Muchas veces en el universo de la literatura los lectores somos casos perdidos: creemos todo o simplemente buscamos en la lectura una distracción sin consecuencias perdurables para el alma. Como escritor o lector, según sea la circunstancia, me coloco en el bando de tener a ratos una vaga sensación de encontrarme del otro lado espejo.

Por un bituminoso azar la literatura, también aplicable a todo el arte en general, está asociada a todas las patologías posibles y la locura es una fiel acompañante al punto tal que de sus garfios cuelgan muchos artistas y escritores, semejando un desnudo y desolado cuadro de Francis Bacon. De uno de esos ganchos pende uno de los más enigmáticos y envolventes: Antonin Artaud.

En mis días de Animal Literario (con otros amigos conformé un grupo llamado Animales Krakers) la actriz Gladis Prince me regaló un ejemplar de “El teatro y su doble”. Aquel libro escrito con el sol de las vísceras posee una fuerza y una claridad descomunal. El libro no era en lo absoluto un manual para actores al estilo de “Un actor se prepara”  Constantin Stalivnasky, mucho menos un ensayo académico y crítico sobre el teatro, era (para ser exacto) una visión a quemarropa sobre el arte, la cultura y el teatro. En ese tiempo estaba urgido de escritores a contracorriente y no de esos lamebotas de las letras con aspiraciones de ingresar a la academia. Artaud cumplía con el perfil: actor de cine y teatro, adicto, poeta, integrante ultroso del surrealismo y a causa de ello expulsado, ateo de profunda y convicta espiritualidad, huésped asiduo del manicomio.

 

ANOTACIONES SOBRE LITERATURA IMPROBABLE

 

Carlos Yusti

La mala literatura contenida en los libros de Paulo Coelho, en esos de autoayuda con vacas o ángeles y en aquellos escritos para desentrañar códigos secretos y rastrear las peripecias de vampiros adolescentes son una cosa, pero existe una literatura vaga, difuminada, improbable que flota en esa penumbra de gran la obra o risible tomadura de pelo. En ocasiones ( y gracias a la fe tenaz de sus autores) algunos de estos singulares ejemplares llegan a editarse.




FOTO MOVIDA DE JULIO CORTÁZAR

Carlos Yusti

La novela Rayuela en mis días de estudiantes me resultó otra pedantería más a la que son bastante afectos los argentinos. A duras penas logré leer algunas páginas, luego tuve que dejarla, no estaba preparado, ni intelectual ni emocionalmente, para traspapelarme en sus páginas. No obstante me obligué a indagar en su cuentística en la cual Cortázar fue un maestro certero y eficaz. Poco a poco descubrí a un escritor preocupado por la forma y el fondo, a un arquitecto creativo del lenguaje. Un escritor interesado de lo fantástico a ras de lo cotidiano, de retratar lo real con todas sus aristas insólitas tan cerca de la mano. En sus cuentos la ternura, el dolor, la nostalgia y el humor se complementan para ofrecer al lector relatos, no siempre fáciles, de una belleza textual y estilística de gran eficacia poética.

En libros como Último Round, Historias de Cronopios y de Famas, Un Tal Lucas y La vuelta al día en ochenta mundos está el Cortázar más emblemático, de ese escritor que no teme a la experimentación y que a la postre resulta menos enfático y desenfadado. Bastante contrario a su personalidad algo tímida, reservada y poco amante del desarreglo existencial al punto tal que gran parte de su vida fue una especie de funcionario. Su timidez le impedía lidiar de mala gana con su fama de escritor, más que fastidio le abochornaba que la gente en la calle le reconociera y se le acercara para pedirle un autógrafo o para que firmara un ejemplar de Rayuela todo maltratado por el uso. En una entrevista del año 1983 le comenta lo siguiente a Jason Weiss: “…estaba en Barcelona, caminando una noche por el barrio gótico, y había una chica norteamericana, muy bonita, que tocaba la guitarra y cantaba. Cantaba un poco como Joan Báez, con una voz muy pura, clara. Había un grupo de jóvenes de Barcelona escuchándola. Yo me detuve a escucharla, pero permanecí en la sombra. En un momento, uno de los jóvenes, que tendría mas o menos veinte años, y era muy joven y apuesto, se acercó a mí.  dijo: “Julio, toma un pedazo”. Así que yo tomé un pedazo y me lo comí, y le dije: “Muchas gracias por acercarte y convidarme”. El me dijo: “Pero escucha, te di muy poco comparado con lo que tú me diste a mí”. Yo le dije: “No digas eso, no digas eso”, y nos abrazamos y él se alejó. Bien, cosas como esa son las mejores recompensas de mi trabajo como escritor.”


HERMAN HESSE EN EL ESCAPARATE

Carlos Yusti

Leer el Lobo Estepario con apenas 16 años dejó los huesos de mi alma un tanto adoloridos. La novela de Herman Hesse resultaba extraña luego de un periplo rosa con los Tres Mosqueteros o el capitán Nemo. Esa entrada “Solo para locos…no para cualquiera…” era más que cautivante. Ya sumergido en la novela el protagonista especie de hombre dual ( mitad individuo ahogado en la normalidad/mediocridad cotidiana y mitad ser asocial una tanto instintivo, cínico y solitario) no tan joven, pero aguijoneado por inquietudes lozanas, emprenderá un viaje hacia su ser interior viviendo una aventura existencial como pocas. El recorrido que hacemos con este lobo-hombre nos conduce hasta Mozart y su irreverente risa, a un mundo saturado de automóviles, a personajes que intercambian roles sexuales, etc. La novela está armada sobre un caparazón de reflexiones, un diario desencuadernado y la vida de Harry Haller. Resumir su argumento sería una perdida de tiempo.

La novela se desarrolla de manera inconexa como si se tratara de un sueño. Hay extensos párrafos reflexivos con manchas de café nitscheanos. Este primer libro de Hess que leí me condujo a sus otros libros donde la exploración de la juventud seguía siempre derroteros intrincados y en algunos casos trágicos como “Bajo las ruedas”, “Peter Camanzind”, “Demian”. Los libros de Hesse me resultaban deslumbrantes e hipnóticos. Hace poco he tratado de releerlos. Todas sus novelas siguen tan frescas y jóvenes, pero el único inconveniente es que yo he envejecido lo cual provoca que no me sitúen en ese lado del asombro, de esa ingenuidad hambrienta de creerlo y descubrirlo todo.

Para leer a Hesse se tienen que tener 15 o 17 años a lo sumo y estar enfadado con la vida, los padres, el sistema, Dios y todo aquello que implique orden, buenas costumbres y tedio con horario. No leerlo en esa etapa en la cual las hormonas reinan es pasar en coma la adolescencia, es perderse esa cruda señal de la juventud acosada de ambigüedad y de muchas expectativas propias y ajenas. El escritor Christopher Domínguez Michael escribió que muchos jóvenes se convirtieron en lectores gracias a Hesse y como saldando cuentas también escribió: “Añoro y detesto lo que acaso Hesse simboliza: la adolescencia”.

HENRY MILLER, ritmo profundo y oculto de la vida...

Carlos Yusti

La primera novela que leí de Henry Miller fue Trópico de Cáncer. La impresión fue mayúscula. La fuerza amoral de su estilo y lo desencuadernado de su prosa me enganchó de inmediato. Leer sus otros libros fue casi automático. Con Trópico de Capricornio pude percatarme del oficio y la madurez que iba adquiriendo su prosa. Primavera negra, que narra parte de la infancia y juventud de Miller, es mi predilecta y fija de alguna manera su innegable importancia como escritor.



"010" Video instalación de Bernardo Piñero (IQLab, Argentina).

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